Artículo de interés.- Por qué los economistas y medios liberales están equivocados.
Articulos de interés. El paro en España y el manifiesto de los cien.Reforma, sí; contrarreforma, no
El Sector critico de CCOO en el Sector Ferroviario manifiesta su oposición a la segregación de Renfe Operadora por las transferencias autonómicas.
El Sector critico de CCOO en el Sector Ferroviario manifiesta su oposición a la segregación de Renfe Operadora por las transferencias autonómicas. La aplicación de los Estatutos de Autonomía y el traspaso efectivo de sus transferencias no debe ni puede ser excusa para la pérdida de Empleo Publico de garantías y calidad y la desarticulación de un servicio público y social.
Tres son los ejes que soportan un discurso básico de firmeza y reivindicación:
1º NO a la segregación, privatización, externalización y subcontratación de los servicios públicos prestados por Adif y Renfe Operadora.
2º NO al traspaso de trabajadores de Estaciones a otras empresas distintas a Adif, donde tienen empleo estable y con derechos, cargas de trabajo efectivas y futuro laboral. Las Estaciones requieren prestar un servicio que complementa la línea de venta de las operadoras, atiende las prestaciones y reclamaciones de los usuarios, apoya la movilidad a discapacitados, controla el confort y mantenimiento de las estaciones y otros servicios a usuarios y visitantes. Estas cargas de trabajo no deben ser externalizadas o subcontratadas.
3º NO a la segregación de cargas de trabajo de Servicios Auxiliares, Complementarios y Adicionales, para su externalización, privatización y subcontratación
CONTRA_EL_DESMANTELAMIENTO_DE_LAS.pdf
Tres son los ejes que soportan un discurso básico de firmeza y reivindicación:
1º NO a la segregación, privatización, externalización y subcontratación de los servicios públicos prestados por Adif y Renfe Operadora.
2º NO al traspaso de trabajadores de Estaciones a otras empresas distintas a Adif, donde tienen empleo estable y con derechos, cargas de trabajo efectivas y futuro laboral. Las Estaciones requieren prestar un servicio que complementa la línea de venta de las operadoras, atiende las prestaciones y reclamaciones de los usuarios, apoya la movilidad a discapacitados, controla el confort y mantenimiento de las estaciones y otros servicios a usuarios y visitantes. Estas cargas de trabajo no deben ser externalizadas o subcontratadas.
3º NO a la segregación de cargas de trabajo de Servicios Auxiliares, Complementarios y Adicionales, para su externalización, privatización y subcontratación
CONTRA_EL_DESMANTELAMIENTO_DE_LAS.pdf
10 preguntas sobre la crisis.
10 preguntas sobre la crisis
MICHEL COLLON
1. ¿Subprimes ? El punto de partida es una verdadera estafa ya que los bancos occidentales han ganado una enorme cantidad de dinero a costa de los hogares estadounidenses, diciéndose que si no eran capaces de pagar, les quitarían sus casas por cuatro monedas.
2. ¿Es sólo una crisis bancaria? No, en absoluto. Se trata de una verdadera crisis económica que ha comenzado en el sector bancario, pero cuyas causas son mucho más profundas. En realidad, toda la economía de los Estados Unidos vive a crédito desde hace 30 años. Las empresas se endeudan por encima de sus posibilidades, el Estado se endeuda también por encima de sus posibilidades (para hacer la guerra) y se ha impulsado sistemáticamente a los ciudadanos a endeudarse, la única manera de mantener, artificialmente, un crecimiento económico.
3. ¿La verdadera causa? Por supuesto, los medios de comunicación tradicionales no nos dicen nada. Y sin embargo, las subprimes no son más que la punta del iceberg, la manifestación más espectacular de una crisis de superproducción que golpea a los Estados Unidos, pero también a los países occidentales. Si el objetivo final de una multinacional consiste en despedir a trabajadores en masa para hacer el mismo trabajo con menos personas, si además se bajan los salarios por todos los medios y con la ayuda de los gobiernos cómplices, ¿A quién van a venderles los capitalistas sus mercancías? ¡No han parado de empobrecer a sus clientes!
4 ¿Es sólo una crisis de la que sobreponerse? La historia demuestra que el capitalismo ha ido siempre de una crisis a otra con, de vez en cuando, una buena guerra para salir de ella (eliminando a sus rivales, empresas, infraestructuras, lo que permite un buen reimpulso económico). En realidad, las crisis son también un periodo que aprovechan los grandes para eliminar o absorber a los más débiles. Es lo que ocurre ahora en el sector bancario estadounidense, o en el caso de BNP que se traga a Fortis (y todo esto no ha hecho más que empezar). Pero, si la crisis refuerza la concentración de capital en manos de un número aún más pequeño de multinacionales, ¿cuál será la consecuencia? Estos super-grupos tendrán aún más medios de eliminar
5. ¿Un capitalismo sobre bases éticas? Hace ciento cincuenta años que nos lo prometen. Hasta Bush y Sarkozy lo han hecho. Pero en realidad, es tan imposible como un tigre vegetariano. Y es que el capitalismo se apoya en tres principios: 1. La propiedad privada de los grandes medios de producción y de financiación. No es la gente la que decide, sino los multinacionales. 2. La competitividad: ganar la guerra económica, es decir, eliminar a la competencia. 3. El máximo beneficio: para ganar esta batalla no basta con tener unos beneficios normales o razonables, sino una tasa de beneficios que permita distanciar a las empresas de la competencia. El capitalismo no es sino la ley de la selva, como ya escribía Karl Marx: "Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300%, no se detiene ante ningún crimen."
6. ¿Salvar a los bancos? Por supuesto, hay que proteger a los clientes de los bancos. Pero en realidad, lo que el Estado está haciendo es proteger a los ricos y nacionalizar las pérdidas. Por ejemplo, el estado Belga no tenía 100 millones de euros para ayudar a la gente a mantener su poder adquisitivo, pero para salvar a los bancos, ha encontrado 5.000 millones en dos horas. Miles de millones que nosotros tendremos que rembolsar. Lo irónico es que Dexia era un Banco Público y que Fortis se ha tragado un banco público que funcionaba muy bien. Gracias a ello, sus dirigentes han hecho negocios durante veinte años. Y ahora que la cosa no funciona, ¿se le pide a estos dirigentes que paguen los platos rotos con el dinero que han estado ganando y que se han guardado? No, se nos pide que paguemos nosotros.
7. ¿Los medios de comunicación? Lejos de explicarnos todo esto, fijan su atención en asuntos secundarios. Nos dicen que habrá que buscar los errores, a los responsables, combatir los excesos y bla, bla, bla. Sin embargo, no se trata de tal o tal error, sino del sistema. Esta crisis era inevitable. Las empresas que se están derrumbando, son las más débiles o las que peor suerte han tenido. Las que sobrevivan, tendrán aún más poder sobre la economía y sobre nuestras vidas.
8. ¿El neoliberalismo? La crisis no ha sido provocada sino acelerada por la moda neoliberal de los últimos veinte años. Los países ricos han intentado imponer este neoliberalismo en todo el tercer mundo. En América Latina, como acabo de estudiar durante la preparación de mi libro Los 7 pecados de Hugo Chávez, el neoliberalismo ha sumido a millones de personas en la miseria. Pero al hombre que ha lanzado la señal de la resistencia, el hombre que ha demostrado que se podía resistir al Banco Mundial, al FMI y a las multinacionales, el hombre que ha enseñado que había que darle la espalda al neoliberalismo para reducir la pobreza, este hombre, Hugo Chávez, no deja de ser diabolizado a golpe de mentira mediática y de difamación infundada. ¿Por qué?
9. ¿El tercer mundo? Sólo se nos habla de las consecuencias de la crisis en el Norte. En realidad, todo el tercer mundo sufrirá gravemente a causa de la recesión económica y de la bajada de precios de las materias primas que provocará la crisis.
10. ¿La alternativa? En 1989, un famoso autor estadounidense, Francis Fukuyama, nos anunciaba el Fin de la Historia : el capitalismo había triunfado para siempre, nos decía. No ha hecho falta mucho tiempo para que los vencedores se estrellen. La humanidad necesita verdaderamente otro tipo de sociedad. El sistema actual fabrica miles de millones de pobres, hunde en la angustia a aquellos que tienen (provisionalmente) la suerte de trabajar, multiplica las guerras y arruina los recursos del planeta. Pretender que la humanidad está condenada a vivir bajo la ley de la selva, es tomar a la gente por imbéciles. ¿Cómo debería ser una sociedad más humana, que ofrezca un porvenir digno para todos? Este es el debate que tenemos todos la obligación de lanzar. Sin tabúes
6 octubre 2008
MICHEL COLLON
1. ¿Subprimes ? El punto de partida es una verdadera estafa ya que los bancos occidentales han ganado una enorme cantidad de dinero a costa de los hogares estadounidenses, diciéndose que si no eran capaces de pagar, les quitarían sus casas por cuatro monedas.
