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Acerca de
Marcela es una mujer llena de sueños, luchas y amor. Sus aficiones van desde leer un libro en completo silencio hasta estar al maximo en un concierto de rock. Sus gustos son muy variados que pueden ir de un extremo al otro. Ama la naturaleza y la vida en su totalidad, en todas sus manifestaciones.
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El tiempo lo dira
Era una tardes de esas rutinarias mias,
saliendo de trabajar rumbo a mi casa y
de repente suena mi celular
una simple llamada lo vino todo a cambiar
era tu voz otra vez, si tu voz
la que me puso a temblar y en un dos por tres
en ti yo me puse a pensar.....

Se que tu no me conoces en realidad
pero yo si, no te lo podria explicar ahora
no quiero que te confundas
se que vendran dudas
que por ahora existe una en vez de mi
no se por que tuvo que pasar tanto
por que tuvo que ser asi
lo que si es importante decir es que
aunque han pasado 5 años desde ese
nuestro encuentro.....por alguna razon u otra
por muy raro que sea todo esto
en mi estas, estuviste, haz estado
siento como si fuesemes un ajedrez
tu de un lado y yo del otro
atravezaremos y quitaremos todo de por medio
para llegar hasta el otro lado?
quien sera quien de el paso tu o yo?

Si es que algun dia he de tenerte frente a mi
te diria tantas cosas y te haria ver otras mil
tengo tu voz muy impregnada
y no comprendo nada bien todavia
es muy fuera de mi todo esto
siento todo un remolino de cosas
en mi mente, en mi sentir....
el tiempo lo dira .....
y lo que venga o no
hay que vivir, esta vez solo fluire
nada alterare....fluir ...fluir...fluir...
 
El Amor Como Una De Las Bellas Artes
El mundo guarda la convicción de que, entre una pareja, la pasión se acaba tarde o temprano; que la novedad será irremediablemente reemplazada por la monotonía y que, durante una gran parte de nuestra vida, en lugar de sexo excitante, tendremos añoranza, y que solo la variedad y el cambio de compañeros o compañeras pueden combatir tan desesperanzadora perspectiva.

Sin embargo, la sexualidad puede ser un eterno y cada vez renovado camino de conocimiento de nosotros mismos, de las posibilidades de nuestro cuerpo y del cuerpo del otro. El sexo puede ser una forma de alimentar nuestro espíritu y cargarnos de energía creadora. Pero, para que así suceda, debemos en primer lugar, desembarazarnos de viejas y obsoletas convicciones, y empezar a pensar, y sobre todo, a sentir, que el amor erótico, no solamente no es un pecado, sino una bendición y aun mas, es la manera más satisfactoria y autentica que tenemos de alcanzar la plenitud realizadora y la serenidad personal, cuya consecuencia más directa es elevar nuestra autoestima y experimentar emociones de carácter sublime.

La práctica erótica, como cualquier arte, no tiene más límites que los que cada persona o cada pareja quiera imponerle. Si la misma se limita a los órganos sexuales y a las llamadas zonas “erógenas”, dicha práctica sexual será forzosamente limitada. Si, en cambio, la propuesta es hacer el amor con todo lo que uno es, cuerpo, espíritu, emociones y alma, el sexo se convierte en un camino de posibilidades infinitas, personal e intransferible de cada pareja.

La convergencia del deseo de dos personas puede dar lugar a un crecimiento interminable, consiguiendo un intercambio energético y creativo que lleva a que el acoplamiento entre ambos se produzca en todos los niveles: físico, psicológico y espiritual.
Por lo demás, es esta la única garantía de que una relación amorosa, por más tiempo de vida que lleve, se mantenga fresca, joven y en constante desarrollo que siempre desea y alcanza más.

Recorrer la senda que puede iniciarnos en los secretos del amor erótico entendido como algo sagrado y de la mayor importancia para nuestro desarrollo vital, puede hacer que nos convirtamos en virtuosos en el arte de amar, pero sobre todo nos abrirá las puertas de un espacio mágico que habita en nuestro interior y al que casi nunca hemos tenido acceso.

Una vez que este espacio se conquista, no hay vuelta atrás. Solo amor, placer y plenitud para cuerpos y almas, lo que equivale a alcanzar lo que un artista de cualquier disciplina consideraría la autorrealización y el éxito personal entendido en el mejor sentido de la palabra.


DAR Y RECIBIR: UN MISMO DESEO

Todos los seres humanos deseamos recibir plenitud o luz. Cada uno de nosotros atribuimos a la plenitud o luz que deseamos alcanzar y recibir un significado que corresponde a nuestras carencias o limitaciones, pues lo que nos falta, es aquello que ansiamos recibir. Pueden ser la salud, la riqueza material o espiritual y, por supuesto, en la mayoría de los casos, es el amor. La recepción de la plenitud o luz es lo completo y es la fuerza primigenia que mueve todos los procesos de la creación.

Este deseo de recibir es lo esencial y común a todos los seres humanos, pero algunos lo encauzan a través del pensamiento y otros a través de la esfera emocional.

