FALTAN MIL ÁRBOLES
La Cumbre Internacional sobre Democracia, Temorismo y Seguridad, celebrada durante estos días en Madrid como parte de los actos en memoria del 11-M, clausuró ayer sus trabajos con la elaboración de una serie de propuestas dirigidas a hacer más efectiva y global la lucha contra el terrorismo. Los ejes de esta «Agenda de Madrid», como se ha bautizado al documento de recomendaciones, son la búsqueda de una mayor coordinación internacional en la represión del terrorismo, el respeto escrupuloso a los derechos humanos en todo momento y la erradicación de aquellos factores que alimentan la violencia terrorista. También cobran especial importancia tanto la iniciativa de crear un centro internacional de financiación antiterrorista como, en el polo opuesto, el estrangulamiento de las redes de financiación que sostienen al terror.
La Cumbre de Madrid, en definitiva, da con este documento un paso apreciable en la buena dirección, que es potenciar la globalización de la lucha contra la lacra de la violencia fanática. Y muy poco más se puede decir de esta Cumbre, que tanto en su planteamiento como en el nivel de los asistentes se ha quedado muy justa, muy discreta.
En primer lugar, al Gobierno de Zapatero le han faltado la ambición y la altura de miras necesarias para hacer de este encuentro una auténtica referencia mundial, de tal suerte que el 11-M fuera reconocido oficialmente como el día en que Europa recuerda a todas las víctimas del terror. Pero malamente puede alcanzarse este modesto objetivo cuando la presencia de los gobiernos europeos ha sido de tercera fila. Y no digamos de la presencia norteamericana, principal punta de lanza en este asunto, que se ha limitado al discretísimo nivel.
Pero no es ésta la única insuficiencia demostrada por el Gobierno en lo relacionado a la jornada de ayer. El acto central fue la inauguración por los Reyes del llamado Bosque de los Ausentes, en el Retiro madrileño. Hondos minutos en los que el «Canto de los pájaros» de Pan Casals pobló el unánime silencio de la ciudad y de España toda. La corona depositada por Don Juan Carlos lucía una cinta con la leyenda «A todas las víctimas del terrorismo». A todas. Pero allí sólo había 192 árboles. Y las víctimas del terrorismo en España no son sólo las que arrancó de nuestro seno el fanatismo islámico, sino las mil personas que durante casi cuarenta años, en un goteo de sangre y odio, ha asesinado la banda terrorista ETA. Por eso, a este bosque de ausencias le faltan árboles. Casi mil árboles.
La Cumbre de Madrid, en definitiva, da con este documento un paso apreciable en la buena dirección, que es potenciar la globalización de la lucha contra la lacra de la violencia fanática. Y muy poco más se puede decir de esta Cumbre, que tanto en su planteamiento como en el nivel de los asistentes se ha quedado muy justa, muy discreta.
En primer lugar, al Gobierno de Zapatero le han faltado la ambición y la altura de miras necesarias para hacer de este encuentro una auténtica referencia mundial, de tal suerte que el 11-M fuera reconocido oficialmente como el día en que Europa recuerda a todas las víctimas del terror. Pero malamente puede alcanzarse este modesto objetivo cuando la presencia de los gobiernos europeos ha sido de tercera fila. Y no digamos de la presencia norteamericana, principal punta de lanza en este asunto, que se ha limitado al discretísimo nivel.
Pero no es ésta la única insuficiencia demostrada por el Gobierno en lo relacionado a la jornada de ayer. El acto central fue la inauguración por los Reyes del llamado Bosque de los Ausentes, en el Retiro madrileño. Hondos minutos en los que el «Canto de los pájaros» de Pan Casals pobló el unánime silencio de la ciudad y de España toda. La corona depositada por Don Juan Carlos lucía una cinta con la leyenda «A todas las víctimas del terrorismo». A todas. Pero allí sólo había 192 árboles. Y las víctimas del terrorismo en España no son sólo las que arrancó de nuestro seno el fanatismo islámico, sino las mil personas que durante casi cuarenta años, en un goteo de sangre y odio, ha asesinado la banda terrorista ETA. Por eso, a este bosque de ausencias le faltan árboles. Casi mil árboles.





