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COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
Días extraños.

(Powderfinger. These days).

Como decían en aquella película, "cada día es mejor que el siguiente".

ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. Dolor de espalda mejorando. I.e., cada vez duele más.

2. Certificados de penales conseguidos: uno, que tengo que ir a recoger a partir de mañana. Luego me he enterado de que necesito otro específico para dar clases, también. Ya hay que jo... Quiero decir, si tuviera algún antecedente por abuso de cacahuetes tipo 1 y/o 2, ¿no constaría ya en el certificado general para residencia? ¿O va a ser como los análisis de sangre, que de cada tres gotas analizan cosas diferentes? No le acabo de ver el sentido.

3. Crisis en fase de superación. O resignación. Ahora mismo no acabo de encontrarle la diferencia, así que ya me lo pensaré mañana.

4. Chino de Abajo en fase de obliteración absoluta. (Muy orgullosa de esto).

5. Películas compradas en últimas dos semanas: seis. (No muy contenta porque hermano meterse conmigo alegando que poder quemarlas en dvd bajándolas del burro, sin entender que querer originales por posibilidad de combinaciones de lenguajes y subtítulos).

6. Traducciones pagadas: cero. (Patatero).

7. Consultas al correo electrónico: 53, pero existe motivo de suma importancia: consultas a efectos de recibir billetes electrónicos para regalo aniversario de Sres. Progenitores de fin de semana a París, no para mirar con obsesividad enfermiza si marido se había dignado a escribir. (Que tampoco, dicho sea de paso, pero al menos me llamó ayer).
Resulta que se me ocurrió, con motivo del aniversario de bodas de mis padres y también, de alguna manera, por agradecerles que organizaran mi boda con tanta devoción, enviarlos a un hotel un fin de semana en algún sitio donde no hubieran estado... y claro. ¿Dónde iba a ser, si no?
Historia chunga es que resulta que hago reserva y ponen reserva (ergo habitación) a mi nombre, no a nombre de progenitores, y me doy cuenta de dato alarmante: tengo que llamar por teléfono para cambiar cuanto antes nombre de reserva.
Tras siete minutos de tos nerviosa y desempolvamiento severo de neuronas figurantes en carpeta "francés", llamo y me contesta L'enfant surcaffeiné de la Patrie, a juzgar por la velocidad en que hablaba. A mí es que el bonjour me sale muy bien, porque me lo tengo muy ensayado, y da pie a que la gente francófona se piense, por dos sílabas, que soy francófona también. Entonces me empiezan a hablar a toda leche y cuando acaban les digo la otra frase que mejor ensayada me tengo: "Doucement, s'il vous plait".
Creo que fue a la tercera o a la cuarta, que entendí al Fransuá.
Dato positivo: calorías perdidas a causa de sudor provocado por sentimiento de impotencia de no entender un carajo de lo que me decía el Fransuá: 500. Podría haberme ido a MacDonald's y todo.
En fin, lo conseguí. Progenitores no tener ni idea de regalo sorpresa (si no, no sería sorpresa. Ja.) y me embarga gran expectación ante caras que pondrán cuando vean billetes, hotel y pasajes con cena en bateau-mouche de travesía por la Seine.

8. Consumo de tabaco diario: vergonzoso. Conseguí reducir dosis durante un par de días, quizá mediante mismo modus operandi que marido conseguir dejar vagancia y dejadez de lado y llamar tres primeros días después de declarar estado de crisis, pero he vuelto, a causa de lo que yo llamo "efecto muelle", al paquete diario.
He de decir, no obstante, que cada vez me da más vergüenza fumar en público, y no sé por qué. Y lo de no sé por qué no es una manera de hablar, no. De verdad, no sé por qué. Sería más vergonzoso ir borracha cantando rancheras y embistiéndome involuntariamente contra papeleras y similares, creo.

9. Adquisición de mp3 todo bonito y sofisticado y super-reluciente donde también podré guardar datos, además de música. Muy contenta, porque muy necesario para clase de informática y viajes en tren a fin de llegar a y volver de ésta.

COSAS POR HACER:

1. Aprenderme instrucciones del cochino mp3 de sofisticación dolorosa, de memoria.

2. Entenderlas primero. Volver a tienda y preguntar:

a) qué carajo querer decir con "sincronizar". Tantos años de letras para esto.
b) cómo meter archivos del ordenador en cacharrito de marras. (que es razón única y exclusiva de adquisición de cacharrito).
c) cómo encender y apagar sin andar fuchicando en todos botones hasta encender y apagar de pura potra, como hasta ahora.

3. Fumar menos. (Buscar tutorial Fuerza de voluntad, modo de empleo, en el burro).

4. No volver a comprar películas. Ahorrar el dinero y emplearlo en comprar ropa bonita cuando llegar buen tiempo de verdad y así poder viajar a Australia como mujer sofisticada y misteriosa y no como cinefriqui incómoda de ver, en camiseta H&M más gastada que tetas de la Obregón.

5. Reducir número de consultas de precios de vuelos a Australia a un máximo de dos diarias. Observado que precios no cambian por mucho que mire.
 
All is fair in love, war, and music.

(Abba. Waterloo).

A Napoleón lo canearon bien en Waterloo. A mí... tres cuartos de lo mismo, pero sin salir ni en los libros de historia, ni de casa siquiera.

Aviso que quien se venga a meter conmigo acerca de Abba se va a encontrar con una sesión forzada de palomitas y retransmisión de "La boda de Muriel" con obligatorio seguimiento de coreografía de "Waterloo" en escena de vacaciones en Hibiscus Island.
En fin, que además venía a cuento Waterloo esta vez...

"Couldn't escape if I wanted to
Knowing my fate is to be with you..."



ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. Incomprensiblemente ajetreado. He reducido dosis de café a uno diario y me siento más hiperactiva que un cacahuete (tipo uno) bajo efecto inmediato de Coca-cola. No lo entiendo.

2. Asquerosamente saludable. Estoy comiendo cosas que sólo come la gente que sale en los anuncios de margarinas anti-triglicéridos, lo cual me asusta al pensar que tal clase de gente no existe y que por lo tanto quizá corro riesgo de despertar un día dentro de televisión y darme cuenta de que he dejado de existir como ser humanoide y he empezado una nueva existencia exclusivamente televisiva. Yo sólo quería perder unos kilos, no desaparecer. ¡Ayuda!

