ZP ES UN BARRIL DE PÓLVORA.
ZAPATERO tiene el complejo del mal votado. Le resulta desazonante recordar las discutibles circunstancias en las que salió elegido. Es consciente de que una buena parte de la ciudadanía explica su ascensión a La Moncloa como el resultado de la manipulación de la masacre del 11-M, y sabe mejor que nadie que, unas horas antes del atentado, era un perfecto perdedor. De no haber sido por las 192 muertes, él habría seguido dirigiendo la oposición. Por esa razón vio los cielos abiertos ante la ocasión que le brindaba el referéndum sobre la Constitución Europea. Podría apropiarse de los resultados. Podría trasladar el inevitable triunfo de aquélla a su propia persona y, de ese modo, lo convertiría en un plebiscito. En definitiva, en una revalidación de su legitimidad de origen...
¿Le han salido bien las cuentas? En las últimas elecciones legislativas, los dos grandes partidos que han pedido ahora el «sí» sacaron 22 millones de votos. Sólo el PSOE sacó un millón de votos más que los que han apoyado la Constitución de la UE el domingo. Es decir, los socialistas no han seguido el llamamiento de Zapatero. A la espera de estudios pormenorizados sobre el voto del 20-F, cabe afirmar que una gran parte del Partido Socialista ha desobedecido las recomendaciones de su dirección o, dicho de otra manera, ha dejado tirado a Zapatero. ¿Cómo hablar de plebiscito cuando ni siquiera te arropa el propio partido? Se pueden ganar unas elecciones con un solo voto de diferencia, pero sólo puede hablarse de plebiscito, es decir, de un seguimiento de las masas, de la adhesión de la «plebe», cuando a un líder le siguen dos tercios de la sociedad. Sin duda, por eso, fue tan grosera y tan engañosa la lectura de los resultados que hizo Zapatero el domingo: al decir que de cada diez españoles ocho habían votado «sí» a la Constitución, mató a 20 millones que se habían abstenido. No pudo reconocer la verdad porque, de haberlo hecho, habría vuelto a caer en la desazón que le reconcome: las críticas a la legitimidad de origen, a aquellos terribles días de marzo de 2004 cuando una organización asesina consiguió desestabilizar a la opinión pública española, segar la hierba bajo los pies al PP y lanzar al PSOE al poder.
ANTE los micrófonos y las cámaras ZP se hace el milhombres, pero la realidad es que sólo uno de cada tres españoles ha participado en la votación y sólo nueve millones de 34 que figuran en el censo han hecho caso a las direcciones del PSOE y del PP.
En vano querrá consolarse. El referéndum no es una prueba de autoridad. En cambio, salen más crecidos sus socios. Llamazares y Carod-Rovira viven horas de euforia. Nunca tuvieron la oportunidad de soñar con tantos votos ajenos. Le pasarán factura al socio presidente. Ya lo ha adelantado Carod. Ha anunciado que subirá el listón de sus exigencias, es decir, que se dedicará más intensamente a la desestabilización «territorial». Para IU y para ERC los socialistas perdieron fuerza el 20-F.
Apesar de mi condición de pesimista de la inteligencia (y optimista de la voluntad), no interpreto el resultado del referéndum como un reforzamiento de este PSOE populista que nos gobierna. Creo que ni Suárez ni Felipe González ni Aznar (no viene al caso Calvo-Sotelo) estuvieron tan desprestigiados, tan «desgastados» como se suele decir, como lo está José Luis Rodríguez Zapatero cuando aún no ha cumplido el primer año de su mandato. Lo que no quiere decir que por lo mismo no sea el que más daño pueda hacer a la Nación en el inmediato futuro.
A veces tengo la sensación de que estamos sentados encima de un barril de pólvora.
