El cromosoma X

Al ser humano primero lo intentó explicar la Religión, luego la Psicología, ahora lo va a explicar la Genética. Tengo un amigo bioquímico que dice que el amor es una suma de reacciones hormonales. Y el subconsciente. Y el carisma. Y la depresión.
Un artículo publicado hoy en Nature revela que las mujeres somos genéticamente más complejas que los hombres. Que el segundo cromosoma X, el femenino, codifica 1000 genes mientras que el pequeño cromosoma Y solo codifica una centena. (No se sabe si el cromosoma Y vasco también cumple esas condiciones).
Revirtiendo el machismo y retomando el fascismo, creo que llegó la hora indiscutible del dominio femenino, dada nuestra superioridad genética. No se diga más.
Otra razón
"En este asunto de la intervención pública de los intelectuales, como en tantas otras cosas, a los cubanos nos toca enfrentarnos a las inclemencias del "destiempo". Como tú bien dices, desde el machadato se percibe una tendencia a la inhibición política de los intelectuales. Esa tendencia se manifiesta, por ejemplo, en Orígenes encubierta bajo el empeño lezamiano de una "política secreta"; luego encarna con fuerza en la altivez cosmopolita de Ciclón y, finalmente, en la generación del 50, que trocó bruscamente su nihilismo en una adhesión fanática al régimen revolucionario.
Desde entonces, las tres o cuatro generaciones intelectuales de la Revolución han debido camuflar sus políticas bajo retóricas estéticas o, sencillamente, marginarse en la disidencia o el exilio.
Ahora bien, la disminución del perfil público del intelectual es un fenómeno mundial, que se experimenta, sobre todo, en las dos últimas décadas del siglo XX como consecuencia de la crisis de la representación cultural moderna. En Francia, por ejemplo, ese agotamiento lo personificó, primero, Michel Foucault en su crítica a Sartre y luego los postmodernos (Lyotard, Baudrillard, Derrida...) en sus críticas a Foucault. En México, se produce un cambio de roles muy similar entre el intelectual moderno, tipo Paz, que le habla a la nación y los intelectuales postmodernos, tipo Monsiváis, Bartra o Sheridan, cuyos interlocutores son sujetos menores o fragmentarios.
Por eso hablo de las "inclemencias del destiempo". En Cuba, la transición a la democracia se dará en un momento de desilusión del intelectual público moderno, en el que los escritores, académicos y artistas no sólo están hartos de la política y el civismo, sino que, como sus colegas de cualquier lugar del mundo, desconfían de los discursos infatuados y redentores. ¿Cómo propiciar un regreso, aunque sea tenue, de lo cívico, sin la figura del intelectual público que, desde Cicerón hasta Habermass, ha animado las principales empresas pedagógicas de Occidente? No lo sé. A veces pienso, con horror, que esa es sólo una preocupación arcaica, de alguien aferrado a la modernidad, incapaz de vislumbrar la ingeniería política del siglo XXI sin los arquetipos civiles del siglo XIX."
Rafael Rojas en entrevista para Encuentro en la Red.
URL: http://arch.cubaencuentro.com/encuba/2001/01/19/807.html
Desde entonces, las tres o cuatro generaciones intelectuales de la Revolución han debido camuflar sus políticas bajo retóricas estéticas o, sencillamente, marginarse en la disidencia o el exilio.
Ahora bien, la disminución del perfil público del intelectual es un fenómeno mundial, que se experimenta, sobre todo, en las dos últimas décadas del siglo XX como consecuencia de la crisis de la representación cultural moderna. En Francia, por ejemplo, ese agotamiento lo personificó, primero, Michel Foucault en su crítica a Sartre y luego los postmodernos (Lyotard, Baudrillard, Derrida...) en sus críticas a Foucault. En México, se produce un cambio de roles muy similar entre el intelectual moderno, tipo Paz, que le habla a la nación y los intelectuales postmodernos, tipo Monsiváis, Bartra o Sheridan, cuyos interlocutores son sujetos menores o fragmentarios.
