logotipo

img_google
COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
The good enough road yet to find.

(Sarah McLachlan. Good enough).


Hey your glass is empty
It’s a hell of a long way home
Why don’t you let me take you
It’s no good to go alone
I never would have opened up
But you seemed so real to me
After all the bullshit I’ve heard
It’s refreshing not to see
I don’t have to pretend
She doesn’t expect it from me



Es dificil decir quién es Thelma y quién es Louise, en esta historia. Creo que lo más realista sería observar que, tal y como ocurre con todos los estereotipos, se van intercambiando los papeles en cada ceda el paso. Antes sabían intercambiárselos, al menos, y a veces una era la ingénua llorona, perdida y desesperada y era la otra quien la guiaba... y otras veces era justo al revés. Qué mejor manera de viajar con alguien que así, precisamente. No se puede pretender ser siempre la que conduce. Es mucho más saludable ir turnándose y que una de las dos descanse.

Después de un viaje de seis años por una carretera en que han parado para contarse secretos, para bailar, para cantar, para vivir sorpresas juntas, para compartir cenas de fruta y tabaco, para verse crecer y madurar mútuamente, Thelma y Louise llegan a una bifurcación donde nunca han estado, en medio del desierto, y cada una se ha comprado un mapa diferente, en una gasolinera donde pararon.
No pueden preguntarle a nadie, porque no hay nadie. Están solas en el punto exacto donde la carretera se convierte en dos carreteras que van en direcciones opuestas.
No pueden dar la vuelta porque la carretera por donde iban acaba de desaparecer a sus espaldas, fundida por la aridez del entorno, o por el calor y la arena, que han sepultado bajo si hasta las señales.
Sólo pueden tirar hacia delante, lo cual implica necesaria e inevitablemente tomar una decisión, y como ya han tomado decisiones antes, saben que al decidir también desdeciden, y al escoger un camino, desescogerán los otros caminos.
Puede que lleguen al mismo sitio, o puede que no. Puede que una se pierda. Puede que no se pierda ninguna, y cada una llegue al sitio exacto donde quería ir. Puede que se pierdan las dos, cada una por separado, o mútuamente. O puede que se encuentren, al final, las carreteras por las que iban y vuelvan a viajar juntas... si es que ninguna ha decidido dejar de rodar, para cuando ese momento llegue.
Están justo en la bifurcación. Llevan un montón de tiempo ahí paradas. Tanto, que se les han dormido las piernas con las que bailaban y se les han secado las voces con las que cantaban.
No se ponen de acuerdo sobre qué camino seguir. Las dos quieren conducir. Y no sólo eso, sino que al haber viajado juntas tanto tiempo, las dos se creen con derecho de decirle a la otra por dónde debe ir... claro ejemplo de la veracidad del dicho donde hay confianza, da asco.
Seguir el viaje juntas sólo por el trayecto ya recorrido sería hacerle un feo a los recuerdos. Continuar el viaje juntas no debe de sacrificar el principio de de ser honestas la una con la otra.
Lo malo es que hace mucho tiempo que ninguna sabe explicarle a la otra las ventajas de su camino... y que quizá no se hayan dado cuenta aún de que, en toda bifurcación, siempre hay un tercer camino. (No se le llama trifurcación porque le mataría la gracia. El tercer camino hay que andarlo para construirlo) No hay sólo un norte o un sur. Hay trescientas sesenta opciones.
La diferencia de esta pareja de Thelmas y Louises es que, al contrario que las de la película, no están solas contra el mundo, sino solas, la una contra la otra, sin saber por qué han llegado hasta el punto exacto donde están, y cada una con la firme convicción de que fue culpa de la otra que llegaran hasta allí. Cada una, terca como ella sola e indignada de que la otra no respete su camino.

...It’s not the wind that cracked your shoulder
And threw you to the ground
Who’s there that makes you so afraid
You’re shaken to the bone
And I don’t understand
You deserve so much more than this



Quizá haya algo superior a ellas moviendo unos hilos que no controlan, que ni ven siquiera, pero que les harán comprender, tarde o temprano, que separarse era cosa inevitable del destino. Quizá no, y es bastante inútil planteárselo, porque si hay algo no metafórico en esta historia es que ninguna de las dos tiene carnet de conducir, y eso no les ha impedido ni frustrado el viaje hasta ese preciso momento, lo que las ha recubierto de una fortaleza especial, de una seguridad (quizá fingida en ambas) al volante que les otorga, a cada una, el derecho autoproclamado tácitamente de creerse mejor conductora que la otra.
Quizá no sea una cuestión de quién conduce mejor, sino de un entendimiento recíproco, de saber despedirse con buen humor y sin rencores, si es que toca despedirse, o de saber continuar juntas repetándose mútuamente.
La inmovilidad en la que se encuentran les impide pensar con claridad. Cada una siente sus propias piernas dormirse, su propia voz secarse, sin pararse a analizar que a la otra igual también le está pasando lo mismo. Se hablan sin girar el cuello. No por miedo a encontrarse cara a cara, sino por miedo a hacerlo al mismo tiempo y darse de bruces la una con la otra. El coche se ha ido haciendo pequeño a medida que ganaban confianza y comprendían que eran dos personas compartiendo un mismo, un solo recorrido.
Ahora casi ni encuentran sitio para dejar las palabras, sin invadirse el espacio mútuamente... y ya no recuerdan que hubo un tiempo en que ninguna de las dos sabía vivir sin las palabras de la otra esparcidas a su alrededor.

Don’t tell me I haven’t been good to you
Don’t tell me I have never been there for you
just tell me why
nothing is good enough


 
Comentario:
Es estraño como esta cantora de Halifax refleta muy bien esta metafora.
No