3. De satisfacción con un montón de cláusulas restrictivas y reticencias varias. Después del toque que le pegué a mi Sr. Marido, me ha llamado por teléfono dos veces en tres días.
¿Será ese típico caso de marido remendarse durante tres días para luego volver a andadas? Ahora mismo no lo sé, porque estoy demasiado ocupada canalizando la alegría que llevo dentro de haber hablado con él. Va a salir bien, va a salir bien, "don't worry baby".
Analizando en retrospectiva, estos días, he llegado a una conclusión sobre los cimientos de nuestro matrimonio:
Yo soy todo neurosis, saltos por aquí, lagrimones por allá y grandes tragedias y luego siempre acaban saliendo las cosas como él quiere. Él es todo paz, sonrisas y "don't worry babys" y siempre me acaba ganando. Y lo malo es que nunca me doy cuenta porque soy como Napoleón, que el día de Waterloo dijo: "Esto lo tenemos acabao antes de la hora de comer" y fíjense, el tío bocazas.
He de decir que todo tiene su explicación. Napoleón también era Leo.

4. De pérdida de memoria. Quizá es por eso de haberme privado de carbohidratos, que las neuronas se me están yendo por la oreja izquierda con sus sinapsis bien empaquetaditas, pero ayer por la noche me encontré un papel por casa donde ponía "Restaurante Asiático" precediendo a un número de teléfono que, de todas todas, tiene que ser de mi barrio, y no logro recordar ni qué es, ni cómo semejante papel ha llegado a mi humilde morada. Lo único que sé es que esta mañana me he despertado repitiendo "Chino de Abajo, Chino de Abajo", y no sé si tendrá algo que ver, al estar China en Asia, digo yo.

5. De dolor de espalda monstruoso, aún.

COSAS POR HACER:

1. Recordar no dormir con ninguno de los siguientes dentro de cama:
Libros, diccionarios, platos, chinchillas con problemas de actitud, fotocopias, botellas de agua (aunque estén cerradas) moños, coletas, walkmans, discmans, barmans (por buenos que estén) ni George Clooney (que me he enterado recientemente de que no quiere nada serio con ninguna mujer. Qué indignación, oigan. Mi gozo en un pozo, después de tantos años).

2. Adquirir correa con cascabel incorporado para teléfono móvil. El segundo, para encontrarlo y la primera para atarlo a pata de mesa de salón para que no se meta en mi cama durante la noche. No sé cómo lo hace, pero todas las mañanas me despierto con el puñetero chisme interponiéndose entre mi almohada y yo.

3. (Sol. altern.) cerrar puerta de salón con móvil dentro de salón y correr riesgo de que móvil aprender a abrir puertas.

4. Poner bambas y preparar bici. Viene Sacarina a jugar a Verano Azul. ("It's a wonderful, wonderful life...")
 
Detallitos.

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(Sixpence none the richer. I need love).

Hoy corro un riesgo grandísimo al escribir aquí. Un riesgo que nunca me ha gustado asumir: que se me tache (en serio) de feminista recalcitrante. Vaya por delante que no sólo no lo soy, sino que tampoco lo respeto ni lo acabo de entender.
Pero es que ahora mismo mandaría al carajo a cualquier ser que tuviera más testosterona que feromonas, fuera humano, similar, no similar o incluso un paquete de tabaco, por decir algo.

ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. De crisis, no nos engañemos.
Resulta que aquí la menda lerenda (desde ahora denominada en el presente como M.L.) prescinde de marido, mejor época de vida y cualquier acto remontamente parecido a lo que se entiende vida social (exceptuando películas con Sacarina, que no es que no las aprecie) y todo lo que recibe a cambio es una grandísima, vastísima e interminable nada. Y yo no soy una persona altruista, de esas que hacen cosas sin esperar recibir nada a cambio. Claro que lo único que quería recibir a cambio de sacrificar mi matrimonio por ayudar a un australopiteco imbécil que no sabe vivir sin que lo vigilen, era un poco de atención. Detallitos. Una llamada telefónica por aquí, un sábado por la noche en casa para hablar conmigo por allá, un correo electrónico... Nada del otro mundo. Nada que implique quedarse sin sangre, o sin un brazo, o sin su coche, siquiera.
Que no soy altruista, pero tampoco voy de princesita por la vida, carajo.
Pues no. Resulta que debo de estar pidiendo demasiado, porque estoy centrando mi atención, mi energía, mis ilusiones y hasta el último minuto de vida en... ¿en qué?
Cuando está en casa, se tiene que ir a dormir a las nueve (para entendernos, antes de que salgan los lunnis) porque resulta que tiene que trabajar. Vale. Muy ogro tendría que ser para no entenderlo, pero los viernes y los sábados tampoco se conecta porque resulta que tiene que salir, claro. El resto del tiempo, sólo ha llamado una vez. Una vez en que lo llamé yo para decirle que le colgaba el teléfono, y le colgué. Vaya si le colgué. Entonces reaccionó y llamó.
Y aquélla fue la única vez. Ni mails, ni cartas (acabáramos, si no escribe mails, que tardas cuatro segundos, no ingresará en urgencias con la pleura despegada del sitio por haber lamido un sello, no). Ni nada. Nada.
Por favor, que alguien me convenza de que no es una cuestión de "hombres", sino de la poca delicadeza de éste. Porque ahora mismo estoy por hacerme una camiseta que ponga MEN SUCK. AND DARE CALL ME PROSAIC.
Éste me da que aún no conoce a su propia mujer. Y fíjense si no la conoce que puedo escribir lo que me dé la gana sin miedo a que él vaya a leerlo. Porque no lee mi blog.
(Vale, sí, soy aburrida hasta la náusea, pero es mi marido. Podría fingir interesarse, al menos).
Anburriente puede, pero aburrida no sé estar. Eso debería saberlo ya, el muchacho.
COSAS POR HACER:

1. No volver a conectarme nunca más al dichoso MSN.
2. (vid.: anterior) desconectarme, que me lo había dejado encendido.
3. Dedicarme a mis cosas y seguir su ejemplo (es decir, hacer como si él no existiera).
4. Derogar cláusula anterior enq ue especificaba que no volvería a probar la Boldam. Desperate times call for desperate measures.
5. Pedir perdón por semejante desahogo. Podría haberlo escrito en una libreta y luego perderla, o encontrarla llena de moho en la nevera dentro de tres meses, pero no me da la gana. Quiero publicarlo, por si alguien a punto de casarse aún piensa que va a ser fácil.
6. Partirle la cara a la próxima persona que diga "te quiero" gratuítamente.
 
COSAS POR HACER Y COSAS POR DEJAR DE HACER.

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(Eddie Murphy & Antonio Banderas. Livin' la vida loca. Shrek 2 OST).

Que sí, que además del pecado original, con el que toda vida humana se supone que nace (aunque les juro que Sacarina es una excepción relucientísima de esto y que pronto vendrán desde el Vaticano para entrevistarla)... además de eso, a veces soy mala, también.
Posiblemente (después de analizarlo durante casi cinco segundos) porque tengo el derecho inalienable de serlo, igual que toda otra persona en este planeta, y porque además puede que a veces se den circunstancias incitantes. He sido mala, lo confieso. He sido malvada, he arremetido contra cualquier ente u objeto que se me ha cruzado y es todo culpa mía.
La cosa requiere de plan de emergencia. Necesito vivir más y pensar menos.

