Aznar afirma que Zapatero encabezó tras el 11-M una «escalada de mentiras y manipulación»
El ex presidente del Gobierno José María Aznar asegura en un nuevo libro que lo ocurrido tras los atentados del 11-M fue el "punto culminante" de una "escalada" de mentiras y manipulación que encabezó Rodríguez Zapatero y con la que se trasgredieron "todas las barreras morales y legales" para desalojar al PP del poder.
Ésta es la conclusión de un análisis de lo sucedido entre la mañana de los atentados y la jornada electoral que realiza Aznar en uno de los capítulos de su nuevo libro, "Retratos y perfiles; de Fraga a Bush", que saldrá a la venta en los próximos días.
Aznar comienza relatando las primeras horas del día 11 de marzo de 2004 y las decisiones que se tomaron tras conocer la magnitud del atentado, entre otras la de no convocar el Pacto Antiterrorista, que asegura nunca se ha convocado tras un atentado y que Zapatero "no pidió nunca en las dos conversaciones" que mantuvieron ese día. Lo que sí dijo el entonces candidato socialista es que "la reacción debía ser la misma si se trataba de ETA o de una organización islámica" y que a él "le era indiferente que sea ETA o Al Qaeda", afirma Aznar.
Cuando recuerda las protestas al paso de la manifestación del día siguiente, Aznar afirma que "estaban encuadradas en una estrategia que se había puesto en marcha el mismo día 11" cuando el propio Zapatero llamó al director del periódico «El Mundo» para decirle que tenía información sobre la existencia de dos suicidas entre las víctimas, algo sobre lo que ni comunicó ni pidió información al presidente del Gobierno.
Así, de "sembrar la duda el día 11, se pasó, el día 12, a extender la sospecha", señala Aznar, quien recuerda que fue entonces cuando Zapatero afirmó en la radio que la "valoración política no sería la misma" de ser ETA o Al Qaeda. "Informamos de los hechos tal y como los íbamos conociendo. Otros construyeron una historia, una pura especulación de efectos políticos muy concretos", dice Aznar.
También señala que las manifestaciones ante sedes del PP del día 13, jornada de reflexión, "fueron la continuación lógica de la campaña iniciada el día 12 y de un movimiento de radicalización que se había empezado a fraguar (...) desde el hundimiento del Prestige y continuó con la intervención en Irak". Además, apunta que si en aquellas protestas había "personas de buena fe" no se dieron cuenta de que "con su presencia estaban siguiendo el guión deseado por los terroristas y contribuyendo a que éstos alcanzaran su objetivo: volcar los resultados electorales".
Cuando aquella noche Alfredo Pérez Rubalcaba acusó al Gobierno de mentir "fue el punto culminante de una escalada que encabezó José Luis Rodríguez Zapatero, al decir lo contrario de lo que me había dicho antes acerca de las consecuencias políticas de la autoría del atentado". Así, mientras el Gobierno se atenía a los hechos que iba conociendo, se había puesto en marcha un frente mediático y político que no dudaba en transgredir todas las barreras morales y legales con tal de conseguir el desalojo del PP del poder", dice.
En su relato, Aznar afirma que nunca ha puesto en duda la legitimidad de la victoria electoral del PSOE, pero añade que no cree que "se borre pronto del recuerdo la forma en que el PSOE ganó aquellas elecciones" y asegura estar "convencido desde aquella misma tarde de que haber llegado al poder de ese modo no dejaría de tener consecuencias sobre la propia acción del Gobierno".
Finalmente, tras comentar su comparecencia de más de 10 horas ante la comisión parlamentaria de investigación del 11-M, Aznar asegura que, a la mañana siguiente, se levantó a las seis de la madrugada y viajó a la República Checa. "Comparecer ante el Parlamento siempre es un honor, y hacerlo durante tantas horas no es tan cansado, ni le debe impedir a nadie cumplir con sus responsabilidades", dice Aznar, en clara referencia al hecho de que, tras comparecer ante la comisión, Zapatero canceló un viaje oficial que tenía previsto realizar a Polonia a la mañana siguiente.
Ésta es la conclusión de un análisis de lo sucedido entre la mañana de los atentados y la jornada electoral que realiza Aznar en uno de los capítulos de su nuevo libro, "Retratos y perfiles; de Fraga a Bush", que saldrá a la venta en los próximos días.
Aznar comienza relatando las primeras horas del día 11 de marzo de 2004 y las decisiones que se tomaron tras conocer la magnitud del atentado, entre otras la de no convocar el Pacto Antiterrorista, que asegura nunca se ha convocado tras un atentado y que Zapatero "no pidió nunca en las dos conversaciones" que mantuvieron ese día. Lo que sí dijo el entonces candidato socialista es que "la reacción debía ser la misma si se trataba de ETA o de una organización islámica" y que a él "le era indiferente que sea ETA o Al Qaeda", afirma Aznar.
Cuando recuerda las protestas al paso de la manifestación del día siguiente, Aznar afirma que "estaban encuadradas en una estrategia que se había puesto en marcha el mismo día 11" cuando el propio Zapatero llamó al director del periódico «El Mundo» para decirle que tenía información sobre la existencia de dos suicidas entre las víctimas, algo sobre lo que ni comunicó ni pidió información al presidente del Gobierno.
Así, de "sembrar la duda el día 11, se pasó, el día 12, a extender la sospecha", señala Aznar, quien recuerda que fue entonces cuando Zapatero afirmó en la radio que la "valoración política no sería la misma" de ser ETA o Al Qaeda. "Informamos de los hechos tal y como los íbamos conociendo. Otros construyeron una historia, una pura especulación de efectos políticos muy concretos", dice Aznar.
También señala que las manifestaciones ante sedes del PP del día 13, jornada de reflexión, "fueron la continuación lógica de la campaña iniciada el día 12 y de un movimiento de radicalización que se había empezado a fraguar (...) desde el hundimiento del Prestige y continuó con la intervención en Irak". Además, apunta que si en aquellas protestas había "personas de buena fe" no se dieron cuenta de que "con su presencia estaban siguiendo el guión deseado por los terroristas y contribuyendo a que éstos alcanzaran su objetivo: volcar los resultados electorales".
Cuando aquella noche Alfredo Pérez Rubalcaba acusó al Gobierno de mentir "fue el punto culminante de una escalada que encabezó José Luis Rodríguez Zapatero, al decir lo contrario de lo que me había dicho antes acerca de las consecuencias políticas de la autoría del atentado". Así, mientras el Gobierno se atenía a los hechos que iba conociendo, se había puesto en marcha un frente mediático y político que no dudaba en transgredir todas las barreras morales y legales con tal de conseguir el desalojo del PP del poder", dice.
En su relato, Aznar afirma que nunca ha puesto en duda la legitimidad de la victoria electoral del PSOE, pero añade que no cree que "se borre pronto del recuerdo la forma en que el PSOE ganó aquellas elecciones" y asegura estar "convencido desde aquella misma tarde de que haber llegado al poder de ese modo no dejaría de tener consecuencias sobre la propia acción del Gobierno".
Finalmente, tras comentar su comparecencia de más de 10 horas ante la comisión parlamentaria de investigación del 11-M, Aznar asegura que, a la mañana siguiente, se levantó a las seis de la madrugada y viajó a la República Checa. "Comparecer ante el Parlamento siempre es un honor, y hacerlo durante tantas horas no es tan cansado, ni le debe impedir a nadie cumplir con sus responsabilidades", dice Aznar, en clara referencia al hecho de que, tras comparecer ante la comisión, Zapatero canceló un viaje oficial que tenía previsto realizar a Polonia a la mañana siguiente.





