Chan Chan, pornografía y lo opuesto al sexo.
(Escuchando Chan Chan, del Buena Vista Social Club - Compay Segundo, Elíades Ochoa)
"Cuando Juanita y Chan Chan
en el mar cernían arena
cómo sacudía el jibe
a Chan Chan le daba pena..."
Chan Chan se ponía a cien sólo de ver las posaderas de una tal Juanita en la playa, y habrá quien me dirá que "¿A qué viene eso?" (siempre hay alguien dispuesto/a a decirme eso cuando abro la boca. Sí, si lo sé, soy yo, soy yo, no son ellos ni ellas.)
Viene a que hoy quería hablar de pornografía. Antes de que me busquen las cosquillas: no, no voy a hacer apología de la pornografía, ni mucho menos. Tampoco voy a escribir un relato erótico; se me dan fatal y de hecho, no tienen nada que ver con la pornografía, cosa que me lleva otra vez a pensar en Chan Chan, el cubanito errante enamorado.
Siempre he sido precoz en todos los aspectos. Incluso ayer, hablando con mi señora madre, la diplomática, al decirle que me sentía identificada con un niño porque no había manera de que se espabilara, me dijo "¿Tú? Pero si tú eras precisamente DEMASIADO espabilada. Durante todo tu pre-escolar y primer y segundo curso, precisamente, nos tenías muertos de pánico a mí y al resto del profesorado con tus iniciativas. Fuiste la primera y única alumna de seis años que he tenido en mi vida capaz de organizar una manifestación cuando os castigué a ti y a unos cuantos más".
He de decir, aunque la digresión se me esté alargando, que mi señora madre siempre ha sido setecientas cincuenta mil veces más exagerada que yo. De galga le viene al casto.
A lo que iba. Siempre he sido precoz. Y con el tema de la pornografía no iba a ser menos. Es lo que ocurre con las niñas y los niños superprotegidos por sus progenitores. Un día de primero de ESO, a la vuelta de una excusrión, fuimos a casa de un compañero, que estaba solo en casa hasta tarde, y estando todos allí sentados en su sofá, alguien preguntó: "¿Qué hacemos?" y supongo que como lo de la orgía colectiva ya era pasarse de rosca, propuse que alquiláramos una peli porno. Lo propuse sin pensarlo demasiado, simplemente me vino a cuento en aquel momento de mis doce años.
Como quiera que fuera, allá que se fueron al galope los cuatro tíos que había (tíos en oposición a tías, que éramos cuatro también, aunque no hubiera ninguna parejita en el grupo), al videoclub, y no sé si me sorprende o no (aunque no puedo decir que lo apruebe) pero el del videoclub ni les pidió carnet de identidad ni nada. Qué tiempos, aquellos. Ahora quedaría el título de la peli, ("La puerta trasera de Hollywood", muy alegórico, por cierto, aún me acuerdo), registrado en el ordenador. Aquel día, no sé, pero ellos volvieron triunfantes, qué machos que somos, por dios, con la peli de marras.
La vimos entera, sin decir ni una palabra, sin reírnos y sin apartar los ojos de la pantalla. A media peli uno de mis compañeros se fue al baño. Risitas. Luego otro. Más risitas.
A mi me daba la sensación de estar viendo una ecografía transvaginal, más que otra cosa. Quiero decir, que me decepcionó bastante. Yo esperaba algo más de verdad, algo menos carente de pelo, sudor y gritos. Qué sé yo.
Desde entonces, siempre me ha interesado el porno. No el aspecto mórbido, sino el estético. El protocolario. Porque, hay un protocolo, no se crean.
Pues bien, ayer, como no podía dormir y tampoco quería seguir llenando la red de posts, que luego me tachan de insomne (va por vos, sí, lo habéis adivinado), puse la tele, como última medida desesperada. La tele es siempre la opción que va después de la última. La última es escuchar las Variaciones Goldberg de Bach con el recontrapesado de Gould al piano. O el manual de Derecho Civil. Depende de lo que tenga a mano.
peor ayer no, ayer me dió por encender la tele hacia las dos de la madrugada y, ¡Oh, sorpresa! Había como tres o cuatro canales en que se exhibía carne de una manera que uno/a no acierta nunca, así a primera vista, a decir a qué partes de la anatomía humana pertenece esa carne exactamente. Lo único que se percibe, así, de buenas a primeras es un micromovimiento similar al de una persona autista. Pero esta gente no tiene mucho de autista, que digamos. Para empezar, porque para ser autista hay que tener un I.Q. mucho más elevado, aunque no voy a entrar en eso, porque lo que me interesa aquí es el porno, no la calidad humana de los "miembros" de la susodicha comunidad.