COSAS POR HACER:

1. Empaparme el temario de informática hasta dominarlo mejor que los botones de la playstation.

2. Recordar dar de comer a Macgaiber religiosamente cada noche y soltarlo para que corra por mucha rabia que dé tener que aguantar bich pegar mochazos a puertas noche entera.

3. Poner cuerpo a dieta estricta de hoja de lechuga semanal (buscar pie de rey a fin de dividir hoja de lechuga en siete porciones exactas). Presente punto implica olvidar que existir en mundo significante y asimismo significado "Boldam" a efectos de conseguir que hoja de lechuga muestre cambios esperados en organismo y/o metabolismo vagueante y maleante. Olvidar también por completo Chino de Abajo. Pensar buena idea despedirme de ellos oficialmente personándome en establecimiento con flores o similar, así luego dar más vergüenza llamar nunca más.

4. Limitar consumo de cigarrillos a diez diarios y número de consultas a hotmail a cinco, dado que marido no va a escribir más porque yo mire más dichoso mail.

5. Configuración en soporte papel de horario semanal y cumplimiento severo de éste. Ahora tener tiempo de hacer cosas que siempre querer hacer, así que aprovechar. Pensar igual poder aprender a bailar tangos, así llegar a Australia a modo de latina exhuberante y misteriosa de movimientos sofisticados, para educar australopitecus en costumbres y tentaciones mediterráneas, y no a modo de folclórica patosa y rebuznante, que es lo que en realidad ser ahora mismo.

6. Conseguir que padre aprender inglés de verdad y dejar de pronunciar primera persona del singular en alemán. "Ich have eine daughter" seguir sin sonar del todo inglés. Faltar más práctica.

7. Salir mucho de casa, así no fumar tanto y reducir frecuencia de inspección en nevera que, de todos modos, seguir vacía.

8. Pagar factura atrasada de teléfono o quedar sin teléfono (i.e., sin internet ni línea adsl tarifa plana 24h) pasado mañana. Escribir monográfico titulado "¿Por qué rebotan facturas cuando hay dinero en cuenta?" y enviar a editorial a fin que consideren posible publicación.

9. Recordar nombre de editora para llamar a mi hijo/a primogénito/a, aunque causar trauma de por vida a pobre criatura. Mujer ser superwoman y yo idolatrar sin contemplación ni reserva.

10. Reducir consumo de café a tos tazas diarias (segunda con sacarina, no azúcar).

11. Ir a buscar pasaporte y pedir certificado de penales que esperar ser papel vacío.

COSAS POR DEJAR DE HACER:

1. Dejar limpieza de piso para cuando paredes caer de mierda.

2. Llamar Chino de Abajo. (Dato m. preocupante: Chino de Chino de Abajo tener llave de portal!).

3. Entrar en panadería a lado opuesto de Chino de Abajo para sobredosis de croquetas o similar o, en suma, con cualquier otro fin. Dejar de entrar y ya estar.

4. Tener la bici de adorno y hacer ver que ser persona activa.

5. Jugar a los Sims 2 o similar.

6. Ver películas hasta que tener que ir a recoger ojos bajo sofá.

7. Fumar paquete y medio al día (asqueroso, asqueroso), dado que físicamente no necesitar ni mitad de ingesta de nicotina.

8. Comprar perfumes de Chanel (ésta costar mucho).

9. Cortar pelo en casa con espejo y tijeras. Ya no tener edad (ni pulso) para estas cosas. Ir a peluquería, en su lugar. Ser + recomendable.

10. Maltratar psicológicamente a amigas. Aunque saber que tener razón, también poder callarme y dejar que ellas darse cuenta de errores algún momento entre el 2025 y el 2040.

11. Leer en inglés. Empezar a leer en catalán que da más de comer.

12. Quejar de todo y de todos y de todas. Convertir progresivamente en vieja amargada.

13. Llevar jersey verde HM + viejo que bisabuela de Rocía Jurado. Quedar peor que tirarse pedos en medio de monasterio barroco de pueblo en hora de misa en domingo.


 
¿Venderán diclofenaco intravenoso en botellas de litro y medio?

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(Violent Femmes. I wanna be sedated. Ramones' cover).

Aunque lo que he llegado a dormir esta noche se puede calificar de indecible, lo voy a decir: once horas. No dormía tanto desde que fui a una excursión al zoo en primero de Primaria con mi Sra. Madre de profesora y me perdí y pasé el estrés de mi vida, primero al perderme y pensarme que tendría que quedarme a vivir en la fosa de los chimpancés y luego por la macrobronca que me cayó.

ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. De dolor mortal de espalda. Claro. Tenía que pasar. No puedo dormir tantas horas sin algún efecto secundario. Creo que me quedé dormida en alguna postura contorsionista de la que mi cuello y espalda se han resentido con ganas.
Me he mirado al espejo (a pesar de la poca alegría que tal gesto me aporta al levantarme, desde hace años. Pero es que no lo puedo evitar: me queda de camino al baño) y parecía Robocop venido a menos.

2. De ganas de hacer cosas, frustradas por mi estado dorsal. Ahora que finalmente no me levanto con sueño, me siento como si me hubieran estado pegando con una sartén en el cogote durante once horas. He decidido, pues, darme tiempo. Si descansar un día más va a significar empezar la semana que viene como Aldara Flex, que así sea.

