logotipo

img_google
COSAS POR HACER
Crónicas de la antiheroicidad involuntaria.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. Si me hubieran preguntado, habría preferido ser la heroína que la antiheroína... Pero el condicional es el tiempo verbal más absurdo, y ahora ya le he cogido el truco a mis meteduras de pata. Con el tiempo voy desmadurando y todo lo que parecía estar claro y archivado vuelve a la carpeta de cosas pendientes.
Sindicación
 
El día después.
... No sé si me conocen. Soy algo así como una versión femenina de Irwing Berlin, soy una genialidad de la música cuya vida supera con creces cualquier guión hollywoodiense, incluyendo viajes larguísimos para escapar de rusos antisemitas, y barrios marginales donde me veo forzada a realizar mi arte a cambio de algunas monedas y una jarra de cerveza caliente.
Es en ese momento clave de mi vida, en medio de un blues o un ragtime (no recuerdo muy bien) cuando de repente, aparece un dentista en el miniescenario improvisado de un bar de mala muerte de China Town, donde canto por las noches. Me sienta en una silla y me empieza a hurgar en la cara. Pero no con uno de esos típicos tornos (de esos que hacen ñíiiiiiiiií) de dentista, sino con sus propios dedos. Para entendernos, es como si me estuviera tocando el piano en las mejillas.
Cuando estoy a punto de propinarle un guantazo por boicotearme la performance, abro los ojos y veo un primer plano del careto roedor de Macgaiber, que tiene sus patas delanteras apoyadas en mi cara. Para entendernos: El muy Hijodemilpadresdesconocidos me está, literalmente, pisando la cara. ("Don't bite the hand that feeds you: step on its face.")
Y toda Barcelona (y parte de las cercanías) se ha despertado de golpe al grito de: "¡Craaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaiiiiiiiiiiiig!".

El acabose del empezose de un viernes.

Hay momentos y momentos para soltar a una mascota y dejar que corra, cual alma libre que se lleva el viento, por la casa.
El momento de despertarme yo, definitivamente, no es uno de ellos.
Ésta va para que entiendan mi despertar de hoy. Ríome yo, y eso que voy ya por el segundo café, de Robert de Niro.

ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
0. Sigo sin ir a la dentista. Lo he atribuído, bajo un momento de atroz sinceramiento conmigo misma, a dos factores principales:
a) Miedo (pánico, más bien). Véase "cobardía" en general.
b) Instinto de autoprotección. (Digamos que para mí, ir al dentista por tu propio pie y sin que alguien te apunte con un revólver es como no cubrirte la cara con las manos instintivamente cuando ves un puño ajeno acercarse velozmente a ti.)
c) Divina desidia que me caracteriza.

1. Ayer, POR FIN, entregamos aquel proyecto inútil, absurdo y desprovisto en su totalidad de interés y/o utilidad alguna, para la universidad.

2. (vid.: 1) ...Fecha que coincidió justamente con "El día en que mi profesor de TC4 (id est, traducción Inglés-Catalán) me envió las tres megatraducciones que tengo que entregar antes del día 10.

3. Y con el día en que la demo que me bajé de un superprograma fantástico que no sólo te traduce cualquier palabra, sino que dispone hasta de enciclopedias online con sólo un click, expiró.
(Yo nací fuera del tiempo que me correspondía. Yo habría sido la musa de Murphy y habría podido llegar a devenir una auténtica celebridad. Carajo. Una musa es una musa, después de todo.)
4. ...Y con el día en que vuelvo a la lista general de trabajos por entregar de la universidad y tengo que sentarme para que el soplo cardíaco no diga de organizar un atentado terrorista y dejar sin provisiones de sangre al resto de órganos que pueblan mi cuerpo.

