Mi vida conmigo
Este es el último post de este blog.
Quien quiera seguir leyéndome, quien pensara hasta ahora que no podía ser más desastre ni desgracia, aquí, la que escribe, que se pase por el nuevo-nuevo blog:
MÁS COSAS POR HACER
Para hacer un resumen del comienzo de esta segunda parte, les diré que Australia, que era mi futuro, se convirtió en mi pasado, aunque no sabría decir cuándo con exactitud. Mi aún marido -legalmente- se ha comportado como cabía esperar, aunque no como sería deseable, y mis amigos, amigas y hermano son lo mejor que me ha podido pasar en la vida -además de mi difunta abuela- con diferencia.
A ellos, ellas y ella les dedico las líneas por venir en los días que sigan.
Lo único que sigue intacto ahora mismo es mi absurda pasión por el tabaco y mi promesa a mí misma de seguir escribiendo, pase lo que pase.
Un abrazo extendido,
A.
Hilfe!
(Angel y Khriz. De lao a lao. Ruego pongan especial atención a la letra, que descubrirán de una profundidad a la altura de las enseñanzas del Dalai Lama, por lo menos. Alegato: no encontré nada más folklórico entre mi emepetreseca, ni nada que describa mejor el ritmo que he llevado esta tarde).
Pues sí. Europa, hasta hace un rato, me sonaba a la Novena de Beethoven, a algo que me quedaba al alcance de la mano sin proponérmelo, a un derecho adquirido por nacimiento.
Como creo que ya comenté, mañana llega Hans Magnus.
Hans Magnus, como buen cineasta/periodista/bohemio que se precie, es más desastre que yo, y a sabiendas de que aún no se ha inventado medicación alguna que remedie las lagunas mentales en las que se hace unos cuantos largos a diario, le he enviado un mail para que me confirmara que en efecto, viene mañana, porque hacía días que no nos escribíamos.
Sin respuesta.
Va a ser verdad eso que decían en Francia, que a les allemands les gusta llegag sin avisag.
En fin, me he puesto a limpiar y a hacerle sitio (ritual que heredé de mi madre, que siempre que venía alguien a casa se pasaba un día entero "limpiando y haciendo sitio") y la contractura de la espalda me ha recordado que no pertenezco a su generación (la de mi madre, quiero decir, no la de Hans Magnus). Traducción: ¿Qué leches estás haciendo, deslomándote ahí con el trapo parriba y pabajo sin ni saber siquiera si viene o no?
Al final, de perdidos al río, he llamado a su casa y nada. (Empty Jausen und amiguen de fiestuken seguren, como se dice en alemán. Que soy europea y lo sé).
Y he recurrido, después de un buen rato, a la solución de über-emergencia: el móvil (teleñajenaufbolsillen, en alemán).
Y se me ha puesto una frau, con una voz de mala folla como la que se me pone a mí cuando me despierta el teléfono, y me dice, muy claramente, sebstengefunden auf questen horen die matter wass te parienden, aufgrund die teleñajen auf der cojonen ist kaput oder nein befindlich, joderen ja, asinen that du varen te foderen ein raten und stoppen danden auf kulen.... que, obviamente, no tengo ni puñetera idea de lo que quiere decir, porque debía de ser dialecto de ese del sur, de donde hacen las cervezas laxantes de garrafón. (Así no me extraña que perdieran la guerra, carajo. no hay dios que se entienda).
Yo, que como ya he dicho, soy europea y no tengo que enseñar el pasaporte en las fronteras de la Unión Ídem, le he respondido a la tipa en mi mejor alemán, recién desempolvado:
-Enshúrdigun, ja, eine grosse packung Gauloises, bitte, que tener no tiene mucho que ver con nada de lo que estoy explicando, pero que si hay algo que va a misa es que es la única frase que necesité, en su día, para sobrevivir en Alemania. Decías la frase mágica y te soltaban un paquete de Gauloises de treinta pitis: ¿Quién necesita estudiar más alemán? Yo creía que aquello ya era un compendio de vocabulario y gramática más que decente.
Pero resulta que va a ser que no, porque la frau en cuestión era un contestador automático (que en alemán se dice tiaborden grabaden, pero no se confíen, que no se pronuncia exactamente igual que se escribe).
Pues nada. Con mi complejo aún no superado de ganado porcino, causado por las vejaciones a las que me tuve que someter para conseguir visado a Australia, va y resulta que me tengo que dar cuenta de que europea del todo, pues que tampoco.
