Continuidad en la UVI
Encerrados en la caverna de Platón, un grupo de sabios de la España contemporánea ha visto las sombras que proyecta nuestra televisión pública y ha aconsejado a la tribu que mantenga una televisión fuerte, con doble financiación (presupuestos y publicidad), que sea una factoría de nuevos productos audiovisuales, que mantenga sus dos canales, que se sacuda unos cuantos miles de trabajadores, y que esté gobernada por un director-presidente designado por concurso público.
Esa televisión imaginada entre los miles de hojas de muchos informes ya no existe. Murió hace nueve meses. En este tiempo, los chamanes de la tribu han trabajado en la oscuridad del bosque para jibarizar la cabeza que proyectaba sombras. Cada punto equivale al año a cuatro mil millones de las antiguas pesetas de ingreso publicitario. No se engañen, el papel del documento de los expertos está mojado por el agua del charco de la realidad. Hoy TVE naufraga a la deriva; las grandes productoras ya no quieren trabajar con la casa, sus informativos han perdido el liderazgo, el público da la espalda a la nueva programación. El talento huye, el talante se tambalea. El fracaso de Wyoming y Julia Otero se sostiene sin fe, porque nadie ha previsto un relevo, y los programas no se improvisan. TVE vive de las bocanadas de oxígeno que aportan criaturas de otro tiempo: «Cuéntame», «Ana y los siete», la Champions, «Los Lunnis», seres de la era de los González Ferrari, de los Sánchez, cometas de un tiempo cuya luz se consume. Carmen Caffarel ha sido la encargada de sumergir al ente en la solución mágica que la dejará reducida a la mínima expresión. Se trata de hacer sitio para un nuevo operador en abierto. Apuesten. La misión está cumplida. La renuncia a una gran parte de la tarta publicitaria permite a otros acceder al negocio. El informe no resuelve ninguno de los grandes problemas de la casa. Mientras los expertos meditaban esa receta, las brujas preparaban al anciano para una muerte controlada. Eutanasia. ¿Quién nos engaña? ¿Quién ha estafado a nuestros sabios?
Dicen los expertos que RTVE debe convertirse en una fábrica de producción de contenidos para la nueva Televisión Digital Terrestre, es decir, cuando la tele sea un campo parcelado hasta el extremo del minifundio, con pequeñas audiencias, muchos canales y una oferta inabarcable. Ojalá. Pero deben tener en cuenta que para lograrlo Televisión Española deberá cambiar una cultura empresarial arcaica, y una ordenanza laboral obsoleta. Lastrada por el peso inamovible de sus sindicatos, RTVE se mueve con paso de elefante. Como esos gigantes sobrepasados por la evolución de las especies, es un mastodonte incapaz de producir ficción y entretenimiento a precios competitivos. No me parece realista reservar dos asientos del Consejo de Administración para los sindicatos. Deben ser defensores de los derechos de los trabajadores, nunca directores de una empresa en la que tienen intereses muy parciales.
Hemos llegado al concurso como método de elección del director general, o presidente de la compañía. No tengo ninguna objeción, sino más bien alguna sugerencia. Búsquese un método rentable para la fortaleza de la audiencia diaria de TVE. No sé si debe ser un «reality» del tipo «Gran Hermano», o más bien un concurso como Un, dos, tres, donde los postulantes deberían contestar a preguntas sobre la historia de la televisión del tipo: «¿Cuál era el nombre del cartero de “Crónicas de un pueblo”?». Que no se olviden los sabios que ahora la televisión es interactiva y tenemos la oportunidad de votar desde el móvil, vía SMS, y organizar campañas con el pásalo para designar al más popular, al más idóneo, al que nos ofrezca más calidad o más circo, que no sé muy bien lo que quieren los españoles y los sabios tampoco me lo han sabido decir. Puede ser también una «Operación Triunfo», con pruebas de ginkana, pero me inclino por el formato del «Gran Prix», porque para ser director general hay que saber torear con temple y hondura, y el quiebro de la media verónica se puede ensayar sin grandes riesgos con la vaquilla de Ramón García. Tengo un profundo respeto y admiración por la sabiduría de Emilio Lledó, de Victoria Camps, de Fernando Savater. Creo que ellos mismos se han visto superados por la complejidad de un mercado y una realidad que desconocen. Los papeles soportan muy bien las teorías, pero las fuerzas que actúan sobre el edificio de la televisión son vivas, cambiantes, variables.