¿Le han salido bien las cuentas? En las últimas elecciones legislativas, los dos grandes partidos que han pedido ahora el «sí» sacaron 22 millones de votos. Sólo el PSOE sacó un millón de votos más que los que han apoyado la Constitución de la UE el domingo. Es decir, los socialistas no han seguido el llamamiento de Zapatero. A la espera de estudios pormenorizados sobre el voto del 20-F, cabe afirmar que una gran parte del Partido Socialista ha desobedecido las recomendaciones de su dirección o, dicho de otra manera, ha dejado tirado a Zapatero. ¿Cómo hablar de plebiscito cuando ni siquiera te arropa el propio partido? Se pueden ganar unas elecciones con un solo voto de diferencia, pero sólo puede hablarse de plebiscito, es decir, de un seguimiento de las masas, de la adhesión de la «plebe», cuando a un líder le siguen dos tercios de la sociedad. Sin duda, por eso, fue tan grosera y tan engañosa la lectura de los resultados que hizo Zapatero el domingo: al decir que de cada diez españoles ocho habían votado «sí» a la Constitución, mató a 20 millones que se habían abstenido. No pudo reconocer la verdad porque, de haberlo hecho, habría vuelto a caer en la desazón que le reconcome: las críticas a la legitimidad de origen, a aquellos terribles días de marzo de 2004 cuando una organización asesina consiguió desestabilizar a la opinión pública española, segar la hierba bajo los pies al PP y lanzar al PSOE al poder.
ANTE los micrófonos y las cámaras ZP se hace el milhombres, pero la realidad es que sólo uno de cada tres españoles ha participado en la votación y sólo nueve millones de 34 que figuran en el censo han hecho caso a las direcciones del PSOE y del PP.
En vano querrá consolarse. El referéndum no es una prueba de autoridad. En cambio, salen más crecidos sus socios. Llamazares y Carod-Rovira viven horas de euforia. Nunca tuvieron la oportunidad de soñar con tantos votos ajenos. Le pasarán factura al socio presidente. Ya lo ha adelantado Carod. Ha anunciado que subirá el listón de sus exigencias, es decir, que se dedicará más intensamente a la desestabilización «territorial». Para IU y para ERC los socialistas perdieron fuerza el 20-F.
Apesar de mi condición de pesimista de la inteligencia (y optimista de la voluntad), no interpreto el resultado del referéndum como un reforzamiento de este PSOE populista que nos gobierna. Creo que ni Suárez ni Felipe González ni Aznar (no viene al caso Calvo-Sotelo) estuvieron tan desprestigiados, tan «desgastados» como se suele decir, como lo está José Luis Rodríguez Zapatero cuando aún no ha cumplido el primer año de su mandato. Lo que no quiere decir que por lo mismo no sea el que más daño pueda hacer a la Nación en el inmediato futuro.
A veces tengo la sensación de que estamos sentados encima de un barril de pólvora.
Comentario:
Ya se sabe que en las elecciones nadie pierde y todos los partidos se vuelcan sobre los números para adjudicarse un buen resultado y salvar los muebles, en un ejercicio de malabarismo o más bien trilerismo. En el caso de Izquierda Unida, ni siquiera el mayor ilusionista del mundo habría sido capaz de vender humo ante la rotunda y estrepitosa cascada de socavones electorales. Los números de IU han sido misión imposible. Y en esa encrucijada de odios políticos en los que malvive IU, Gaspar Llamazares necesitaba un éxito electoral para tomar oxígeno ante el cerco de la oposición interna. Y como los milagros suelen ser cosa de los jueves y las elecciones de domingo, la buena nueva no acababa de llegar. Pero Gaspar vio el cielo abierto con el referéndum europeo. «Me apropio de los dos millones y medio de votos negativos y, de paso, añado una propina abstencionista», debió de pensar. Dicho y hecho. Llamazares destacó el éxito del «no», que se atribuyó casi en solitario, con alguna aportación de ERC. Y así la nomenclatura de IU pudo disfrutar de la sonrisa de oreja a oreja de un Llamazares exultante. Ante tal escena, algún viejo militante del PCE preguntó a los más jóvenes: «¿Podremos formar grupo parlamentario? ¿Cuántos diputados hemos sacado?» Pero ésa era otra historia, le respondieron.
Comentario:
Pues a ver cuando explota de una p... vez y nos deja en paz para crear empleo y vivir mejor, combatir a los nacionalistas y dejar que se gobierne para todos los españoles, no solo para los de su pueblo. Catetos, que son unos catetos.