2. ¿Es sólo una crisis bancaria? No, en absoluto. Se trata de una verdadera crisis económica que ha comenzado en el sector bancario, pero cuyas causas son mucho más profundas. En realidad, toda la economía de los Estados Unidos vive a crédito desde hace 30 años. Las empresas se endeudan por encima de sus posibilidades, el Estado se endeuda también por encima de sus posibilidades (para hacer la guerra) y se ha impulsado sistemáticamente a los ciudadanos a endeudarse, la única manera de mantener, artificialmente, un crecimiento económico.
3. ¿La verdadera causa? Por supuesto, los medios de comunicación tradicionales no nos dicen nada. Y sin embargo, las subprimes no son más que la punta del iceberg, la manifestación más espectacular de una crisis de superproducción que golpea a los Estados Unidos, pero también a los países occidentales. Si el objetivo final de una multinacional consiste en despedir a trabajadores en masa para hacer el mismo trabajo con menos personas, si además se bajan los salarios por todos los medios y con la ayuda de los gobiernos cómplices, ¿A quién van a venderles los capitalistas sus mercancías? ¡No han parado de empobrecer a sus clientes!
4 ¿Es sólo una crisis de la que sobreponerse? La historia demuestra que el capitalismo ha ido siempre de una crisis a otra con, de vez en cuando, una buena guerra para salir de ella (eliminando a sus rivales, empresas, infraestructuras, lo que permite un buen reimpulso económico). En realidad, las crisis son también un periodo que aprovechan los grandes para eliminar o absorber a los más débiles. Es lo que ocurre ahora en el sector bancario estadounidense, o en el caso de BNP que se traga a Fortis (y todo esto no ha hecho más que empezar). Pero, si la crisis refuerza la concentración de capital en manos de un número aún más pequeño de multinacionales, ¿cuál será la consecuencia? Estos super-grupos tendrán aún más medios de eliminar
5. ¿Un capitalismo sobre bases éticas? Hace ciento cincuenta años que nos lo prometen. Hasta Bush y Sarkozy lo han hecho. Pero en realidad, es tan imposible como un tigre vegetariano. Y es que el capitalismo se apoya en tres principios: 1. La propiedad privada de los grandes medios de producción y de financiación. No es la gente la que decide, sino los multinacionales. 2. La competitividad: ganar la guerra económica, es decir, eliminar a la competencia. 3. El máximo beneficio: para ganar esta batalla no basta con tener unos beneficios normales o razonables, sino una tasa de beneficios que permita distanciar a las empresas de la competencia. El capitalismo no es sino la ley de la selva, como ya escribía Karl Marx: "Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300%, no se detiene ante ningún crimen."
6. ¿Salvar a los bancos? Por supuesto, hay que proteger a los clientes de los bancos. Pero en realidad, lo que el Estado está haciendo es proteger a los ricos y nacionalizar las pérdidas. Por ejemplo, el estado Belga no tenía 100 millones de euros para ayudar a la gente a mantener su poder adquisitivo, pero para salvar a los bancos, ha encontrado 5.000 millones en dos horas. Miles de millones que nosotros tendremos que rembolsar. Lo irónico es que Dexia era un Banco Público y que Fortis se ha tragado un banco público que funcionaba muy bien. Gracias a ello, sus dirigentes han hecho negocios durante veinte años. Y ahora que la cosa no funciona, ¿se le pide a estos dirigentes que paguen los platos rotos con el dinero que han estado ganando y que se han guardado? No, se nos pide que paguemos nosotros.
7. ¿Los medios de comunicación? Lejos de explicarnos todo esto, fijan su atención en asuntos secundarios. Nos dicen que habrá que buscar los errores, a los responsables, combatir los excesos y bla, bla, bla. Sin embargo, no se trata de tal o tal error, sino del sistema. Esta crisis era inevitable. Las empresas que se están derrumbando, son las más débiles o las que peor suerte han tenido. Las que sobrevivan, tendrán aún más poder sobre la economía y sobre nuestras vidas.
8. ¿El neoliberalismo? La crisis no ha sido provocada sino acelerada por la moda neoliberal de los últimos veinte años. Los países ricos han intentado imponer este neoliberalismo en todo el tercer mundo. En América Latina, como acabo de estudiar durante la preparación de mi libro Los 7 pecados de Hugo Chávez, el neoliberalismo ha sumido a millones de personas en la miseria. Pero al hombre que ha lanzado la señal de la resistencia, el hombre que ha demostrado que se podía resistir al Banco Mundial, al FMI y a las multinacionales, el hombre que ha enseñado que había que darle la espalda al neoliberalismo para reducir la pobreza, este hombre, Hugo Chávez, no deja de ser diabolizado a golpe de mentira mediática y de difamación infundada. ¿Por qué?
9. ¿El tercer mundo? Sólo se nos habla de las consecuencias de la crisis en el Norte. En realidad, todo el tercer mundo sufrirá gravemente a causa de la recesión económica y de la bajada de precios de las materias primas que provocará la crisis.
10. ¿La alternativa? En 1989, un famoso autor estadounidense, Francis Fukuyama, nos anunciaba el Fin de la Historia : el capitalismo había triunfado para siempre, nos decía. No ha hecho falta mucho tiempo para que los vencedores se estrellen. La humanidad necesita verdaderamente otro tipo de sociedad. El sistema actual fabrica miles de millones de pobres, hunde en la angustia a aquellos que tienen (provisionalmente) la suerte de trabajar, multiplica las guerras y arruina los recursos del planeta. Pretender que la humanidad está condenada a vivir bajo la ley de la selva, es tomar a la gente por imbéciles. ¿Cómo debería ser una sociedad más humana, que ofrezca un porvenir digno para todos? Este es el debate que tenemos todos la obligación de lanzar. Sin tabúes
6 octubre 2008
“EL SALARIO MEDIO DE LOS EUROPEOS SUPERA EN UN 34% EL DE LOS ESPAÑOLES” “El Periódico” 14 Octubre 2008-10-16
Los empresarios españoles vienen quejándose desde hace años de los alto costes salariales que soportan y su necesidad de abaratarlos para ser más competitivos con Europa.
Un estudio realizado por IESE (entidad nada sospechosa de izquierdista) y publicado este mes, revela que el salario medio de los españoles es un 34% inferior a la media de la Unión Europea.
Aunque los datos que aporta el informe son del 2006, la diferencia con el 2008 sigue similar, ya que los trabajadores han tenido un incremento salarial del 3,5% que se lo ha comido la inflación.
Los empleados de la UE-25 percibían una media de 32.414 euros de sueldo bruto anual, aunque países como Noruega, Dinamarca, Reino Unido y Alemania renumeran por encima de los 40.000 euros.
En cambio las ganancias de los asalariados españoles no llegan a los 21.500 euros, por encima solo de Portugal (15.700), Malta (12.600) y los países del este que están todos por debajo de los 10.000 Euros
“El problema es que “los sueldos de los españoles se van alejando cada vez más de los europeos en virtud del principio de moderación salarial que aplican sindicatos y patronos”..
Entre 2002 y 2006, los sueldos promedio en a UE-25 se revalorizaron un 3,9%, mientras que el incremento real en España fue del 1,3%, el peor de todo el continente, excepto Suiza. Los países del Este caminan a la convergencia con un aumento de hasta el 23%.”
Un estudio realizado por IESE (entidad nada sospechosa de izquierdista) y publicado este mes, revela que el salario medio de los españoles es un 34% inferior a la media de la Unión Europea.
Aunque los datos que aporta el informe son del 2006, la diferencia con el 2008 sigue similar, ya que los trabajadores han tenido un incremento salarial del 3,5% que se lo ha comido la inflación.
Los empleados de la UE-25 percibían una media de 32.414 euros de sueldo bruto anual, aunque países como Noruega, Dinamarca, Reino Unido y Alemania renumeran por encima de los 40.000 euros.
En cambio las ganancias de los asalariados españoles no llegan a los 21.500 euros, por encima solo de Portugal (15.700), Malta (12.600) y los países del este que están todos por debajo de los 10.000 Euros
“El problema es que “los sueldos de los españoles se van alejando cada vez más de los europeos en virtud del principio de moderación salarial que aplican sindicatos y patronos”..
Entre 2002 y 2006, los sueldos promedio en a UE-25 se revalorizaron un 3,9%, mientras que el incremento real en España fue del 1,3%, el peor de todo el continente, excepto Suiza. Los países del Este caminan a la convergencia con un aumento de hasta el 23%.”
Artículo de Pedro Montes sobre la solvencia del sistema financiero español.
Sobre la solvencia del sistema financiero español
Pedro Montes
Rebelión
El presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, ha declarado que el sistema financiero español es uno de los más sólidos del mundo. No cabe dudar de sus palabras teniendo en cuenta la manifiesta competencia del presidente en los asuntos económicos.