Debe haber una solución, debe haber otra solución. En veinte años, nadie ha querido encontrar un remedio político, el único que sirve. En esta España centrifugada, creo en la Televisión Pública. Estoy seguro de que otros expertos podrían definirme el término servicio público, el alcance de la pluralidad, los márgenes de la programación y las maneras de atraer el talento. La maquinaria interna de TVE está en manos de grandes profesionales que reclaman dirección, proyectos, audacia. Y sin embargo escuchan la consigna de que no hay que luchar, no hay que combatir por el liderazgo. Hemos regalado el maillot amarillo a un pelotón que nos quiere como farolillo rojo. Como los viejos elefantes de la manada, el corazón de TVE tiene un sentido especial para barruntar el futuro. Alguien ha colocado una almohada en la boca del enfermo. El mercado se encargará de hacer el resto. Y quizá al final, cuando el jíbaro haya conseguido hacerse una maraca con la mueca del ente, tampoco pase nada. De momento, continuidad en la UVI.
Esa televisión imaginada entre los miles de hojas de muchos informes ya no existe. Murió hace nueve meses. En este tiempo, los chamanes de la tribu han trabajado en la oscuridad del bosque para jibarizar la cabeza que proyectaba sombras. Cada punto equivale al año a cuatro mil millones de las antiguas pesetas de ingreso publicitario. No se engañen, el papel del documento de los expertos está mojado por el agua del charco de la realidad. Hoy TVE naufraga a la deriva; las grandes productoras ya no quieren trabajar con la casa, sus informativos han perdido el liderazgo, el público da la espalda a la nueva programación. El talento huye, el talante se tambalea. El fracaso de Wyoming y Julia Otero se sostiene sin fe, porque nadie ha previsto un relevo, y los programas no se improvisan. TVE vive de las bocanadas de oxígeno que aportan criaturas de otro tiempo: «Cuéntame», «Ana y los siete», la Champions, «Los Lunnis», seres de la era de los González Ferrari, de los Sánchez, cometas de un tiempo cuya luz se consume. Carmen Caffarel ha sido la encargada de sumergir al ente en la solución mágica que la dejará reducida a la mínima expresión. Se trata de hacer sitio para un nuevo operador en abierto. Apuesten. La misión está cumplida. La renuncia a una gran parte de la tarta publicitaria permite a otros acceder al negocio. El informe no resuelve ninguno de los grandes problemas de la casa. Mientras los expertos meditaban esa receta, las brujas preparaban al anciano para una muerte controlada. Eutanasia. ¿Quién nos engaña? ¿Quién ha estafado a nuestros sabios?
Dicen los expertos que RTVE debe convertirse en una fábrica de producción de contenidos para la nueva Televisión Digital Terrestre, es decir, cuando la tele sea un campo parcelado hasta el extremo del minifundio, con pequeñas audiencias, muchos canales y una oferta inabarcable. Ojalá. Pero deben tener en cuenta que para lograrlo Televisión Española deberá cambiar una cultura empresarial arcaica, y una ordenanza laboral obsoleta. Lastrada por el peso inamovible de sus sindicatos, RTVE se mueve con paso de elefante. Como esos gigantes sobrepasados por la evolución de las especies, es un mastodonte incapaz de producir ficción y entretenimiento a precios competitivos. No me parece realista reservar dos asientos del Consejo de Administración para los sindicatos. Deben ser defensores de los derechos de los trabajadores, nunca directores de una empresa en la que tienen intereses muy parciales.