Y lo más gracioso del caso es que pondría la mano en el fuego a que la tipa del contestador tiene algún antepasado gallego, porque si hay algo que les puedo asegurar es que todos los gallegos que faltan en Argentina, sin duda están en Alemania.
Y digo yo, tantas oficialidades, ¿por qué no actuamos con más sentido común y hacemos el gallego lengua oficial europea, ya que en la historia real -como decía Unamuno- el gallego se habla en el continente entero, incluídos los países neutros?
Nada, sólo era una sugerencia.
En cuanto a volver a llamar a un móvil alemán así, a lo tonto, sin experimentar primero en la cocina con gaseosa... Nunca Máis.
Ángeles de Charlie.
(Harry Connick Jr. Like a wink and a smile).
Thelma y Louise, o Louise y Thelma, acaban girándose y encontrando los ojos de la otra. Alguien les mueve los cuellos, entumecidos por el desuso, para que logren verse.
-Me siento vieja.
-Yo también.
-Tengo defectos.
-Yo también.
-Yo tenía la impresión de que....
-Es curioso; nada más lejos de...
-¿Entonces, por qué....?
-No sé.
Y Louise, o Thelma, se da cuenta de que un no sé, o mil, entre Boldams con Thelma, o Louise, sigue valiendo más que todas las convicciones del mundo sin ella. ¿Se dará cuenta ella? Ahora duda más, pero se siente más segura.
Parece que Frida va volviendo poco a poco. Ayer conseguí verla, aunque me da que ha sido una de esas cuestiones de tipo poster tridimensional, en que menda pasa meses y meses delante de poster, sin ver el barco. O el mono. O la casa. O el delfín.
O a su amiga.
Seguimos teniendo todas esas cosas en común. Probablemente no seríamos capaces ya, ni tendríamos la energía, de irnos al Gótico con la guitarra a tocar... pero sí que hemos sido capaces de hablar.
Dadas las circunstancias, creo que las dos nos merecemos una caja de Boldams gratis, sólo por eso.
(Y una de agua con sabor a chicle raro, para Sacarina, que no bebe alcohol).
We go together
like a wink and a smile.
No, Donkey... we're not there yet.
(Daniel Powter. Bad day).
La canción de hoy se la dedico a Tintin, por eso de que los dos son canadienses, y porque me rescató (Tintin, no Daniel Powter) de un día terrible y se lo agradezco.
Merci beaucoup, si t'es en train de lire ça!
(Ouais, encore, encore, encore).
El estado actual de la situación es francamente triste de relatar, para qué engañarnos. Primero, porque, al igual que mi nuevo portátil, si me dejan en stand by durante demasiado tiempo, me congelo, y este stand by de eternidad caprichosa lleva durando demasiado (lo que me recuerda que tengo que llamar a la embajada e intentar parecer madura y no llorar, ni montar la de San Dios).
Además, hablando de portátiles, estoy acostumbrando a mis dedos a tactos nuevos -y mi corazón a sustos de órdago, de paso.
Ayer le escribí un über-post a Hans Magnus, en que incluía un cuentecillo jocoso acerca de la institución universitaria. Era una historia a lo Gaudeamus Igitur con algo de sorna que, después de releer, envié con gran satisfacción porque sabía que le gustaría.
Al aparecérseme la pantalla de mensaje enviado, cuál no sería mi sorpresa -y horror mayúsculo- al darme cuenta de que por algún desliz atroz de mis dedos de a metro y medio de largo la unidad, el mensaje no se había enviado únicamente a su destinatario seleccionado, sino también, y de modo tremendamente misterioso, a un profesor mío de la facultad.
Ah, horror. Profesor que, evidente y obviamente, entiende la lengua inglesa a la perfección, claro.
Daría lo que fuera por ver la cara del susodicho profesor al recibir ese mail. Soy así de masoquista.
Aprovecho para pedir disculpas por todas las faltas tipográficas que puedan encontrar a partir de ahora, pero les prometo que me iré acostumbrando.
Entiendan, eso sí, la causa de mi perpétua negativa a comprarme un teclado eléctrico como sustituto al piano.
La digitación me estropearía el encanto y el placer hedonista de la percusión de las yemas de los dedos al batir contra la madera lacada.
