Un infinito al que pusieron rejas.
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(Manu Chao. Minha Galera).
Hmmmm.... Playa desierta, desiertamente infinita e infinitamente interminable.
Arena blanca, algas de plata, cobre y lino y organza.
Espuma fresca tostada, nadada de peces y pececitos de colores buscando a Venus y delfines surfeando pletóricos, de fondo.
Delfines marrones, delfines grises, delfines de colores cálidos, bajo el sol, sentado allá arriba, volando bajo.
Playa perpétua de verano inmenso.
Y eso, mucha gente estaría de acuerdo conmigo... eso es un sueño.
Un sueño verdadero, o un verdadero sueño, según las circunstancias.
ESTADO INMEDIATAMENTE PASADO QUE HA DADO LUGAR AL ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN Y ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
Ayer también me acosté hoy. Como viene pasando desde hace semanas. Resultado: búho atrapado en cuerpo humanoide con síndrome en fase terminal de fusión glútea. (ver post anterior si queda suficiente fortaleza gástrica).
Esta madrugada, tras horas (y horas) (y horas) siguiendo al personaje de mi libro por Los Angeles, Nueva Escocia, Nueva York, Amsterdam, Edimburgo y Zurich, y tras más horas (y más horas) (y más horas) soñando con una estepa rusa que ni me venía a cuento, me acosté pensando en nuestros planes de futuro, mi ilusión de pasar algunos meses en Indonesia antes de instalarnos en Australia, y mis ganas de empezar a hacer que ocurran más cosas, de pasar a una segunda fase.
Me he despertado con quemaduras a causa del sol y una sobredosis de arroz, por así decirlo, que me han hecho pensar si debería desear que se cumplan mis sueños.
Yo, en Two Rocks, playa infinita e infinitamente desierta de Australia occidental, tierra de canguros y pájaros surrealistas.
Playa de arenas blancas inmóviles, de algas que vomita la marea y peces bailando como si todo el año fuera una fiesta ininterrumpida.
Piedrecitas brillantes de colores que sólo se ven al acercarme bien a la orilla, perfilando los quilómetros y quilómetros de comisura costera como un lápiz de labios minúsculo porque soy diminuta e insignificante, en comparación a la grandeza del escenario.
Sé que existe, porque ya he estado.
No es un sueño, es mi futuro y cualquiera en mi lugar salivaría sólo de pensarlo. Es lo que he escogido hacer, porque es lo que anhelo hacer. Es decir, que no lo menosprecio ni lo desprecio.
Explico esto para entender que lo entiendo, y para saber por qué el sueño que tuve anoche (esta madrugada), que había empezado con tanta luz, tanta brisa suave y tanto lirismo se convirtió en pesadilla en cuestión de segundos.
(Segundos de conciencia, no segundos oníricos. Dicen que el sueño más largo, que a nosotros nos parece que duró horas, no dura más de cuarenta y cinco segundos, en segundos de conciencia).
No había ni pensado en robarle algunas piedrecitas a aquella orilla multimillonaria, que Sacarina me llamó al móvil.
(En el sueño, quiero decir).
Y resulta que no le podía contestar porque no tenía móvil.
Entonces corrí hacia el interior de la playa, donde acaba la arena y empieza el bosque, o donde el bosque se convierte en playa. Corrí para ver si había alguna cabina telefónica, o algún coche aparcado con mi móvil (que, por cierto, me regaló ella estas navidades) dentro.
Hay coches aparcados, sí. Y hay gente en ellos, pero son población australiana y no entienden que necesito comunicarme con mi país.
Intento salir de allí pero ocurre como en la Playstation, cuando intentas meter a un personaje por donde no puede ir: corre sin moverse.
Yo corro sin poder moverme. Estoy atrapada en una celda de prisión con forma de playa interminable. Quiero volver a Barcelona, quiero ver a mis amigos, pelearme con mi madre, hablar con mi padre, reírme en mi idioma y llorar, también, si debo, si tengo ganas, en mi idioma.
Pero allí sólo ríen, hablan, tosen, beben, comen, lloran o abrazan en australiano.
Todo es precioso y preciosamente ajeno a mis sentidos.
Mientras tanto, el móvil sigue sonando, insistentemente, y las cuerdas invisibles que me atan a uno de los paraísos más recónditos y aislados del planeta me hacen pensar que me he caído en una brecha que se abre entre un cuento psicótico de Maupassant y algún documental de Cousteau.
COSAS POR HACER:
1. No comer pizza por la noche. Es indigesta. (Y mira que me lo tengo dicho).
Comentario:
Que raro...Yo tambien estuve en la playa el sabado. En invierno, tiene algo inexplicablemente bonito. Tiene sobretodo maderas, plasticos...todo tipo de cosas que viajan con los corrientes.
Comentario:
Hay que ver....a alguien se le cayó un tripi en la pizza, y fue a parar a tu estómago. Si es que....
Aun asi...genial...me encanta como escribes!!!
Aun asi...genial...me encanta como escribes!!!





