Críspulo va a la Uni
Producciones El Folletín Presenta
YO, CRISPULO
Drama humano en 650 capítulos basados en una idea original de.... (a mí que me registren)
Música: El pelma de siempre
Guión y Dirección: Ausentes
Resumen de los capítulos precedentes: Críspulo es un zote
En el capítulo de hoy: Críspulo sigue siendo un zote
CAPITULO 4: CRISPULO VA A LA UNIVERSIDAD
El comisario, sin saber qué hacer con el hijo que le ha tocado en desgracia, escudriña las posibles alternativas para asegurarle un holgado futuro, y de paso garantizarse a sí mismo una jubilación tranquila sin tener que cargar con el maromo. Como su expediente académico da para un puesto de ayudante de Blanquita, la cabra de la Legión, las cosas se le presentan muy negras. De dotes musicales, mejor no hablar aunque eso tampoco ha impedido a otros llegar muy lejos. Como actor de cine, el puesto de doble de Gabino Diego ya está ocupado. Como deportista de élite, no hay más que ver su egregio perfil, su musculatura adobada y su viril prestancia para darse cuenta de sus posibilidades. Así que tras mucho cavilar, pedir consejos a los amigos y estudiar el caso a fondo mientras se bebe una botella de Anís El Mono, la única posibilidad a la vista es la que menos gracia le hace: Críspulo deberá ir a la Universidad.
Ahora está el tema de elegir Facultad. Como facultades sobran en España pero no en Críspulo, el comisario decide hacer una selección científica. Consultando la base de datos del Ministerio del Interior, hace una lista de todos los catedráticos con antecedentes penales y susceptibles de extorsión, para ver en qué lugar se concentran principalmente y mediante una serie de sutiles llamadas telefónicas abrirle paso a su bienamado hijo. Tras un riguroso análisis, descubre que, con gran diferencia sobre las otras, el próximo lugar de desventuras para Críspulo debería ser la Escuela de Bellas Artes, donde al menos una docena de profesores, incluido el rector, llevan a sus espaldas desde los tiempos del movimiento hippy, el amor libre y la experimentación con todo tipo de sustancias alucinógenas, una carga de expedientes, sanciones y estancias en calabozos, que no convendría que salieran a la luz ahora que está de moda lo políticamente correcto, la monogamia y el agua mineral pura de manantial.
Así pues, y tras una serie de llamadas a la orden en un tono que el comisario no utilizaba desde los tiempos de la democracia orgánica, Críspulo es admitido con honores en la Universidad. Para foguearle un poco al muchacho en temas como el compañerismo, la amistad múltiple y la comida de rancho, la familia, reunida en cónclave para celebrar la partida del hijo que esperan que no sea pródigo, le apunta a un Colegio Mayor para hijos de militares y policías donde la disciplina es elevada a categoría de saber supremo, y se impone un recio código moral y marcial cuyas transgresiones son castigadas con la máxima dureza.
Y un día de septiembre, al alba, con viento de Poniente y toda la familia reunida en el porche para ver partir al miembro que se va, Críspulo ve como sus maletas son introducidas en el coche, y, tras despedirse brevemente de su madre, a la que no puede abrazar por llevar las manos esposadas a la espalda, toma asiento al lado de su padre que le llevará hasta su próximo hogar. Tras una última mirada, y sin poder contener las lágrimas por lo que él cree que es un acto de desesperación de su parentela (pero en realidad es el pistoletazo de arranque de tres días de celebraciones), Críspulo fija su torva mirada en el horizonte, y se enjuaga los mocos como puede en la pechera de su gabardina.
Tras seis horas de duro viaje, en el que no ha habido apenas conversación, el comisario libera los brazos de su hijo en cuanto ve aparecer al fondo la antigua prisión militar que ahora sirve de alojamiento para jóvenes garantes del espíritu patrio. Una vez allí, el director, el ex-comisario político y ex-cabecilla de la Falange, Raimundo Nemesio Jose Antonio Primo de la Cuesta y Millan del Bosque, les recibe con cordialidad española. A su lado, un grupo de mozalbetes de atlética complexión, cráneos rasurados y brazaletes de claro contenido pre-constitucional, le esperan sonrientes, esperando al recién llegado, un chico en fase todavía de formación del carácter, para poder forjar su espíritu, convertirle en hombre de provecho, y, de paso, resarcirse de las humillaciones que la masonería y el comunismo están infligiendo a la civilización occidental llevándola a su destrucción.
Críspulo, intuye que su estancia en el lugar no va a ser de su agrado, intuición que se ve reforzada cuando, debido al entumecimiento de los músculos por tan largo viaje en incómoda posición, trastabilla y cae de bruces sobre el impecable short del más veterano de los guardianes del orden, dejando tras de sí un inconfundible y pegajoso reguero de moco y babas que no ha podido eliminar por falta de manos disponibles.