Y diría Be onde ponía F. La madera lacada... qué ansia, qué necesidad. A medida que voy tachando cosas de la lista, cada vez me acerco más a las octavas del Grotrian.
Luego tendré que pensar si, dadas las ciscunstancias geográficas -y mi nivel adquisitivo, of course- no tendré que conformarme con algún piano japonés o chino.
No, claro, no suenan igual. Es imposible que suenen igual. Pero beggers can't be choosers, y la idea de encargar un piano desde Australia a alguna nación de tradición instrumental de la Europa del Este se me antoja cara.
En fin... sea como fuere, aún no he llegado a ese punto, y mucho me temo que el decir "me acerco" es sólo una manera optimista de verlo.
¿Cosas por hacer? Ducharme, que lo necesito. Llorar menos y dormir más. Si me tengo que acostar con el sol, al menos que sea después de una noche de fiesta, no de llantos, recuerdos y añoranzas adelantadas.
Dejar de abandonarme a mil derivas absurdas.
Soñar en voz baja, de vez en cuando, y no a gritos, como de costumbre.
Despedirme hasta la próxima.
Ovejas de bacalao.
(Lou Reed. Goodnight Ladies. Qué tiempos aquellos, ¿eh, Donjon?)
GgGgGgGgggggGGGggghhhh...
Otra nochecita persiguiendo ovejas hiperactivas.
Y no hay manera de conciliar el sueño. A juzgar por su comportamiento intolerable, se diría que mis ovejas llevan meses metiéndose speed hasta por las córneas.
Tampoco puedo traducir. Es como si todos esos documentos estuvieran escritos en chino del de antes de la unificación. (Ja. Como si aquí menda entendiera el "chino-de-después-de-la-unificación". Les juro que a veces me daría collejas a mí misma, si no fuera por la contractura de la espalda).
Oh, el chino... qué hambre...
Dispersión en su manifestación más salvaje.
Al no haber manera humana de pegar ojo, intento volver al dichoso texto por traducir, pero por más que me pongo las gafas, me las quito, leo, releo, vuelvo a leer e intento entender algo, sigo leyendo lo mismo, por enésima vez, como si el Destino con Mayúscula me hubiera enviado la traducción, para darme una lección de humildad, y por más que lo miro sigue poniéndome lo mismo:

Lo malo es que estoy cansada, de todas maneras.
Si fuera Peter Pan, igual podría coserme el resto del cuerpo a la cabeza, o viceversa.... aunque ahora mismo no sé qué escogería, porque no sabría decir cuál de los dos funciona peor (entre mi cuerpo y mi cabeza, no entre Peter Pan y menda, se entiende).
De acuerdo. Voy a volver a intentarlo. No les diré que las voy a saber contar -las ovejas- porque ya saben que a mí los números, casi que no. Pero esta vez procuraré concentrarme en qué sé yo, la lana, para que no me aparezca ningún Buñuelo Libre de Abajo de esos del Chino del Buffet Bacalao.
Pues eso...
Títeres espaciales, S.L.
(Noa. Marionettes).
Pienso en la situación e irremediablemente me miro las palmas de las manos, las puntas de los dedos, en busca del alambrito, el agujero, las cuerdas.
Luego me miro las rodillas y los pies.
Nada.
Instintivamente, miro hacia arriba. Quizá sea hilo de pescar, de ese que no se ve, pero sin duda se verán las maderas que mueven los hilos y podré conocer a quien mueve las maderas.
Nada.
Igual es que soy un títere inalámbrico, accionado por satélite, o algo así... Un muppet wireless. Fuá, ya puestos a ser títere, al menos de última generación, ¿no?
Desde luego, de lo que no cabe duda alguna, es que ahora mismo no soy dueña de mi vida. El frente australiano se ha agenciado la cuerda de mi mano derecha; la universidad, la del pie izquierdo; los de la inmobiliaria que se desocupa de la caja de zapatos donde vivo se ha llevado la cuerda de la mano izquierda -y menuda escabechina no habrán hecho con ella, que ya no me queda mano izquierda alguna para lidiar con sus irregularidades- y Fecsa-Endesa, con la cuerda del pie derecho, para asegurarse de que nunca lo utilice ni lo tenga a mano cuando me levanto.
Sólo me queda hacer lo que hago siempre en este tipo de situaciones, que últimamente se repiten cada vez con más frecuencia, muy a mi pesar.
