El retorno de los Sikhs

Y el Doctor Singh, primer ministro de los Sikhs y devoto de las sagradas escrituras del Adi Granth, último gurú de la secta que heredaron directamente del grande, del magnánimo Gobind Singh, el décimo gurú, dirigiéndose a los allí reunidos Sikhs, cogió el micrófono y exclamó:
-Sí, sí, probando, probando, oh, yeah. - en dialecto Sikh, claro está.
(Aquí me van a tener que permitir alguna licencia literaria que otra. Aún no he estado en India y no sé muy bien cómo funcionan este tipo de ceremonias. De todos modos, dudo que dejaran entrar a una mujer en un templo sectario medio sufi, medio musulmán)
Los allí congregados sikhs bajaron sus cabezas, en señal de respeto y de sumisión incondicional hacia el Dr. Singh y también hacia el Harimandir (su templo dorado).
-Estamos aquí congregados, en nombre de Nanak, de Bhakti y de todos los Santos, para llevar a cabo las buenas obras que nos encomendaron y que conseguirán la suspensión de la eterna transmigración de nuestras almas.
- Amén - exclamaron los allí congregados sikhs, a coro.
(En dialecto Sikh, claro está.)
-Cuando esa suspensión ocurra, conseguiremos -prosiguió el Doctor Singh -nuestra unión mística con Dios.
-¡Amén! - exclamaron los allí congregados sikhs, a coro.
(con algo más de regozijo visible que al principio, dado que el incienso empezaba a hacer su efecto).
El Doctor Singh sudaba ajo, como muchos de los allí presentes. Al contrario de los autobuses londinenses, donde tantas y tantas veces había sido escrutado por los ojos acusadores de alguna abuela británica, en el Harimandir no tenía que explicarle a nadie que si olía no era de no ducharse, que se duchaba cinco veces al día, pero que su piel, como la de todo el mundo, al transpirar, segregaba de un modo perverso el ajo que había ingerido en formato etéreo.
Ignorantes Ingleses Colonizadores de Mierda.
-Y de esa Unión Mística, al fundirnos con Dios, vaciaremos de nuestras almas al Planeta, pero surgirán otras almas, diferentes y nuevas, que repoblarán la India, una India nuestra, donde al fin podremos gritar libremente, ¡Khalsa dominará!
-¡Los puros dominarán! ¡Raj Karega Khalsa! - repitieron todos a coro. (Eso sí que fue en versión original)
Los asistentes, enardecidos, profiriendo exclamaciones de potenciales victorias en futuro -imperfecto e indefinido- no le sacaban ojo de encima al Doctor Singh.
El Doctor Singh, allí de pie, los miró a todos profundamente, a lo que se hizo un completo y sepulcral silencio.
Bajo ese mismo silencio imperante, sacó dos cajas de detrás de las cortinas del enorme púlpito que presidía, y un rottring de dimensiones desproporcionadas, de diez centímetros de diámetro de punta de fieltro. (como mínimo).
Todos los allí congregados sikhs se preguntaron para qué serían aquellas cajas.
-A esta nuestra próxima gesta la llamaremos "Los cines de Nueva Dehli". - sentenció el Doctor Singh.
-¡Amén! -exclamaron los allí congregados sikhs, a estas alturas ya ebrios de misticismo, patriotismo, sentimiento de pertenencia, ajo e incienso.
(en dialecto Sikh, claro está)
Y volvió a reinar el silencio más sepulcral.
Entonces, los allí congregados sikhs pudieron percibir que las cajas tenían letreros.
En una ponía "Mecheros", y en la otra, "Gasolina".
En dialecto Sikh, claro está.
Y, el Doctor Singh, primer ministro de los Sikhs y devoto de las sagradas escrituras del Adi Granth, último gurú de la secta que heredaron directamente del grande, del magnánimo Gobind Singh, el décimo gurú, rottring en mano, dirigióse a uno de ellos, y, tendiéndoselo, le advirtió:
-Sanjib, esta vez pon atención con lo que dejas por las paredes. "Al Qaeda" va sin hache. Y separao.
Piltrafilla.
Comentario:
Jajajajaja, tú no tienes amigos, fijo!
Voy a ver si lo cambio.
Voy a ver si lo cambio.
Comentario:
Puestos a criticar, Aldarilla de mis amores, va sin hache y separado
jurjurjurjur
Un besote
jurjurjurjur
Un besote





