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CRITICANIA
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La privatización de la cultura
Kktua... sí... así me llamaban. Y vuelvo a vosotros en los albores de la tempestad. Porque largo tiempo ha urdido su siniestro plan el señor oscuro SGAEron y sus compinches, y, en breve, estará preparado para asestar su golpe mortal.

He estado husmeando en las noticias de ElOtroLado. Entre ellas se encuentra una que habla de una nueva campaña de la Federación Antipirateria (FAP) en la que se alude a que podrían tomar medidas más drásticas, similares a las que se están adoptando en otros países. Tirando de enlaces por aquí y por allá, leo cosas auténticamente terribles. En Grecia han condenado a tres meses de prisión a un desgraciado que compró dos cds piratas. En Italia han aprobado un decreto-ley, la Legge Urbani, que permite condenar hasta a cuatro años de prisión a aquellos que, simplemente, compartan material protegido por copyright, sin necesidad de que haya ánimo de lucro o no. En Francia, Reino Unido y Suecia, la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) está llevando a cabo una persecución de los internautas que comparten archivos musicales; al parecer, ya ha dado resultados, con varias personas condenadas a pagar multas de miles de euros. Volviendo a nuestro país, aparte del bien conocido caso del canon, tenemos noticias muy recientes, como el que la SGAE quiere cobrar, en Vigo, el 7% del presupuesto para festejos por supuestos derechos de autor, poniendo en peligro la celebración de las fiestas. Resumiendo, que, en esto, vamos a mas.

Las industrias de la música, el cine y los libros exponen argumentos variados, retorcidos, y, en muchas ocasiones, falaces, para justificar sus acciones. Entre ellos podemos citar la pérdida de puestos de trabajo, el “ya lo hacíamos antes, pero es que no se daban cuenta”, o la necesidad de sus acciones para garantizarles la vida a los artistas.

La base de todos los argumentos que presentan los autoproclamados defensores de la cultura es que, para ellos, la cultura es propiedad privada, no es algo público. El conocimiento debe pasar por el filtro del dinero que tenga cada uno; si eres pobre, no leas tanto, no escuches tanta música y no veas tantas películas. Tu acceso a la cultura está limitado al saldo de tu cuenta corriente.

Cabría pensar en las implicaciones ideológicas que están detrás de esto. El compartir libremente cultura, y conocimiento, conduce directamente al incremento del nivel cultural de las personas sin tener en cuenta su condición social. Actúa, así, como un mecanismo corrector de las desigualdades. Esto es peligroso; y ya sabemos todos a quienes les incomoda.

Alguien podría pensar que esto es una reacción puntual, restringida a la industria del video y el audio, pero, desde un punto de vista global, estas cuestiones se enmarcan dentro del potente movimiento neoliberal que recorre el mundo y pretende corporativizarlo. Las grandes empresas están tratando de controlar el mercado para que responda a sus intereses: están tratando de gobernar a la vieja usanza, sin preguntar a nadie.

Podemos, por ejemplo, centrarnos en el problema de las patentes absurdas, que es bastante similar al tema SGAE et al., o, incluso, lo mismo. Las patentes se supone que deberían estimular y proteger la creación intelectual. Está sucediendo todo lo contrario. En informática, tenemos la reciente patente de Microsoft del doble click, si bien de aplicación exclusiva en ordenadores de mano. En agricultura, Monsanto, la megaempresa de productos agrícolas estadounidense, ha intentado e intenta monopolizar el mercado empleando la patentación de cultivares y exigiendo posteriormente retribuciones por el uso de los mismos. Un caso concreto, y conocido gracias a Vandana Shiva, es el del arroz basmati, una variedad aromática producto de la selección llevada a cabo, a lo largo de muchos años, por agricultores hindúes.

Monsanto tomó plantas de una variedad que habían creado los agricultores, las modificó genéticamente un poco, y patentó su nuevo “producto” llamado “basmati”. Microsoft ha patentado una forma de usar un periférico que es universal. Señores, ¿quién roba a quien? ¿quién amenaza la cultura y el conocimiento?
 
Trapicheos político-rurales y fantasías acientíficas.
Regresé este jueves pasado de una salida de campo que forma parte de una asignatura con uno de esos rimbombantes nombres característicos de los nuevos planes de estudio. Establecimos nuestro campamento base particular en una casa de Cornago (La Rioja) que nos alquiló una señora del pueblo en vistas de que el albergue municipal estaba cogido por un grupo de escolares al principio y se quedó sin gasóleo después. Cosas de las leyes de Murphy supongo.

Durante la estancia en estas bonitas tierras riojanas nos dedicamos a dar vueltas por los diversos yacimientos de icnitas por las que son famosas. Y, claro está, a la vez escudriñábamos las rocas en busca de cualquier rareza que pudiera ser un fósil.