Encender un cigarro. Original no es, pero ¿qué quieren? Los títeres se remontan a la edad media y si cuentan con alguna originalidad, sin duda se le atribuye siempre al Geppetto que los mueve, no a los cientos y miles de millones de Pinocchios que pueblan este nuestro peculiar planeta.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Ajeno a mi voluntad, a mi entendimiento y sobre todo, a mi paciencia. Sé cómo debía de sentirse el chaval aquél que adoptó a Gismo al ver que empezaba a reproducirse y multiplicarse en forma de criters insoportables correteando por ahí y destruyéndolo todo a su paso, sin poder hacer nada para modificar la situación.
2. De fase pre-todo. Estoy casi convencida de haber aprobado la última asignatura de la carrera (ergo de ser licenciada) pero aún no sé la nota, con lo que no puedo asegurarlo. Estoy casi convencida de tener el visado, porque me lo dijo el agente de la embajada, pero aún no tengo el pasaporte en la mano, con lo que tampoco puedo cantar ningún himno ni echarme la mano al pecho -a menos que sea para toser, claro-. Estoy casi convencida de que me darán la fianza que pagué para entrar a vivir en este tugurio, pero eso nunca se sabe, hasta que no tienes los cuartos en el banco. Estoy casi convencida de que he tomado una buena decisión acerca de mi futuro y mi vida, pero eso no puede evaluarse hasta el día en que me muera, y considerando que me dé tiempo, claro.
(Nota marginal: A poder ser, me gustaría, antes de morir, poder sentarme a fumar un cigarro y hacer balance).
3. De imprevisto imprevisible. Esta semana, durante una conversación telefónica con el especimen comúnmente denominado Maridus Australopitecus, me dijo que tenía una traducción para mí, de la empresa en que trabaja. Como es así tan surfero y alma libre que se lleva el viento y todo eso, me dijo que eran "unos papeles".
Un par de días después, recibo los archivos, los abro, y fíjense lo que eran "los papeles". "Los papeles" eran nada menos que un acuerdo de cooperación del Banco Mundial Todopoderoso junto con el antidemocrático gobierno de un país africano de mal vivir, que sacaban a concurso un proyecto de excavación de pozos para extraer agua y proveer, así, a toda una región del susodicho país.
Mi marido a veces me maravilla. Y yo creyendo que sería alguna factura, o algún papelillo sin importancia. Me leo toda aquella historia, mientras noto sangre cambiando progresivamente de temperatura, hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados, y se me tensan hasta los músculos de las encías.
4. De reacción previsible ante imprevisibilidad del imprevisto: (o, abstrayendo, de canguelo atroz, vamos).
Oh Diooosessssssss...... texto extremadamente difícil de traducir si consideramos, además, que traducción francés-inglés, no de loquesea-castellano, que sería lo propio y más razonable dado que menda ser española. Dificultad incrementada además (No pienses en trapecio a siete mil metros de altura sin red. No pienses en "¡Más dificil todavía! Pasaremos por cuerda de trapecio a patacoja y sosteniendo el último ejemplar femenino vivo de rarísima y extraordinaria rana africana cuya saliva tiene propiedades curativas mágicas contra el cáncer, el sida y la cirrosis hepática, en una mano, y las últimas tres Boldams del planeta en la otra, abiertas)...
Qué decía. Ah, sí -redoble de tambores, gran foco enfocado- para más INRI, los textos tratan íntegramente de contratos, política internacional e ingeniería geoquímica que no, no son una manera de hablar. Son, literalmente, los temas de los que tratan, y a su vez los temas de los que menos pajolera idea tiene menda en este mundo.
5. De resultados cubistas derivados de las anteriores reacciones previsibles derivadas de blá,blá.
Después de doce o trece años sin utilizar una regla, ya me ven: haciendo dibujitos de pozos y perforadoras, para entender de qué carajo hablan en las descripciones para ingenieros geoquímicos especialistas de toda la vida. Y mientras tanto, las horas pasan y sigo sin entregar.
6. Oh dioses (parte II) Si no entrego a tiempo, empresa australiana no conseguirá proyecto y como ser empresa favorita para susodicho proyecto, proyecto caerá inevitablemente en manos de alguna compañía autóctona explotadora que no sólo no pagará bien a pobres trabajadores africanos, sino que además se quedará con beneficios y posiblemente también con el agua extraída, porque empresa sospechosamente pertenecer a sospechoso cuñado de a bien seguro, presidente/dictador de susodicho país africano de mal vivir. Por mi culpa, región entera de país perecer de hambre al no poder regar cultivos, y de deshidratación. Familias enteras ver como pobres cacahuetes (concretamente conguitos, para evitar generalizaciones inadecuadas) caen desmayadiños en la dura tierra de suelos de poblado, con la boquita abierta. Y todo por mi culpa.
