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Críticas ordenadas
Blog crítico sobre la actuación del Gobierno de España.
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«A España servir hasta morir»
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MARAGALL Y LAS COMPARACIONES ODIOSAS.
DICE un sabio proverbio indostánico: "Antes de hablar considera lo que dices, por qué lo dices, a quién se lo dices, quién te lo ha dicho, quién escuchará lo que digas, mide las consecuencias de tus palabras y calcula qué provecho resultará de ellas para ti y para los demás. Luego, pon tus palabras en la punta de tu dedo, hazlas girar mientras cuentas diez antes de pronunciarlas; y de tus palabras no se desprenderá nunca daño alguno." Los políticos debían contar hasta diez antes de soltar cualquier pavada ante un micrófono. Si no, llegará el día en que tendrán que tendrán que lanzar sus mensajes en la esquina de los oradores de Hide Park porque la prensa, la radio y la televisión se hartarán de la política de declaraciones.

¿De verdad cree Maragall que lo ocurrido en el barrio barcelonés del Carmel es una desgracia tan grande como la que ocurrió con el chapapote tras el desastre del ´Prestige´ en la costa gallega en 2002? Ni por el número de familias damnificadas ni por los daños económicos para la economía nacional y autonómica ni por la extensión geográfica de las zonas afectadas ni por las implicaciones de derecho internacional marítimo público y privado ni por las repercusiones que aquel suceso tuvo para las industrias de construcción naval y transporte marítimo puede compararse el naufragio de aquel petrolero monocasco con el socavón originado por las obras del Metro de Barcelona. Comparar el derrumbe parcial de dos edificios, la necesaria demolición de otros tres y el desalojo de 1.054 personas con el desastre del ´Prestige´ no es más que oportunismo electoralista y un intento de acceder a subvenciones de la UE para la remodelación de un barrio vergonzosamente abandonado. De lo que hay que hablar es de responsabilidades políticas, técnicas y civiles en materia de urbanismo e infraestructuras, de pólizas de seguros y de indemnizaciones por imprudencia temeraria.
 
Comentario:
De forma progresiva e imparable, Cataluña va perdiendo su condición de locomotora industrial y de paso, uno a uno, sus viejos vagones, que se trasladan a países donde resulta mucho más barato producir. Deslocalización se llama el fenómeno, practicado por las compañías multinacionales y, también, por las propias pymes catalanas, que acaban de adquirir en Rumanía un polígono de 80 hectáreas para trasladar sus naves y evitar que sus productos pierdan competitividad. Se van al Este europeo las grandes sociedades extranjeras, pero detrás no se quiere quedar nadie.
No