Hasta que no transformemos nuestro deseo de recibir en un deseo de dar, no lograremos ni entender a los otros, ni a la vida ni mucho menos conocemos el propósito para que hemos sido creados.
La belleza y la sabiduría que encierra este concepto y la distancia que del mismo tiene la actual conducta social y sentimental hacia los demás y hacia las propias emociones es sideral. Por lo que no es de extrañar que con frecuencia vivamos relaciones amorosas estériles y monótonas y que se sucedan los fracasos y las frustraciones entre las parejas.

El ser humano está animado, es decir que aparte de su cuerpo carnal, posee un alma. El alma se compone de diversos aspectos, todos los cuales deben ser atendidos por igual. Los aspectos más exteriores son los instintos, las emociones y los pensamientos que contenemos y que se inscriben en un tiempo y un espacio concretos, pudiendo sucederse, cambiar o incluso en sus opuestos, según las circunstancias. Pero hay otros aspectos de nuestra alma, que son más interiores y no están sujetos a relación temporal ni espacial ninguna. Estos son el deseo, la voluntad y el placer. Desde el punto de vista de la plenitud y más específicamente de la plenitud amorosa, lo que deseamos es aquello que satisfaga todos nuestros pensamientos, emociones y deseos, en cuerpo y alma.



NOSTALGIA DEL PARAISO PERDIDO

El significado de masculino y femenino fueron creados el día que los creó(Gen. 1:27) Cuando un ser masculino es creado, forzosamente y, al mismo tiempo, es creada su cónyuge de sexo femenino, pues ambos son parte de la misma forma y nada en las esferas superiores se crea como mitad, sino como un todo que contiene ambas partes o aspectos. El ser humano creado a semejanza divina, y siendo separados sus aspectos de varón y hembra, ve cómo estos, confrontados faz a faz, se acoplaron buscándose.

Porque todos queremos y necesitamos al que es, al mismo tiempo, nuestro polo opuesto y aquella parte de nosotros mismos que poseíamos y ya no tenemos. Por eso buscamos atraer con nuestra propia polaridad masculina o femenina al femenino o masculino que nos falta y fundirnos con él a través del amor y del sexo para volver a ser una entidad integra.

La pareja perfecta es aquella que se constituye entre las personas destinadas aquel día y que necesariamente son el uno para el otro, el cónyuge pleno. Pero para que esto ocurra, para que los miembros de esta pareja se encuentren en el propio tiempo y espacio que les toque vivir, debe mediar la condición de que se unan las esferas femenina y masculina del Árbol de la vida.

La vida en todos sus aspectos se manifiesta a través de un árbol, en el que están incluidos los planos físico-sensorial, emocional, mental y espiritual, lo que también se conoce como los Cuatro Mundos. Aunque la vida es única, sus manifestaciones varían de acuerdo a las dimensiones temporales y espaciales. El Árbol de la Vida se denomina también los 32 senderos de la sabiduría, número que alcanza por la suma de las 22 letras del alfabeto hebreo más las diez Sefiroth o envolturas que adquiere la luz que expande de la esencia del Creador. Sin estas envolturas, el alma no podría recibir la plenitud, ya que no tendría conciencia siquiera de su deseo.

Cuanto mayor es el trabajo y la voluntad de un ser humano es pos de insistir en sus deseos generosos de dar, mayor será su capacidad de recibir. Un hombre encuentra a su cónyuge femenina sin impedimento cuando es digno de ello, porque, a través de sus actos virtuosos, ha conseguido ser un justo, lo que provoca que se unan las Sefiroth femenina y masculina. Es decir, que el justo, cuando eso sucede, se hace digno de volver a experimentar la plenitud de Adán, el andrógino original del jardín edénico.

Tres vías de matrimonio o parejas posibles:

La primera es la perfecta, que es la que alcanza la unión mágica de aquella edénica primera y sus miembros disfrutan de la plenitud que esta condición conlleva. “El que halla mujer, halla el bien” (Prov.18:22) “Goza de la vida con la mujer que amas todos los días de tu vida de vanidad” (Ecles.9:9)

La segunda vía de pareja descrita es inapropiada y ocurre cuando, por un error, dos personas se unen y no estaban destinadas la una a la otra. Esta unión terminara frustrándose o acabando mal. La razón de que esto pueda ocurrir no es otra que la de emparejarse sin amor y sin generosidad, persiguiendo deseos ajenos y espureos.

La tercera es el caso de las personas que no encuentran la pareja adecuada al primer intento, lo que tan frecuente es también durante los tiempos que nos ha tocado vivir, pero que finalmente consiguen reunirse con aquellos cónyuges que les estaban destinados y que representan su alma gemela, por lo que con ellos, consiguen alcanzar la plenitud.


El amor físico es una fuerza irreversible porque el mismo está habitado y vehiculizado por nuestro espíritu. De nada sirve mortificarnos y ocultar nuestro deseo, nuestro “celo”, porque es una verdad, una fuerza autentica a la que nadie puede sustraerse.