COSAS POR HACER:
(Tin-tiriiiin-tiiiiiin, ti-tin-tiiiiiiin -música del equipo A)
1. Echar mano de herramientas/armas de traductora profesional casilicenciada, ahora que saber encender total de tres ordenadores, un teléfono móvil y un mp3 de sofisticación dolorosísima, y traducir con programas de traducción asistida para lograr rapidez sin par y aportar granito de arena, desde pequeña parcela de saber y conocimiento, para que conguitos no morir deshidratados ni de inanición y tener agua potable.
2. Evitar delirios de grandeza en que verme en vestido blanco y sandalias, a modo de Meryl Streep, Cathérine Deneuve y/o Lady Di, caminando por poblado africano con miles de conguitos siguiéndome y cantando, agarrados de mis manos y mi falda, mientras se oye voz en off con acento europeo del norte narrando con nostalgia: Io tenía una cassa en Áfrrrica....
3. Repetir mantra ideado y conceptualizado específicamente en aras de lograr punto 2, para alejar concentración, así, de temas absurdos que me impiden traducir, ergo cumplir sueño de protagonismo a lo Memorias de África
Menda no heroína, menda títere chupatintas. Menda no heroína, menda títere chupatintas. Menda no heroína...
Cocina Gallega.
(Bono & Frank Sinatra. I've got you under my skin).
I've got you under my skin
I've tried so not to give in...
-Deja de llorar. Ni que me fuera al otro confín del mundo.
Ella levanta la cara y me mira confusa. Es la primera vez que veo confusión de verdad en su cara.
Hace tiempo que ya ni me replica, cuando le digo que deje de llorar. Antes contestaba invariablemente uno de esos obligados "si no lloro".
Porque no llora. No de una manera obvia, ni inteligible. Llora de una manera que a veces creo que sólo veo yo.
A veces la oigo llorar rodeada de treinta profesores y profesoras que seguro que piensan que está sonriendo. La oigo desde aquí.
Cuando estuve en Londres, la vi llorar muchas veces. No me pregunten cómo. Sabía que estaba llorando. Cogía el teléfono, la llamaba.
-¿Estás llorando?
-Estoy resfriada.
Qué mal miente, por Dios. Es una de las peores mentirosas que he conocido en la vida. Y eso que es mujer, y que tiene cincuenta y algo. Pero conserva una enorme bolsa de transparencia emocional, en algunos aspectos, que adoro.
Mi madre nunca llora, a no ser que sepas verla llorar.
Claro que... si nos fiamos sólo de lo que se ve, tendríamos que considerar que somos enemigas, también. Nada más lejos de la realidad de fondo.
Hace tiempo que no me replica, tampoco, cuando le digo que sé exactamente lo que piensa y lo que siente.
Porque ha entendido que no es porque me crea omnisciente, sino porque soy lo más parecido a ella que un ser podrá nunca ser a otro ser. Por cultura o por natura; hace tiempo que tampoco replicamos al destino que nos toca: ni ella, ni yo.
¿Estaremos madurando?
-Necesito que me redactes unos informes -me dice, en uno de sus giros de ciento ochenta grados de perfección sin mácula.
Dios, cómo los voy a echar de menos. Ella y sus informes. No puedo ni apartar los ojos de sus palabras. Sabe que no cuela, y sabe que sé que sabe que no cuela. Sé que le da igual si cuela o no, porque no piensa ablandarse.
Porque mi madre nunca se ablanda, a no ser que sepas verla ablandarse. Si miras bien, si esperas años y años, puedes llegar a ver cómo se convierte en una burbuja de aire, en cojín, en piel de bebé, en algodón de azúcar.
Como el loco aquél en Mallrats, una película entera delante de un poster de 3D y no consigue ver el barco que había, hasta el final.
Y en ese momento me doy cuenta. Está empezando.
Está empezando lo segundo que dijo mi abuela.
Mi abuela se dedicó, en sus últimos años de vida, a hacerme una lista de cosas que me pasarían después de que ella muriera.