A lo que iba. En un canal había una rubia oxigenada con unos pechos que producían más curiosidad quirúrgica que morbo, dejándose hacer por un tío que era más feo que escuchar Britney Spears en público. El tío embestía y embestía, y la rubia, encima de él, saltaba y saltaba, pero los mencionados ni se movían. Interesante, si se mira desde la perspectiva de la física y todo aquello que me intentaron enseñar en la escuela sobre la fuerza y el movimiento.
La performance de él era una inspiración perfecta para escribir una monografía titulada "Por qué las mujeres fingen en la cama" (bueno, "en medio de un campo" se ajusta más a la realidad, pero ya me entienden)
La de ella era llana y simplemente desastrosa. Lo cual me hace pensar... ¿Qué tipo de gente "se pone" con una película así? No me juzguen, si la peli fuera buena, yo soy la primera en ponerme. Cuento con full equipe genital para ello, como la que más. Pero me dan más ganas de pillar papel y lápiz que de desabrocharme nada, si he de ser honesta. Eso sí, me pegué unas buenas risas yo sola.
En otro canal había un exótico con un miembro que aquello no era un miembro, era la plantilla entera de una multinacional yanqui. Aquello no alcanzaba la erección porque la ley de la gravedad se imponía sobre la excitación sexual, y hacía algo así como una perfecta parábola curvilínea (de esas que también estudié en mates. ¿Por qué sólo me salen metáforas científicas? ¿Será que estas pelis son REALMENTE lo opuesto al sexo? Será...) La rubia Número Dos se metía aquello entero en la boca y se le cruzaban ligeramente los ojos, con lo que no pude evitar preguntarme si el pene le habría tocado el nervio óptico. Carcajadas, yo sola, a las dos y pico. El acabóse, ¿no?
Pues no, aquello resultó ser sólo el empezóse de lo que venía a continuación. El Exótico le saca aquella cosa interminable de la boca a la Rubia Number Two, y se va a por algo.
"¿Una pastilla anti-náuseas?", pienso yo, metida ya en la peli cual Maruja frente a culebrón.
No. Un brazo, similar al humano, pero de látex. Misma medida, mismas características, y la mano en la misma postura que cuando vas a pillar un pellizco de sal para le sopa.
Me empezó a latir el corazón con más intensidad, de una manera que hasta creí que me estaba excitando, pero me dí cuenta de que no era de morbo, era de pánico.
"No lo va a hacer, no lo va a hacer." Vaya si lo hizo. Y no la mano, no. El brazo entero hasta el fondo; lo juro por Ron Jeremy. El brazo entero.
Aquello no era porno duro. Era obstetricia pura. Era un rascarse el esternón por dentro.
La rubia Number Two ya no cruzaba los ojos; los ponía en blanco. Entonces me di cuenta de la delgadísima línea que separa, en nuestros días, las pelis de sexo de las pelis de miedo.
Esta peli, ríome yo del Resplandor. Esta peli era una versión mejorada de Braindead ("Tu madre se ha comido a mi perro", gran clásico del cine gore).
A eso hay que añadirle que nadie del "cast" parecía estar pasándoselo bien, o disfrutando, o llámenle como quieran.
De verdad, me gustaría encontrar una peli de esas que ponen, así como entretenimiento, para ampliar horizontes y encontrar juguetes nuevos más allá del GTA 4, aunque visto lo de ayer, lo dudo.
Ayer, gracias a la susodicha experiencia televisiva, también me di cuenta de que todo lo que despierta mis instintos sexuales no tiene mucho que ver con el sexo. Pueden ser un par de acordes que funcionan bien juntos en una pieza o una canción. Puede ser un olor, unas palabras, una sonrisa, una comisura de labios (labios de la cara, de-la-ca-ra) que hace un movimiento determinado... Un recuerdo, un flashback. Lo que me predispone sexualmente es precisamente lo opuesto al sexo, o las situaciones menos sexuales, precisamente porque no lo son.
Siendo así, me pregunto qué perfil de persona utiliza este tipo de producto y en qué circunstancias se han de encontrar para ello. ¿Qué habrá vivido esa gente, antes de ponerse al asunto con una película de ese tipo? Y lo que más, más curiosidad me despierta, ¿Qué habrán leído? ¿Qué música habrán escuchado? ¿Qué dibujos animados veían?...
Yo me quedo con el sexo a lo Chan Chan; a lo cubano. A los vaivenes sutiles y las pieles cálidas e imperfectas compuestas de moléculas orgánicas, no de plástico auténtico.
"Cuando Juanita y Chan Chan
en el mar cernían arena
cómo sacudía el jibe
a Chan Chan le daba pena..."