3. De orgullo y satisfacción arquitectónica. He descubierto un menú nuevo de los Sims en el que se me daba la oportunidad de construir una colonia de artistas. ¡Y qué colonia me ha salido! El orgullo de la farándula, vamos. Con las muñecas nunca se podían hacer estas cosas. Con las muñecas tienes la versión "destellos", "fiesta", "malibú", "cenicienta" y un sinfín de mamarrachadas que no le vienen a una a cuento. Con los Sims, sin embargo, fíjense.
Componentes de la colonia para artistas de los Sims:
a) Pabellón piano, con sinfín de cabinas de práctica, con sus luces, sus ventanas y sus pianos.
b) Pabellón guitarra: lo mismo, con guitarras.
c) Pabellón música de cámara: sala con piano, guitarra y una tabla de mezclas. (De acuerdo, Johann Sebastian, Haendel y compañía discreparían acerca de esta nueva perspectiva de la música de cámara, pero carajo, si los que diseñaron el juego no tienen más luces, que nadie me culpe a mí, que soy la humilde usuaria).
d) Pabellón pintura: sala con magnífica luz natural (le he puesto ventanales de arriba a abajo) con un montón de caballetes de pintura y un equipo de música que (cómo lo describiría) mola mazo.
e) Pabellón danza: no cabía, pero tengo en mente construir otra colonia, especializada en otras artes, antes de iniciar el nuevo proyecto, que será una fundación dedicada plenamente al hedonismo.
f) Barracones con sus camitas todas iguales, sin separaciones de esas de casa de convivencias de curas ni historias que valgan.
g) Duchas y lavabos. Descubrí con gran alegría, en el menú de compra, que había WC's públicos, de esos que dejan un trocito arriba y un trocito abajo (¿qué he dicho? ¿Alguien me ha entendido? En fin...)
h) Cocina y comedor. Después de las cabinas de piano, creo que es el mejor pabellón. Tiene dos mesas enormes con sus sillitas, una máquina dispensadora de bebidas, otra de perritos calientes (vaaale, pero es que el juego es llanqui, no esperen encontrarse una máquina dispensadora de empanadas gallegas) dos neveras, cocinas, fregaderos, etcétera. Y le he metido una puerta a lo Star-trek, de esas metálicas de nave espacial que se abren cuando una se les pone delante.
i) El jardín, que cuenta con una piscina de olas para practicar surf y bodyboard (mens artistica in corpore surfistico), un futbolín (porque para ser espiritual hay que bajar a la tierra de vez en cuando) un ajedrez intergaláctico que es un alucine, una cama elástica, dos jacuzzis ... Vamos, que estoy por patentarlo y llamar a Berlusconi (o a algún jefe pontevedrés del narco), para que pongan pasta y construirlo de verdad.

COSAS POR HACER:

1. Hum... ¿Madurar? (¡Nunca!)
2. Darle de comer a Macgaiber. (Considerar baño, muy necesario porque pensar roedor rascándose con una mano la cabeza no ser cosa normal).
3. Personarme urgentemente en FNAC o similar y comprar libros para leer con el fin de evitar pasar más horas de vida supuestamente adulta delante de playstation. Posiblemente libros de autoayuda, pero comprobar que las traducciones sean buenas. Recordar evitar tb. Feng-shui, al ser físicamente imposible de respetar en caja de zapatos impropiamente denominada piso.
4. Personarme urgentemente en supermercado o frutería para adquisición inmediata de comida sana y nutritiva, so pena de morir de infarto cerebral antes que de cáncer de pulmón de aceites letales de Chino de Abajo-panadería.
5. (Vid.: cáncer de pulmón) Comprar cartón de Gauloises Blondes, paquete rojo.
6. Trabajar en segunda práctica de asignatura de informática por entregar.
7. (vid.:anterior) Encontrar apuntes, para encontrar página web donde estar "colgada" práctica.
8. Llamar a mi móvil, que encontrarse en mismo bolso donde estar libreta que contener apuntes donde figurar dirección http donde poder encontrar práctica, para encontrar ambos y de paso también monedero. (Mirar en nevera antes de llamar, así ahorrar llamada al dispararse contestador de vodafone de las narices).
 
L'appuntamento

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(L'appuntamento. Ocean's 12 OST).

Aquella mañana tenía una cita con mi nuevo cliente en su casa.
No me preguntaba, en el vuelo en jet privado desde Barcelona hasta un aeropuerto privado en medio de la Toscana, a qué venía tanto secretismo. Ya había hecho de intérprete de enlace antes, para celebridades y otros animales, y siempre actúan así para evitar leaks. Vamos, que a una le dé por empezar a cantar ópera a la prensa, por decirlo de alguna manera.
Tampoco me extrañó que "el cliente" quisiera conocerme antes de venir a Barcelona, porque si hay algo que he aprendido en esta profesión es que se aplican las mismas reglas que en Transporter:
1. Un trato es un trato (y me pagas el viaje y los gastos también, más la mitad por adelantado).
2. Las preguntas las hago yo (para luego poder traducirle las respuestas a quien toque, claro).
3. Tú conduce. No abras el paquete.

Pues así iba yo, sin darle demadiadas vueltas a la posible (y con toda seguridad ratificable) excentricidad de mi nuevo cliente, al entrar, en la limusina, a las propiedades desorbitadas del hombre misterioso.
El paisaje intimidaba -un poco-, debo decir. Pero no era la primera gran mansión en la que entraba y, con un poco de suerte, tampoco sería la última.
Después de haber cruzado los umbrales de aquel jardín interminable, y de ver bailar árboles y más árboles de todos los tipos de verde deslumbrante a través de la impoluta ventanilla del vehículo, el chófer paró. Deduje que habíamos llegado.
Lo primero que vi al salir del coche (después de un ficus que habría hecho las delicias de mi Sra. Madre) fue una puerta de dimensiones descomunales, abriéndose y dejando a merced de la luz del sol un recibidor que hacía, automáticamente, que te olvidaras de la absurdamente desproporcionada puerta que acababas de ver. Allí había maderas importadas del último rincón del mundo. Sedas naturales cubriendo ventanales púdicos, organzas vistiendo mármoles y un festival de materiales que quitaba el hipo, el sentido y las ganas de vivir para ver algo así y saber que nunca va a ser tuyo. Me puede la avaricia, pero sólo a veces.
Me recibió un individuo trajeadísimo, y pensé que sería él, pero no dije nada, porque si hay algo que tengo claro, es que en este oficio se aplican perfectamente las mismas reglas que para sobrevivir en Guinea en los años cincuenta que me dijo mi abuelo:
1. oír.
2. ver.
3. callar.

Y menos mal, porque el trajeadísimo sólo era una especie de P.A. (que no quiere decir Patán Androide, como mucha gente afirma, sino Personal Assistant) del cliente en cuestión.
El trajeadísimo me sacude la mano como si quisiera expurgar hasta la última mota de polvo de mi organismo y deduzco, así, que es suizo. No se me escapa ninguna. No he llegado hasta aquí porque sí.
El suizo trajeadísimo me observa-investiga-inspecciona y me dice, en un alemán casi francés, o en un inglés muy ruso, si quiero tomar algo.
Me lo dice con una mirada tan ejecutora, fría y despiadada que a punto estoy de retarlo y pedirle una Boldam. Pero no, porque si hay algo que tengo claro, es que en este oficio se aplican las mismas reglas que en todas las comidas familiares de mi vida:
1. No seas impertinente.
2. En casa ajena nunca se pide nada, aunque te lo ofrezcan.