Pero, en buena lógica, si la crisis financiera desatada en Estados Unidos ha afectado ya a importantes bancos europeos, es bastante probable que en algún momento sea una caja o un banco español el que se declare insolvente. Rumores, desde luego, no faltan. Puede que sea verdad que el conjunto del sistema bancario español tenga una mejor relación que la media de los europeos entre los recursos propios - capital y reservas- y los depósitos, o que estén mejor provisionados ante futuras pérdidas, pero esas diferencias no harán más resistentes los diques cuando se declare una bancarrota. Malos tiempos aquellos, se suele decir, cuando hay que explicar lo obvio, pues tiempo incierto debe ser éste cuando el gobierno, los gobiernos en general, se han visto obligados a tratar de evitar más que lo obvio, lo esencial en el sistema financiero: que la confianza en el sistema no se pierda, que no cunda el pánico, declarando que garantizan los depósitos bancarios.
Por otra parte, los orígenes de la crisis, como se sabe, son las hipotecas “subprime” en Estados Unidos, o hipotecas de alto riesgo. Por lo que se sabe, el sistema crediticio español ha sido más cuidadoso a la hora de conceder créditos hipotecarios a los particulares (otra cosa son los créditos a promotores), pero en nuestro país todos los aspectos relacionados con la cuestión inmobiliaria - viviendas construidas, especulación, precios, créditos hipotecarios sobre crédito total- son comparativamente más exagerados que en los Estados Unidos y sin parangón con los principales países europeos. No es descartable por tanto, sino más bien altamente probable, que nuestro país sufra su propia crisis “subprime”, porque las hipotecas sanas que se dieron en el pasado pueden convertirse muy rápidamente en hipotecas intoxicadas, por emplear el lenguaje al uso, en cuanto la situación económica y el paro se agraven. Ya esta sucediendo: la morosidad está aumentando vertiginosamente y es una de los hechos que más inquietan de la evolución financiera.
También es cierto que la economía española sufre de un enorme déficit exterior por cuenta corriente –se importa mucho mas que se exporta- , ya más del 10% del PIB, una de cuyas secuelas es que exige una financiación exterior excepcional, tanto en el sentido de su volumen, más de 100.000 millones de euros anuales, como en comparación con los más importantes países europeos. Con los mercados de capitales obturados y los mercados monetarios inoperantes, conseguir esa financiación se ha convertido en un problema. En la última nota informativa del Banco de España sobre la evolución de la balanza de pagos hasta julio, puede “ ...se registró una necesidad de financiación de 62.009 millones de euros en los siete primeros meses de 2008, superior a la del mismo periodo de 2007, de 59.049 millones. Por su parte, la cuenta financiera, excluido el Banco de España, acumuló entradas netas por valor de 39.364 millones de euros, inferiores a las del período enero-julio de 2007, de 77.060 millones. En consecuencia, los activos netos del Banco de España frente al exterior disminuyeron por valor de 18.815 millones de euros, frente al incremento de 21.503 millones registrados en el mismo periodo de 2007”. En resumen y todo entendible: el déficit aumentó, la financiación exterior disminuyó, y el Banco de España tuvo que correr con la diferencia perdiendo reservas.
Claro que, además, como el déficit exterior es creciente y se viene arrastrando desde hace bastantes años, su acumulación se ha traducido en que la economía española es una de las más endeudadas del mundo. Al final de 2007, la deuda neta exterior representaba el 70% del PIB cuando en 1998, antes de la implantación del euro, era del 29 %. Ningún país importante (Francia, Italia, Gran Bretaña) tiene una posición que sobrepase el 25% del PIB, y países como Alemania y Japón tienen una posición acreedora, que supera el 50% del PIB en el caso alemán y se acerca al 30% en el nipón.
Por lo demás, para complicar un poco mas el panorama, el aumento de la deuda neta entre 1998 y 2007 ha sido de 573.000 millones de euros, pero tal aumento es el resultado de un incremento de los activos frente exterior de 1.030.000 millones de euros y de un aumento de los pasivos de 1.603.000 millones –si, eso es, 1,6 billones de euros-, con lo cual los pasivos exteriores de la economía española sobrepasaron al final de 2007 los 2 billones de euros, el doble del PIB en ese año. De esta última cantidad, el 80% es deuda externa, que tal como la define el Fondo Monetario Internacional comprende los saldos de todos los pasivos frente a no residentes que dan lugar a pagos por amortización, por intereses o por ambos conceptos.
Una parte sustancial de esa deuda figura en el pasivo de las entidades financieras. Esa deuda, aparte de pagarse en los plazos previstos, debe renovarse para que la actividad crediticia de bancos y cajas no se hunda, y ello debe lograrse en las condiciones de crisis financiera global existente, con los mercados paralizados y la desconfianza generalizada, y por las entidades de un país cuya situación suscita bastante recelo, como lo pone de manifiesto los tipos de interés extras que ya tienen que pagar las emisiones españolas en los mercados internacionales.
El complejo y monstruoso entramado financiero que la globalización neoliberal ha construido encierra en su seno una alta inestabilidad y muy serios riesgos de hundimiento. Cada billón, cada millón, o mejor, cada euro de cada activo y pasivo tienen sus propios acreedores y sus propios deudores, de modo que todo incumplimiento en la cadena financiera encierra el peligro de propagarse, como se comprueba dramáticamente en la actualidad, dando pleno valor a la expresión de que el sistema financiero es un castillo de naipes.
Por supuesto, nada de lo dicho invalida la autorizada opinión del presidente del gobierno, pero hay razones para temer que la realidad lo contradiga y que si todo se complica estemos a las puertas de una catástrofe financiera que a su vez desencadenará una crisis económica de consecuencias invalorables.
Pedro Montes es economista y miembro de la Presidencia Federal de Izquierda Unida
Pedro Montes
Rebelión
El presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, ha declarado que el sistema financiero español es uno de los más sólidos del mundo. No cabe dudar de sus palabras teniendo en cuenta la manifiesta competencia del presidente en los asuntos económicos.
Pero, en buena lógica, si la crisis financiera desatada en Estados Unidos ha afectado ya a importantes bancos europeos, es bastante probable que en algún momento sea una caja o un banco español el que se declare insolvente. Rumores, desde luego, no faltan. Puede que sea verdad que el conjunto del sistema bancario español tenga una mejor relación que la media de los europeos entre los recursos propios - capital y reservas- y los depósitos, o que estén mejor provisionados ante futuras pérdidas, pero esas diferencias no harán más resistentes los diques cuando se declare una bancarrota. Malos tiempos aquellos, se suele decir, cuando hay que explicar lo obvio, pues tiempo incierto debe ser éste cuando el gobierno, los gobiernos en general, se han visto obligados a tratar de evitar más que lo obvio, lo esencial en el sistema financiero: que la confianza en el sistema no se pierda, que no cunda el pánico, declarando que garantizan los depósitos bancarios.
Por otra parte, los orígenes de la crisis, como se sabe, son las hipotecas “subprime” en Estados Unidos, o hipotecas de alto riesgo. Por lo que se sabe, el sistema crediticio español ha sido más cuidadoso a la hora de conceder créditos hipotecarios a los particulares (otra cosa son los créditos a promotores), pero en nuestro país todos los aspectos relacionados con la cuestión inmobiliaria - viviendas construidas, especulación, precios, créditos hipotecarios sobre crédito total- son comparativamente más exagerados que en los Estados Unidos y sin parangón con los principales países europeos. No es descartable por tanto, sino más bien altamente probable, que nuestro país sufra su propia crisis “subprime”, porque las hipotecas sanas que se dieron en el pasado pueden convertirse muy rápidamente en hipotecas intoxicadas, por emplear el lenguaje al uso, en cuanto la situación económica y el paro se agraven. Ya esta sucediendo: la morosidad está aumentando vertiginosamente y es una de los hechos que más inquietan de la evolución financiera.
También es cierto que la economía española sufre de un enorme déficit exterior por cuenta corriente –se importa mucho mas que se exporta- , ya más del 10% del PIB, una de cuyas secuelas es que exige una financiación exterior excepcional, tanto en el sentido de su volumen, más de 100.000 millones de euros anuales, como en comparación con los más importantes países europeos. Con los mercados de capitales obturados y los mercados monetarios inoperantes, conseguir esa financiación se ha convertido en un problema. En la última nota informativa del Banco de España sobre la evolución de la balanza de pagos hasta julio, puede “ ...se registró una necesidad de financiación de 62.009 millones de euros en los siete primeros meses de 2008, superior a la del mismo periodo de 2007, de 59.049 millones. Por su parte, la cuenta financiera, excluido el Banco de España, acumuló entradas netas por valor de 39.364 millones de euros, inferiores a las del período enero-julio de 2007, de 77.060 millones. En consecuencia, los activos netos del Banco de España frente al exterior disminuyeron por valor de 18.815 millones de euros, frente al incremento de 21.503 millones registrados en el mismo periodo de 2007”. En resumen y todo entendible: el déficit aumentó, la financiación exterior disminuyó, y el Banco de España tuvo que correr con la diferencia perdiendo reservas.
