Mas animalitos
El “Día de la castañada” comí castañas. No hay secreto en eso. En la mitad de las castañas había gusanito. No hay secreto en eso. He crecido con ello. Me ha costado, pero he aprendido a vivir. Lo que no me había parado a pensar es si el gusanito se muere cuando han pasado unos días después de haber recogido las castañas del árbol o si, por el contrario y contra mi religión, mato un animalito cada vez que cocino una castaña con gusano. ¡Horror!
Ante tal pensamiento criminal era obvia la única forma de averiguar si había o no había delito. Operar una castaña con agujero. Y así, bisturí en mano (bueno, vale, no era un bisturí, era un “cuchillo de cocina vulgaris”) (“Vulgais” el cuchillo, no la cocina, que es muy mona). El caso es que tras sacar la cáscara con cuidado observando el caminito que dejaba el gusanín, y procurando no espachurrarlo, dañarlo o, incluso, asustarlo, conseguí sacar al paliducho animalito.
Ya lo se. Todo el mundo está pensando “¡Que asco!”. Pues no. A decir verdad a mi siempre me habían dado asco ahí muertos dentro de la castaña como una especie de moco frito. Pero vivos no. Vivos tienen su gracia. Son gorditos, muy patosos, lentísimos… ¡Vamos, que no entiendo como hacen malabares en un castaño para meterse dentro de las castañas si son incapaces de caminar por una servilleta sin acabar panza arriba o cabeza abajo!
Son dos. Como juntos se paseaba uno por encima del otro pero sin hacerse mucho caso les puse una castaña a cada uno. Uno es joven y vigoroso, pero solo para pasearse, porque escarbar, lo que se dice escarbar, no escarba nada. El otro es más vijete, porque es mas grande y lento. Pero es todo trabajador, él. Como que a media castaña pelada no le hacían ni caso, y viendo que en dos días no habían comido nada, les preparé dos castañas con inicio de agujero a cada uno y los metí ahí de cabeza.
El abuelote se puso manos a la obra enseguida, y todavía sigue ahí. Ya solo asoma su culo por el agujero. El cual mueve cuando le doy golpecitos para saber si sigue con vida. Cosa que hago al menos un par de veces al día en vista de que no sale ni para respirar. Vease, sin embargo, la extraña postura del jovenzuelo que, habiéndose demostrado más vigoroso, solo se limitó a acurrucarse en el agujero como un ovillo, y todavía sigue durmiendo ahí. Pero aún hay más. Solo se mueve cuando al entrar enciendo la luz. En esas ocasiones se retuerce lentamente como diciendo “Quieres hacer el favor de apagar eso, tía”.
Son muy curiosos, el primer día, por no comer, eran transparente-blanquinosos del todo, pero el segundo día se les hizo una rayita oscura en el lomo como a las gambas.
Y así estamos. Vigilando a los animalitos. Todo un estudio digno de un trabajo de colegio sobre ciencias naturales.
¿Alguien sabe si este bicho luego se convierte en mariposa?
Ante tal pensamiento criminal era obvia la única forma de averiguar si había o no había delito. Operar una castaña con agujero. Y así, bisturí en mano (bueno, vale, no era un bisturí, era un “cuchillo de cocina vulgaris”) (“Vulgais” el cuchillo, no la cocina, que es muy mona). El caso es que tras sacar la cáscara con cuidado observando el caminito que dejaba el gusanín, y procurando no espachurrarlo, dañarlo o, incluso, asustarlo, conseguí sacar al paliducho animalito.
Ya lo se. Todo el mundo está pensando “¡Que asco!”. Pues no. A decir verdad a mi siempre me habían dado asco ahí muertos dentro de la castaña como una especie de moco frito. Pero vivos no. Vivos tienen su gracia. Son gorditos, muy patosos, lentísimos… ¡Vamos, que no entiendo como hacen malabares en un castaño para meterse dentro de las castañas si son incapaces de caminar por una servilleta sin acabar panza arriba o cabeza abajo!
Son dos. Como juntos se paseaba uno por encima del otro pero sin hacerse mucho caso les puse una castaña a cada uno. Uno es joven y vigoroso, pero solo para pasearse, porque escarbar, lo que se dice escarbar, no escarba nada. El otro es más vijete, porque es mas grande y lento. Pero es todo trabajador, él. Como que a media castaña pelada no le hacían ni caso, y viendo que en dos días no habían comido nada, les preparé dos castañas con inicio de agujero a cada uno y los metí ahí de cabeza.
El abuelote se puso manos a la obra enseguida, y todavía sigue ahí. Ya solo asoma su culo por el agujero. El cual mueve cuando le doy golpecitos para saber si sigue con vida. Cosa que hago al menos un par de veces al día en vista de que no sale ni para respirar. Vease, sin embargo, la extraña postura del jovenzuelo que, habiéndose demostrado más vigoroso, solo se limitó a acurrucarse en el agujero como un ovillo, y todavía sigue durmiendo ahí. Pero aún hay más. Solo se mueve cuando al entrar enciendo la luz. En esas ocasiones se retuerce lentamente como diciendo “Quieres hacer el favor de apagar eso, tía”.
Son muy curiosos, el primer día, por no comer, eran transparente-blanquinosos del todo, pero el segundo día se les hizo una rayita oscura en el lomo como a las gambas.
Y así estamos. Vigilando a los animalitos. Todo un estudio digno de un trabajo de colegio sobre ciencias naturales.
¿Alguien sabe si este bicho luego se convierte en mariposa?