Así, le digo que de l'eau minérale, bitte, en un intento nervioso y torpísimo de responderle en su misma mezcla lingüística conservando al mismo tiempo la politesse de no rechazar su ofrecimiento.
Y así, me indica que me siente en(o me pierda-dentro-de, más bien) un sofá que hay en una sala que se vislumbra en la lejanía, a la izquierda del magnífico vestíbulo coronado de una lámpara de la que podrían colgarse setenta y ocho gorilas de espalda plateada sin que el susodicho artilugio se inmutara, siquiera, y me dice que Míster no sé quién estará conmigo en unos minutos.
Y yo mordiéndome el labio inferior, "¡quién, quién! ¿Cómo me he podido perder el nombre? ¿Cómo? ¿Qué tipo de intérprete soy?"
Y me siento/pierdo en aquel armatoste tremebundo, incierto y mullido, y ensayo cuatro mil posiciones para que cuando llegue "el Míster" no vea a la patosa folclórica que en realidad llevo dentro, sino lo más sotisticado de mi ser. Porque si hay algo que sé sobre este oficio, es que se aplican las mismas reglas que en la guardería:
1. Los paletos no sobreviven.
2. Aprende a saber sentarte hasta en la superficie más inverosímil. Lo necesitarás.
Ahí estaba yo, con el culo más bajo que los pies, rezando Avemarías carentes del tercer verso, que nunca recuerdo, y diciéndome a mí misma que esto, total, sólo eran bienes materiales, que a todos y todas nos llega la muerte, y qué sé yo cuántas carajadas más, cuando de repente, oigo una voz en la distancia. Una voz que conozco más que de sobras. Una voz que derrocha confianza, familiaridad, simplicidad en las formas, los tonos, el timbre, la entonación, las cadencias y hasta los estornudos.
"Es él", intento decirme, sin poder procesarlo.
Y al levantar la vista está ahí, delante de mis rodillas inmovilizadas.
Es George Clooney en bambas. Es George Clooney en tejanos. Es George Clooney en persona.
Entonces intento levantarme mientras decido si tirármele al cuello no se considerará falta de profesionalidad dadas las circunstancias, o si tendré que pasar el resto de mi vida sin lavarme la mano que le tendí.
Pero algo frustró mi buena -y muy desesperada, entiéndanme- intención de readquirir mi postura vertical y con ella, mi dignidad: me empezó a sonar el teléfono.
Por algún motivo estúpido, no podía moverme, tenía que buscar el teléfono y apagarlo, o chillarle al auricular que una no se queda a solas en una sala (grande o pequeña, grande NI pequeña) con George Clooney todos los días. Y el teléfono, que ni dejaba de sonar ni aparecía por ninguna parte. Y yo allí, como un pasmarote, con George Clooney mirándome atónito y rebuscando en el bolso (yo, no George Clooney, faltaría más) entre mil setecientos millones de corotos, el puñetero teléfono.
Y claro, me he despertado.
Vamos que, como pille al degenerado/a la degenerada a quien se le ha ocurrido la cochinísima mala idea de llamarme por teléfono esta mañana, la carnicería de Darfur va a ser el festival del Happy Meal vegetariano, al lado de lo que le voy a hacer.
 
De miedo.

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(Tom Waits. Little drop of poison).

¿Cuál es, en realidad, la definición de novela de terror?
Porque, al enterarme de la nueva tradución que tenía, hace un par de semanas, hice lo que suelo hacer: ir a mirar críticas en internet, sobre la autora -en este caso- y el original, y todas las páginas coincidían en que la mujer era una bestia parda del relato de terror, del suspense, de la intriga y qué sé yo.
La buena mujer tiene sopotocientos mil premios a su nombre, y yo pensé, vaya suerte la mía, con lo gallina que soy, quedarme sola en casa y que me toque traducir una novela de miedo, a mí, que me asusto hasta con el conde Drácula de Barrio Sésamo.
Luego me he ido dando cuenta de que lo único que da miedo de la susodicha novela es lo mala que llega a ser. ¡Y lo predecible! Y créanme, yo sí que puedo hablar de esto, por una sencilla razón. ¿Saben cuando se habla en grupo de películas de intriga y todo el mundo afirma haber adivinado el final menos una persona, cuya frente, en ese momento, luce una gotilla de sudor de esas de "mira que soy pardilla"? Pues la de la gotilla de sudor siempre soy yo, porque de la misma manera que no tengo ningún tipo de ojo clínico para la gente al conocerla, tampoco lo tengo para adivinar lo que va a pasar al final de las películas. Ni los libros. Ni nada. Soy pardilla íntegra por naturaleza.
Por eso créanme cuando les digo que muy mala tiene que ser la novela para que hasta yo sepa qué leches va a pasar, y me mata de rabia tener que traducir cien páginas más cuando perfectamente podría hacer un resumen y decirles que el que tenía todos los números de ser el malo era, efectivamente el malo, y que los tíos de la oficina del fiscal son tope duros, aunque no dan una.
Pero es que, vamos a ver. La protagonista rubia y guapísima forrada de pasta queda para aquél día por la noche con un tío que resulta ser la única persona que tiene todas las pruebas que incriminan a otro tío (el malo malísimo) en el asesinato del padre de la rubia.
Este tío con el que ha quedado habla por la tarde con el malo malísimo y le dice "jeje, voy a cantárselo todo a la poli porque me han pagao, haleha-le, chúpate esa" y por la noche, cuando ella va a casa de él a pagarle y que le dé las pruebas, se lo encuentra en el coche.
Hasta Macgaiber, que roedor como es, no sabe leer, se habría dado cuenta de que el individuo de las pruebas, a las nueve y pico de una noche fría en medio de un pueblo chungo del rustic nowhere de Nueva Jersey, no podía estar durmiendo en el Asiento del conductor. Vamos, que no hacía falta ni leerse el capítulo, para saber que el colega era fiambre asegurado desde los créditos que salen justo después de la tapa del libro.
Pero la rubia no. La rubia se acerca e ¡intenta despertarlo!
Los caminos de la oligofrenia son incomprensibles, señoras y señores. Aún le pega un buen meneo para ver si se despierta, hasta tal punto que la tía acaba más pringada que un australiano borracho en la Tomatina. Y luego le entra el pánico. Que vale, que en la trilogía de Scary Movie estas cosas hacen gracia, pero aquí no. Aquí más bien deviene un tanto patético.
A mí, si me preguntan, lo único que me ha dado miedo de este libro es contar las páginas que aún me quedaban, que venían a ser directamente proporcionales a la gravedad del dolor de espalda que me atacaba cuando intentaba ponerme de pie.
Pues sí. En ocasiones veo muertos... al editor que da el visto bueno, y a la payasa que se cree escritora.
Miedo me doy yo, carajo.
 
Sueño con brujas.

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(Sublime. Santería).

Resulta fácil hacerse la fuerte en las horas de conciencia. Basta con ponerse una pantalla de autosuficiencia tamaño XXL, sonreír sin piedad, contra viento y marea, y sobre todo, mantenerse ocupada. Pensar mucho, sí, no olvidarse de las cosas que duelen ni de la gente a la que se añora. Pero con el mazo dando, por decirlo de alguna manera.
En retrospectiva, he sido una de las tías más duras que conozco, estos días. Casi tanto como mi bisabuela Dolores, la mujer eternamente descalza, la reina del orujo. Me siento orgullosa de poder decir que sólo he llorado lo justo, lo que necesitaba llorar físicamente, pero que no he caído en dramatismos ni exageraciones (hecho sin precedentes, tratándose de mí).
Lo he pensado, calculado y planeado todo racionalmente, tengo un esquema perfecto de lo que tengo que conseguir de aquí a Agosto y no me asusta nada, ni en la superficie ni en el fondo. Ni cuando bromeo en público, ni cuando reflexiono en la amable y fascinante soledad de mi caja de zapatos llamada impropiamente piso.

