HAPPY BIRTHDAY TO ME.
No, si de "happy" tiene esto lo que yo de genio de las matemáticas. Me he despertado, he mirado por la ventana y me ha invadido una situación así como de Noriega en "Abre los ojos" (traducido: Cruise en "Vanilla Sky"). Por no salir, no ha salido ni el sol, el muy cabrón. Y yo que quería irme a la playa con Sacarina.
En fin...
Lo cierto es que la protagonista de la historia del post anterior (de madrugada y con bastante alcohol encima) llevaba una crisis considerable.
La CRISIS DE LOS TREINTA. (años, se entiende.)
Sí, ya sé que aún no cumplo treinta, pero las crisis vienen cuando vienen, y a mí la de los treinta me dura desde los veinticuatro.
Estoy en una edad dificil. Cuando mi madre tenía la edad que tengo yo ahora, yo ya corría por esos montes gallegos. (Bueno, es un decir, porque nunca he sido una amante exacerbadamente apasionada de la naturaleza... pero ustedes ya me entienden).
Por otra parte, yo tengo la misma edad que tenía mi madre cuando yo ya corría por esos montes, y sin embargo no estoy segura ni de haber superado la adolescencia.
No es que esté intentando compararme con mi madre, no... Pero en cierto modo fue ella quien me dijo un día que cuando nos sentimos viejas es porque no hemos hecho todo lo que tendríamos que haber hecho, y ELLA, claro está, ELLA se siente muy joven. ("¿Tu vida es una mierda? Ah, pues fíjate, la mía es perfecta, oye. Soy feliz como una lombriz." Repelente para matarla a escobazos, créanme).
Por eso acabo de decidir que voy a configurar una lista de cosas que he hecho en mis años de vida que mi madre no había hecho a mi edad. Para que conste por escrito, ergo pueda venir a leerla siempre que me dé el bajón.
RECUENTO DE COSAS QUE HE HECHO QUE MI MADRE A MI EDAD NO HABÍA HECHO:
1. Aprender a encender el ordenador.
2. (Vid. Anterior.) Aprender a hacer furrular algún programa, para que no se diga.
3. Viajar por EEUU, Europa y Australia. (Bueno, ella también ha viajado, pero más tarde, cuando ya no tenía que pagarme los viajes a mí, así que esa no la contamos).
4. Beberme treinta y cinco Boldams en una noche. (Yo no recuerdo haber hecho nada parecido en toda mi vida, pero si lo dice Sacarina... en fin, el caso es que mi madre no es Boldamera; le van los vinos caros, más bien).
5. Quedarme sola en el colegio con toda mi clase cuando el resto del mundo se ha ido ya con el autocar y nos han dejado encerrados dentro casualmente obliterando el simple hecho de nuestra existencia. (Ella ha ejercido durante muchísimos años y obviamente se ha chupado sus mil setecientas excursiones, pero nunca se la han olvidado en el colegio con todo el equipo, como a mí).
6. Tener setecientos amantes. (Ya, bueno, claro... pero el caso es que si los hubiera tenido, a mí no me lo habría dicho, así que esta tampoco cuenta).
7. Tener setecientos desengaños. De esta sí que estoy segura. Por su modo de comportarse se nota que en cuestión de amores nunca se ha llevado ninguna patada. Y por su carácter, es imposible que se haya llevado ninguna. ¿Quién iba a contradecir a Goeebbels, díganme?
8. Tener setecientos trabajos que odiaba pero que me hicieron crecer y madurar muchísimo más que el que quiero. Ella siempre ha sido lo que es, Supermegaeducadora Admirable; siempre se ha beneficiado de cobrar por ejercer no su vocación, sino puramente su instinto, y nunca ha tenido que luchar y enfrentarse a un millón de trabajos de mierda para darse cuenta de lo que esperaba de su vida. Siempre lo ha tenido todo claro, y su vida ha sido una autopista alemana. (Lisa y sin límites de velocidad, baches ni peajes)
9. Hacerme vegetariana. Lo decidí hace algunos días, después de mucho tiempo de calvario ascendente a causa de la carne. Cada vez me gustaba menos y se me hacía más dificil de masticar, de oler, de... de de todo. Obviamente, sólo vegetariana a medias, porque el pescado no lo pienso dejar, y a mi entender, el pescado, en tanto que animal, también es carne. A mi madre le haces una prueba de asociación mental de ideas encadenadas en que tenga que responderte a una palabra con otra palabra, la primera que se le ocurra, le dices "Vegetariana" y te contesta "extraterrestre". Durante toda mi vida me ha dicho que los seres humanos tenemos que comer carne porque nuestra dentadura está diseñada para ello. Me ha dado la excusa perfecta: ya he comido bastante carne para lo que me queda de vida (por una parte) y mi dentadura ya no está para esos trotes (por otra parte).
