Animalitos
Los animalitos siempre han sido mi debilidad. Siempre me han gustado. Todos. Con la excepción de la repugnancia que me causan los insectos. (En todo lo blanco hay algo negro) Aún así, sintiendo repugnancia por ellos, me cuesta mucho matarlos. ¡Que queréis que os diga, me da penita! ¿Qué me decís de esa arañita canija que ha anidado en una esquinita, sin molestar a nadie, y que se asusta mogollón cuando le haces temblar la red. No puedo con ello.
Me ha pasado ya mas de una y dos veces que tenga que rescatar a una de esas mosquitas minúsculas que, por lo visto deben ser propensas a hacer tonterías e imprudencias (porque, le puede pasar a todo el mundo pero siempre les pasa a ellas) Las tengo que sacar de un merengue, o de un bote de pintura o de una taza con agua. Luego con la puntita doblada y mojada de una servilleta, les limpio el cuerpecito y las alas. Las pongo al sol y…en cuanto ellas mismas se han aseado un poco y han repuesto fuerzas después del susto…¡A volar!
Bueno, el caso es que en el trabajo, en Vallirana (urbanización alejadísima en la que todavía no hemos conseguido poner teléfono) he adoptado una perrita que teóricamente tiene dueño pero que pasa de ella de tal manera que no os podéis ni imaginar. Se pasa el día pegada a mi, por las mañanas, cuando llego, está ansiosa esperándome. (Y eso que llego a las ocho de la mañana). Cuando la conocí era asustadiza, no se acercaba ni dejaba tocar por nadie. Con mucha psicología conseguías que se acercara en plan “El Hombre que Susurraba a los Caballos”. Pero el mas mínimo ruido la hacía volverse a ir. Le puse un collar anti-parasitario, pero al día siguiente los “dueños” se lo habían quitado. Al día siguiente le puse unas “pipetas” que eso no se lo pueden sacar, Le cepillé todo el pelo y le saqué matas y matas de nudos y pelo muerto, para que se mueran las pulgas y para que tenga mejor aspecto y esté mas cómoda. (Cambió una barbaridad) Y ha resultado que le encanta que la cepille. Si muevo un músculo levanta la cabeza (Ahora duerme relajadita a mi lado. Seguro que antes no se había relajado nunca) y si me muevo viene detrás. En su “casa” vive en un jardín de tierra fangosa a medio construir y sin puerta. Bajo el porche. Un asco. Creo que nunca la han bañado, cuidado o cepillado. Así que la he adoptado. No la encuentran a faltar y está de ocho a seis conmigo. Le he construido una caseta, pero prefiere tumbarse a mis pies, bajo la mesa. ¡Aysss….que buena es. Y que agradecida a los mimos! Me cuesta un montón irme a casa cada día. Por cierto, es una lobita. Y desde que la tengo yo responde a Laika. No se cual es su verdadero nombre, si es que tiene.
Mi madre dice que tenemos suerte de no vivir en África y tener una nave cerca de la selva. Sin ningún problema, podría tener a los pies de la mesa a un león o a un elefante.
Un beso.
Me ha pasado ya mas de una y dos veces que tenga que rescatar a una de esas mosquitas minúsculas que, por lo visto deben ser propensas a hacer tonterías e imprudencias (porque, le puede pasar a todo el mundo pero siempre les pasa a ellas) Las tengo que sacar de un merengue, o de un bote de pintura o de una taza con agua. Luego con la puntita doblada y mojada de una servilleta, les limpio el cuerpecito y las alas. Las pongo al sol y…en cuanto ellas mismas se han aseado un poco y han repuesto fuerzas después del susto…¡A volar!
Bueno, el caso es que en el trabajo, en Vallirana (urbanización alejadísima en la que todavía no hemos conseguido poner teléfono) he adoptado una perrita que teóricamente tiene dueño pero que pasa de ella de tal manera que no os podéis ni imaginar. Se pasa el día pegada a mi, por las mañanas, cuando llego, está ansiosa esperándome. (Y eso que llego a las ocho de la mañana). Cuando la conocí era asustadiza, no se acercaba ni dejaba tocar por nadie. Con mucha psicología conseguías que se acercara en plan “El Hombre que Susurraba a los Caballos”. Pero el mas mínimo ruido la hacía volverse a ir. Le puse un collar anti-parasitario, pero al día siguiente los “dueños” se lo habían quitado. Al día siguiente le puse unas “pipetas” que eso no se lo pueden sacar, Le cepillé todo el pelo y le saqué matas y matas de nudos y pelo muerto, para que se mueran las pulgas y para que tenga mejor aspecto y esté mas cómoda. (Cambió una barbaridad) Y ha resultado que le encanta que la cepille. Si muevo un músculo levanta la cabeza (Ahora duerme relajadita a mi lado. Seguro que antes no se había relajado nunca) y si me muevo viene detrás. En su “casa” vive en un jardín de tierra fangosa a medio construir y sin puerta. Bajo el porche. Un asco. Creo que nunca la han bañado, cuidado o cepillado. Así que la he adoptado. No la encuentran a faltar y está de ocho a seis conmigo. Le he construido una caseta, pero prefiere tumbarse a mis pies, bajo la mesa. ¡Aysss….que buena es. Y que agradecida a los mimos! Me cuesta un montón irme a casa cada día. Por cierto, es una lobita. Y desde que la tengo yo responde a Laika. No se cual es su verdadero nombre, si es que tiene.
Mi madre dice que tenemos suerte de no vivir en África y tener una nave cerca de la selva. Sin ningún problema, podría tener a los pies de la mesa a un león o a un elefante.
Un beso.