Por eso hablo de las "inclemencias del destiempo". En Cuba, la transición a la democracia se dará en un momento de desilusión del intelectual público moderno, en el que los escritores, académicos y artistas no sólo están hartos de la política y el civismo, sino que, como sus colegas de cualquier lugar del mundo, desconfían de los discursos infatuados y redentores. ¿Cómo propiciar un regreso, aunque sea tenue, de lo cívico, sin la figura del intelectual público que, desde Cicerón hasta Habermass, ha animado las principales empresas pedagógicas de Occidente? No lo sé. A veces pienso, con horror, que esa es sólo una preocupación arcaica, de alguien aferrado a la modernidad, incapaz de vislumbrar la ingeniería política del siglo XXI sin los arquetipos civiles del siglo XIX."
Rafael Rojas en entrevista para Encuentro en la Red.
URL: http://arch.cubaencuentro.com/encuba/2001/01/19/807.html
Por qué no escribo sobre Cuba
Nunca me he manifestado públicamente sobre el tema Cuba. De hecho ahora tampoco lo hago, puesto que mi nombre real no aparece en esta página, aunque a quien quiera no le será dificil averiguarlo, pistas hay suficientes. De hecho, casi ninguno de mis colegas que estudiaron Periodismo en la Universidad de La Habana en los 90 se ocupa políticamente del tema cubano: los pocos que escriben, lo hacen de arte o de literatura. Nuestros nombres, salvo raras excepciones, no aparecen en las publicaciones del exilio que se ocupan de los temas políticos cubanos.
A veces me ha dado vergüenza esta sequía intelectual de mi generación, que no creo que sea por falta de talento. No voy a analizar las razones de mis compañeros, pero sí me apetece detenerme ahora en intentar reconocer ante mí misma por qué no escribo sobre Cuba:
1- En primer lugar, porque no escribo tampoco de ninguna otra cosa: salvo algún artículo científico de comunicación, no ejerzo el periodismo. El reporterismo no me gusta mucho, pero sí la opinión, y pudiera perfectamente compaginarla con la docencia. Solo tengo para ello dos opciones: los temas de actualidad en los periódicos canarios, o los temas cubanos en las publicaciones cubanas del exilio. En la primera opción he pensado varias veces, pero veo las páginas de opinión de los periódicos tinerfeños tan saturadas de columnas sin ningún interés, que no quisiera perderme en esa barahúnda (o quizás esto solo sea un pretexto ante mí misma, y las verdaderas razones sean las que siguen). Para la segunda opción, las razones sí son sin dudas las siguientes.
2- El miedo: Tengo a toda mi familia en Cuba, mis padres, abuela, hermanos, sobrinos... Quiero visitarlos cada vez que quiera, y que ellos me visiten, quiero mantener relaciones normales con ellos, a pesar de la dictadura y a pesar de todo. Primero está mi familia y luego la política. Será una postura cobarde, pero no quiero destacarme como periodista del exilio (si es que llegara a merecer tal calificativo) y que luego tomen represalias contra mi familia, o me prohiban visitarles, o me asedien y humillen cada vez que viaje si me permiten hacerlo, como le han hecho a algunos amigos y conocidos. Admiro sinceramente a quienes se arriesgan a todo eso por defender sus ideas, a quienes deciden no volver nunca a Cuba, a quienes rompen con todo y son verdaderamente libres. Yo no lo soy. Las garras del dictador me siguen alcanzando mientras mi familia viva allí.
3- Pensar en otra cosa: Me fui de Cuba, entre otras razones, porque quería poder no pensar en la política. Hablar de otros temas, olvidarme de Fidel Castro por un rato. Parece que los cubanos solo podamos hablar del "tema". La excesiva politización permea la vida de los cubanos en Cuba, y también de buena parte del exilio, sobre todo en Miami. Y de todos lo extranjeros que se interesan en el "tema". Yo, ahora mismo. Evidentemente no puedo ignorar el problema cubano, sale constantemente en todas las reuniones, nos toca por todas partes. Por otra parte, hablar de Cuba (de cualquier aspecto: de la comida, de la literatura o del ballet) es siempre política. Evadir la política es política. Y además política dura, extremista, emocional, donde no se admiten las medias tintas, los matices.