5. Ayer también vi "Gallipolli", una película de cuando Mel Gibson aún tenía acento australiano (vamos, de cuando Sarita Montiel hizo la primera comunión, más o menos) sobre los australianos que fueron enviados a Turquía en la primera guerra mundial por esos cochinos colonizadores ingleses.
Creo que aquí no lo había explicado aún. Me refiero a mi debilidad por el cine bélico. No me malinterpreten; ni soy una pacifista de ésas que reparten flores por los aeropuertos, ni tengo un poster de Bush en calzoncillos marcando músculo en el techo de mi habitación.
Hay algo, en esta debilidad, que se contradice con mi principio de "vamos a hablarlo antes de llegar a las manos" (que ni mucho menos quiere decir tampoco "Vamos a poner la otra mejilla")... Supongo que es culpa de mi padre.
Mi padre me aficionó, desde muy pequeña, al cine bélico. Mi madre hacía un curso nocturno de nosequé en la universidad un día entre semana; día que coincidía muchas veces con la emisión de pelis de guerra. Día que coincidía (siempre) con un estado inusual de buen humor, paz interior y buen kharma en mi persona, porque mi padre y yo cenábamos bocatas de atún, que me encantan, frente a la tele, y nos veíamos una peli de guerra.
Así fue como descubrí mi gusto por grandes obras maestras tales que "Los cañones de Navarone", "Objetivo: Birmania", "El puente sobre el río Kwai", "La gran evasión" y un largo etcétera que venero aún hoy en día. (Eso tampoco significa que esté de acuerdo con que haya guerras. Ojo.)
Y mi padre, en el transcurso de aquellas noches temáticas, me explicó su versión sobre las guerras, que seguramente transmitiré a mis descendientes porque creo en ella de una manera ciega: En las guerras, casi nunca hay buenos ni malos, pero si hay que decantarse por alguno de los dos adjetivos, son todos malos, o incompetentes, por no saber arreglar las trifulcas sin llegar a las granadas.
En mi opinión, los dos mayores fracasos de la Humanidad (sin contar el inexplicable éxito de Britney Spears) ocurrieron en Hiroshima y Nagasaki el seis y el nueve de Agosto del mil novecientos cuarenta y cinco, respectivamente.
Ya es ridículo asesinar, método zapatilla y en tu propia casa, a una hormiga que no te ha hecho nada, pero tener que vestirte a propósito y no sólo salir sino encima pillar barcos y/o aviones para ir a masacrar a tu propia especie... Con lo que me cuesta a mí salir de casa, que siempre tengo que salir cinco veces porque siempre me olvido cosas (exceptuando esos días en que me dejo las llaves, que sólo puedo salir una vez por motivos obvios)
En fin, para qué contarles, aquí la politóloga experta. Es mi humilde e ingénua opinión, al menos.
Para mí, los juegos de guerra se parecen un poco al fútbol. No me gustan las guerras (más allá del cine, quiero decir), pero si hay que presenciar alguna por fuerza, elegiría una en que ambos bandos crean en lo que están haciendo y luchen para defender lo que es suyo, no un montón de dinero o unos cuantos pozos de petróleo (que viene a ser lo mismo: cuestión de pelas). De la misma manera, no me gusta el fútbol, pero si tengo que presenciar un partido prefiero que sea entre equipos de pueblo, en que cada persona del equipo de un pueblo sea DE ESE PUEBLO y no juegue con el bolsillo, sino con el corazón.
Voy a dejar el tema aquí, antes de acabar a la deriva entre cosas de las que no tengo ni puñetera idea. Creo firmemente, eso sí, que si las guerras nos las dejaran a las mujeres, habría muchísimas menos bajas. Sin ánimo de crear polémica, pero es verdad.

6. Macgaiber comparte mi afición por cine bélico desde un acercamiento mucho más empírico al tema: parte inferior de jaula del susodicho es de un plástico amarillo que (no me pregunten cómo) ha ido royendo cada noche hasta hacer tremendo agujero por el que ya casi le cabe la cabeza, al más puro estilo Steve McQueen pero sin moto.

COSAS POR HACER:

1. Acabar primera dichosa traducción sobre Alejandría.
2. Vencer a la tentación súbita de mirar precios de vuelos a Egipto.
3. Fregar la cocina.
4. (vid.: anterior) Empezar sacando todos los platos y demás útiles culinarios para poder entrar en cocina.
5. Olvidarme de mis instintos de supervivencia, buscar excusa creativa y pedir nueva cita con dentista.
6. (sobre apartado "excusas creativas"): recordar que mentira primera en la mayoría de casos lleva a seguir mintiendo en cadena, ergo recordar no volver a decir que han operado a mi madre y exponerme a tener que inventar supuesto trágico accidente de coche que ha dejado secuelas que han requerido cinco cirugías, blá blá. Con mi mala suerte, seguro que mi madre decide inexplicablemente, un día, acompañarme al ambulatorio y, o se descubre la inmensa trola, u OMS acaba otorgándole fastuoso premio a todo el gremio de cirujanos de Barcelona por el milagro que han hecho con la cara de mi señora madre.
7. Poner cincuenta y seis lavadoras (más once de ropa blanca).
8. Escuchar y respetar inmediatamente llamada de la Madre Naturaleza y dejar de realizar coreografía de lo comúnmente denominado "Baile de San Vito").
9. Dejar de hacerme preguntas absurdas acerca de la posible identidad de San Vito y anécdotas que produjeron dicha expresión con su nombre.
 
Comentario:
Señora Bruji! comedia? Dije la gran evasión, no "Chicken Run"! jajajaja
Aún no me has dicho si te puedo añadir en mis enlaces, asi que lo voy a hacer sin permiso, y si no quieres ya me lo dirás...
¿Que te ayude con las lavadoras? ya me empiezas a caer bien y todo, mira tú... qué sentido del humor...
un besote,
A.
 
Comentario:
A mi no me gusta nada el cine bélico, aunque precisamente los clásicos que has citado, son "poco bélicos", yo me decanto por la comedia. La gran evasión una de mis preferidas.
Cuando acabes con tus lavadoras, pasate por casa y me ayudas con las mías :-D

kisses!
No