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Críticas ordenadas
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Los complejos de la derecha .
Uno de los grandes errores de la derecha en la transición fue su actitud acomplejada sobre el régimen de Franco. No se puede olvidar la coyuntura en que nace el régimen franquista. No se trato de un simple golpe de estado, falsificación histórica que los historiadores pro-marxistas y la propaganda izquierdista han hecho circular. La guerra civil no fue un enfrentamiento entre libertad y democracia contra fascismo y reacción. La guerra civil enfrentó a la mitad de España contra la amenaza de la revolución marxista y el totalitarismo comunista, que fruto de las desigualdades y la miseria imperantes, que una torpe e inoperante II República no supo solucionar, habían polarizado la vida política española. El alzamiento del 18 de julio salvó a la derecha española del exterminio. La utopía falangista de superar la división entre esas izquierdas y esas derechas, jamás pudo realizarse, y el régimen de Franco acabó siendo un régimen donde la derecha conservadora llevó siempre las riendas de un poder autoritario más que dictatorial.

Muerto Franco y agotado el régimen, fue la propia derecha franquista quien trajo la democracia. La transición se gestó desde dentro del régimen, poco a nada tuvieron que ver socialistas y comunistas, que por muchos apoyos externos con los que contasen, en el interior de España para nada dominaban el curso de los acontecimientos.

Sin embargo la UCD, que representó para el electorado español la reforma desde el poder, en vez de cerrar una etapa histórica con respeto y dignidad, se dejó llevar por ese complejo que hizo que muchos políticos que habían hecho su carrera en el seno del franquismo, quisiesen hacer meritos para pasar como demócratas de toda la vida, renegando de su pasado y lo que es peor, de la verdad histórica. La derecha española guardó silencio frente a los sectarios ataques de la izquierda, cuando no se sumo a iniciativas contra natura para demonizar al régimen de Franco. Se paso por cualquier humillación con tal de que no se pusiese en duda su carácter democrático y se lanzase contra ellos el temido anatema que les ponía fuera de la honda políticamente correcta y triunfante: “fascistas”. El pasado de la derecha española era algo vergonzoso que se debía olvidar.

Este complejo llevo a que se instase en la derecha ese sentimiento de inferioridad moral frente a la izquierda, que se ha traducido con los años en esa vergüenza a confesar en público las tendencias derechistas y el temor a plantar cara con firmeza a los postulados izquierdistas, por miedo a ser tildados de radicales. La izquierda comprendió bien pronto la trampa en que había caído la derecha y viene explotando hasta la saciedad ese complejo, que permite que determinados excesos y comportamientos en unos no sean censurados y acalla con la imprecación “derechona” las reacciones de los otros. De esta guisa, con una mano atada a la espalda, la derecha se enfrentó a la progresiva monopolización del mundo cultural por parte de la izquierda, que consiguió acallar cualquier voz crítica y al final logró que la sociedad sintonizase únicamente la emisión de su mensaje “progresista”. Más recientemente las campañas del todos contra el PP volvieron a poner de manifiesto el complejo de la derecha, que prefirió eso que llaman presencia de bajo perfil, que no es otra cosa que esconder la cabeza, a hacer frente a la izquierda. El resultado de este complejo lo recogió la derecha el 14-M. Veremos si ha aprendido la lección, y la próxima vez que desde la izquierda se les descalifique por su pasado, contesten con un “sí que pasa”, y recuerden el pasado totalitario de esa misma izquierda, en vez de agachar las orejas.
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