La maternidad: moda para mujeres ricas.
En los países pobres (la mayoría de ellos) las mujeres siguen teniendo muchos hijos porque no tienen medios para evitarlos. Es norma demográfica que las familias pobres se llenen de hijos que no pueden alimentar, porque no tienen acceso a la cultura, ni a la píldora anticonceptiva, ni tienen limitaciones para practicar el sexo tanto como quieran, a veces ni siquiera saben que los hijos son la consecuencia natural del coito.... Eso ocurre aún, entre el 60% de la población mundial.
Sin embargo, en los países ricos, a partir de los años 70, la incorporación masiva de la mujer al trabajo, el aumento del nivel cultural, la democratización de los métodos anticonceptivos, hicieron disminuir progresivamente los índices de natalidad hasta niveles preocupantes. Las mujeres empezaron a salir de la universidad y a querer hacer una exitosa carrera profesional; a competir en el mundo hasta entonces masculino de la rentabilidad y el ascenso; empezaron a no encontrar tiempo ni parejas adecuadas para tener hijos; empezaron a querer cuidar su cuerpo, mantenerse delgadas y eternamente jóvenes; a prolongar cada vez más la hora de la maternidad para luego encontrarse con problemas de fertilidad; a querer encontrar espacios para sí mismas; y lo más importante, empezaron a reivindicar su derecho a no ser consideradas animales reproductivos.
Sin embargo, en los comienzos del siglo XXI las tendencias parecen estar cambiando. Es sabido que siempre se pone de moda aquello que solo las clases altas pueden alcanzar. Si en los tiempos de Rembrandt la belleza era encarnada en cuerpos blancos y rollizos, era sencillamente porque la mayoría de la gente eran famélicos y trabajaban al sol. Solo los aristócratas podían mantener sus pieles impolutas y alimentarse debidamente hasta rellenar sus carnes. La belleza es lo escaso. O lo difícil de obtener, o lo que, por eso mismo, se alcanza solo con dinero. Ahora el canon es estar delgado y moreno porque solo los triunfadores pueden pagarse los gimnasios, los entrenadores personales, los deportes al aire libre, las vacaciones en yate, las caras dietas ecológicas e integrales... Lo mismo pasa con la maternidad.
La mayoría de las mujeres trabajadoras hoy siguen prolongando su espera para tener un hijo, o tienen como mucho uno solo, porque sus precarios contratos laborales peligran si se quedan embarazadas, porque sus salarios siguen siendo menores que los de los hombres, porque las ayudas para familias numerosas son escasas o inexistentes, porque soportan la doble carga del trabajo externo y el doméstico, porque la maternidad limita la libertad personal para salir, para viajar, etc, etc, etc.
Sin embargo, las “mujeres de éxito”, las que pueden pagar sirvientas, clínicas y marcas de lujo sin problemas; las que presumen de volver a sus medidas de 90-60-90 un mes después del parto; las que pueden seguir viajando con sus niñeras o siempre tienen quien le cuide a sus hijos sin que eso perjudique su vida laboral o social; ésas, estan empezando a tener tres o cuatro hijos, a presumir de madrazas, a lucir barrigas en las portadas de las revistas, a hacerle caso a sus instintos naturales, ¡a “descubrir” que los sentimientos de la maternidad son los más maravillosos del mundo! ¡Cuanta sensibilidad, ternura y naturalidad!
Resulta que ahora Catherine Zeta-Jones, Victoria Beckham, Julia Roberts, Claudia Schiffer, la princesa Estefanía de Mónaco o la infanta Cristina de España (o la gran Demi Moore, predecesora de todas ellas) son las principales promotoras de la maternidad. A seguirlas, chicas. Ellas siempre saben lo que hacen.

Sin embargo, en los países ricos, a partir de los años 70, la incorporación masiva de la mujer al trabajo, el aumento del nivel cultural, la democratización de los métodos anticonceptivos, hicieron disminuir progresivamente los índices de natalidad hasta niveles preocupantes. Las mujeres empezaron a salir de la universidad y a querer hacer una exitosa carrera profesional; a competir en el mundo hasta entonces masculino de la rentabilidad y el ascenso; empezaron a no encontrar tiempo ni parejas adecuadas para tener hijos; empezaron a querer cuidar su cuerpo, mantenerse delgadas y eternamente jóvenes; a prolongar cada vez más la hora de la maternidad para luego encontrarse con problemas de fertilidad; a querer encontrar espacios para sí mismas; y lo más importante, empezaron a reivindicar su derecho a no ser consideradas animales reproductivos.
