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Críticas ordenadas
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«A España servir hasta morir»
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Guadalajara despide a sus víctimas con gritos de dimisión contra el Gobierno.
No ha pasado el tiempo suficiente para darse cuenta de que no están. Por eso, las familias de diez de los fallecidos –excepto, la de José Ródenas, que declinó la invitación para acudir a las exequias– subían ayer la cuesta del Fuerte de San Francisco por inercia para asistir a la misa funeral que se celebró por sus hijos, padres, hermanos. Miles de personas les acompañaban porque Guadalajara es pequeña y el domingo a todo el mundo se le marchó alguien para siempre y ese dolor que se sabe que es para siempre se hacía ayer muy duro. En una veintena de bancos, los situados más cerca del altar, figuraban los nombres de los más allegados a las víctimas. La Iglesia, con una capacidad para 1.200 personas, estaba desbordada.
El acto fue presidido por el obispo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, quien estuvo acompañado por el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares y de 50 sacerdotes de toda la provincia.

Insultos. Como representación del Gobierno asistió la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, además de los ministros de Medio Ambiente y Defensa, Cristina Narbona y José Bono. Asimismo acudieron el líder del PP, Mariano Rajoy y el presidente del Congreso, Manuel Marín. Algunos de ellos recibieron el abucheo de los vecinos mientras los miembros de los retenes fueron aplaudidos a su llegada a la iglesia. A la salida, los políticos también fueron blanco de las iras del público congregado a las puertas del templo. Los gritos se dirigieron al actual presidente autonómico, José María Barreda y su antecesor en el cargo, José Bono, así como a la ministra de Medio Ambiente. Algunos de los presentes exhibían pancartas donde podía leer: «Once muertos, once dimisiones». La ausencia del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que se encuentra de visita oficial a China, también fue duramente criticada.
La impotencia aún duraba y de ahí los reproches. Por el contrario, la compañía que más se agredeció fue la de los Príncipes de Asturias. A pesar de su avanzado estado de gestación, doña Letizia quiso acudir al acto para dar el pésame personalmente a todas las familias. Don Felipe y Doña Letizia, fueron banco por banco, dando la mano y besando a los familiares, en cuyos rostros se reflejaba el dolor y la emoción. El Príncipe de Asturias se detuvo, especialmente, con dos niños a los que besó y con los que conversó brevemente. Se agradeció el gesto. Como también se agradeció la presencia de bomberos y agentes forestales procedentes de toda España y de Francia que quisieron unirse al homenaje a sus compañeros.
En la homilía, el obispo de Sigüenza-Guadalajara leyó fragmentos de los capítulos 3 y 6 del Evangelio de San Juan. Tras citar los nombres de las víctimas, su lugar de origen y a sus familias, José Sánchez se acordó de las circunstancias adversas que rodearon su muerte. «Si no hubiera sido por el viento, por la sequía y, en definitiva, por el fuego» «Si los bosques estuvieran más cuidados...» Para luego admitir que «ya es demasiado tarde para que estas condiciones y otras parecidas se cumplan y pudieran tener un efecto de devolvernos a la vida a los seres queridos que la muerte violenta nos ha arrebatado».
El prelado seguntino invitó a todos a hacer un análisis de lo sucedido para «sacar las debidas consecuencias y corregir o mejorar conductas donde haya lugar». «Ellos –dijo en referencia a los fallecidos– entregaron la vida luchando para que la nuestra fuera más segura, más agradable, más bella y perecieron en el empeño, pero su memoria, su acción y sus vidas permanecen para siempre, porque el amor no muere». A la salida, el padre de una de las víctimas comenzó a llorar. «Han convertido el funeral de mi hijo en un circo».
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