Claro que, además, como el déficit exterior es creciente y se viene arrastrando desde hace bastantes años, su acumulación se ha traducido en que la economía española es una de las más endeudadas del mundo. Al final de 2007, la deuda neta exterior representaba el 70% del PIB cuando en 1998, antes de la implantación del euro, era del 29 %. Ningún país importante (Francia, Italia, Gran Bretaña) tiene una posición que sobrepase el 25% del PIB, y países como Alemania y Japón tienen una posición acreedora, que supera el 50% del PIB en el caso alemán y se acerca al 30% en el nipón.
Por lo demás, para complicar un poco mas el panorama, el aumento de la deuda neta entre 1998 y 2007 ha sido de 573.000 millones de euros, pero tal aumento es el resultado de un incremento de los activos frente exterior de 1.030.000 millones de euros y de un aumento de los pasivos de 1.603.000 millones –si, eso es, 1,6 billones de euros-, con lo cual los pasivos exteriores de la economía española sobrepasaron al final de 2007 los 2 billones de euros, el doble del PIB en ese año. De esta última cantidad, el 80% es deuda externa, que tal como la define el Fondo Monetario Internacional comprende los saldos de todos los pasivos frente a no residentes que dan lugar a pagos por amortización, por intereses o por ambos conceptos.
Una parte sustancial de esa deuda figura en el pasivo de las entidades financieras. Esa deuda, aparte de pagarse en los plazos previstos, debe renovarse para que la actividad crediticia de bancos y cajas no se hunda, y ello debe lograrse en las condiciones de crisis financiera global existente, con los mercados paralizados y la desconfianza generalizada, y por las entidades de un país cuya situación suscita bastante recelo, como lo pone de manifiesto los tipos de interés extras que ya tienen que pagar las emisiones españolas en los mercados internacionales.
El complejo y monstruoso entramado financiero que la globalización neoliberal ha construido encierra en su seno una alta inestabilidad y muy serios riesgos de hundimiento. Cada billón, cada millón, o mejor, cada euro de cada activo y pasivo tienen sus propios acreedores y sus propios deudores, de modo que todo incumplimiento en la cadena financiera encierra el peligro de propagarse, como se comprueba dramáticamente en la actualidad, dando pleno valor a la expresión de que el sistema financiero es un castillo de naipes.
Por supuesto, nada de lo dicho invalida la autorizada opinión del presidente del gobierno, pero hay razones para temer que la realidad lo contradiga y que si todo se complica estemos a las puertas de una catástrofe financiera que a su vez desencadenará una crisis económica de consecuencias invalorables.
Pedro Montes es economista y miembro de la Presidencia Federal de Izquierda Unida
Artículo de Pedro Montes sobre la izquierda ante la crisis económica.
La izquierda ante la crisis económica
Pedro Montes
Nuestra Bandera
1. La crisis
El contexto económico en los próximos años será radicalmente distinto al que hemos conocido desde hace más de dos lustros, durante los cuales ha tenido lugar un periodo de bonanza caracterizado principalmente por un crecimiento sostenido del PIB y un intenso crecimiento del empleo, aunque de baja calidad. Está fuera de toda duda que la economía española se está adentrando en una fase muy complicada, sobre la que las únicas incógnitas abiertas son la intensidad de la crisis y la duración que pueda tener, ésta dependiendo de aquella.
Los pronósticos oscilan entre grandes márgenes, apuntando desde una grave crisis inevitablemente prolongada a una moderada depresión que en dos años podría superarse. Se debe evitar entrar en el juego de los diagnósticos, pero dejando sentado que los augurios más sombríos pueden cumplirse y que no parece que las dificultades que recorren a la economía española pueda solventarse en poco tiempo.
En efecto, hay que considerar que el capitalismo español está atravesado por tres crisis de distinto origen, cuya combinación da muchas variantes, ninguna tranquilizadora.
1.a. La crisis del euro
Tenemos en primer lugar lo que se puede llamar la crisis del euro. Es la que menos ruido produce, a la que menos atención se le presta, y es, en cambio, la más inquietante pues su solución sólo podrá venir de importantes decisiones que modifiquen el estado actual de la inserción del capitalismo español en el ámbito de la Unión Europea. Han transcurrido sólo nueve años de la implantación del euro y los datos de la balanza de pagos ponen de manifiesto que la economía española no ha podido digerir la liberalización, por un lado, y la rigidez, por otro, que imponen el mercado y la moneda únicos.
Desde un práctico equilibrio de la balanza por cuenta corriente en 1998, en el 2007 se ha registrado un déficit que supera el 10% del PIB. En cifras absolutas es el segundo mayor déficit del mundo, después del de Estado Unidos. Se ha alcanzado con un crecimiento relativamente más intenso que el de otras economías de la Unión Europea, pero también después de una evolución económica propicia para mantener la competitividad en el marco operativo en extremo exigente que emana de Maastricht, como lo revelan el retroceso de poder adquisitivo de los salarios, la pérdida en la participación de estos en la renta nacional, la precariedad extrema del empleo, la degradación de los servicios públicos y la política fiscal y de subvenciones dirigida a fomentar la rentabilidad de las empresas, todo ello, como se ha dicho, de manera coherente con los análisis que determinaban que el Estado social se vería amenazado en la Europa de Maastricht.
La existencia del euro, o lo que es equivalente, la inexistencia de una moneda propia que detecte y resienta el desequilibrio exterior, enmascara y oculta los problemas derivados de un déficit tan enorme, pero no por ello desaparecen los problemas reales que implica: a saber, en primer lugar, que la producción interior no cubre las necesidades de la demanda: ésta se cubre con importaciones crecientes por no ser las mercancías españolas suficientemente competitivas, con el resultado que el crecimiento del PIB y el empleo del país es menor que el impulsado por la demanda. En segundo lugar, que la economía, a consecuencia del déficit, se ha endeudado a un ritmo vertiginoso. Baste decir que el endeudamiento exterior de la economía española en 1998, esto es la diferencia entre los pasivos y los activos exteriores era de 28,8% del PIB y que en el 2007 ese porcentaje se elevó al 70%. En particular los pasivos exteriores que representaban el 100% del PIB al entrar en el euro se elevaron al 205 % en 2007, en unas condiciones, debe recordarse por la inestabilidad potencial que entrañan, de movilidad plena de los capitales.
La solución a este grave problema difícilmente podrá venir de un frenazo abrupto de la economía, de un ajuste económico brutal que tendría consecuencias sociales desoladoras, por las raíces del mismo, que no son otras que el retraso tecnológico y de dotación de capital y la perdida continua de competitividad, combinadas con la falta de instrumentos para compensarlos. Al valorar la situación objetiva de la economía española en estos momentos de inquietud general por el futuro de la economía mundial, se está pasando por alto esta falla tan peligrosa, si bien no resulta ya raro leer en la prensa internacional especializada que la permanencia de España en el euro no esta garantizada.
1.b. La crisis “subprime”
El segundo elemento de la crisis para nuestro país proviene justamente de la inestabilidad que caracteriza a la economía internacional después del estallido de lo que se conoce como la crisis de las hipotecas “subprime” en Estado Unidos, hipotecas de alto riesgo de falta de cobro. Aquí de nuevo los pronósticos oscilan entre el derrotismo total –la mención a la gran crisis del año 29 es frecuente- y unas opiniones muy preocupadas por la situación, como lo demuestran las continuas rebajas del tipo de interés efectuadas por la Reserva Federal. Los peligros de una catástrofe financiera internacional no pueden descartarse y las soluciones posibles pasan por que las autoridades monetarias inyecten masivas cantidades de liquidez para taponar los agujeros que vayan surgiendo, para reponer los naipes que se caen del castillo, para amortiguar los efectos del proceso de “desvaloriazación” de los balances que está en marcha, pero al precio de fomentar la inestabilidad global y de agravar las futuras crisis financieras.
Es una política que ya se ha seguido sistemáticamente en el pasado para apagar anteriores crisis, con las consecuencias que ahora se están padeciendo. El agravamiento de la situación actual, de la cual hay que decir que no se tiene un conocimiento y una valoración precisas, por los enigmas que encierra el manto financiero que envuelve la economía mundial y los intereses en juego (nadie reconoce su delicada situación financiera para evitar precipitar la bancarrota), no dejaría de tener efectos perniciosos sobre la economía española, visto su gran endeudamiento, su precaria posición exterior y la dependencia tan acusada que tiene de la financiación externa. En todo caso, la inestabilidad financiera en Estados Unidos, ya propagada a otras zonas del planeta, ha tenido efectos sobre la economía real: se habla de recesión en aquel país y se han revisado a la baja todas las previsiones de crecimiento de la Unión Europea y otras partes del mundo. Este empeoramiento influye, como no, en las expectativas de la economía española, que ha obligado al gobierno a reducir las previsiones de crecimiento para el año en curso y los siguientes. Sin duda, las incertidumbres que dominan la economía mundial representan un clima poco propicio para la economía española, sometida a su vez a problemas propios y singulares.