10. Continuar fumando como una campeona. No sé a qué alturas de la historia, mi madre se "rajó" y dejó de fumar. Cobarde. Yo no: yo, desafiando a la muerte, a las leyes de la naturaleza y blá re-blá, me mantengo firme en mis principios y valores adquiridos: Si no hay Gauloises (paquete rojo), Camel Light. (paquete azul).
En fin... Yo no he tenido una hija que me cambiara por completo la manera de ver el mundo, de entender la vida, de vivir los días... y de hecho, ahora mismo ni siquiera sé si quiero, viendo el percal, pero sí que he sacado una conclusión acerca de la lista de arriba: es una idiotez compararnos, porque hemos llevado vidas completamente diferentes. (Ahora falta que se dé cuenta ella).
Ahora lo dejo aquí. Me faltan quince minutos (aproximadamente) para tener veintiocho años (he dicho veintiocho, sí) y tres litros de café para cobrar conciencia de ello.
Un abrazo muy fuerte a quienes me leen. Los comentarios que me dejan aumentan muchísimo la calidad de este blog. Por favor, opinen más, critiquen más.... me hago mayor, y quiero que este blog crezca conmigo, "pero no puedo cantar solito... yo quiero un coro de pajaritos...."
(Lo dejo antes de ponerme a llorar de emoción, o de hacerles llorar de aburrimiento).
En fin...
Lo cierto es que la protagonista de la historia del post anterior (de madrugada y con bastante alcohol encima) llevaba una crisis considerable.
La CRISIS DE LOS TREINTA. (años, se entiende.)
Sí, ya sé que aún no cumplo treinta, pero las crisis vienen cuando vienen, y a mí la de los treinta me dura desde los veinticuatro.
Estoy en una edad dificil. Cuando mi madre tenía la edad que tengo yo ahora, yo ya corría por esos montes gallegos. (Bueno, es un decir, porque nunca he sido una amante exacerbadamente apasionada de la naturaleza... pero ustedes ya me entienden).
Por otra parte, yo tengo la misma edad que tenía mi madre cuando yo ya corría por esos montes, y sin embargo no estoy segura ni de haber superado la adolescencia.
No es que esté intentando compararme con mi madre, no... Pero en cierto modo fue ella quien me dijo un día que cuando nos sentimos viejas es porque no hemos hecho todo lo que tendríamos que haber hecho, y ELLA, claro está, ELLA se siente muy joven. ("¿Tu vida es una mierda? Ah, pues fíjate, la mía es perfecta, oye. Soy feliz como una lombriz." Repelente para matarla a escobazos, créanme).
Por eso acabo de decidir que voy a configurar una lista de cosas que he hecho en mis años de vida que mi madre no había hecho a mi edad. Para que conste por escrito, ergo pueda venir a leerla siempre que me dé el bajón.
RECUENTO DE COSAS QUE HE HECHO QUE MI MADRE A MI EDAD NO HABÍA HECHO:
1. Aprender a encender el ordenador.
2. (Vid. Anterior.) Aprender a hacer furrular algún programa, para que no se diga.
3. Viajar por EEUU, Europa y Australia. (Bueno, ella también ha viajado, pero más tarde, cuando ya no tenía que pagarme los viajes a mí, así que esa no la contamos).
4. Beberme treinta y cinco Boldams en una noche. (Yo no recuerdo haber hecho nada parecido en toda mi vida, pero si lo dice Sacarina... en fin, el caso es que mi madre no es Boldamera; le van los vinos caros, más bien).
