Un baño de espuma en el adriático...
No, no he ido a comer al Bulli. Qué más quisiera. Pero leo al cocinero Abraham García y me ha hecho reír mucho. Dice en su libro Abraham Boca: "tengo un amigo converso que va una vez al año a darse un baño de espuma en el Adriático..." jajajaja.
Ferrán Adriá no es que sea el mejor cocinero del mundo. Simplemente sea quizás el mejor representante de una tendencia de actualidad: la cocina-tecnología-diseño-marketing.
El éxito de Adriá radica en que sido el que mejor ha sabido llevar a la cocina las grandes bazas del desarrollo moderno: la investigación científica (sus platos son el resultado de meses de investigación y del uso de tecnologías avanzadas); la mezcla de disciplinas (no solo es un cocinero sino que se trae a su cocina-laboratorio los avances químicos y técnicos de otras disciplinas); el diseño artístico (en sus platos se le da importancia también a la armonía de colores, sabores, texturas, temperaturas...) y una gran dosis de marketing (solo tienes que entrar a su página web para que te quedes boquiabierto con el gran emporio que se ha montado).
La comida de Adriá más que comida es un símbolo de la vida moderna, un gran "performance", un espectáculo o show donde se ponen en juego todos los sentidos y donde se paga, efectivamente, una barbaridad, pero no por comer: se paga por la MARCA, se paga por el ESPECTACULO, se paga por la NOVEDAD, se paga por la INNOVACIÓN. ¿O es que cuando pagas 100 euros por unas zapatillas NIKE estás pagando solo lo que cuestan verdaderamente unas zapatillas? Lo que pagas cuando vas a comer al Bulli es, además del gasto en investigación, además del lujo y las materias primas, pagas la creatividad y el diseño, el valor añadido, el símbolo, la sorpresa, el sueño.
Si en la Sociedad de la información todo tiende hacia lo intangible, la comida de Adriá también tiende a la nada: al diseño, al aire, a la espuma, a "falsos chicharrones sobre burbujas de zanahoria". Y curiosamente, esa NO-COMIDA es más cara que cualquier comida imaginable, como los bienes intangibles hoy son más caros que las materias primas.
Eso no significa que sea despreciable. Comparar la cocina de Adriá con la cocina de la abuela, es un error. No son comparables. Es como comparar un espectáculo de Madonna con un baile folclórico, o un traje de Armani con unas pantuflas tejidas por la abuela. O preguntarse si es ropa lo que se ve en los desfiles de moda. ¿Quién es mejor? Cada uno es bueno en lo suyo. Cada uno tiene su sabor y su momento.
Ferrán Adriá no es que sea el mejor cocinero del mundo. Simplemente sea quizás el mejor representante de una tendencia de actualidad: la cocina-tecnología-diseño-marketing.
El éxito de Adriá radica en que sido el que mejor ha sabido llevar a la cocina las grandes bazas del desarrollo moderno: la investigación científica (sus platos son el resultado de meses de investigación y del uso de tecnologías avanzadas); la mezcla de disciplinas (no solo es un cocinero sino que se trae a su cocina-laboratorio los avances químicos y técnicos de otras disciplinas); el diseño artístico (en sus platos se le da importancia también a la armonía de colores, sabores, texturas, temperaturas...) y una gran dosis de marketing (solo tienes que entrar a su página web para que te quedes boquiabierto con el gran emporio que se ha montado).
La comida de Adriá más que comida es un símbolo de la vida moderna, un gran "performance", un espectáculo o show donde se ponen en juego todos los sentidos y donde se paga, efectivamente, una barbaridad, pero no por comer: se paga por la MARCA, se paga por el ESPECTACULO, se paga por la NOVEDAD, se paga por la INNOVACIÓN. ¿O es que cuando pagas 100 euros por unas zapatillas NIKE estás pagando solo lo que cuestan verdaderamente unas zapatillas? Lo que pagas cuando vas a comer al Bulli es, además del gasto en investigación, además del lujo y las materias primas, pagas la creatividad y el diseño, el valor añadido, el símbolo, la sorpresa, el sueño.
Si en la Sociedad de la información todo tiende hacia lo intangible, la comida de Adriá también tiende a la nada: al diseño, al aire, a la espuma, a "falsos chicharrones sobre burbujas de zanahoria". Y curiosamente, esa NO-COMIDA es más cara que cualquier comida imaginable, como los bienes intangibles hoy son más caros que las materias primas.
Eso no significa que sea despreciable. Comparar la cocina de Adriá con la cocina de la abuela, es un error. No son comparables. Es como comparar un espectáculo de Madonna con un baile folclórico, o un traje de Armani con unas pantuflas tejidas por la abuela. O preguntarse si es ropa lo que se ve en los desfiles de moda. ¿Quién es mejor? Cada uno es bueno en lo suyo. Cada uno tiene su sabor y su momento.