¿Quién soy?
Sara es una chica más, quizá con una visión de la vida un tanto peculiar. Jamás se arrepiente de aquello que ha hecho [únicamente de lo que no hace y quiere hacer], sólo toma nota para no caer la próxima vez en el mismo error. Le gusta dar a sus palabras un toque infantil, intentando quitarle importancia a las cosas que más la tienen.
A Sara le gusta reír hasta quedarse sin aire, y contagiar su risa a los demás; está convencida de que una sonrisa y unas buenas palabras pueden ayudar a mucha más gente de lo que en un principio parece. Le gusta dar consejos, y que se los den cuando los pide. Sabe que si no tuviera con quien explayarse, volvería a tocar ese fondo del mar que poco se parece al que aparecía en "La sirenita".
Sara tiene varias caras: con parte de su familia se muestra como una princesita de cuento de hadas vestida de rosa cuyo deseo es tener más de lo que posee, con la otra parte [es decir, con los más peques de la casa] se muestra como una heroina de cómic capaz de realizar hazañas que jamás nunca pudo desempeñar nadie en el mundo. Con sus amigas, da una de cal y otra de arena: a veces borde, a veces risueña, a veces agridulce, pero siempre sonriente y leal como la que más. Acepta a sus amigas tal y como son, aunque es consciente de la cantidad de defectos que posee cada una.
Sara tiene varias caras que muestra con según quien dependiendo del momento, aunque su verdadero lado sólo lo muestra delante de la personita a la que ama. Frente a su príncipe, es muy cariñosa, sincera, dulce, infantil, loca, pasional y hasta incluso, un poco frágil. Tiene miedo de perderle, aunque intenta no darle muchas vueltas pues sabe que él está tan enamorado como ella de él.
Sara, a sus casi 18 años, ha empezado a comprender que el amor no es sufrir por alguien, no son lágrimas, ni noches en vela abrazada a su almohada pensando en lo que habrá hecho mal. Ahora sabe que el amor es, incluso, hasta soso, es sólo un complemento, una pieza más del puzzle, que nos hace crecer como personas y ver todo más bonito... ella piensa que es como desdoblarte y darle parte de ti a la otra persona y saber que él hará igual. Eso es el amor, pero claro, muchas lágrimas fueron a parar a su mar hasta que comprendió esto.
Sara quiere cambiar el mundo, quitar lo malo y poner lo bueno. No es nada conformista, siente pena por la gente que se adapta a la vida tal y como le viene. Le gusta luchar hasta el final por lo que cree, sin importarle lo que los demás digan o hagan. A veces, incluso, inventa palabras lindas con significados dulces para impartir esa alegría interna que siente a todo aquel que se le acerque. Le encanta dar sin esperar a nada a cambio.
Sara se levanta todos los días a las 6:30 de la mañana para arreglarse e ir a clase. Cuando llega allí y se sienta en su mesa al lado de ese chico con el pelo extraño, desconecta y se pone a pensar. Últimamente sólo piensa en su Cosita, como ella le llama. Es su vida, su todo, le encanta mirar el móvil y encontrar mensajitos suyos. Le ama con los ojos cerrados y siente que estará siempre a su lado. Adora darle esos besos largos cuando no es el momento, soplarle en la oreja mientras su lengua baila por su cuello, y acariciar su espalda mientras le hace el amor. Ha descubierto lo que significa querer de verdad a otra persona, lo que es unirte a alguien en cuerpo y alma.
Sara ya sabe que no sueña, que su vida está empezando... Sara es feliz.
A Sara le gusta reír hasta quedarse sin aire, y contagiar su risa a los demás; está convencida de que una sonrisa y unas buenas palabras pueden ayudar a mucha más gente de lo que en un principio parece. Le gusta dar consejos, y que se los den cuando los pide. Sabe que si no tuviera con quien explayarse, volvería a tocar ese fondo del mar que poco se parece al que aparecía en "La sirenita".
Sara tiene varias caras: con parte de su familia se muestra como una princesita de cuento de hadas vestida de rosa cuyo deseo es tener más de lo que posee, con la otra parte [es decir, con los más peques de la casa] se muestra como una heroina de cómic capaz de realizar hazañas que jamás nunca pudo desempeñar nadie en el mundo. Con sus amigas, da una de cal y otra de arena: a veces borde, a veces risueña, a veces agridulce, pero siempre sonriente y leal como la que más. Acepta a sus amigas tal y como son, aunque es consciente de la cantidad de defectos que posee cada una.
Sara tiene varias caras que muestra con según quien dependiendo del momento, aunque su verdadero lado sólo lo muestra delante de la personita a la que ama. Frente a su príncipe, es muy cariñosa, sincera, dulce, infantil, loca, pasional y hasta incluso, un poco frágil. Tiene miedo de perderle, aunque intenta no darle muchas vueltas pues sabe que él está tan enamorado como ella de él.
Sara, a sus casi 18 años, ha empezado a comprender que el amor no es sufrir por alguien, no son lágrimas, ni noches en vela abrazada a su almohada pensando en lo que habrá hecho mal. Ahora sabe que el amor es, incluso, hasta soso, es sólo un complemento, una pieza más del puzzle, que nos hace crecer como personas y ver todo más bonito... ella piensa que es como desdoblarte y darle parte de ti a la otra persona y saber que él hará igual. Eso es el amor, pero claro, muchas lágrimas fueron a parar a su mar hasta que comprendió esto.
Sara quiere cambiar el mundo, quitar lo malo y poner lo bueno. No es nada conformista, siente pena por la gente que se adapta a la vida tal y como le viene. Le gusta luchar hasta el final por lo que cree, sin importarle lo que los demás digan o hagan. A veces, incluso, inventa palabras lindas con significados dulces para impartir esa alegría interna que siente a todo aquel que se le acerque. Le encanta dar sin esperar a nada a cambio.
Sara se levanta todos los días a las 6:30 de la mañana para arreglarse e ir a clase. Cuando llega allí y se sienta en su mesa al lado de ese chico con el pelo extraño, desconecta y se pone a pensar. Últimamente sólo piensa en su Cosita, como ella le llama. Es su vida, su todo, le encanta mirar el móvil y encontrar mensajitos suyos. Le ama con los ojos cerrados y siente que estará siempre a su lado. Adora darle esos besos largos cuando no es el momento, soplarle en la oreja mientras su lengua baila por su cuello, y acariciar su espalda mientras le hace el amor. Ha descubierto lo que significa querer de verdad a otra persona, lo que es unirte a alguien en cuerpo y alma.
Sara ya sabe que no sueña, que su vida está empezando... Sara es feliz.





