CUANDO LAS PERSONAS MERECEN LA PENA.
En situación de excesiva alegría,o de máximo estress es cuando los que están cerca de nuestro corazón y de nuestras vidas, salen a la luz.
Mientras la rutina explora nuestro universo, cada cual tiene que estar en su casa, con su vida, su trabajo, y sus problemas menores, pero cuando surgen contratiempos es cuando realmente sabemos, quienes si, quienes no, quienes quieren y quienes odian.
Recuerdo hace ahora en marzo, dos años, que tuvimos pendiente de un hilo, la vida de una de las personas mas importantes en mi vida, mi amiga, mi conciencia, mi maestra y mi casi madre, tendida en una UVI, rota, deformada, pendiente de un respirador y un bip, bip, que transformó en pequeños todos los anteriores momentos duros vividos, ni la separación y divorcio, ni el trozo de pulmón regalado a la ciencia, ni nada de nada del mundo, me desgarró tanto como ver a mi Marta del alma luchar por su vida. La locura me invadió, la rabia contenida de años, realmente me dolia tanto tanto el corazón, que pensé morir, aquellas interminables tardes de media hora de visita, todo fué como la gran pesadilla de mi vida. Pero hoy, que está viva, a mi lado, más lúcida y tremenda que nunca, regalando glamour y saber estar a todos los que la rodean, generosa, grande, humana, buena, bella, solidaria, pienso el gran regalo que nos ha hecho la vida. En primer lugar durante aquel mes infinito y nevado Marzo, pude ver y palpar, el gran amor que le profesa su marido, esa unión indestructible, esa pasión que emanaba de cada roce o mirada, esa mitad que se pierde si su resto se va, pude palpar, por que el amor se palpa, que se aman, más allá de lo que muchos puedan entender, ambos se admiran de tal manera que sólo respirar les hace comunicarse, sin palabras. Estoy orgullosa de vivir cerca de ese gran amor. En segundo lugar aprendí una gran lección de entereza, me transmitieron la tranquilidad de tomar las decisiones con la cabeza, ni excedencias ni vacaciones adelantadas, cada cual en sus trabajos, personal para ayudar, y cuando te necesite te llamo, y como grandes amigos, por supuesto que me llamaban cuando me necesitaban. Es decir que en lugar de demostrar yo mi gran amor por ellos ( que lo tengo ) ellos me demostraron su amor a mi, impidiendo a toda costa que mi vida cambiará más allá de lo imprescindible de los primeros dias.
Voy a cumplir en un año los cuarenta, y Marta e Ignacio, siguen dándome lecciones, a ver si algún dia maduro lo suficiente, para ser yo el ejemplo y la ayuda de alguien, aunque soy de las que pienso que con eso se nace. Soy suficientemente madura para afrontar todo lo que me ha venido y plantarle cara, reirme de mis propias desgracias, pero repito, que ni las enfermedades, de los mios, ni las mias, me han enseñado tanto tanto, como ver a mi Marta postrada dando ordenes y organizándonos, para que nadie, interrumpiera su vida.
Preciosa es la amistad de cena, salidas, comidas, risas. Pero más grande es en los corazones, la amistad que está ahí sin todos esos adornos. Para reirte siempre encuentras a alguien.
Marta, Ignacio, perteneceis a mi vida, como yo me pertenezco a mi misma. Gracias infinitas y eternas.
Covy Muñiz
Mientras la rutina explora nuestro universo, cada cual tiene que estar en su casa, con su vida, su trabajo, y sus problemas menores, pero cuando surgen contratiempos es cuando realmente sabemos, quienes si, quienes no, quienes quieren y quienes odian.
Recuerdo hace ahora en marzo, dos años, que tuvimos pendiente de un hilo, la vida de una de las personas mas importantes en mi vida, mi amiga, mi conciencia, mi maestra y mi casi madre, tendida en una UVI, rota, deformada, pendiente de un respirador y un bip, bip, que transformó en pequeños todos los anteriores momentos duros vividos, ni la separación y divorcio, ni el trozo de pulmón regalado a la ciencia, ni nada de nada del mundo, me desgarró tanto como ver a mi Marta del alma luchar por su vida. La locura me invadió, la rabia contenida de años, realmente me dolia tanto tanto el corazón, que pensé morir, aquellas interminables tardes de media hora de visita, todo fué como la gran pesadilla de mi vida. Pero hoy, que está viva, a mi lado, más lúcida y tremenda que nunca, regalando glamour y saber estar a todos los que la rodean, generosa, grande, humana, buena, bella, solidaria, pienso el gran regalo que nos ha hecho la vida. En primer lugar durante aquel mes infinito y nevado Marzo, pude ver y palpar, el gran amor que le profesa su marido, esa unión indestructible, esa pasión que emanaba de cada roce o mirada, esa mitad que se pierde si su resto se va, pude palpar, por que el amor se palpa, que se aman, más allá de lo que muchos puedan entender, ambos se admiran de tal manera que sólo respirar les hace comunicarse, sin palabras. Estoy orgullosa de vivir cerca de ese gran amor. En segundo lugar aprendí una gran lección de entereza, me transmitieron la tranquilidad de tomar las decisiones con la cabeza, ni excedencias ni vacaciones adelantadas, cada cual en sus trabajos, personal para ayudar, y cuando te necesite te llamo, y como grandes amigos, por supuesto que me llamaban cuando me necesitaban. Es decir que en lugar de demostrar yo mi gran amor por ellos ( que lo tengo ) ellos me demostraron su amor a mi, impidiendo a toda costa que mi vida cambiará más allá de lo imprescindible de los primeros dias.
Voy a cumplir en un año los cuarenta, y Marta e Ignacio, siguen dándome lecciones, a ver si algún dia maduro lo suficiente, para ser yo el ejemplo y la ayuda de alguien, aunque soy de las que pienso que con eso se nace. Soy suficientemente madura para afrontar todo lo que me ha venido y plantarle cara, reirme de mis propias desgracias, pero repito, que ni las enfermedades, de los mios, ni las mias, me han enseñado tanto tanto, como ver a mi Marta postrada dando ordenes y organizándonos, para que nadie, interrumpiera su vida.
Preciosa es la amistad de cena, salidas, comidas, risas. Pero más grande es en los corazones, la amistad que está ahí sin todos esos adornos. Para reirte siempre encuentras a alguien.
Marta, Ignacio, perteneceis a mi vida, como yo me pertenezco a mi misma. Gracias infinitas y eternas.
Covy Muñiz