1.c. El modelo agotado
Así, los cambios que están teniendo lugar en los últimos tiempos, con revisiones a la baja del crecimiento, aumento preocupante del paro y problemas en muchas empresas se relacionan con lo que se ha venido en describir como el agotamiento del modelo de crecimiento anterior, y que es el tercer elemento a considerar en la crisis de la economía española. La exagerada actividad del sector de la construcción, en particular del sector de la vivienda, ha llegado a su fin, y con ella la fase de bonanza. La construcción de viviendas ha tenido como telón de fondo una especulación salvaje, ha propiciado una gran extorsión a una gran cantidad de jóvenes necesitados de vivienda, ha llevado al endeudamiento de muchos hogares a unas cotas insólitas, ha dado lugar a un crecimiento de la actividad crediticia hipotecaria enfebrecido y ha absorbido una cantidad ingente de recursos destinados a cubrir todas las costas con muros de hormigón y a levantar fantasmales urbanizaciones en el entorno de las ciudades.
La caída irremediable del sector de la construcción arrastrará a otras muchas actividades económicas y como se ha generado un desajuste muy grande entre la oferta y la demanda de un bien no perecedero como es la vivienda, la paralización del sector será larga, nada del año o dos años que se suele decir piadosamente para tranquilizar a los ciudadanos. Por otra parte, no es necesario resaltar que eso del cambio de modelo de crecimiento que se pretende difundir como alternativa y solución a los problemas surgidos no es un trueque de estampitas, algo que pueda decidirse burocráticamente en los despachos y hacerse de la noche a la mañana, sino algo muy complejo que, de intentarse en serio, llevaría mucho tiempo, muchos recursos y más coherencia y planificación que las que el sistema puede proporcionar.
Por otra parte, han surgido, con características propias pero de la misma naturaleza que los riesgos “subprime”, problemas financieros relacionados con los créditos hipotecarios y la financiación a las inmobiliarias, sobre cuyo crecimiento ha descansado la actividad y la especulación de los últimos tiempos. Estos problemas empiezan a tener repercusión en la salud del conjunto del sistema bancario y la financiación de otras actividades, que no siempre son solucionables por la vía de inundar de liquidez el sistema, pues existen problemas adicionales de solvencia, fiabilidad y riesgos de impagos. El endeudamiento ha crecido a ritmos sin parangón con la actividad real de la economía, y en particular el de las familias con su hipotecada situación pesa ahora sobremanera cuando sería necesario contar con la demanda estable del consumo. De qué manera estos problemas colaterales influirán en la evolución económica de los próximos años es nuevamente una incógnita. No obstante, han aparecido algunos informes de todo tipo de instituciones que pronostican un período complejo y lleno de dificultades para la economía en los próximos años, lo cual, sin que tenga que llegar cumplirse en su peor versión, da idea de la incertidumbre existente y de la gravedad que puede tener la crisis “autónoma” de la economía española. No hay que entrar en otros muchos aspectos negativos de la evolución actual de la economía – efectos de la crisis energética con su impacto en el precio del petróleo del que nuestro país es particularmente dependiente, lo que se refleja en la balanza comercial, inflación creciente y divergente con la de la media de la zona euro con un larvado efecto negativo sobre la competitividad, precariedad aguda del mercado laboral, volatilidad del superávit presupuestario logrado en años pasados, muy ligado al tema de al vivienda, demandas y tensiones fiscales entre Comunidades- para comprender que los años próximos serán realmente muy complicados y potencialmente muy graves.
2. Tareas de la izquierda
El traducir el análisis económico anterior en tareas políticas ha de ser la preocupación de la izquierda anticapitalista, y de inmediato surgen dos objetivos esenciales. El primero debería ser el capítulo de la propaganda, la denuncia, la información, ...., para intervenir en el combate ideológico y elevar la conciencia social. El segundo, por supuesto, prepararse para luchar e impedir en la medida de lo posible que los efectos de la crisis se descarguen sobre los trabajadores y las capas sociales más débiles y de favorecidas.
2.a. Denuncia del sistema
En las nuevas circunstancias hay que denunciar al disparatado sistema capitalista capaz de arrastrar a las sociedades al desastre y de llevar a los individuos a la desesperación cuando las posibilidades materiales para garantizar un alto y razonable grado de bienestar social están dadas. Contra la idea de que el capitalismo es el único sistema posible hay que desvalorizarlo por las recurrentes crisis a que somete a las sociedades, aparte de las críticas que desde otros puntos de vista siempre se han hecho ideológicamente desde la izquierda.
Particular insistencia hay que poner en la crítica y el rechazo del neoliberalismo como concreción actual de modo de producción capitalista, pues muchos de los aspectos más negativos que la situación encierra en estos momentos son derivados de las concepciones neoliberales. La libertad absoluta de los movimientos de capital, la hipertrofia financiera que ha tenido lugar, la compleja ingeniería financiera sin limites a la imaginación que se ha desarrollado, los intentos a través de la especulación de apropiarse del excedente social a escala mundial son causas de la inestabilidad existente y los peligros del hundimiento catastrófico del sistema financiero internacional.
En esta línea de denuncia del neoliberalismo, hay que estar atentos, porque mientras a los empresarios y especuladores les iban los vientos a favor no ha dejado de reclamarse que el Estado debía sacar sus manos fuera de la economía y resaltarse las virtudes del mercado. Ahora, con los vientos en contra, han empezado surgir demandas continuas de que sea el Estado el que asuma muchos de los desafueros que se han cometido. Los bancos centrales, por ejemplo, están aceptando activos privados de mas que dudosa solvencia. En nuestro país también se empiezan a reclamar ayudas por parte de la banca y de las constructoras e inmobiliarias, precisamente los sectores que más se han aprovechado de los desmanes ocurridos el pasado reciente. Lo de la apropiación privada de los beneficios antes y la socialización de las pérdidas ahora está a la orden del día y no se debe de consentir.
Ha llegado también la hora de pedir cuentas a los gobiernos anteriores, es decir, tanto al Partido Popular como PSOE, del fanatismo europeísta con que impregnaron su política económica y social. En apenas 15 años, la retrasada economía española tuvo que asimilar la incorporación al mercado común en 1986, el desarrollo del Acta única para implantar el Mercado único y fue uno de los países que con mas ahínco defendió el Tratado de Maastricht y la creación del euro, cuando podía preverse que sería uno de los países que más dificultades tendrían para soportar el marco neoliberal extremo del mercado y la moneda únicos. El Tratado de Lisboa, después del rechazo de Francia y Holanda a la Constitución europea, tiene como objetivo esencial otra vez garantizar y darle carácter constitucional a ese marco. La oposición radical de la izquierda al Tratado de Lisboa ha de combinar todos los elementos de rechazo que suscitó la Constitución europea con la crisis a que Maastricht ha provocado en la economía española.
Por último, es necesario también denunciar la incompetencia y la ceguera con la que han actuado los últimos gobiernos al permitir un desarrollo económico tan insostenible y tan de cortas miras como el que ha tenido lugar en los últimos años. Se dice como un lugar común, como si no existiera responsable alguno, que el modelo de crecimiento está agotado, cuando en ningún momento debió permitirse y alentarse, por el PP y el PSOE nuevamente, una evolución tan desequilibrada, anárquica y perturbadora como la que ha tenido lugar, para una economía además anclada en un mundo tan competitivo como el que representa la Europa de Maastricht.
2.b. La resistencia
Sobre el segundo objetivo de evitar las consecuencias de la crisis hay que partir de las dificultades objetivas que presenta. Como ya adelantan todas las estadísticas del empleo y de paro, el crecimiento de este es imposible de detener en los próximos tiempos. La crisis, la precariedad del empleo y la inmigración dan una combinación explosiva, que no hay forma de impedir y cuya concreción, aunque difícil de predecir, siempre será inquietante. Los inmigrantes pueden ser las víctimas más directas y menos protegidas, existiendo el peligro, como apuntan los acuerdos que se negocian a escala europea, de que se desate una “caza” del “ilegal”, una regresión de las leyes y una ola xenófoba en la sociedad, que por todos los medios hay combatir. No deben hacerse concesiones en este terreno por más que la lógica, considerado aisladamente el problema, de pábulo al hostigamiento y la represión de los desvalidos inmigrantes.