Hemos llegado al concurso como método de elección del director general, o presidente de la compañía. No tengo ninguna objeción, sino más bien alguna sugerencia. Búsquese un método rentable para la fortaleza de la audiencia diaria de TVE. No sé si debe ser un «reality» del tipo «Gran Hermano», o más bien un concurso como Un, dos, tres, donde los postulantes deberían contestar a preguntas sobre la historia de la televisión del tipo: «¿Cuál era el nombre del cartero de “Crónicas de un pueblo”?». Que no se olviden los sabios que ahora la televisión es interactiva y tenemos la oportunidad de votar desde el móvil, vía SMS, y organizar campañas con el pásalo para designar al más popular, al más idóneo, al que nos ofrezca más calidad o más circo, que no sé muy bien lo que quieren los españoles y los sabios tampoco me lo han sabido decir. Puede ser también una «Operación Triunfo», con pruebas de ginkana, pero me inclino por el formato del «Gran Prix», porque para ser director general hay que saber torear con temple y hondura, y el quiebro de la media verónica se puede ensayar sin grandes riesgos con la vaquilla de Ramón García. Tengo un profundo respeto y admiración por la sabiduría de Emilio Lledó, de Victoria Camps, de Fernando Savater. Creo que ellos mismos se han visto superados por la complejidad de un mercado y una realidad que desconocen. Los papeles soportan muy bien las teorías, pero las fuerzas que actúan sobre el edificio de la televisión son vivas, cambiantes, variables.
Debe haber una solución, debe haber otra solución. En veinte años, nadie ha querido encontrar un remedio político, el único que sirve. En esta España centrifugada, creo en la Televisión Pública. Estoy seguro de que otros expertos podrían definirme el término servicio público, el alcance de la pluralidad, los márgenes de la programación y las maneras de atraer el talento. La maquinaria interna de TVE está en manos de grandes profesionales que reclaman dirección, proyectos, audacia. Y sin embargo escuchan la consigna de que no hay que luchar, no hay que combatir por el liderazgo. Hemos regalado el maillot amarillo a un pelotón que nos quiere como farolillo rojo. Como los viejos elefantes de la manada, el corazón de TVE tiene un sentido especial para barruntar el futuro. Alguien ha colocado una almohada en la boca del enfermo. El mercado se encargará de hacer el resto. Y quizá al final, cuando el jíbaro haya conseguido hacerse una maraca con la mueca del ente, tampoco pase nada. De momento, continuidad en la UVI.
Comentario:
A mi lo que mas me impresiona es la solvencia y preparación de Rajoy frente a la insustancialidad y falta de preparación de ZP. Ahora mismo la distancia entre ambos es cósmica, creo que eso quedo meridianamente claro en el debate del Plan Ibarreche.
Comentario:
Creo que zp no gobierna para los españoles sino para destruir lo malo y lo bueno y no sabe ni por donde se anda.
Está haciendo un daño a España que no creo que luego tenga remedio, y el mayor mal es el odio que está creando.
Por otro lado la oposición del PP deja también mucho que desear, me parece que Rajoy, que es bastante más cooerente en teoría, en la practica deja que sigan ahí Acebes y Zaplana que en realidad están haciendo mucho daño al partido.
En resumidas cuentas, yo creo que el momento actúal es descorazonador para muchos de los españoles.
Está haciendo un daño a España que no creo que luego tenga remedio, y el mayor mal es el odio que está creando.
Por otro lado la oposición del PP deja también mucho que desear, me parece que Rajoy, que es bastante más cooerente en teoría, en la practica deja que sigan ahí Acebes y Zaplana que en realidad están haciendo mucho daño al partido.
En resumidas cuentas, yo creo que el momento actúal es descorazonador para muchos de los españoles.
Comentario:
Magnífica entrevista. Solo le diría que
s ea Vd. más precavido en sus encuentros con el Sr. ZP.
A este Sr. lo único que le han enseñado es o a mentir ó a
repartir sonrisas a todo el mundo. Soluciones ninguna. Ahí
tenemos lo del PHN que se canceló, sin que al año, hayan
construido obra alguna.
s ea Vd. más precavido en sus encuentros con el Sr. ZP.
A este Sr. lo único que le han enseñado es o a mentir ó a
repartir sonrisas a todo el mundo. Soluciones ninguna. Ahí
tenemos lo del PHN que se canceló, sin que al año, hayan
construido obra alguna.