Chan Chan se ponía a cien sólo de ver las posaderas de una tal Juanita en la playa, y habrá quien me dirá que "¿A qué viene eso?" (siempre hay alguien dispuesto/a a decirme eso cuando abro la boca. Sí, si lo sé, soy yo, soy yo, no son ellos ni ellas.)
Viene a que hoy quería hablar de pornografía. Antes de que me busquen las cosquillas: no, no voy a hacer apología de la pornografía, ni mucho menos. Tampoco voy a escribir un relato erótico; se me dan fatal y de hecho, no tienen nada que ver con la pornografía, cosa que me lleva otra vez a pensar en Chan Chan, el cubanito errante enamorado.
Siempre he sido precoz en todos los aspectos. Incluso ayer, hablando con mi señora madre, la diplomática, al decirle que me sentía identificada con un niño porque no había manera de que se espabilara, me dijo "¿Tú? Pero si tú eras precisamente DEMASIADO espabilada. Durante todo tu pre-escolar y primer y segundo curso, precisamente, nos tenías muertos de pánico a mí y al resto del profesorado con tus iniciativas. Fuiste la primera y única alumna de seis años que he tenido en mi vida capaz de organizar una manifestación cuando os castigué a ti y a unos cuantos más".
He de decir, aunque la digresión se me esté alargando, que mi señora madre siempre ha sido setecientas cincuenta mil veces más exagerada que yo. De galga le viene al casto.
A lo que iba. Siempre he sido precoz. Y con el tema de la pornografía no iba a ser menos. Es lo que ocurre con las niñas y los niños superprotegidos por sus progenitores. Un día de primero de ESO, a la vuelta de una excusrión, fuimos a casa de un compañero, que estaba solo en casa hasta tarde, y estando todos allí sentados en su sofá, alguien preguntó: "¿Qué hacemos?" y supongo que como lo de la orgía colectiva ya era pasarse de rosca, propuse que alquiláramos una peli porno. Lo propuse sin pensarlo demasiado, simplemente me vino a cuento en aquel momento de mis doce años.
Como quiera que fuera, allá que se fueron al galope los cuatro tíos que había (tíos en oposición a tías, que éramos cuatro también, aunque no hubiera ninguna parejita en el grupo), al videoclub, y no sé si me sorprende o no (aunque no puedo decir que lo apruebe) pero el del videoclub ni les pidió carnet de identidad ni nada. Qué tiempos, aquellos. Ahora quedaría el título de la peli, ("La puerta trasera de Hollywood", muy alegórico, por cierto, aún me acuerdo), registrado en el ordenador. Aquel día, no sé, pero ellos volvieron triunfantes, qué machos que somos, por dios, con la peli de marras.
La vimos entera, sin decir ni una palabra, sin reírnos y sin apartar los ojos de la pantalla. A media peli uno de mis compañeros se fue al baño. Risitas. Luego otro. Más risitas.
A mi me daba la sensación de estar viendo una ecografía transvaginal, más que otra cosa. Quiero decir, que me decepcionó bastante. Yo esperaba algo más de verdad, algo menos carente de pelo, sudor y gritos. Qué sé yo.
Desde entonces, siempre me ha interesado el porno. No el aspecto mórbido, sino el estético. El protocolario. Porque, hay un protocolo, no se crean.
Pues bien, ayer, como no podía dormir y tampoco quería seguir llenando la red de posts, que luego me tachan de insomne (va por vos, sí, lo habéis adivinado), puse la tele, como última medida desesperada. La tele es siempre la opción que va después de la última. La última es escuchar las Variaciones Goldberg de Bach con el recontrapesado de Gould al piano. O el manual de Derecho Civil. Depende de lo que tenga a mano.
peor ayer no, ayer me dió por encender la tele hacia las dos de la madrugada y, ¡Oh, sorpresa! Había como tres o cuatro canales en que se exhibía carne de una manera que uno/a no acierta nunca, así a primera vista, a decir a qué partes de la anatomía humana pertenece esa carne exactamente. Lo único que se percibe, así, de buenas a primeras es un micromovimiento similar al de una persona autista. Pero esta gente no tiene mucho de autista, que digamos. Para empezar, porque para ser autista hay que tener un I.Q. mucho más elevado, aunque no voy a entrar en eso, porque lo que me interesa aquí es el porno, no la calidad humana de los "miembros" de la susodicha comunidad.
A lo que iba. En un canal había una rubia oxigenada con unos pechos que producían más curiosidad quirúrgica que morbo, dejándose hacer por un tío que era más feo que escuchar Britney Spears en público. El tío embestía y embestía, y la rubia, encima de él, saltaba y saltaba, pero los mencionados ni se movían. Interesante, si se mira desde la perspectiva de la física y todo aquello que me intentaron enseñar en la escuela sobre la fuerza y el movimiento.
