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COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
Ceci n'est pas le rêve.
"Tout le monde est une drôle de personne
Et tout le monde a l'âme emmêlée
Tout le monde a l'enfance qui ronronne
Au fond d'une poche oubliée..."


Emma B. oye, siente o ve algo, de repente, y su vida vuela fuera del momento. Hacia el pasado. Hacia el futuro. Hacia otra existencia, alguna que no ha vivido, o que no vivirá jamás.
Hace tiempo que Emma B. se cuestiona si sabe en todo momento lo que quiere. Hace tiempo que las decisiones cada vez son más dificiles, piensa mientras camina por la calle. Como cuando iba a la escuela, año tras año, y los exámenes se complicaban cada vez más.
Bajo una brisa súbita, se retira el flequillo de los ojos y lo ve delante de ella, reflejando, en su cara (la de él), su propia expresión atónita (la de ella). No puede ser.
Se para el día entero. Se para el filipino que tocaba la guitarra en un banco. Se para el llanto del bebé del cochecito. Se para el andar lacónico del abuelo. Se paran los taxis, los autobuses, las bicicletas, las estaciones, los papeles y las hojas crujientes de los plátanos, que volaban hacia otros suelos. Se paran los perros y las máquinas de café de los bares.
Se paran, Emma B. y él, una delante del otro.
En un ataque fulminante de recuerdos, su obsesivo instinto racional rebusca y revuelve frenéticamente hasta el último recoveco de los sentimientos archivados para encontrar el principio de la historia.
El principio de la historia fue, precisamente, un examen final.
Un artículo que tenía que escribir en un francés perfecto con el que sus habilidadeds no contaban.
-Mademoiselle- le había dicho el profesor, -si no escribe más, muchísimo más, y lee, nunca podrá aprobar mi asignatura.
Momento que coincidió, sin sorpresa alguna, con el momento en que se dio cuenta de que no tenía a nadie a quien escribir en francés ni motivación alguna para hacerlo. Escribir en francés por escribir, sin nadie que leyera, era una absurdidad, porque aquella necesidad de escribir era un medio, no un objetivo. No escribía en francés por el placer de hacerlo, como en castellano. Escribía en francés para comunicarse e, indirectamente o no, por dinero.
Después de pensar mucho, de darse cuenta de que su profesor no la ayudaría y de algunos momentos de frustración, Emma B. decidió entrar en un chat de internet.
Cuando ya casi se había olvidado del motivo por el que había entrado, se le apareció en la pantalla una ventana. Una ventana en una pantalla de ordenador que, tras un sinfín de minutos de conversación, se convirtió en una ventana a otro mundo, el mundo de él. Su vida, sus manías, sus gustos, sus reflexiones, el color de sus zapatos. Su ventana, desde la misma ciudad (la de ella), que daba a un paisaje totalmente diferente. El que veían sus ojos. (Los de él).
Y así, de ventana en ventana, fueron espiándose y dejándose espiar durante meses, contándose trivialidades y transcendencias, entre alguna foto que otra y un montón de faltas de ortografía (las de ella en francés y las de él, en castellano).
Luego llegó un momento de vacío o de relleno en que ella necesitaba conocerlo y él le propuso que se conocieran, cómo si llevaran un acuerdo fuera de líneas, engañando a sus respectivas cuentas de correo electrónico.
Emma B. quería asimilar los gestos de él cuando hablaba, el tono de su voz, la longitud de sus dedos, la forma de sus manos. No con la intención sentimental de enamorarse de él y que salieran de una dichosa vez los títulos de crédito de aquella historia, no.
Por una curiosidad rebelde, por una rebeldía humana, de no darle más importancia a un ordenador de la que podía tener, que para ella, amante de la comunicación cara a cara, era nula. Por saber, por conocer, por dejar de imaginar setecientas mil veces su sonrisa con hoyos en las mejillas, sin ellos, con arrugas de inteligencia entre la sien y el ojo, sin ellas. Por interpretar al ser humano, no al producto de una era electrónica. Porque podía ser cualquiera, sí. Podía ser cualquiera. Pero no era un cualquiera cualquiera, sino un cualquiera que le despertaba ideas, discusiones, opiniones, recuerdos, sueños.

"Tout le monde a des restes de rêves
Et des coins de vie dévastés
Tout le monde a cherché quelque chose un jour
Mais tout le monde ne l'a pas trouvé..."

El día entero continuaba parado, dentro y alrededor de ella, dentro y alrededor de él. Demasiado inmóviles incluso como para inspeccionarse mútuamente, se limitaban a pensarse, en una carrera mental para llegar, desde el principio de la historia, hasta aquél preciso momento.
Emma B. se pasó unos cuantos meses buscándolo, inconsciente, por las esquinas de la ciudad, por las plazas, por los vagones de metro. Mientras se repetía que no quería que se encontraran, quería encontrárselo. Encontrárselo no era algo acordado, planeado, perpetrado, premeditado. Encontrárselo era una casualidad, un giro fortuito, algo que no habrían decidido.
En esto pensaba, sin pensar en que podía encontrárselo.
Así llegaron, Emma B. y él, conociendo todo lo que el otro le había dejado conocer a la una y vice-versa, en su carrera mental de sorpresa inmóvil, hasta aquél momento.
Entonces se movió un papel de colores, que anunciaba algo. Se movió, a saltos y ráfagas intermitentes, unos cuantos metros, y el día empezó a continuar.
Sonó la guitarra del filipino.
Lloró el bebé.
Bailaron treinta hojas tostadas en un remolino de aire.
-C'est bien toi, alors-, le dijo ella, en un intento de no convertirse en holograma, en un ataque de inconformismo, de no dejar que se esfumara aquella imagen electrónica, más de carne y hueso a cada segundo que pasaba.
Así que... eres tú
C'est bien toi. Ceci n'est pas le rêve (ou une pipe). Ceci est le rêve de l'histoire derrière du rêve.

(Letras de C. Bruni, Tout le monde. Quelqu'un m'a dit.)
 
Comentario:
un lindo relato la verdad me has sorprendido la sensibilidad que le pusiste.En el camino te encuentras con varias motivaciones que te hacen seguir adelante.emma b lo encontró espero que todos lo hagamos.
 
Comentario:
Leí tu relato el sábado y aún no había podido dejarte un comentario, ¡muy mal Laura! :p

Me ha parecido precioso... precioso es poco, vaya. Me gusta el mensaje que transmites (al menos el que a mí me has transmitido, que no tiene por qué ser el único, yo siempre he pensado que cuando creas una historia, creas tantas historias como personas que las leen, porque a cada uno le sugieres o le enseñas algo diferente...) A mí me has transmitido que en la vida, las motivaciones son necesarias para cualquier cosa. Porque una vez encuentras tu motivación, es todo muchísimo más fácil...

BESITOS Y GRACIAS POR EL TEXTO!
 
Comentario:
"Parçe que je rêve je ne le suis pas."
Leolo
 
Comentario:
Muy bonita la historia y muy real...
Puedo llegar a entender lo que sentía Enma B... pero no puedo llegar a entender lo que dice en francés.
Una vez mas me arrepiento de no haber aprendido francés, con todas las facilidades que tengo como para que me enseñen.

Saludos
No