Yo, burlándome de sus creencias y de su fe sin cuestión, las llamaba "profecías". Ella me decía, con esa sonrisa franca de quien ya ha ido y viene de vuelta, que me riera, que tenía todo el derecho, en aquél momento de mi vida, a reírme, y que me acordaría cuando se hubiera ido.
La primera "profecía" se cumplió al cabo de muy poco de morir ella, y mi hermano, un extraño de toda la vida, se convirtió en mi mejor amigo. Y yo en su máxima adoradora.
La segunda venía a ser la ratificación de otra generación de mujeres gallegas en nuestra familia: que bajaríamos del burro cuando nos diéramos cuenta de la distancia que nos iba a separar. Como les pasó a ellas, antes de que yo naciera. Pero ¿cómo sabía ella que nos iba a separar una distancia? ¿Tan cantado estaba? ¿Resultaba tan obvio que al cabo de mil años conocería a un australiano?
Hace tiempo que no le replico -a mi madre-, porque sé que entiende muchísimas más cosas de las que admite entender y que por lo tanto sobran las réplicas. No lo sé por omnisciencia.
Lo sé porque ella soy más yo que ella, y ella es más yo que yo. Las dos lo sabemos, porque las diferencias que nos han hecho tan sumamente antagónicas son, precisamente, las cosas en las que somos más idénticas.
A veces es imposible poner tanta contradicción en orden. Hacer una lista o sistematizar nuestros choques frontales y nuestras identidades en un mismo esquema.
Pero está empezando. Lo noto por cómo me habla. Nunca me ha hablado así antes. Como si fuera adulta. Más allá de la testarudez, las diferencias, los desacuerdos. Como si fuera una mujer que ha elegido su destino.
Vaya, claro, para mí es obvio que soy una mujer que ha elegido su destino. De hecho, resulta de una obviedad general. Mucha gente incluso lo consideraría un hecho, así, a primera vista.
Para mi madre, hasta hace poco, esa obviedad era una película de Buñuel. Y a mi madre no le gustan los surrealismos ni las visiones oníricas. Le gustan las cosas claras e impolutas, directas y sin tonterías.
Esta noche me siento extraña. Algo ha cambiado. Esta noche estoy más orgullosa de ella que nunca. Es como si se hubiera destapado algo de golpe, algo que llevaba latiendo debajo de una tapa durante mucho tiempo, y acumulando presión.
¿Lo habrá notado ella también?
Sé que nunca lo sabré. Hay cosas para las que no existe un "nunca digas". Sé que no lo sabré nunca.
De alguna manera, esta noche ha sido mi madre más que en mis veintiocho años. Quizá porque la empiezo a ver con otros ojos. Quizá porque estoy dejando de verla como la mujer a la que pertenecía y he empezado a verla como la mujer en la que me convertiré.
Y no pienso que sea mala suerte, que empecemos a ver a la mujer que hay detrás de la hija o la madre precisamente ahora que me voy... porque sé, con la misma certeza y ceguedad con que la quiero, que todo está empezando porque me voy.
Que la escucharé más que nunca desde el momento en que no la oiga, y que ella pensará en mí más que en respirar.
Al escribir todo esto, pienso que si me lo contara otra persona lo calificaría de enfermizo. Como se trata de mí, me declaro enferma directamente y me ahorro las sutilezas. No enferma por estar tan sumamente unida a ella que ninguna de las dos se entera del percal, no: Enferma por no querer prescindir del percal.
Siempre he dicho, y sostengo, que hay percales necesarios porque, como decía mi abuela, para fregar a fondo la cocina, primero hay que ponerlo todo patas arriba. Y cuando una mujer gallega utiliza como ejemplo una cocina, es que la cosa va a misa. Eso no lo duden, porque la cocina es el alfa y el omega de la existencia gallega.
Y sé que sólo se equivocan en un 99,9% de veces... pero me guardo el cero coma uno, que me pertenece y que rompe con una de las máximas maternales, esa que nos repiten tan a menudo, que no nos daremos cuenta de nada hasta que no tengamos nuestra propia hija.
En eso se equivocó mi madre.
Sí me he dado cuenta.
Creo que por eso me siento extraña. Porque después de años de peleas e historias bastante tristes por fín podremos demostrarnos cuánto nos queremos, aunque tenga que ser desde los dos lados más opuestos y alejados el uno del otro del planeta.
Por mi madre me voy a donde haga falta. Como muestra, un billete.