(continuará)
YO, CRISPULO
Drama humano en 650 capítulos basados en una idea original de.... (a mí que me registren)
Música: El pelma de siempre
Guión y Dirección: Ausentes
Resumen de los capítulos precedentes: Críspulo es un zote
En el capítulo de hoy: Críspulo sigue siendo un zote
CAPITULO 4: CRISPULO VA A LA UNIVERSIDAD
El comisario, sin saber qué hacer con el hijo que le ha tocado en desgracia, escudriña las posibles alternativas para asegurarle un holgado futuro, y de paso garantizarse a sí mismo una jubilación tranquila sin tener que cargar con el maromo. Como su expediente académico da para un puesto de ayudante de Blanquita, la cabra de la Legión, las cosas se le presentan muy negras. De dotes musicales, mejor no hablar aunque eso tampoco ha impedido a otros llegar muy lejos. Como actor de cine, el puesto de doble de Gabino Diego ya está ocupado. Como deportista de élite, no hay más que ver su egregio perfil, su musculatura adobada y su viril prestancia para darse cuenta de sus posibilidades. Así que tras mucho cavilar, pedir consejos a los amigos y estudiar el caso a fondo mientras se bebe una botella de Anís El Mono, la única posibilidad a la vista es la que menos gracia le hace: Críspulo deberá ir a la Universidad.
Ahora está el tema de elegir Facultad. Como facultades sobran en España pero no en Críspulo, el comisario decide hacer una selección científica. Consultando la base de datos del Ministerio del Interior, hace una lista de todos los catedráticos con antecedentes penales y susceptibles de extorsión, para ver en qué lugar se concentran principalmente y mediante una serie de sutiles llamadas telefónicas abrirle paso a su bienamado hijo. Tras un riguroso análisis, descubre que, con gran diferencia sobre las otras, el próximo lugar de desventuras para Críspulo debería ser la Escuela de Bellas Artes, donde al menos una docena de profesores, incluido el rector, llevan a sus espaldas desde los tiempos del movimiento hippy, el amor libre y la experimentación con todo tipo de sustancias alucinógenas, una carga de expedientes, sanciones y estancias en calabozos, que no convendría que salieran a la luz ahora que está de moda lo políticamente correcto, la monogamia y el agua mineral pura de manantial.
Así pues, y tras una serie de llamadas a la orden en un tono que el comisario no utilizaba desde los tiempos de la democracia orgánica, Críspulo es admitido con honores en la Universidad. Para foguearle un poco al muchacho en temas como el compañerismo, la amistad múltiple y la comida de rancho, la familia, reunida en cónclave para celebrar la partida del hijo que esperan que no sea pródigo, le apunta a un Colegio Mayor para hijos de militares y policías donde la disciplina es elevada a categoría de saber supremo, y se impone un recio código moral y marcial cuyas transgresiones son castigadas con la máxima dureza.
Y un día de septiembre, al alba, con viento de Poniente y toda la familia reunida en el porche para ver partir al miembro que se va, Críspulo ve como sus maletas son introducidas en el coche, y, tras despedirse brevemente de su madre, a la que no puede abrazar por llevar las manos esposadas a la espalda, toma asiento al lado de su padre que le llevará hasta su próximo hogar. Tras una última mirada, y sin poder contener las lágrimas por lo que él cree que es un acto de desesperación de su parentela (pero en realidad es el pistoletazo de arranque de tres días de celebraciones), Críspulo fija su torva mirada en el horizonte, y se enjuaga los mocos como puede en la pechera de su gabardina.
Tras seis horas de duro viaje, en el que no ha habido apenas conversación, el comisario libera los brazos de su hijo en cuanto ve aparecer al fondo la antigua prisión militar que ahora sirve de alojamiento para jóvenes garantes del espíritu patrio. Una vez allí, el director, el ex-comisario político y ex-cabecilla de la Falange, Raimundo Nemesio Jose Antonio Primo de la Cuesta y Millan del Bosque, les recibe con cordialidad española. A su lado, un grupo de mozalbetes de atlética complexión, cráneos rasurados y brazaletes de claro contenido pre-constitucional, le esperan sonrientes, esperando al recién llegado, un chico en fase todavía de formación del carácter, para poder forjar su espíritu, convertirle en hombre de provecho, y, de paso, resarcirse de las humillaciones que la masonería y el comunismo están infligiendo a la civilización occidental llevándola a su destrucción.
Críspulo, intuye que su estancia en el lugar no va a ser de su agrado, intuición que se ve reforzada cuando, debido al entumecimiento de los músculos por tan largo viaje en incómoda posición, trastabilla y cae de bruces sobre el impecable short del más veterano de los guardianes del orden, dejando tras de sí un inconfundible y pegajoso reguero de moco y babas que no ha podido eliminar por falta de manos disponibles.
(continuará)





