La mujer del capitán.

La Malinche, como la conocerían luego, no era una mujer cualquiera. Su interminable melena negra, brillante como los ojos de la serpiente de plumas, ondeaba en el viento como líquida, mientras estaba allí de pie, con sus enormes ojos y su piel, del color del txocoatl, junto a las otras diecinueve mujeres regaladas a Cortés, y sabía lo que vendría luego. Conocía las guerras tan bien como interpretaba los corazones.
Sabía que le podía costar la cabeza, pero no pudo evitar mirar a aquél singular individuo. Ella sabía que no era el dios Quetzalcoatl, porque lo miró a través del escudo y las barbas, y no vio más que a un hombre. Poderoso, pero humano. Ella conocía las guerras, porque de algún modo, todos los seres humanos, dejados en libertad, corrían a destruir, a dominar y a obrar según su voluntad.
No podía odiar a aquél señor de tez blanquecina montado en su caballo más de lo que odiaba a Xocoyotzin, por su perversidad, su pretensión y la poca humanidad con la que reinaba, pero tampoco podía dejar que destruyeran a su pueblo.
Entonces, tras un momento de vacío mental, se dio cuenta de que él también la estaba mirando. "¿Me ha sonreído?" pensó. "No puede ser."
La llevaron, junto a las otras, al palacio donde se hospedaba Cortés.
Atravesando el patio, uno de los soldados le dijo a otro "Pardiez, que alguien ha de tener jolga al caer el sol".
En un arrebato indio, La Malinche se giró, más rápido que cae el agua de una cascada, y antes de poder hacer nada, el soldado estaba en el suelo con la india encima de él, presionándole la tráquea con el pulgar y el índice.
"Pardiez, que callaréis y mostraréis respeto, hijo de Caín" Le dijo la india al español.
Cortés, que caminaba detrás, se quedó anonadado. La india hablaba español. La india bella, de cabellos imposibles, ojos infinitos y piel agridulce, hablaba español. La india de tobillos exquisitos y codos enmantecados. Su india sin dueño.
Bajó del caballo y se acercó a la escena del crimen. Obviamente, los soldados esperaban que la matara allí mismo, por su imperdonable falta de respeto y su salvajismo, pero Cortés tenía otros planes para la muchacha.
Cortés se había enamorado, y no lo sabía.
Le tendió la mano para que se levantara y le perdonara la vida al soldado, que estaba al borde de la asfixia.
"Sois excelente guerrera, oscura doncella", le dijo.
"Vos tampoco mostráis ninguna torpeza al matar" le respondió ella. Cortés se quedó un rato con la duda de si aquello era un gentil halago o una cristalina afrenta, pero sus dudas se disiparon a una sonrisa de ella.

"Decidme cómo es que atrapásteis la lengua del imperio en vuestros dulces labios, muchacha", le dijo él, haciendo gala de las armas que menos dominaba. (Las de seducción, claro está).
"No preguntéis, y no tendré que mentiros", respondió ella.
"Vuestros deseos son órdenes", dijo Cortés, medio español, medio ido, medio dios, medio guerrero, conquistador conquistado.
La Malinche, medio muchacha, medio mujer, medio indígena, medio extraterrestre, silvestre y humanitaria, le rozó las barbas con las puntas de los dedos. "Estos dedos", supo Cortés allá mismo "son los que han de indicar el rumbo de mi destino desde ahora y en la hora de mi muerte".
Después de tres días decidió retirar sus tropas de Tabasco, y del resto de territorios del Nuevo Mundo.

Los españoles que allí quisieron quedarse, se quedaron, sólo con la condición de respetar la civilización allí existente y siempre que la población los aceptara y que fueran en son de paz y de amor.
Moctezuma II fue envenenado y las tribus, liberadas de su despotismo, se dedicaron a cultivar cacao y a jugar al tlachtlí.
Marina, medio puta, medio noble; medio azteca, medio líquida; medio intérprete, medio diosa; medio guerrera, medio paloma de rama de olivo; medio española, pero ante todo, mujer, y muy mujer, se fue a España como esposa de Cortés, medio cristiana, medio universal, y vivió allí, compartiendo el resto de sus días con Cortés, vencedor vencido, y la conocieron como Marina. Y fue odiada, desdeñada, admirada y amada a partes casi iguales.
Y salvó la vida de un montón de gente que dedicó aquellos años regalados a idolatrarla o a no entenderla.

Hay algo que me gusta más que escribir, y es re-escribir. Cambiar historias que pasaron de un modo en que no deberían haber pasado, y ahorrar sufrimiento y sangre humana desparramada.
Obviamente, la historia, la de ocurrió de verdad, no fue bonita. En realidad, tanto Cortés como Moctezuma eran un par de capullos cegados por su testosterona y sus delirios de grandeza... con algunas diferencias. Cortés tenía más lanzas a su favor, y Moctezuma era el invadido. Como siempre, pagaron justos por pecadores y miles de indígenas perdieron la vida entre esos delirios.
Cortés sí que se enamoró de Marina, no obstante... y aunque nadie puede determinar si ese amor fue correspondido, Marina fue la camarada inseparable de Cortés, y salvó muchas vidas aztecas gracias a ello. Hoy en día, más allá de vituperios, malas concepciones o de veneraciones, los libros de historia de España aún guardan entre sus líneas un pequeño recuerdo por "Doña Marina", a la que las gentes aztecas conocieron como "la Malinche", la "mujer del capitán". Poderosa intérprete y política, y madre del primer mejicano.
Para que luego digan que las mujeres esto y las mujeres lo otro.
Y sí, ya sé que iba a escribir sobre el cacao, pero me pongo a divagar y saben lo que pasa...
Comentario:
Boldams? he oído Boldams? ¡Dónde?! ¡¿Cuándo?! Discursos sobre mujeres entre boldams y boldams? Mi deporte preferido, sin duda!
A.
A.
Comentario:
me encanta como cuentas las cosas!!!
el que diga que las mujeres tal y cual normalemnte es porque no tiene ni puta idea de historia, un dia de estos tenemos que discutir de mujeres y de historia, de putas famosas y de la falta de imaginación de los hobres acojonados por ellas que no encontraron otros apodos con que definir la grandeza de esas mujeres, la grandeza que no queria entender porque les daba demasiado miedo!
Cuando sea, las Boldam corren de mi aprte!! ;D
el que diga que las mujeres tal y cual normalemnte es porque no tiene ni puta idea de historia, un dia de estos tenemos que discutir de mujeres y de historia, de putas famosas y de la falta de imaginación de los hobres acojonados por ellas que no encontraron otros apodos con que definir la grandeza de esas mujeres, la grandeza que no queria entender porque les daba demasiado miedo!
Cuando sea, las Boldam corren de mi aprte!! ;D
Comentario:
Es el mayor defecto que tiene la historia, que siempre la escriben los vencedores. Afortunadamente la realidad siempre supera a la ficción y... ¿Quién dice que no sucedió como vd. lo cuenta?
De todas formas, su versión es mucho más bonita y preferible.
Siempre a su disposición.
De todas formas, su versión es mucho más bonita y preferible.
Siempre a su disposición.





