logotipo

img_google
COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
La última girl-scout.
Estado general de la situación (sin enumerar. A estas horas, y con un conejo hiperactivo machacándome los juanetes que seguramente me van a salir, ya no me salen los números).

Estos días sin Craig me siento como Bruce Willis en aquella película, "El último boy-scout". Me levanto a las mil y pico sin haber dormido nada, analizando las vibraciones por segundo de cada mínima manifestación acústica de mi entorno (not bad para ser medio sorda y negeada de las matemáticas, debo decir a mi favor), me hago un café mientras me rasco la cabeza y le gruño algo a Macgaiber que ni yo misma entiendo, para irme directamente al ordenador, que es donde dejo el tabaco, y encenderme un piti y creerme dura y pensar que mi vida es una mierda. Mi vida siempre es una mierda antes del café. No vale un vaso de leche (puaj, puaj, puaj), ni ningún sucedáneo de esos "multinutritivos", ni que decir ya de un yogur o, ¡PEOR! café instantáneo. No. Tiene que ser café de los muy cafeteros, de esos que te lo bebes masticando y que, como dice Craig, it goes right through you. Literalmente: te atraviesa. Tampoco entraré ahora en escatologías.
Así que la última girl-scout se rasca la cabeza, se mira esa recipiente barriga cervecera que no le deja verse los pies y se bebe a mordiscos el café mientras piensa, muy agramaticalmente, en qué excusa ponerse esta vez para no ir a la facultad. El ordenador está encendido y tiene prácticas por entregar.
En realidad no hay excusa que valga: soy una tía demasiado dura como para ir a la facultad. Y no lo digo por decir, no. Es que soy demasiado vieja y he viajado demasiado para llegar a una clase de traducción de inglés y encontrarme a una Cuarentaytantos con inglés de Tegucigalpa intentando imponerme cómo cree (sabe) ella que habla un neozelandés. For Heaven's sake, woman. He vivido con neozelandeses y neozelandesas (la tía ni siquiera sabía que se les llama kiwis. Hice alguna referencia, que me salió del alma o del instinto esnob, y me preguntó qué tenía que ver la fruta con la traducción que estábamos haciendo. Me lo puso en bandeja. No quería dejarla en evidencia ante su séquito, pero me lo pedía a gritos. Acabáramos.). Uno de mis mejores amigos es kiwi, de hecho, y no se lo dije a Cuarentaytantos porque ella es "El boli que pone la nota" -a lo de Mornay, os lo juro- y una no está ya para revoluciones universitarias, pero me quedé con las ganas de decirle que dejara de engañar a las pobres niñas de diecinueve o veintipocos y que se fuera al Himalaya a enseñar inglés a las cabras montesas, o que se fuera a estudiar el apareamiento de los pájaros de plumas de diferente color. Por hacer algo menos destructivo que crear conceptos erróneos.
También me he quedado con ganas de decirle a más de un personaje del personal docente -válgame la cacofonía- que "usted es de esas personas que da mal nombre a la profesión. Es por gente como usted que empezó a circular el dicho de "Those who CAN'T, teach".
Con tanto animal de granja suelto, me cuesta horrores ir a la facultad y no cabrearme. Me dan ganas de decirles que yo ya traducía e interpretaba cuando ellas/os aún estaban intentando encontrarse los genitales (en el sentido profesional, quiero decir) Lo malo es que es lo que dice mi señora madre, la diplomática, y no le pudeo quitar ni un ápice de razón: "hay quienes pudieron llegar a ser sabios/as si no hubieran pensado que ya lo eran".
Por eso me gusta escuchar a mis alumnas y alumnos. Porque, heeey, a veces me equivoco y otras no llego, como todo ser humano. Eso lo advierto siempre a principio de curso, y aunque las leyes de gramática vayan a misa, mis clases en general son ateas en ese aspecto. Todo el mundo aporta algo. Al menos, es lo que intento. A veces incluso fallo a propósito, a ver si me están siguiendo. (y vaya si me siguen, la endemoniada tropa)
Pues sí, estos días me creo super-dura. No me dejo barba de tres días porque no tengo, pero fumo como un carretero con depresión permanente y me han salido unos granos en la cara de tanto comer en el chino de abajo que creo que voy a filmarme y publicarlo como película gore.
Oscar, el conejo con problemas de identidad, se está atragantando con la comida.
Y yo me sigo creyendo la última girl-scout.
Porque estoy escuchando uno de mis temas favoritos de Elvis Costello pensando que si alguien a quien no conozco absolutamente de nada me escribiera una canción así, me fugaría con él sin pensarlo un minuto.
Porque a pesar de que tengo que acabar la puta carrera a la puta carrera, no soy capaz de encontrar la madurez para pensar de manera práctica y comportarme cual oveja entrenada para no pensar, y a veces les digo cosas a los profesores... cosas que no quieren oir.
Porque sé estar sola o acompañada, pero ahora mismo me siento sola porque él está, pero está lejos, y eso me trae malos recuerdos. Ya nos ha pasado antes, y ya sabía qué tipo de trabajo tenía él desde que empezamos a hablar aquel día.
Porque quiero ser la Lara Croft del gimnasio, pero también la Virginia Woolf de las profesoras de inglés, y lo que la gente recuerda de ella es su presunta locura, no su genio.
Porque estoy completamente acojonada ante la idea de no ser estudiante nunca más, con lo que me gusta a mí ser estudiante.
Y porque estoy completamente acojonada por todo ahora mismo, y nunca me han educado para lidiar con los miedos. En mi familia nadie tiene miedo de nada. (o no es legal).
"Ain't no sunshine when he's gone"....
 
No