COMISIONADO ¿DE QUIÉN?
LA falta de sensibilidad del Gobierno con la Asociación Víctimas del Terrorismo se hizo ayer patente durante la reunión de sus representantes con José Luis Rodríguez Zapatero. A la salida, la AVT anunció que rompía sus relaciones con el Alto Comisionado del Gobierno, Gregorio Peces-Barba, y que su comunicación con el Ejecutivo se mantendría, como hasta ahora, a través del Ministerio del Interior y su oficina de atención a este colectivo. La situación actual no tiene precedentes y supone un paso atrás muy grave en el proceso histórico de reparación moral a las víctimas, tras tantos años de silencio. Zapatero rechazó la petición de la AVT de cesar a Peces-Barba, actitud previsible desde el momento en que el Alto Comisionado parece que fue nombrado para misiones distintas a las de favorecer la cohesión de las víctimas y la mejora de su situación material, legal y social.
El jefe del Ejecutivo sabrá cuáles son los motivos por los que la continuidad de Peces-Barba compensa la crisis con la asociación mayoritaria. Cualquier explicación posible es mala, sobre todo porque la elección de Peces-Barba representa la ruptura del consenso político que se fraguó entre PP y PSOE sobre la institucionalización del respaldo a las víctimas, como parte del Acuerdo por las Libertades y contra el terrorismo. Peor aún, su nombre está asociado a una progresiva pérdida de confianza de las víctimas en el Gobierno. Su nombramiento fue partidista y así lo constatan los afectados. Esta crisis es un error que debe reparar urgentemente Zapatero, porque Peces-Barba no es más importante que el valor moral que aquéllas representan para la sociedad española. Un Gobierno que pide unidad frente al terrorismo no puede romper su unidad con las víctimas.
El jefe del Ejecutivo sabrá cuáles son los motivos por los que la continuidad de Peces-Barba compensa la crisis con la asociación mayoritaria. Cualquier explicación posible es mala, sobre todo porque la elección de Peces-Barba representa la ruptura del consenso político que se fraguó entre PP y PSOE sobre la institucionalización del respaldo a las víctimas, como parte del Acuerdo por las Libertades y contra el terrorismo. Peor aún, su nombre está asociado a una progresiva pérdida de confianza de las víctimas en el Gobierno. Su nombramiento fue partidista y así lo constatan los afectados. Esta crisis es un error que debe reparar urgentemente Zapatero, porque Peces-Barba no es más importante que el valor moral que aquéllas representan para la sociedad española. Un Gobierno que pide unidad frente al terrorismo no puede romper su unidad con las víctimas.