Como es normal en todo período de crisis, el Estado del bienestar estará en el ojo del huracán de la ofensiva que la derecha, la patronal y el social liberalismo desatarán como remedio y para amortiguar las presiones sobre las cuentas del Estado. A los recortes fáciles de los servicios públicos, pues basta no atenderlos en las debidas proporciones presupuestarias para que se degraden, pueden añadirse intentos de recortes en las prestaciones sociales, desde la cobertura del desempleo, en momentos de crecimiento intenso del mismo, hasta una nueva ofensiva contra las pensiones, un objeto del deseo permanente que justificaran contundentemente con estudios en apariencia irrebatibles. A este respecto, ya se han dado algunos avisos sobre la insostenibilidad del sistema público de pensiones a medio y largo plazo, acotando y separando la Seguridad Social del resto del Sector Público.
Desde el punto de vista de la izquierda, no debe permitirse hablar de la crisis de la Seguridad Social, porque la crisis de la Seguridad Social es equivalente a la crisis financiera del Estado: no caben compartimentos y que sean los gastos sociales los que resultan deficitarios e insostenibles. La resistencia contra todos los recortes sociales debe ser una seña de identidad de la política de izquierdas en el período que se abre: cabe recordar continuamente la debilidad del Estado del bienestar en nuestro país en comparación con la media de la Unión Europea - los gastos en prestaciones sociales en términos del PIB están más de siete puntos por debajo-, pese a lo cual, la favorable evolución de las cuentas públicas de los últimos años se ha utilizado antes que nada para emprender reformas fiscales de marcado carácter regresivo.
El ritmo de la crisis habrá de determinar las denuncias, movilizaciones y consignas en cada momento, si bien hay que ser consciente que el deterioro de la situación económica y social puede obligar muy rápidamente a endurecer el discurso y los objetivos, sin que deban existir limites a la hora de reclamar soluciones: la nacionalización de empresas y sectores bajo control de los trabajadores no es una consigna impensable si la crisis toma derroteros muy destructivos.
Y como no puede ser de otro modo, la política de alianzas tiene que ser coherente con los objetivos que se han trazado. Lamentablemente no cabe depositar mucha confianza en las direcciones de los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT. Han dado pruebas rotundas de estar al quite de los problemas de los gobiernos y las necesidades del orden neoliberal. Creen en el sistema y consecuentemente lo apoyan y lo defienden de perturbaciones. Sólo en caso de un agravamiento muy serio de la situación, cuando no darse por enterados de los estragos de la crisis les provocaría una pérdida de autoridad y legitimidad, sólo entonces cabria esperar un cambio de actitud. Hasta ahora se han limitado a expresarse con relativa dureza sobre los intentos de descargar la crisis sobre los trabajadores, pero los hechos no hacen fiables las palabras y, en todo caso, hasta ahora sólo han empezado a notarse los efectos de la crisis sobre el empleo.
Inevitablemente la resistencia habrá de contar con los sectores críticos sindicales, los sindicatos minoritarios más combativos, exigirá prestar apoyo a las luchas que surjan de conflictos en empresas y sectores productivos y, en fin, apoyar e integrarse en los movimientos sociales que traten de impedir la degradación de los servicios públicos, con la sanidad y educación a la cabeza.
Hay que lamentar que los tiempos que se avecinan sean de crisis, pues los perjudicados, al extremo de complicárseles la existencia y faltarles los medios para sobrevivir, serán los trabajadores y las capas sociales más débiles. No está escrito que en esas circunstancias pueda darse un avance político significativo en la lucha por otro mundo, pues muchas veces ha resultado que los crecientes malestar social e inseguridad económica retraen a las víctimas, introducen el miedo en la población, e incluso abren las puertas para el avance del fascismo, sin embargo, está en las obligaciones más ineludibles de la izquierda antisistema intentar que ello no suceda, combinando las luchas de resistencia con el combate ideológico contra el capitalismo y la defensa, por decirlo sin tapujos, del socialismo.
Mayo de 2008
Pedro Montes
Nuestra Bandera
1. La crisis
El contexto económico en los próximos años será radicalmente distinto al que hemos conocido desde hace más de dos lustros, durante los cuales ha tenido lugar un periodo de bonanza caracterizado principalmente por un crecimiento sostenido del PIB y un intenso crecimiento del empleo, aunque de baja calidad. Está fuera de toda duda que la economía española se está adentrando en una fase muy complicada, sobre la que las únicas incógnitas abiertas son la intensidad de la crisis y la duración que pueda tener, ésta dependiendo de aquella.
Los pronósticos oscilan entre grandes márgenes, apuntando desde una grave crisis inevitablemente prolongada a una moderada depresión que en dos años podría superarse. Se debe evitar entrar en el juego de los diagnósticos, pero dejando sentado que los augurios más sombríos pueden cumplirse y que no parece que las dificultades que recorren a la economía española pueda solventarse en poco tiempo.
En efecto, hay que considerar que el capitalismo español está atravesado por tres crisis de distinto origen, cuya combinación da muchas variantes, ninguna tranquilizadora.
1.a. La crisis del euro
Tenemos en primer lugar lo que se puede llamar la crisis del euro. Es la que menos ruido produce, a la que menos atención se le presta, y es, en cambio, la más inquietante pues su solución sólo podrá venir de importantes decisiones que modifiquen el estado actual de la inserción del capitalismo español en el ámbito de la Unión Europea. Han transcurrido sólo nueve años de la implantación del euro y los datos de la balanza de pagos ponen de manifiesto que la economía española no ha podido digerir la liberalización, por un lado, y la rigidez, por otro, que imponen el mercado y la moneda únicos.
Desde un práctico equilibrio de la balanza por cuenta corriente en 1998, en el 2007 se ha registrado un déficit que supera el 10% del PIB. En cifras absolutas es el segundo mayor déficit del mundo, después del de Estado Unidos. Se ha alcanzado con un crecimiento relativamente más intenso que el de otras economías de la Unión Europea, pero también después de una evolución económica propicia para mantener la competitividad en el marco operativo en extremo exigente que emana de Maastricht, como lo revelan el retroceso de poder adquisitivo de los salarios, la pérdida en la participación de estos en la renta nacional, la precariedad extrema del empleo, la degradación de los servicios públicos y la política fiscal y de subvenciones dirigida a fomentar la rentabilidad de las empresas, todo ello, como se ha dicho, de manera coherente con los análisis que determinaban que el Estado social se vería amenazado en la Europa de Maastricht.
La existencia del euro, o lo que es equivalente, la inexistencia de una moneda propia que detecte y resienta el desequilibrio exterior, enmascara y oculta los problemas derivados de un déficit tan enorme, pero no por ello desaparecen los problemas reales que implica: a saber, en primer lugar, que la producción interior no cubre las necesidades de la demanda: ésta se cubre con importaciones crecientes por no ser las mercancías españolas suficientemente competitivas, con el resultado que el crecimiento del PIB y el empleo del país es menor que el impulsado por la demanda. En segundo lugar, que la economía, a consecuencia del déficit, se ha endeudado a un ritmo vertiginoso. Baste decir que el endeudamiento exterior de la economía española en 1998, esto es la diferencia entre los pasivos y los activos exteriores era de 28,8% del PIB y que en el 2007 ese porcentaje se elevó al 70%. En particular los pasivos exteriores que representaban el 100% del PIB al entrar en el euro se elevaron al 205 % en 2007, en unas condiciones, debe recordarse por la inestabilidad potencial que entrañan, de movilidad plena de los capitales.
La solución a este grave problema difícilmente podrá venir de un frenazo abrupto de la economía, de un ajuste económico brutal que tendría consecuencias sociales desoladoras, por las raíces del mismo, que no son otras que el retraso tecnológico y de dotación de capital y la perdida continua de competitividad, combinadas con la falta de instrumentos para compensarlos. Al valorar la situación objetiva de la economía española en estos momentos de inquietud general por el futuro de la economía mundial, se está pasando por alto esta falla tan peligrosa, si bien no resulta ya raro leer en la prensa internacional especializada que la permanencia de España en el euro no esta garantizada.
1.b. La crisis “subprime”
El segundo elemento de la crisis para nuestro país proviene justamente de la inestabilidad que caracteriza a la economía internacional después del estallido de lo que se conoce como la crisis de las hipotecas “subprime” en Estado Unidos, hipotecas de alto riesgo de falta de cobro. Aquí de nuevo los pronósticos oscilan entre el derrotismo total –la mención a la gran crisis del año 29 es frecuente- y unas opiniones muy preocupadas por la situación, como lo demuestran las continuas rebajas del tipo de interés efectuadas por la Reserva Federal. Los peligros de una catástrofe financiera internacional no pueden descartarse y las soluciones posibles pasan por que las autoridades monetarias inyecten masivas cantidades de liquidez para taponar los agujeros que vayan surgiendo, para reponer los naipes que se caen del castillo, para amortiguar los efectos del proceso de “desvaloriazación” de los balances que está en marcha, pero al precio de fomentar la inestabilidad global y de agravar las futuras crisis financieras.
