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Marcela es una mujer llena de sueños, luchas y amor. Sus aficiones van desde leer un libro en completo silencio hasta estar al maximo en un concierto de rock. Sus gustos son muy variados que pueden ir de un extremo al otro. Ama la naturaleza y la vida en su totalidad, en todas sus manifestaciones.
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magic love
No es más vergonzante para un hombre desear a su pareja que regalarle una flor. Lo realmente deshonesto, vergonzante y, sobre todo, enfermizo es hacer algo que no se sienta realmente, o participar de una relación sin expresar nuestros auténticos sentimientos y emociones y reprimirse en nombre de alguna extraña y obsoleta teoría que califica los amores de buenos o malos, según sean platónicos o carnales.
Hemos olvidado o dotado de falsos contenidos a muchos de los sentimientos más hermosos empobreciendo nuestras relaciones por la falsa dicotomía cuerpo-mente; sexo-amor. La moral convencional atenta contra nuestra salud física y psicológica y es la principal enemiga de la pareja y de la magia que entre ella puede alcanzarse, cuando está plenamente compenetrada en todos los sentidos.
El amor es una bendición siempre, y sus alcances son aquellos a los que la propia relación lleve, en cualquiera de las facetas o en todas las que son propias de la condición humana integral: la sensualidad, la espiritualidad, las emociones y el pensamiento.
El sexo es una fuerza potencialmente constructiva que todos tenemos dentro de nosotros, es algo fecundo que nos une a otro y que nos reúne con el universo.
El sexo sirve para conocerse y conocer a los demás y, lo más importante de todo: cada uno tiene el sexo que se merece. Si usted aprende a hacerle en su cama un espacio a la ternura, al humor, al juego y a la creatividad; si olvida la culpa, la vergüenza y no intenta superar ninguna marca ni limitar a ningún modelo impuesto, si apuesta a su máxima honradez emocional cuando practique el sexo haciendo caso de sus instintos, si dota a su proceder sexual de imaginación y respeta y permite que sus compañeros sexuales ejerzan igualmente estas artes y apuesten y jueguen con estas mismas reglas, usted estará instrumentando la mejor de las posibilidades que el sexo tiene y promete, la que lo llevara al éxtasis como si de una fuerza mágica se tratara.
Porque, a esta altura, debe conocer el gran secreto para que esto ocurra: El mago o la maga que ofician la ceremonia sexual son ustedes, los amantes.
Seguimos teniendo problemas de comunicación en la intimidad de nuestras relaciones y, por supuesto, estamos lejos de disfrutar de un sexo natural y tan placentero que nos permita una proyección de energía que nos haga sentir que latimos al ritmo de la energía cósmica y que nuestro pulso puede ser uno con el universo todo.
Sin embargo, el sexo sublime y mágico puede ser una realidad, si somos capaces de ser lo suficientemente sabios para aceptar una premisa fundamental: que somos un todo integrado de cuerpo y alma, de sexo y espíritu, y que no hay uno sin el otro, que ninguno sobra a la hora de buscar nuestra felicidad, como no sobra nada en el orden magnifico del universo que nos alberga junto a todas las demás criaturas.
La vitalidad de nuestra pulsión sexual, es el motor de inspiración de nuestra creatividad, y la apertura de ideas que es posible alcanzar a través de una vida sexual satisfactoria y plena puede ampliar nuestros niveles de sabiduría y expandir nuestros niveles de conciencia. A través de las relaciones amorosas es posible iniciar la marcha por un camino, en el cual la energía sexual nutre el espíritu y el espíritu así enriquecido alimenta el amor físico hasta llegar a la meta de convertir nuestra experiencia sexual en algo de dimensión sagrada y mágica.
Este tipo de experiencia es el único antídoto para superar los problemas sexuales que se le presentan a la pareja de hoy: miedos, traumas, falta de comunicación, desconfianza, inseguridad, aparición de la rutina, apatía y, por último, desaparición del sexo y empobrecimiento general de la creatividad y la actitud vital.
Lo que enciende la chispa para ponernos en marcha hacia una sexualidad plena y un amor trascendente es darle a nuestro papel de amante y al amor la importancia que se merecen. Debemos incorporar a nuestra vía una correcta educación sexual y, si la que tenemos es equivocada, solucionar los fallos o errores; debemos también cargarnos de energía positiva y de confianza para triunfar en la empresa más valiosa en la que podemos embarcarnos a nivel personal, y sobre todo, combatir los sentimientos negativos que conducen a la frustración, con imaginación y creatividad.
