De cómo ser hiperdiurética te puede sacar las castañas del fuego en según qué situaciones.
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(Hooverphonic - Mad about you. A lot like love OST)
Su propia imagen, disuelta, casi digital, vuelve a aparecer en un reflejo vago del cristal de la ventana, entre el vaho (interior) y los restos de gotas embarradas de lluvias de otros días (exteriores). Luego vuelve a la realidad y espera que nadie se haya dado cuenta de que miraba distraída por la ventana.
Y ahora, ¿qué hacemos?
Le aprietan los zapatos. ¿Será una señal? No. ¿Quién cree aún en las señales? No. Está haciendo lo correcto. ¿Por qué todo tiene que ir tan a cámara lenta?
De repente, se acuerda de su profesora de literatura de bachillerato; de cuando les explicaba lo desproporcionado que en realidad es el tiempo. Cinco segundos (el tiempo que se puede tardar en recorrer aquel pasillo hasta llegar a la puerta de salida) pueden durar una eternidad. O puedes estar viviendo el mejor mes de tu vida y escribir un bolero que le ruegue a un reloj que no marque las horas, mientras los días chorrean a borbotones y se te acaban sin que puedas remediarlo.
Cinco segundos para salir de allí, cosa que ha empezado a hacer sin haberla decidido aún. Él la mira, entre la sorpresa, la incomprensión y el disgusto aún no asumido.
El resto de gente no existe. Se van disipando a medida que gana pasos hacia la puerta. Concentra sus ojos, su mente, su frente, sus manos en el pomo de esa puerta. Detrás: la alternativa. El tan añorado ignorar qué va a pasar después. Segundos después. Minutos. El resto de su vida.
Sale a la calle con la cara encendida, el descontrol latiendo bajo el vestido, como Cenicienta buscando alguna calabaza de guardia, esperando que aún sea carroza para escapar corriendo de allí.
A veces huyes de alguien esperando que venga detrás de ti y te coja de la mano para que no te vayas. Ésta no es una de esas veces. Ésta es de esas veces en que un taxi solucionaría, de momento, el bache.
Pero no lleva dinero. Obviamente, el vestido no tiene bolsillos. Vestido anti-fuga. Mierda.
Mierda.
Mierda. ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué?
Vuelve a entrar, sube las escaleras lo más rápido que puede y llega, en un segundo a la sala que tardó cinco años en abandonar. Allí se encuentra a todas las personas, sentadas aún, murmurando.
Vuelve a recorrer el pasillo hasta llegar a su lado de nuevo.
Y tiene que intentarlo. Sabe que todo el mundo la creerá, porque la sala está repleta de gente que la conoce bien. Empezando por él. Claro. Por eso ha vuelto, ¿no? Se gira y se excusa ante el público:
-Perdón. Tenía que ir al baño.
Y se produce un suspiro general de alivio, mezclado con risas y algún reproche leve.
Y tarda apenas unos cinco minutos en decidir toda una vida.
Comentario:
¡Muy figurativo! Hay cosas que cuando se tienen que hacer, SE TIENEN QUE HACER.