Es una política que ya se ha seguido sistemáticamente en el pasado para apagar anteriores crisis, con las consecuencias que ahora se están padeciendo. El agravamiento de la situación actual, de la cual hay que decir que no se tiene un conocimiento y una valoración precisas, por los enigmas que encierra el manto financiero que envuelve la economía mundial y los intereses en juego (nadie reconoce su delicada situación financiera para evitar precipitar la bancarrota), no dejaría de tener efectos perniciosos sobre la economía española, visto su gran endeudamiento, su precaria posición exterior y la dependencia tan acusada que tiene de la financiación externa. En todo caso, la inestabilidad financiera en Estados Unidos, ya propagada a otras zonas del planeta, ha tenido efectos sobre la economía real: se habla de recesión en aquel país y se han revisado a la baja todas las previsiones de crecimiento de la Unión Europea y otras partes del mundo. Este empeoramiento influye, como no, en las expectativas de la economía española, que ha obligado al gobierno a reducir las previsiones de crecimiento para el año en curso y los siguientes. Sin duda, las incertidumbres que dominan la economía mundial representan un clima poco propicio para la economía española, sometida a su vez a problemas propios y singulares.
1.c. El modelo agotado
Así, los cambios que están teniendo lugar en los últimos tiempos, con revisiones a la baja del crecimiento, aumento preocupante del paro y problemas en muchas empresas se relacionan con lo que se ha venido en describir como el agotamiento del modelo de crecimiento anterior, y que es el tercer elemento a considerar en la crisis de la economía española. La exagerada actividad del sector de la construcción, en particular del sector de la vivienda, ha llegado a su fin, y con ella la fase de bonanza. La construcción de viviendas ha tenido como telón de fondo una especulación salvaje, ha propiciado una gran extorsión a una gran cantidad de jóvenes necesitados de vivienda, ha llevado al endeudamiento de muchos hogares a unas cotas insólitas, ha dado lugar a un crecimiento de la actividad crediticia hipotecaria enfebrecido y ha absorbido una cantidad ingente de recursos destinados a cubrir todas las costas con muros de hormigón y a levantar fantasmales urbanizaciones en el entorno de las ciudades.
La caída irremediable del sector de la construcción arrastrará a otras muchas actividades económicas y como se ha generado un desajuste muy grande entre la oferta y la demanda de un bien no perecedero como es la vivienda, la paralización del sector será larga, nada del año o dos años que se suele decir piadosamente para tranquilizar a los ciudadanos. Por otra parte, no es necesario resaltar que eso del cambio de modelo de crecimiento que se pretende difundir como alternativa y solución a los problemas surgidos no es un trueque de estampitas, algo que pueda decidirse burocráticamente en los despachos y hacerse de la noche a la mañana, sino algo muy complejo que, de intentarse en serio, llevaría mucho tiempo, muchos recursos y más coherencia y planificación que las que el sistema puede proporcionar.
Por otra parte, han surgido, con características propias pero de la misma naturaleza que los riesgos “subprime”, problemas financieros relacionados con los créditos hipotecarios y la financiación a las inmobiliarias, sobre cuyo crecimiento ha descansado la actividad y la especulación de los últimos tiempos. Estos problemas empiezan a tener repercusión en la salud del conjunto del sistema bancario y la financiación de otras actividades, que no siempre son solucionables por la vía de inundar de liquidez el sistema, pues existen problemas adicionales de solvencia, fiabilidad y riesgos de impagos. El endeudamiento ha crecido a ritmos sin parangón con la actividad real de la economía, y en particular el de las familias con su hipotecada situación pesa ahora sobremanera cuando sería necesario contar con la demanda estable del consumo. De qué manera estos problemas colaterales influirán en la evolución económica de los próximos años es nuevamente una incógnita. No obstante, han aparecido algunos informes de todo tipo de instituciones que pronostican un período complejo y lleno de dificultades para la economía en los próximos años, lo cual, sin que tenga que llegar cumplirse en su peor versión, da idea de la incertidumbre existente y de la gravedad que puede tener la crisis “autónoma” de la economía española. No hay que entrar en otros muchos aspectos negativos de la evolución actual de la economía – efectos de la crisis energética con su impacto en el precio del petróleo del que nuestro país es particularmente dependiente, lo que se refleja en la balanza comercial, inflación creciente y divergente con la de la media de la zona euro con un larvado efecto negativo sobre la competitividad, precariedad aguda del mercado laboral, volatilidad del superávit presupuestario logrado en años pasados, muy ligado al tema de al vivienda, demandas y tensiones fiscales entre Comunidades- para comprender que los años próximos serán realmente muy complicados y potencialmente muy graves.
2. Tareas de la izquierda
El traducir el análisis económico anterior en tareas políticas ha de ser la preocupación de la izquierda anticapitalista, y de inmediato surgen dos objetivos esenciales. El primero debería ser el capítulo de la propaganda, la denuncia, la información, ...., para intervenir en el combate ideológico y elevar la conciencia social. El segundo, por supuesto, prepararse para luchar e impedir en la medida de lo posible que los efectos de la crisis se descarguen sobre los trabajadores y las capas sociales más débiles y de favorecidas.
2.a. Denuncia del sistema
En las nuevas circunstancias hay que denunciar al disparatado sistema capitalista capaz de arrastrar a las sociedades al desastre y de llevar a los individuos a la desesperación cuando las posibilidades materiales para garantizar un alto y razonable grado de bienestar social están dadas. Contra la idea de que el capitalismo es el único sistema posible hay que desvalorizarlo por las recurrentes crisis a que somete a las sociedades, aparte de las críticas que desde otros puntos de vista siempre se han hecho ideológicamente desde la izquierda.
Particular insistencia hay que poner en la crítica y el rechazo del neoliberalismo como concreción actual de modo de producción capitalista, pues muchos de los aspectos más negativos que la situación encierra en estos momentos son derivados de las concepciones neoliberales. La libertad absoluta de los movimientos de capital, la hipertrofia financiera que ha tenido lugar, la compleja ingeniería financiera sin limites a la imaginación que se ha desarrollado, los intentos a través de la especulación de apropiarse del excedente social a escala mundial son causas de la inestabilidad existente y los peligros del hundimiento catastrófico del sistema financiero internacional.
En esta línea de denuncia del neoliberalismo, hay que estar atentos, porque mientras a los empresarios y especuladores les iban los vientos a favor no ha dejado de reclamarse que el Estado debía sacar sus manos fuera de la economía y resaltarse las virtudes del mercado. Ahora, con los vientos en contra, han empezado surgir demandas continuas de que sea el Estado el que asuma muchos de los desafueros que se han cometido. Los bancos centrales, por ejemplo, están aceptando activos privados de mas que dudosa solvencia. En nuestro país también se empiezan a reclamar ayudas por parte de la banca y de las constructoras e inmobiliarias, precisamente los sectores que más se han aprovechado de los desmanes ocurridos el pasado reciente. Lo de la apropiación privada de los beneficios antes y la socialización de las pérdidas ahora está a la orden del día y no se debe de consentir.
Ha llegado también la hora de pedir cuentas a los gobiernos anteriores, es decir, tanto al Partido Popular como PSOE, del fanatismo europeísta con que impregnaron su política económica y social. En apenas 15 años, la retrasada economía española tuvo que asimilar la incorporación al mercado común en 1986, el desarrollo del Acta única para implantar el Mercado único y fue uno de los países que con mas ahínco defendió el Tratado de Maastricht y la creación del euro, cuando podía preverse que sería uno de los países que más dificultades tendrían para soportar el marco neoliberal extremo del mercado y la moneda únicos. El Tratado de Lisboa, después del rechazo de Francia y Holanda a la Constitución europea, tiene como objetivo esencial otra vez garantizar y darle carácter constitucional a ese marco. La oposición radical de la izquierda al Tratado de Lisboa ha de combinar todos los elementos de rechazo que suscitó la Constitución europea con la crisis a que Maastricht ha provocado en la economía española.
Por último, es necesario también denunciar la incompetencia y la ceguera con la que han actuado los últimos gobiernos al permitir un desarrollo económico tan insostenible y tan de cortas miras como el que ha tenido lugar en los últimos años. Se dice como un lugar común, como si no existiera responsable alguno, que el modelo de crecimiento está agotado, cuando en ningún momento debió permitirse y alentarse, por el PP y el PSOE nuevamente, una evolución tan desequilibrada, anárquica y perturbadora como la que ha tenido lugar, para una economía además anclada en un mundo tan competitivo como el que representa la Europa de Maastricht.
2.b. La resistencia
Sobre el segundo objetivo de evitar las consecuencias de la crisis hay que partir de las dificultades objetivas que presenta. Como ya adelantan todas las estadísticas del empleo y de paro, el crecimiento de este es imposible de detener en los próximos tiempos. La crisis, la precariedad del empleo y la inmigración dan una combinación explosiva, que no hay forma de impedir y cuya concreción, aunque difícil de predecir, siempre será inquietante. Los inmigrantes pueden ser las víctimas más directas y menos protegidas, existiendo el peligro, como apuntan los acuerdos que se negocian a escala europea, de que se desate una “caza” del “ilegal”, una regresión de las leyes y una ola xenófoba en la sociedad, que por todos los medios hay combatir. No deben hacerse concesiones en este terreno por más que la lógica, considerado aisladamente el problema, de pábulo al hostigamiento y la represión de los desvalidos inmigrantes.