Así pues, ¿alguien me puede explicar por qué carajo he tenido el sueño que he tenido esta noche, que no me viene a cuento con nada?
¿Quién fue el ente maldito/a que puso ahí los sueños, para pervertir y deshacer lo que conseguimos superar durante el día? ¿Quién?
Quien sea, le aconsejo que se esconda bien.

ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. De insomnio soporífero. Por razones que no vienen al caso, ayer me fui a dormir hoy, otra vez. En momento de irme a dormir, no obstante, ni coincidió siquiera con el momento de dormirme, porque al mardito roedó se le dio por empezar a hacer un remember de grandes temas de la salsa y se curró un solo de percusión que si lo oyen los que hicieron el documental del Buena Vista Social Club me lo contratan fijo.
Cuán triste puede llegar a ser descubrirte a los veintiocho años, sentada en la cama, gritándole a una chinchilla macho con problemas de actitud que si no deja de hacer ruido me hago unas alpargatas con su piel. Y Macgaiber que para, se acerca, apoya las manitas en los barrotes, así como hace él cuando se pone de pie, y me mira. Creo que hasta puedo oírle decir, a las 04:00a.m. "Hala, pero si yo pensaba que te gustaría".
Total, que aquí la menda, después de darse cuenta de que estaba intentando hacer razonar a un roedor peludo de los Andes, se desveló, se dio cuenta de lo absurdo de la situación, y se dispuso a ubicar jaula con roedor de vuelta al salón. Hala, machote. haz todo el ruido que quieras, ahora, que con un poco de suerte despertarás al vecino que se empeña en pasarse los días de su existencia picando paredes con un martillo.

2. De Pesadilla en Raval Sud. Y aquí viene cuando lo matan. No, cuando lo matan no, cuando la mato, mejor dicho.
Resultado de cerrar los ojos y perder la conciencia: Llego a Australia y la madre de Craig (AKA mi suegra jipi) me viene a recoger al aeropuerto. ¿Saben aquellos momentos perfectos para que le desaparezca a una todo indicio de expresión facial y se le ponga un letrero más allá del flequillo que rece SAPRISTI? Pues si jamás lo ha habido, that was it.
Le pregunto, obviamente, cómo es que mi marido no ha venido a recogerme, porque siempre hay que preguntar antes de perder los nervios y sacar la AK-47 y acabar hasta con la última forma de vida, inteligente o no, que le quede a una dentro del campo de visión. Así que pregunto, esperando una respuesta tipo Ha sufrido un terrible accidente y está en coma en el hospital. pero no. La pobre mujer me mira, con esa cara que te pone tu amiga del insituto para decirte que se ha follado al tío que te gustaba, y me dice que Craig está en Darwin. Que fue a mirar casas allá por iniciativa mía, y que conoció a una mujer y que está viviendo con ella.
Ahí hubo un blanco enorme (blanco mental, no del de disparar) y luego todo lo que recuerdo es que tal como llevaba las maletas, pillé un vuelo a Darwin. Darwin, en mi pesadilla, era un sitio curiosamente clavadito a los gráficos del Grand Theft Auto 4 de la playstation, con su tienda de armas y todo. Me persono delante de mostrador de tienda de armas, tras haber pillado habitación apestosa en tugurio de mala muerte rodeado de gentes de mal vivir, aborígenes borrachos y algún cocodrilo que otro, y me gasto el dinero que llevaba ahorrado en las armas más salvajemente sofisticadas que tenían en el lugar. El tío de la tienda me mira asustado. Le tiemblan las manos al darme el cambio. Le oigo farfullar un "malditos yanquis" al dirigirme hacia la puerta, me giro, estreno el revólver que más rabia me dio en ese momento y mientras observo cómo agoniza, con el pecho cubierto de sangre, le digo, con todo el cool del mundo:
-No soy americana. Soy gallega. Imbécil.
Entonces, armada hasta los dientes, empiezo investigación para encontrar paradero de marido infiel y traidor que no ha tenido ni los huevos (excuse my French) ni la delicadeza de venir a buscarme y decirme en persona que es el peor hijo de puta que ha traído la madre naturaleza a este mundo (después de George Bush, quiero decir).
Llego al sitio con mis metralletas, mis pistolas, mis granadas y mi revólver, y descubro algo que me jode los planes completamente. Miro por la ventana y veo a Craig sentado en el sofá de aquella casa testigo del fin de mi matrimonio, con un bebé. Entonces sale de lo que parece ser la cocina la bruja por la que me ha dejado, que va vestida como Britney Spears, aunque guarda un asombroso parecido a Loles León.
En cinco segundos, elaboro plan B. En menos de tres, lo ejecuto. Entro en la casa, cojo al bebé, disparo a Craig, disparo a la bruja, salgo de la casa con el bebé en brazos y tiro un par de granadas que convierten a la susodicha paupérrima constructio australis en un jardín quemado.
El bebé me mira. Pienso que si pudiera hablar, me diría Good on you, porque ni ha llorado siquiera.
Mientras nos alejamos del jardín en llamas, pienso en mis arrebatos. Igual tendría que haber preguntado. Quizá no están bien, este tipo de arrebatos, pero en el amor y en la guerra....

COSAS POR HACER:

1. Cambiar el fondo de escritorio de Lara Croft. Extremadamente perjudicial para mi salud mental, por lo que se ve.
2. No volver a preocuparme por estos sueños. Después de todo, incluso en la manifestación más psicótica de mi subconsciente salvé al bebé bastardo de una muerte más segura que las derrotas del Deportivo de la Coruña.
3. Tisana. Acordarme de una puñetera vez de comprar la condenada tisana.
4. Acabar la puñetera traducción.
 
I'm too hardcore for this bullshit.

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(Right Said Fred. I'm too sexy)

He decidido que voy a ser sexy.
No me malinterpreten. He probado a ser de todo, antes de llegar hasta esta trágica resolución. Nada me ha funcionado, así que sólo me queda ser sexy. Mucho más, ahora que me he dado cuenta de que sexy no nace una: se autoproduce. Y es mucho más fácil que cualquier otra cosa, realmente.

ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. Genial. Primera semana sin marido in situ y ya he vivido un sinfín de experiencias que me hacen pensar que soltera soy un auténtico peligro. Dejando de lado la caraja monumental que pillé el sábado en la fiesta de cumpleaños de Sacarina (de eso ya hablaré otro día, uno en que tenga ganas de hablar de tontolpeines que se va encontrando una por la vida en night clubs) todo iba bien hasta que a la susodicha (Sacarina) se le metió entre ceja y ceja, el domingo, que teníamos que irnos con las bicis por ahí.
-Que sí, que para qué quieres la bici si no, que venga...
Y yo con una resaca de esas que en la próxima fiesta no necesitaré ni Boldams: me beberé mi propia sangre. Pero claro, Sacarina no bebe, ergo no conoce resacas. Y menos como la mía del domingo pasado. Sólo diré que comí hasta gominolas (espero que mi dentista nunca llegue a leer esto).
Le pillé el gusto a la bici a los pocos minutos. En realidad, lo que quiero decir es que empecé a pedalear a toda pastilla, y la sensación de liberación de adrenalina y mala leche era tan buena que quizá no me di cuenta de que iba demasiado rápido.
Y yo creyéndome qué sé yo quién, a toda leche por esas callejuelas de Poble Nou.
Me estoy a punto de meter en una acera con una farola o un semáforo a un lado y me digo "pasa, que tienes sitio de sobras" y sitio había, o habría habido de sobras, si no se hubiera materializado súbita e inexplicablemente tremeno pedazo de abuela allí en medio, más de repente que la muerte.
Yo, persona buena, amable y solidaria donde las hubiera, me tiré instintivamente al lado contrario de los kilómetros cuadrados que ocupaba la abuela, que resultaba ser justo el lado donde estaba la farola/semáforo. No llegué a ver bien lo que era hasta que me miré el estómago y me di cuenta de que cambiaba progresivamente de color: amarillo, verde, rojo. ¡Oh, dioses, del susto he sufrido una reacción química que ha llevado a una mutación genética de mis células madre y me he convertido en un Gusiluz! pensé.
Pero no. Me había comido el semáforo.
El semáforo y el canto del edificio de delante de éste, de rebote. Y la recontracochina abuela:
-Niña, ¿Tahesho danio?
No, señora. Usted no sabe lo que es el daño. Deje, que yo se lo explico en un segundito de nada...
Resumen: Mi intento de creerme marchosa saliendo la noche entera, frustrado por un postadolescente que tenía de idiota el doble de lo que se creía de listo (y eso, créanme, es muy idiota. Por un momento oí cómo me pedía que le dibujara en la cara con una botella rota, y todo) y mis intentos de creerme deportiva chica sana preocupada por los triglicéricos se ha transformado más bien en resacosa chica chunga preocupada por los trilumínicos. Además no podía ser un semáforo pequeñito, no.

2. Genial ni de lejos. Pero va de genio, la cosa. De mal genio, quiero decir.
Hoy he ido a clase de informática. Sí, ya sé qué estarán pensando. Que si sigo así, a este paso acabaré yendo al dentista, dejando el Chino de Abajo, y faltando a todos y cada uno de mis principios. Y que el día menos pensado me pego tremendo golpe en la cabeza, me quedo oligofrénica del todo y me convierto en Britney Spears... Pero no, aún no he llegado a cotas tan desastrosas de desexistencialismo.
Hoy he ido a clase de informática con todo el buen humor del mundo (o todo el que se puede tener después de haber sido despertada un total de seis veces durante la noche por ese mardito roedó). Me he dicho lo que me digo siempre que las circunstancias requieren de valor extraordinario y gestas heróicas:
Si hay que ir, se va una a brillar, que ir para no destacar es tontería.
En fin, he salido tres veces de casa, como suelo hacer en este tipo de desgraciadas situaciones, y en éstas me he dado cuenta de que no llevaba libreta. Vamos, que el único objeto donde poder escribir que había en el bolso era el papel del paquete de tabaco.
Carajos. He pillado la primera libreta que he encontrado, que ha resultado ser de la época de los pergaminos.
Llego al sitio rezumando concentración, superinteligencia y ceros y unos por todos los poros de mi piel. Semblante serio e intelectual y toda la carallada.
Lo más increíble es que no sólo me he enterado de todo lo que decía la profe, sino que además me ha salido. Todo lo del lenguaje HTML y esas cosas.
Al llegar a casa me he sentado inmediatamente a poner en práctica todo lo que había aprendido, contenta de saber cómo hacer las cosas, ansiática de demostrarme a mí misma que no era un mal de ojo ni una discapacidad mental, que fue cuestión de poca preparación y de cuelgue descarado, el año pasado y...
No. No me ha salido.
Juro que he hecho exactamente lo mismo que en la facultad. Y nada. Es mi cochina mala suerte.

COSAS POR HACER:

1. Recordar dar de comer a Macgaiber antes de que me vuelva a dar la nochecita.
2. Empaquetar la bicicleta junto con el ordenador y la poca dignidad que me quedaba y facturarlos a Bahía Cochinos.
3. Dejar de tener pensamientos satánicos hacia los y las pseudoesnobs superlingüísticos/as que pueblan este mundo y que aparecen cuando menos ganas tienes. Y digo pseudo, porque para ser esnob de verdad hace falta un mínimo de actividad neuronal, que en este caso brillaba muy lejos del sitio. Oceans away.
4. Acabar la dichosa traducción.
5. Hacerme sexy. Un par de flexiones por aquí, unas cuantas abdominales por allá, un poco de pintalabios y fijo que rompo. Lo del qué he roto ya lo contaré en otra ocasión.
 
...Then I try, try to smoke alone.

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(Skunk Anansie. Lately).

Sometimes all the moments
that we savoured for the last
get crushed between the good and bad
from pressures we have had


-La solución -se dijo, tras demasiadas horas de desconcentración-, está en el té verde y el rock and roll.
Luego se dio cuenta de que para lo uno era demasiado joven, y para lo otro, quizá demasiado vieja, y decidió algo atemporal, terriblemente crónico y elegantemente anacrónico: encenderse un cigarro.
A tomar por saco tanta filosofía y tanta mamarrachada transcendental.


ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. Jodido, para qué engañarnos.

