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COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
Sin pena ni gloria.


(Fiona Apple. Better version of me).

"En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen; la gran mayoría de los sueños se roncan."
(Enrique Jardiel Poncela)



De niña y adolescente, recuerdo que mis amigas me enseñaban las rosas que les habían regalado los chicos y yo las miraba desde mi pedestal de Repelentia Maxima autoconstruído y les enseñaba las mías, ganadas una a una con el sudor de mis dedos sobre el teclado del ordenador, produciendo best-sellers académicos de los cuales el tribunal del concurso literario anual leía siempre algún extracto, durante la ceremonia. Si durante el año ya tenía una lista de enemigos nada despreciable, el día de Sant Jordi era la George Bush del colegio.
¿Me habría gustado ser popular, estilo peli americana de high school...? No, no creo. No sé. Me habría gustado pasar desapercibida, eso sí. Pero en mi colegio, ser castellanoparlante y darles en las narices con los premios que ganabas en catalán era, definitivamente, un impedimento para ser aceptada.
En cuanto a las rosas.... Nunca me han gustado. Las únicas flores que me gusta mirar son los girasoles, porque puede que se marchiten y mueran, pero dan pipas, ergo son mucho más útiles. Y no pinchan. Los chicos van y vienen y las rosas duran, a lo sumo, una semana o dos.
Pero lo escrito, escrito queda, y por mal que quede que lo diga yo, me sentía tremendamente orgullosa de haberme ganado las rositas yo sola. Las rositas se las daba a mi Sra. Madre, que a ella sí que le gustan. Lo que me llenaba de alegría era que con cada premio me regalaban un libro y que cada Sant Jordi tenía libros gratis para un par de meses, que para mí era la mejor recompensa por un trabajo bien hecho.

Bah, obviamente, desde entonces he ganado muchísimo en humildad (y afortunadamente, porque por donde iba no iba bien). Igual se puede ser así de pedante si tienes el talento de Camilo José Cela, (que tampoco) pero con el mío, de mediocridad asumida con una sonrisa más que tranquila, me habría convertido en una versión antiestético-literaria de la Spears.
Sea como fuere, fíjense, al cabo de unos años, como baja una el listón y se le caen los sueños al suelo, y se hacen añicos (y nunca mejor dicho: añicos, después de tantos ídem): Antes ganaba rosas y libros con lo que escribía yo; con unas líneas, unas páginas que eran mías y sólo mías, y ahora gano dinero repitiendo las líneas y las páginas de otra gente. En aquella época quería ser Virginia Woolf, Larra, Sylvia Plath, Kafka, Mercè Rodoreda, Víctor Català, Quevedo, Huxley, Whitman, qué sé yo (aunque me costara depresión crónica, muerte por suicidio, por tuberculosis, por enfermedades venéreas varias, por envenenamiento, el hundimiento moral, una pobreza hasta la hambruna... lo que fuera).
Once años después, mi sueño más temerario es parecerme a mí misma tanto cuanto me sea posible, las veinticuatro horas de cada día de mi existencia. Aunque me cueste la mediocridad vital más absurda, la de llegar a fin de mes. La de tener una familia, una casa con un piano, un sofá donde sentarme a contarles cuentos que probablemente habrá escrito otra persona, a mi descendencia. Una versión mejorada de mí misma. Me importa un carajo si lo que escribo llega a algo o se queda en mí. ¿Sería más feliz si mis escritos se publicaran y obtuvieran el aplauso más fervoroso de la crítica mundial? (¿Me odiaría, al ser honesta conmigo misma, por haberme vuelto tan superficial?) ¿Sería más feliz subiendo escaleras de escenarios repletos de flores y cubiertos de alfombras, para recoger premios? (¿Aunque hubiera tenido que dejar a mis propios cacahuetes a merced de alguna canguro y llevara meses sin ver a mi marido?) Pues igual sí. En otra vida. Una vida en que no tuviera todo lo que tengo ahora.
Para lo que tengo ahora, lo que soy ahora, no hace falta ningún tipo de talento y desde luego no lleva a la fama, a la gloria ni a que te regalen libros por el morro.
No sé, viéndolo en retrospectiva, puede que me haya aburguesado, o puede que me haya vuelto conformista, pero no cambiaría mi vida (facturas de Fecsa-Endesa incluídas, fíjense lo que digo) ni por diez Nobels de literatura consecutivos.
Igual yo no he cambiado, pero sí mis principios y valores. Igual ahora me importan sólo las cosas que no me hacen infeliz, que además coinciden con las que me mantienen en un estado de calma y casiequilibrio bastante parecido a mi idea de la felicidad. Mi felicidad no consiste en ser feliz. Mi felicidad es cuando soy capaz de esquivar las infelicidades lo bastante como para no perder las ilusiones. Como me conozco, sé que no sabría llevar bien ningún tipo de éxito sin desequilibrarme, así que... adiós, carrera literaria y hola, vida de madrépora suboceánica.
 
Comentario:
Once años despuesde todos esos sueños, me da que tienes la cabeza muy bien amueblada. (Y ya me explicaras cual es el encanto de los dibujos de los cacahuetes a los tres años..porque lo de Neruda y Nyman si, pero eso, y lo d emis fotos......que no lo pillo) :P
 
Comentario:
Y lo tranquila que se vive siendo anónima... poder emborracharte sin que te saquen en el tomate, o pelearte con tu novio o marido, sin que te saquen en salsa rosa... e ir a un hospital por un simple resfriado y que no haya miles y miles de cámaras y microfonos alrededor agrabando la situación al limite... o hacerte un tatuaje en donde te de la gana y no te lo saquen en el que me dices.... ir a la playa y no tener paparazis...

Si el que no se conforma es porque no quiere :-)

Yo así me supliquen, no quiero ser famosa.... pq sería la tía más estupida que pasara por televisión :-p

Saludos
No