De todos los yacimientos que visitamos, los de los Cayos son probablemente los mejor conservados que se han encontrado hasta el momento. En ellos pueden apreciarse huellas bien bonitas de terópodos, ornitópodos, saurópodos, pterosaurios, tortugas, cocodrilos y aves. Sin embargo, este pueblo sufre la desdicha de ser el patito feo de la zona. Los pueblos de los alrededores, como Enciso o Igea, cuentan con numerosas subvenciones que les permiten poner figurillas de dinosaurios de gran tamaño por doquier (los más antiguos de ellos estilo lagarto gordo) y construir museos como el Centro Paleontológico de Enciso o el que abrirán el año que viene en Igea. Para más inri, parece ser que va a contruirse un pequeño embalse en Enciso (con el impacto ambiental que supone) con el fin de montar alguna atracción dinosaúrica poco educativa. Cornago, en cambio, disfruta de unos cuantas indicaciones acerca de dónde están los yacimientos y de una carretera que sería el deleite de Carlos Sainz. Más aún, cuando la alcaldesa de Cornago hizo una propuesta de rutas turísticas por los yacimientos empleando fondos FEDER, se encontró con la sorpresa de que le dijeron que la idea era muy buena, pero que primero iban a hacerlo en Enciso. No es difícil intuir que el signo político al que pertenecen los gobiernos municipales de los pueblos privilegiados es el mismo que el de la Comunidad Autónoma de La Rioja.

La gestión de estos yacimientos está en manos del Instituto de Estudios Riojanos. Tiene especial peso la figura de un tal Félix Pérez Lorente, director de la revista Zubía. Este mismo señor es el director del Centro Paleontológico de Enciso y de la Fundación Patrimonio Paleontológico de la Rioja de la cual depende. Por este museillo pasamos a ver que tal estaba la cuestión. Y la cuestión estaba mal.

El vídeo (des)informativo que te ponen en un zulo es deplorable. En él sale un señor pintoresco, con los pantalones a modo de torero, que hace una analogía extraña y nada clara sobre los períodos geológicos y los libros de una biblioteca (¿tal vez una confusión con el tema del genoma humano?). Al final para decirte que lo que interesa es el Cretácico inferior, porque es donde están las huellas que dan de comer. Siguen unas animaciones grotescas, entre las que hay que destacar las de un Iguanodon de la Feria de Sevilla dando palmas y cubierto con una cota de mallas. Y luego viene lo mejor: las hipótesis fantasiosas de Don Félix. Son tres, como las marías:

1.- Huellas de dinosaurio "Teroplantígrado" con membranas interdigitales en el yacimiento de Poyales en Enciso. En realidad, se trata de huellas en las que pudiera estar marcado el metatarso o, tal vez, el talón es producto de la marca producida por una garra. Esto no indica que el bicho fuera plantígrado y es más razonable pensar en algo así como una postura sentada como la que pueden adoptar los perros. Además, como se puede ver en la foto, no hay tales membranas y el contorno que se ha pintado es totalmente artificial. Al parecer, unas huellas similares se han visto en Igea y se les ha dado el bonito nombre de Hadrosaurichnoide igeensis.


2.- Huellas de dinosaurio terópodo cruzando un río en el yacimiento Virgen del Campo en Enciso. Esta hipótesis no se sostiene de ninguna manera. En el Centro Paleontológico hay un panel en el que te describen la escena de un dinosaurio vadeando el río y que, al perder pie, va dejando tres huellas longitudinales. Las tres huellas no existen, en realidad son dos y van formando un rastro serpenteante (semejante al que podría hacer un pez de fondo con las aletas pectorales o las pélvicas) con la marca de mayor longitud en el exterior. Han falseado las huellas pintando una tercera marca totalmente artificial (se ve en la foto). Por otro lado, la zona donde están las huellas presenta marcas de corriente propias de la zona litoral de un lago o laguna y están perpendicularmente dispuestas a la dirección del movimiento del agua. ¿Qué dinosaurio tendría que vadear la orilla de un lago y perder pie? Si estaba tratando de cruzar el lago, ¿por qué se mueve paralelamente a la orilla?


3.- Huellas que muestran una escena de "batalla" en el yacimiento de Virgen del Campo en Enciso. En realidad lo que hay son rastros de huellas de un terópodo y un ornitópodo que, tras seguir un tramo más o menos recto, se entrelazan en varias direcciones en una zona más amplia. Sin embargo, si ahí se produjo el combate surgen algunas preguntas. ¿Dónde está la marca que habría dejado el ornitópodo cazado al caer? Se supone que debería haber sido una escena violenta ¿no debería haber huellas de la cola por algún lado? Aunque la hipótesis del combate es bastante especulativa, al menos no ha habido artificios a la hora de marcar las huellas de forma tan evidente como en los casos anteriores.

Por supuesto, todas estas hipótesis con sus supuestas evidencias no han sido publicadas nada más que en la revista que dirige este señor y no han sido sometidas a revisión.

Conjuntamente con esto, se ha tenido la desfachatez de exponer los restos de un supuesto pterosaurio encontrados en Préjano. Dichos restos aún no han sido estudiados, pero Don Gato ya le ha asignado un nombre y se ha apresurado a exponerlos como gran descubrimiento.

¿Qué es lo malo de esta historia? Que se está engañando a la gente deliberadamente, probablemente con fines comerciales. Atrae más público una zona donde hay cosas excepcionales, como huellas de un dinosaurio con membranas interdigitales, o huellas que muestran una escena de caza la mar de bonita, casi peliculera, en la que cualquiera podría imaginarse como un carnívoro vadea un río para alcanzar su presa un poco más allá.

En fin, que triste que se siga entremezclando ciencia e intereses políticos.
 
De pruebas
Pues eso... ¿tira esto o no tira? Parece que sí.