En el día de hoy he:

a) escuchado un total de 32 veces "Good times, bad times" de Led Zeppelin, para ver si se me pasaba la morriña, o se me convertía en mala leche y ganas de hacer cosas. No ha funcionado.

b) mirado un total de 65 veces el correo electrónico, el teléfono, el móvil y hasta el cielo, en busca de señales de humo o de lo que fuera, procedentes de Australia. No. Va a ser que no. Bueno, claro, no puedo pretender que me llame cada día, ¿no?
Pues claro que no.

c) vituperado, insultado y recontrajurado (número no contado; esas cosas no se cuentan). ¿Y por qué carajo no me llama, o me resume la situación antipódica, al menos, para que me quede tranquila (o no)?

d) abierto la nevera un total de 92 veces, para comprobar que
-No había nada
-No había crecido nada nuevo desde la vez anterior que miré. (Nada comestible, se entiende)

e) Cantado un total de 675 veces el estribillo de "Here without you". Una de las veces, creo que me ha oído alguien en el vagón del ferrocarril. No recuerdo si cantaba en voz alta o para mis afueras.
I'M HERE WITHOUT YOU BABYYYYYYYYYYYY
(la y re-lá, ya saben).

f) metido estruendosamente la pata un total de 34876765399857 veces en clase de inglés. Mi alumno seguro que se habrá pensado que me he perforado el cerebelo con alguna pinza del pelo, o algo.

g) cantado un total de 345 veces "Buonanotte Fiorellino", sólo para comprobar que no. Que no se trata de la canción. Que esto no va a funcionar porque las canciones sirven, pero yo ahora mismo no sirvo para nada.

h) observado que presento un claro, aunque muy atípico caso (en mí) de retención de líquidos.

i) (ver anterior) obrado en consecuencia y corrido a la tienda abierta más cercana, que ha resultado ser una llena de cosas exóticas de esos países en que la gente no logra retener nada. Y me he dicho, "Aquí estamos. Té verde, que eso es diurético. Y barritas de incienso, que relajan. Y seis botellas de agua de alguna fuente de por aquí cerca, por si acaso".

j) adquirido desproporcionado dolor de cabeza causado por barritas de incienso, y observado resultado cero, en lo que a las propiedades diuréticas del té verde se refiere.

...Too exhausted to rebel...


COSAS POR HACER:

1. Darle de comer a Macgaiber. Ayer me olvidé, y al irme a dormir se esperó, el muy incalificable, a que pillara yo el primer sueño para empezar a pegar botes cual adolescente grunge en celo. Despiadado. No he podido dormir en toda la noche, a causa del ruido que montaba, y tampoco me he dado cuenta hasta esta mañana, de que el bicho tenía hambre. Se ha avalanzado hacia un cacho de algarroba más rápido que yo hacia el paquete de tabaco.

2. No desmoronarme pensando en que se me desmorone él. Acabarán ingresándome y diagnosticándome un Síndrome Pichote.
(Sí, el que vendió la moto para comprar gasolina. Qué, que no sea un apellido alemán compuesto no le quita rigor psicoanalítico, digo yo).

3. Comprar tisana, en aras de evitar volver a soñ... digo, tener pesadilla en que Macgaiber es devorado despiadada y velozmente por pastor alemán. Pobrecito cabr... chinchillo mío.

4. Traducir hasta las 02:00am y llamar a Australia para toque rutinario de comprobación. Quiero saber qué leches está pasando allí; tengo todo el derecho. Luego me calmaré, me iré a dormir, y al cabo de un rato será otro día de ojeras, tabaco y café.

SE REGALA: CAJA DE TÉ VERDE ESPECIALMENTE TRATADO Y ELABORADO PARA CARECER DE SABOR O UTILIDAD ALGUNA.
 
Intentando no morir en el intento, muriendo por no morir en el intento de intentarlo.

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(The Clash. Death or Glory)

Pues sí... casi veinticuatro horas de mi recién estrenado título de viuda do vivo y sigo viva... casi.
He dejado de escuchar a Carly Simon, eso sí. Toda gallega que se precie sabe que cualquier encogimiento, chafadura u opresión del alma no puede durar más de un día. Que no hay tiempo, leches.

ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:

1. Insólito. Después de despedirme de Craig, mi marido, hasta Agosto, volví a casa y me puse a fregar como si hubiere de llegar el Juicio Final ya mismo y dijera en la Biblia que "por la pulcritud de vuestras moradas seréis juzgadas".
No ha debido de funcionar del todo, porque esta caótica caja de zapatos a la que mucha gente se empeña en llamar piso está peor que cuando empecé. Nota para futuras situaciones semejantes: no intentar canalizar rabias ni aliviar encogimientos, chafaduras u opresiones del alma a través de sesiones hardcore de limpieza. Aunque no requiera tremenda concentración intrasináptica ni nada parecido, algo de despeje mental sí que resulta útil, en aras de encontrar las cosas en su sitio (y no volver a tener que sacar el limpiacristales de la nevera, como hace un rato. Es curioso cómo en un sitio tan pequeño se pueden llegar a perder tantas cosas).

2. Insólito, parte II. Resulta que ahora le voy a dar clases de inglés a mi padre.
Me llamó mi Sra. Madre ayer, y con esa voz que pone cuando les va a explicar un tema nuevo superimportante a sus cacahuetes, me dice:
-Tu padre y yo hemos estado pensando. Si te vas a Australia, tendremos que ir a verte, claro. Y alguien de los dos tiene que aprender inglés.
(Apunte: en lo del alguien-de-los-dos iba implícito el pero-yo-no).
...Así que a partir de ahora, le vas a dar clases a tu padre dos veces por semana, hasta que te vayas.
Ni que decir tiene que ninguno de mis elaboradas negativas sirvió para disuadirla.

yo:
-Pero si papá ya sabe inglés. Se recorrió la costa este entera de los Estados Unidos cuando estuvo en la marina.
ella:
-Tu padre sólo iba con puertorriqueños y rubias de bote que no sabían hablar ni su propio idioma, en aquellos tiempos.
yo:
-Es que no tengo tiempo.
ella:
-¿Se puede saber qué otra cosa tienes que hacer en el mundo?
(no, nada, claro, nada de nada, no te joro...de).
yo:
-Pero es que de todas maneras, el inglés que se habla en Australia es diferente, que no me entero ni yo.
ella:
-Pues eso, quedamos los lunes y los miércoles por la tarde, y como mañana es miércoles, te lo envío mañana.
(Apunte: lo del te lo envío mañana me sugirió, automáticamente, la imagen de mi padre, un hombre respetable de cincuenta y pocos, con su traje, su corbata y una bolsa de tela bordada con las palabras "mi merienda", picándome a la puerta al grito de jelou tícher. Hay que darle crédito a mi Sra. Madre: sabe hacerme reír en los peorcísimos momentos de mi vida).

COSAS POR HACER:

1. No morder tanto y dejar de beberme las uñas y fumar café.
2. Mirar a ver de intentar pensar antes de hablar. Debe de haber algún tutorial para eso en e-mule.
3. Prepararme las clases de esta tarde, si encuentro algo, entre tantos corotos, bártulos y enseres varios salpicados por todo el suelo.
4. (Vid. 3) Hum... ¿Y si empezáramos primero por lo que ya deberíamos haber hecho y luego hacemos lo que tenemos por hacer?
De esta no sé si saldré viva o no, pero desde luego, el piso brillará.
Creo que puedo declarar reinstaurada oficialmente la temporada de Rock 'n' Roll.