Nos cuesta aprender que el cónyuge o la pareja es aquella persona del sexo opuesto que contiene la otra mitad que le falta a nuestra alma y que no sabemos vivir teniendo la seguridad de que dicha persona está en algún sitio y nos espera como nosotros a ella. Si somos capaces de admitirlo, tendremos un buen trecho recorrido del camino que conduce a sentirnos felices y plenamente integrados.

Tratar de no ceder a la impaciencia mientras encontramos nuestra mitad ausente, evitar emparejarnos persiguiendo fines ajenos al amor en sí mismo, es otro tramo en pos de la felicidad o de alcanzar la plenitud o la luz en el aspecto amoroso.


En busca de la media naranja

La práctica del sexo entre hombre y mujer ha sido considerada una experiencia iniciática, mística y sagrada hasta que la humanidad desecho una herencia de antigua sabiduría por poco científica, reemplazando espiritualidad por psicología, eros por biología y, en general, fragmentando en parcelas de conocimiento parcial a las personas en detrimento de un ser completo e integral, complejo y habitado tanto por su propia condición humana como por una de carácter divino, indivisibles y coexistentes en la envoltura que llamamos cuerpo.

“Cuando el hombre, en perfecta sacralidad, realiza el uno, dios esta en ese uno. ¿Y cuándo es llamado uno el hombre? Cuando hombre y mujer se unen sexualmente.”

El tema de la media naranja o la mitad del ser aparece con frecuencia y claridad en estos pensamientos: “El punto en que hombre y mujer están unidos como macho y hembra es perfecto e inmaculado, es llamado uno. Para que así sea, el hombre debe cuidar que la mujer sienta placer en ese momento para que sus voluntades estén unidas en cuerpo y alma, entonces el Santo, bendito sea, toma a ese uno por morada”.

El poder sentir y experimentar la fuerza de la energía que se genera durante el intercambio sexual es una experiencia personal imposible de ser transferida a través de un relato, pero que todos los seres humanos están en condiciones de alcanzar. No se trata de aquello que siente el cuerpo o una parte del mismo, sino de la conciencia que despierta el fenómeno sexual en cada individuo, alimentándolo y recargando cada vez su depósito original de esta energía.

La extraordinaria coincidencia de ideas en torno al concepto “media naranja” como expresión de la plenitud de la pareja, pese a los puntos de partida tan divergentes y de tantas fuentes diversas, parece resultar concluyente.

Sin embargo, es importante señalar dos cuestiones de la máxima importancia para no alejarse de la segura posibilidad de hallar la condición mágica y sagrada del amor que no tiene por qué estar vedada a nadie.

La primera de ellas es que no es preciso realizar una elección voluntaria de adscripción a ninguna concepción teórica o religiosa, convirtiéndonos en acérrimos militantes de una o de otra.

Tan respetable o deseable es pensar que hay alguien, una alma gemela que fue creada por Dios el sexto día y que nos está esperando en algún lugar, como suscribir la idea de que somos uno con alguien del sexo opuesto y que ambos podemos fluir con la energía cósmica universal, así como también que amamos a aquel hombre o mujer que es nuestro esposo o esposa predestinado por los dioses del Olimpo con la fuerza de la unión y del deseo que todo lo consigue, representados por el dios Eros.

Una serena comprensión de la complejidad del alma humana y la madurez personal debe intervenir para que, aun cuando nunca hallemos a nuestra mitad adecuada o pensemos que este concepto es solamente un ideal encumbrado por la literatura romántica, podamos construir una pareja que nos eleve por encima de la simple e higiénica cumplimentación biológica de la sexualidad y que nos satisfaga mas allá de un compañerismo en que el sexo se vea relegado al triste reino de la monotonía.

Esa es la oportunidad que debemos dar y que debemos darnos acudiendo a beber de las antiguas y sabias fuentes del sexo tantrico, del sexo y el amor vistos y vividos como una verdadera fuerza iluminadora.

Conviene hacer un ejercicio de apartar por un momento de nuestro pensamiento las ideas y modelos preconcebidos y pensar simplemente en lo que nos sugiere una pareja de hombre y mujer copulando. Están unidos por el centro de su cuerpo, en contacto cada una de las partes que componen sus respectivos cuerpos de una manera que se acopla perfecta y armónicamente. Como los gajos de una naranja que uno en contacto con el otro hacen la naranja completa, y que, si se parte por la mitad y luego se intentara unir, en contraria cada una su sitio de acoplamiento perfecto junta al trozo del que se ha desgajado.

Interesa entonces recordar que una imagen vale más que mil palabras y una pareja haciendo el amor satisfactoriamente vale más que cualquier teoría, por lo cual es válido y merece la pena ir en busca de esa copula perfecta, de cuerpo y alma. Porque si tal como opinan los creyentes de diversas religiones y tradiciones es abajo como es arriba, en la tierra como en el cielo y estar en armonía es fluir con el universo, disfrutar de hacer el amor nos sitúa en un territorio mágico y sagrado así en el espíritu como en la carne.