5. Quedarme sola en el colegio con toda mi clase cuando el resto del mundo se ha ido ya con el autocar y nos han dejado encerrados dentro casualmente obliterando el simple hecho de nuestra existencia. (Ella ha ejercido durante muchísimos años y obviamente se ha chupado sus mil setecientas excursiones, pero nunca se la han olvidado en el colegio con todo el equipo, como a mí).
6. Tener setecientos amantes. (Ya, bueno, claro... pero el caso es que si los hubiera tenido, a mí no me lo habría dicho, así que esta tampoco cuenta).
7. Tener setecientos desengaños. De esta sí que estoy segura. Por su modo de comportarse se nota que en cuestión de amores nunca se ha llevado ninguna patada. Y por su carácter, es imposible que se haya llevado ninguna. ¿Quién iba a contradecir a Goeebbels, díganme?
8. Tener setecientos trabajos que odiaba pero que me hicieron crecer y madurar muchísimo más que el que quiero. Ella siempre ha sido lo que es, Supermegaeducadora Admirable; siempre se ha beneficiado de cobrar por ejercer no su vocación, sino puramente su instinto, y nunca ha tenido que luchar y enfrentarse a un millón de trabajos de mierda para darse cuenta de lo que esperaba de su vida. Siempre lo ha tenido todo claro, y su vida ha sido una autopista alemana. (Lisa y sin límites de velocidad, baches ni peajes)
9. Hacerme vegetariana. Lo decidí hace algunos días, después de mucho tiempo de calvario ascendente a causa de la carne. Cada vez me gustaba menos y se me hacía más dificil de masticar, de oler, de... de de todo. Obviamente, sólo vegetariana a medias, porque el pescado no lo pienso dejar, y a mi entender, el pescado, en tanto que animal, también es carne. A mi madre le haces una prueba de asociación mental de ideas encadenadas en que tenga que responderte a una palabra con otra palabra, la primera que se le ocurra, le dices "Vegetariana" y te contesta "extraterrestre". Durante toda mi vida me ha dicho que los seres humanos tenemos que comer carne porque nuestra dentadura está diseñada para ello. Me ha dado la excusa perfecta: ya he comido bastante carne para lo que me queda de vida (por una parte) y mi dentadura ya no está para esos trotes (por otra parte).
10. Continuar fumando como una campeona. No sé a qué alturas de la historia, mi madre se "rajó" y dejó de fumar. Cobarde. Yo no: yo, desafiando a la muerte, a las leyes de la naturaleza y blá re-blá, me mantengo firme en mis principios y valores adquiridos: Si no hay Gauloises (paquete rojo), Camel Light. (paquete azul).
En fin... Yo no he tenido una hija que me cambiara por completo la manera de ver el mundo, de entender la vida, de vivir los días... y de hecho, ahora mismo ni siquiera sé si quiero, viendo el percal, pero sí que he sacado una conclusión acerca de la lista de arriba: es una idiotez compararnos, porque hemos llevado vidas completamente diferentes. (Ahora falta que se dé cuenta ella).
Ahora lo dejo aquí. Me faltan quince minutos (aproximadamente) para tener veintiocho años (he dicho veintiocho, sí) y tres litros de café para cobrar conciencia de ello.
Un abrazo muy fuerte a quienes me leen. Los comentarios que me dejan aumentan muchísimo la calidad de este blog. Por favor, opinen más, critiquen más.... me hago mayor, y quiero que este blog crezca conmigo, "pero no puedo cantar solito... yo quiero un coro de pajaritos...."
(Lo dejo antes de ponerme a llorar de emoción, o de hacerles llorar de aburrimiento).
Comentario:
T'es encore là? Curieuse façon de passer tes vacances, coincé quelque part entre l'écran et n'importe quelle chaise... regarde ta boîte à lettres, STP. J'ai finalement réussi à lire tes messages.
Comentario:
Lo que tiene que mejorar es la qualidad de nuestra relation que parece mas un monologue que otra cosa... Quisas no me contestas tampoco pero al menos te hare enfadar por las faltas...ha ha ha