Sin embargo, en los comienzos del siglo XXI las tendencias parecen estar cambiando. Es sabido que siempre se pone de moda aquello que solo las clases altas pueden alcanzar. Si en los tiempos de Rembrandt la belleza era encarnada en cuerpos blancos y rollizos, era sencillamente porque la mayoría de la gente eran famélicos y trabajaban al sol. Solo los aristócratas podían mantener sus pieles impolutas y alimentarse debidamente hasta rellenar sus carnes. La belleza es lo escaso. O lo difícil de obtener, o lo que, por eso mismo, se alcanza solo con dinero. Ahora el canon es estar delgado y moreno porque solo los triunfadores pueden pagarse los gimnasios, los entrenadores personales, los deportes al aire libre, las vacaciones en yate, las caras dietas ecológicas e integrales... Lo mismo pasa con la maternidad.
La mayoría de las mujeres trabajadoras hoy siguen prolongando su espera para tener un hijo, o tienen como mucho uno solo, porque sus precarios contratos laborales peligran si se quedan embarazadas, porque sus salarios siguen siendo menores que los de los hombres, porque las ayudas para familias numerosas son escasas o inexistentes, porque soportan la doble carga del trabajo externo y el doméstico, porque la maternidad limita la libertad personal para salir, para viajar, etc, etc, etc.
Sin embargo, las “mujeres de éxito”, las que pueden pagar sirvientas, clínicas y marcas de lujo sin problemas; las que presumen de volver a sus medidas de 90-60-90 un mes después del parto; las que pueden seguir viajando con sus niñeras o siempre tienen quien le cuide a sus hijos sin que eso perjudique su vida laboral o social; ésas, estan empezando a tener tres o cuatro hijos, a presumir de madrazas, a lucir barrigas en las portadas de las revistas, a hacerle caso a sus instintos naturales, ¡a “descubrir” que los sentimientos de la maternidad son los más maravillosos del mundo! ¡Cuanta sensibilidad, ternura y naturalidad!
Resulta que ahora Catherine Zeta-Jones, Victoria Beckham, Julia Roberts, Claudia Schiffer, la princesa Estefanía de Mónaco o la infanta Cristina de España (o la gran Demi Moore, predecesora de todas ellas) son las principales promotoras de la maternidad. A seguirlas, chicas. Ellas siempre saben lo que hacen.

Comentario:
Felizmente las mujeres de hoy no solo se dedican a tener hijos,ello es un acto de mucho amor y responsabilidad, no una moda,por Dios!!!lo que hagan estas doñas me tiene sin cuidado,la vida al final con hijos o sin ellos continua igual.
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Felizmente las mujeres de hoy no solo se dedican a tener hijos,ello es un acto de mucho amor y responsabilidad, no una moda,por Dios!!!lo que hagan estas doñas me tiene sin cuidado,la vida al final con hijos o sin ellos continua igual.
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A mi no me gustan los niños buaj!!!
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cubanita...ese deseo maternal; esa profunda reflexion. Inquietantes. Sugerentes. Y mas entes.
Vente!
Vente!
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Bueno...que podria decirte yo de la maternidad cuando la deje pasar y un dia sin darme cuenta supe que ya no la tendría, pero no por no saberla sublime, creo que fue todo lo contrario.
Ahora extiedo mis brazos a muchos niños para entregar mi corazón y todo lo que tengo. La extensión de sí misma no es moda, ni tallas, es la valentía de sentirse capaz de amar, no importa si lo engendras o no, aunque no sentir esa cosita dentro y sobretodo compartirlo con la pareja no lo iguala ningun estado.
Ahora extiedo mis brazos a muchos niños para entregar mi corazón y todo lo que tengo. La extensión de sí misma no es moda, ni tallas, es la valentía de sentirse capaz de amar, no importa si lo engendras o no, aunque no sentir esa cosita dentro y sobretodo compartirlo con la pareja no lo iguala ningun estado.
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Bienaventuradas aquellas que piensen así, pero no hay por que seguir a esas promotoras solo por estar a la moda, sino por puro sentimiento, sentimiento de maternidad, humanidad y ese eterno deseo de rozar la felicidad, pues eso es lo que sentimos al tener a nuestro lado esos pequeñitos seres, a los que les llamamos hijos y que inconscientemente irradian y contagian una ternura inigualable. No importa que no se tenga niñeras, no importan esas estupidas medidas 90-60-90,no importa si se tienen 30 o 40 años, no importa NADA cuando se trata de maternidad, ya sea natural o por adopción, y chicas lo digo con la mano en el corazón, ser padre y tener a mi lado una manito y una sonrisa siempre que la necesito es lo mejor que me ha podido pasar, no sin olvidar a esa mujer que va siempre a mi lado, que es quien me da el placer de compartir juntos esta carrera por alcanzar la felicidad al lado de los nuestros.
"nunca pierdas la esperanza, ni tampoco la ilusión, que con esmero se alcanza lo que dicta el corazón"
"nunca pierdas la esperanza, ni tampoco la ilusión, que con esmero se alcanza lo que dicta el corazón"