4- El temor a no aportar nada nuevo: el debate sobre Cuba está lejos de estar saturado, bajo mi punto de vista. Creo que hay muchas cosas que decir. Hasta ahora ha sido bastante maniqueo, y lo seguirá siendo mientras la implicación vital y emocional sea tan alta por todas las partes. Hay dos públicos-objetivo distintos que merecen leer más y mejores análisis: uno, los propios cubanos (sobre todo del exilio que son los que tienen más acceso a la información) a los que habría que ofrecer análisis más racionales, equilibrados, cosa que hace ahora poca gente, entre ellos cabe destacar la labor ensayística de Rafael Rojas. Pero también está toda esa gente europea que simpatiza con el tema Cuba, que va allí de vacaciones y cree saberlo todo, que le gusta la música salsa o que se aferra al modelo cubano para seguir sustentando sus sueños que se niegan a derrumbarse. Es asombrosa la ignorancia real que toda esa gente tiene sobre el tema Cuba. Llena de tópicos. ¿Saben mucha de esa gente que dice que la "educación en Cuba es muy buena" como se vive en una "escuela en el campo", por poner un solo ejemplo? Sin embargo, a pesar de que soy conciente de la carencia de esos análisis, no me atrevo a escribir. Será por la razón número 5.
5- ¿Falta de talento? ¿Pereza?
Las fotos de Moratinos

El otro día una buena amiga me preguntó por qué yo era la única cubana que ella conocía que simpatiza con el PSOE. No solo simpatizo, sino que le voto (y no bajo el shock conmocional del 11M, claro, jeje). Y además lo digo.
Le respondí que la mayoría de los cubanos, por saturación, por la ley del péndulo, se alejaban hacia el otro extremo del que les había castigado. Me parece lógico además. Sin embargo, evidentemente no soy la única cubana que se confiesa de centro izquierda, y espero que cuando Cuba sea una democracia sana y madura (¡sí! ¡espero que lo sea algún día!) haya espacio para todas las ideas y proyectos, como sería normal.
Sin embargo, a pesar de eso, a pesar de mi regocijo por las medidas sociales que ha tomado el PSOE este último año, no dejan de parecerme desacertadas, y a veces hasta penosas, las fotos de Moratinos.
La izquierda europea no acaba de entender que su compromiso hoy tiene que ser con la izquierda democrática, y que se puede ser de izquierdas y a la vez abominar de las dictaduras de Fidel Castro y de su caricatura Hugo Chávez. (Esta postura, minoritaria e incompresible para muchos, es la que yo me afano en defender: se puede ser de izquierdas y repudiar a las dictaduras comunistas, es más: se DEBE. Lástima que ni las izquierdas acomplejadas de Occidente ni algunos derechosos ignorantes puedan comprenderlo).
A principios de los 90, Fidel puso de Ministro de Exteriores a un pinareño carismático que iba por el mundo exhibiendo camisetas en lugar de corbatas. En el momento en que todos los países comunistas caían, Fidel necesitaba una nueva cara, una imagen simpática que sugiriera que él era diferente. Pero al final fue demasiado carismático, demasiado simpático, demasiado abierto tal vez. Ahora Roberto Robaina, "Robertico", dirige el habanero Parque Almendares.
En su lugar, aparece un perro boxer que ahora viene a España a invitar al Rey a visitar Cuba, a pedir que se normalicen las relaciones europeas con La Habana, a que vayan allí a revalidar con su presencia el nuevo "resurgimiento". Fidel está de nuevo radiante y optimista, porque vende a 150 pesos (el salario de un mes de un obrero) una olla arrocera por familia.
Miss Europa
Miss Europa es Miss Alemania, o al revés, pero eso no es lo que importa. Lo que importa es que Miss Europa no es una rubia teutona estilo Claudia Schifer, sino que es morenaza, y se llama Shermine, y es de origen iraní.
Es verdad que en los concursos de belleza, pura plasta comercial, ultimamente están de moda las morenas que son más exóticas, más "alternativas". El jurado dijo con cursilería que Shermine representa "la belleza, la elegancia y la fraternidad europea". Pero aún después de todo eso, queda indudablemente el peso simbólico de que la "nueva Europa" esté representada por una mujer de origen musulmán, que no usa shador sino que posa en biquini, que habla cuatro idiomas y que vive en Berlín.
Faltaría que en lugar de Misses fueran ministras.

Es verdad que en los concursos de belleza, pura plasta comercial, ultimamente están de moda las morenas que son más exóticas, más "alternativas". El jurado dijo con cursilería que Shermine representa "la belleza, la elegancia y la fraternidad europea". Pero aún después de todo eso, queda indudablemente el peso simbólico de que la "nueva Europa" esté representada por una mujer de origen musulmán, que no usa shador sino que posa en biquini, que habla cuatro idiomas y que vive en Berlín.
Faltaría que en lugar de Misses fueran ministras.