La performance de él era una inspiración perfecta para escribir una monografía titulada "Por qué las mujeres fingen en la cama" (bueno, "en medio de un campo" se ajusta más a la realidad, pero ya me entienden)
La de ella era llana y simplemente desastrosa. Lo cual me hace pensar... ¿Qué tipo de gente "se pone" con una película así? No me juzguen, si la peli fuera buena, yo soy la primera en ponerme. Cuento con full equipe genital para ello, como la que más. Pero me dan más ganas de pillar papel y lápiz que de desabrocharme nada, si he de ser honesta. Eso sí, me pegué unas buenas risas yo sola.
En otro canal había un exótico con un miembro que aquello no era un miembro, era la plantilla entera de una multinacional yanqui. Aquello no alcanzaba la erección porque la ley de la gravedad se imponía sobre la excitación sexual, y hacía algo así como una perfecta parábola curvilínea (de esas que también estudié en mates. ¿Por qué sólo me salen metáforas científicas? ¿Será que estas pelis son REALMENTE lo opuesto al sexo? Será...) La rubia Número Dos se metía aquello entero en la boca y se le cruzaban ligeramente los ojos, con lo que no pude evitar preguntarme si el pene le habría tocado el nervio óptico. Carcajadas, yo sola, a las dos y pico. El acabóse, ¿no?
Pues no, aquello resultó ser sólo el empezóse de lo que venía a continuación. El Exótico le saca aquella cosa interminable de la boca a la Rubia Number Two, y se va a por algo.
"¿Una pastilla anti-náuseas?", pienso yo, metida ya en la peli cual Maruja frente a culebrón.
No. Un brazo, similar al humano, pero de látex. Misma medida, mismas características, y la mano en la misma postura que cuando vas a pillar un pellizco de sal para le sopa.
Me empezó a latir el corazón con más intensidad, de una manera que hasta creí que me estaba excitando, pero me dí cuenta de que no era de morbo, era de pánico.
"No lo va a hacer, no lo va a hacer." Vaya si lo hizo. Y no la mano, no. El brazo entero hasta el fondo; lo juro por Ron Jeremy. El brazo entero.
Aquello no era porno duro. Era obstetricia pura. Era un rascarse el esternón por dentro.
La rubia Number Two ya no cruzaba los ojos; los ponía en blanco. Entonces me di cuenta de la delgadísima línea que separa, en nuestros días, las pelis de sexo de las pelis de miedo.
Esta peli, ríome yo del Resplandor. Esta peli era una versión mejorada de Braindead ("Tu madre se ha comido a mi perro", gran clásico del cine gore).
A eso hay que añadirle que nadie del "cast" parecía estar pasándoselo bien, o disfrutando, o llámenle como quieran.
De verdad, me gustaría encontrar una peli de esas que ponen, así como entretenimiento, para ampliar horizontes y encontrar juguetes nuevos más allá del GTA 4, aunque visto lo de ayer, lo dudo.
Ayer, gracias a la susodicha experiencia televisiva, también me di cuenta de que todo lo que despierta mis instintos sexuales no tiene mucho que ver con el sexo. Pueden ser un par de acordes que funcionan bien juntos en una pieza o una canción. Puede ser un olor, unas palabras, una sonrisa, una comisura de labios (labios de la cara, de-la-ca-ra) que hace un movimiento determinado... Un recuerdo, un flashback. Lo que me predispone sexualmente es precisamente lo opuesto al sexo, o las situaciones menos sexuales, precisamente porque no lo son.
Siendo así, me pregunto qué perfil de persona utiliza este tipo de producto y en qué circunstancias se han de encontrar para ello. ¿Qué habrá vivido esa gente, antes de ponerse al asunto con una película de ese tipo? Y lo que más, más curiosidad me despierta, ¿Qué habrán leído? ¿Qué música habrán escuchado? ¿Qué dibujos animados veían?...
Yo me quedo con el sexo a lo Chan Chan; a lo cubano. A los vaivenes sutiles y las pieles cálidas e imperfectas compuestas de moléculas orgánicas, no de plástico auténtico.
Comentario:
Aunque con retraso me alegro de haber leído el post, se sale xD, sólo de imaginarme la situación me ha dado por reírme a mi tambien :P la verdad es que la pornografía no tiene nada que ver con la vida real (espero... sino susto) y en cuanto a excitarse uno... claramente lo más natural y nada forzado :)
Cuídate!
Cuídate!