Así como debemos deshacernos de las viejas convicciones erróneas en materia de ideas acerca del sexo, debemos abandonar también los hábitos sexuales de rutina que han empobrecido nuestro concepto del amor. El primer paso es aprender a amarnos a nosotros mismos, una tarea difícil, pero decisiva.
Mantener relaciones sexuales no es simplemente aceptar la realización de un acto biológico, de procreación o de búsqueda de placer individual, sino también un acto de máximo amor. Dotar a este acto de lo mejor de nuestra energía y de un alto nivel de espiritualidad e intensidad solo es posible si reconocemos antes nuestra energía interior, nuestra propia riqueza espiritual. Si en nuestro corazón o en nuestra mente habita la culpa o la vergüenza, ¿Cómo vamos a ser capaces de compartir un espacio de amor con otra persona? Si no amamos nuestro cuerpo y nuestro espíritu, ¿Cómo podemos esperar que nuestro amante lo haga?
El primer problema que se nos presenta es de tipo estético. Nos han educado de acuerdo a criterios y modelos acerca de una presunta y deseable perfección física, equiparando la belleza a la capacidad de conseguir éxito y satisfacción sexual.
Lo único cierto y profundo es que ni nos aman por nuestro aspecto físico, sino porque cada ser humano contiene chispas de la energía divina y cósmica. Cada ser humano tiene una ilimitada capacidad de dar y de recibir amor, que es la manera positiva de encontrarnos y no, como algunos viven el amor, de “enfrentarnos” con nuestro amante.
¿Alguien puede imaginar a Eva apagando la luz para que Adán no advierta si tiene estrías o el pecho algo caído? ¿O imaginar a un dios hindú poderosos como Shiva deteniéndose a pensar que se está quedando calvo? ¿Quizás incluso imaginar a un sabio taoísta recomendando a un amante que se prive nutrirse del “néctar de la luna” del yoni de su compañera porque su “martillo de jade” no está en condiciones optimas de erección?
Proponerse hacer el amor con la festiva inocencia edénica, con la energía amorosa de una divinidad y con la sabiduría de un maestro taoísta no es algo que quede fuera del alcance de ningún amante. Solo hay que desearlo y confiar en uno mismo, porque nuestros amantes nos aman tal como somos y nosotros a ellos igualmente. Como amantes, lo que importa es que haya amor entre uno y otro y el propósito de estar juntos en íntima unión sagrada.
Hay que aprender a quedarse a solas con el amante en el momento de la vida en que se esta: aquí y ahora y pensar que los que están dispuestos a uno acto sexual son dos personas cargadas de amor y de energía positiva: nada más y nada menos.
Cada persona es la única responsable de su sexualidad y de su energía sexual y cada pareja lo es de la sexualidad a dos. Hay que aceptarse y aceptar la sexualidad propia porque eso es lo que hay y lo que se tiene para ofrecer a los amantes y, lo más importante, hay que aceptar que es eso también lo que ellos aman en nosotros.
La armonía y el equilibrio de una pareja depende y comienza en la armonía y el equilibrio de cada uno de los amantes. De acuerdo a los principios de la sexualidad tantrica, las relaciones entre amantes deben servir para aumentar y mejorar la energía de cada uno, para ir expandiéndola armónicamente y que la de ambos amantes al unísono se funda con el cosmos y lo divino.
La energía que reside en nuestro interior es tanto yin (femenina) como yang (masculina), esto es así tanto para los hombres como para las mujeres. Cuando entre ambas hay armonía, nos hallamos en una situación optima de equilibrio físico y espiritual.
Un amor perfecto solo es posible si nace de una concordia tanto espiritual como física que únicamente se puede alcanzar y materializar en la pareja. De manera que lo que se inicia cuando se produce una atracción irá creciendo hasta arribar al éxtasis con la práctica sexual y el conocimiento cada vez mayor del amante. El amor en su expresión sexual es algo que se debe cuidar y alimentar, es algo vivo que hay que nutrir y, es un fuego sagrado al que tenemos que custodiar para que no se extinga.
La primera pauta para reconocer la importancia de la energía que se intercambia, se genera y se enriquece, depende de la intensidad en la comunicación de cada pareja y no debe tener límites ni cortapisas. Disponerse a tener una buena comunicación con la pareja es algo que debe hacerse abandonando actitudes y pensamientos que incluyan juicios previos o preconceptos.
La sexualidad, así como la espiritualidad de una persona, son extremadamente delicadas y vulnerables, pero no admiten juicios de valor o morales, tales como bueno o malo.
La comunicación entre amantes puede ser hablada, escrita o expresada en cualquier lenguaje, lo importante es que tenga lugar.