Como es normal en todo período de crisis, el Estado del bienestar estará en el ojo del huracán de la ofensiva que la derecha, la patronal y el social liberalismo desatarán como remedio y para amortiguar las presiones sobre las cuentas del Estado. A los recortes fáciles de los servicios públicos, pues basta no atenderlos en las debidas proporciones presupuestarias para que se degraden, pueden añadirse intentos de recortes en las prestaciones sociales, desde la cobertura del desempleo, en momentos de crecimiento intenso del mismo, hasta una nueva ofensiva contra las pensiones, un objeto del deseo permanente que justificaran contundentemente con estudios en apariencia irrebatibles. A este respecto, ya se han dado algunos avisos sobre la insostenibilidad del sistema público de pensiones a medio y largo plazo, acotando y separando la Seguridad Social del resto del Sector Público.
Desde el punto de vista de la izquierda, no debe permitirse hablar de la crisis de la Seguridad Social, porque la crisis de la Seguridad Social es equivalente a la crisis financiera del Estado: no caben compartimentos y que sean los gastos sociales los que resultan deficitarios e insostenibles. La resistencia contra todos los recortes sociales debe ser una seña de identidad de la política de izquierdas en el período que se abre: cabe recordar continuamente la debilidad del Estado del bienestar en nuestro país en comparación con la media de la Unión Europea - los gastos en prestaciones sociales en términos del PIB están más de siete puntos por debajo-, pese a lo cual, la favorable evolución de las cuentas públicas de los últimos años se ha utilizado antes que nada para emprender reformas fiscales de marcado carácter regresivo.
El ritmo de la crisis habrá de determinar las denuncias, movilizaciones y consignas en cada momento, si bien hay que ser consciente que el deterioro de la situación económica y social puede obligar muy rápidamente a endurecer el discurso y los objetivos, sin que deban existir limites a la hora de reclamar soluciones: la nacionalización de empresas y sectores bajo control de los trabajadores no es una consigna impensable si la crisis toma derroteros muy destructivos.
Y como no puede ser de otro modo, la política de alianzas tiene que ser coherente con los objetivos que se han trazado. Lamentablemente no cabe depositar mucha confianza en las direcciones de los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT. Han dado pruebas rotundas de estar al quite de los problemas de los gobiernos y las necesidades del orden neoliberal. Creen en el sistema y consecuentemente lo apoyan y lo defienden de perturbaciones. Sólo en caso de un agravamiento muy serio de la situación, cuando no darse por enterados de los estragos de la crisis les provocaría una pérdida de autoridad y legitimidad, sólo entonces cabria esperar un cambio de actitud. Hasta ahora se han limitado a expresarse con relativa dureza sobre los intentos de descargar la crisis sobre los trabajadores, pero los hechos no hacen fiables las palabras y, en todo caso, hasta ahora sólo han empezado a notarse los efectos de la crisis sobre el empleo.
Inevitablemente la resistencia habrá de contar con los sectores críticos sindicales, los sindicatos minoritarios más combativos, exigirá prestar apoyo a las luchas que surjan de conflictos en empresas y sectores productivos y, en fin, apoyar e integrarse en los movimientos sociales que traten de impedir la degradación de los servicios públicos, con la sanidad y educación a la cabeza.
Hay que lamentar que los tiempos que se avecinan sean de crisis, pues los perjudicados, al extremo de complicárseles la existencia y faltarles los medios para sobrevivir, serán los trabajadores y las capas sociales más débiles. No está escrito que en esas circunstancias pueda darse un avance político significativo en la lucha por otro mundo, pues muchas veces ha resultado que los crecientes malestar social e inseguridad económica retraen a las víctimas, introducen el miedo en la población, e incluso abren las puertas para el avance del fascismo, sin embargo, está en las obligaciones más ineludibles de la izquierda antisistema intentar que ello no suceda, combinando las luchas de resistencia con el combate ideológico contra el capitalismo y la defensa, por decirlo sin tapujos, del socialismo.
Mayo de 2008
DOCUMENTO DE PONENCIAS Y ESTATUTOS CONFEDERALES, CON LAS ENMIENDAS DEL SECTOR CRITICCO.
DOCUMENTOS DE PONENCIAS Y ESTATUTOS DE LA NUEVA FSC, Y LAS ENMIENDAS CRITICAS.
INCLUIMOS LOS FICHEROS CON LOS DOCUMENTOS DE PONENCIAS Y ESTATUTOS DE LA NUEVA FEDERACIÓN DE SERVICIOS A LA CIUDADANIA FRUTO DE LA FUSIÓN DE LA ACTUAL FEDERACIÓN DE COMUNICACIÓN Y TRANSPORTE Y LA FEDERACIÓN DE SERVICIOS Y ADMINISTRACIONES PÚBLICAS.
enmiendasdefinitivas.pdf
ponenciasyestatutosnuevafederacianfsc.pdf
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Posicionamiento del sector critico de sanidad de madrid ante los incidentes del pasado día 1 en el Hospital Clinico.
A la atención de la Junta de Personal del Área 7
Ante los graves hechos sucedidos en el Hospital Clínico el pasado día 1 de Octubre, el Sector Crítico de Sanidad de CC.OO., reunido en el día de hoy, ha decidido mostrar su apoyo y solidaridad con los afiliados de CC.OO. del Hospital Clínico en particular y con el resto del personal en general.
La campaña de “visitas” que, casualmente, ha emprendido por los distintos centros sanitarios el Sr. Güemes coincidiendo con la “subasta” de la sanidad pública en el Hotel Ritz, obedece claramente a una estrategia de provocación que pretende distraer a la opinión pública del verdadero problema que afecta la sanidad pública madrileña: la privatización.
Los madrileños y las madrileñas deben saber que las personas detenidas el pasado jueves no defendían un interés personal, reivindicaban la defensa de un modelo, el que hasta ahora ha situado a la sanidad española en lo más alto del escalafón mundial, el sanitario público.
Madrid, 3 de Octubre de 2008
Artículo del Mundo Obrero Octubre-2008: UN CONGRESO DE UNIDAD INTERNA Y DE FIRMEZA ANTE LA CRISIS
UN CONGRESO DE UNIDAD INTERNA Y DE FIRMEZA ANTE LA CRISIS
El IX Congreso de CCOO se va a celebrar en el marco de una profunda crisis económica. En ella confluyen tres componentes. Por una parte, la debilidad intrínseca de la economía española para soportar el marco neoliberal y extremadamente competitivo de la Europa de Maastricht; debilidad reflejada por el tremendo déficit de la balanza de pagos, que es el segundo mayor del mundo después de USA y que ha evolucionado del equilibrio al 10% del PIB en menos de diez años, coincidiendo con la implantación del euro, que supone unas severas restricciones a la política económica con la pérdida del tipo de cambio y el control monetario; el déficit ha llevado a un endeudamiento exterior vertiginoso a la economía española. La segunda componente es la inestabilidad de la economía internacional tras la crisis de las hipotecas de alto riesgo de falta de cobro de USA (subprime); los riesgos de catástrofe financiera internacional obligan a inyectar liquidez de forma masiva y tienen efectos muy negativos en el crecimiento de la economía mundial. Por último, está el agotamiento del modelo de crecimiento en España con la caída del sector de la construcción, tras una larga etapa de especulación salvaje, endeudamiento familiar y dificultad de las capas populares y de los jóvenes para acceder a la vivienda, al considerarse no como un bien social sino como un activo financiero. Los sectores dominantes del capitalismo español intentarán reorientarse hacia la obra pública y el sector de la energía (incluida la nuclear), sin que se produzcan grandes cambios en el modelo económico, y en la línea clásica de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.
Así las cosas, tendremos que enfrentarnos a un marco económico muy complicado, marcado por los efectos negativos de la caída del crecimiento, un fuerte aumento del paro y una elevada precariedad laboral, una alta inflación, el fin del superávit presupuestario y las tensiones fiscales entre comunidades autónomas.
Entramos en crisis cuando todavía nuestro país mantiene importantes déficits sociales y laborales. A pesar del fuerte crecimiento económico de la última década mantenemos un diferencial de casi 8 puntos del PIB en gasto social público respecto a la media de la UE-15. Si comparamos las prestaciones con la media europea, España está por debajo en pensiones, sanidad, educación y atención a la dependencia. Ha aumentado la dualidad social por la fuerte precarización laboral, la distribución desigual del empleo, la propiedad y las rentas, Sectores importantes de la población trabajadora (mujeres, jóvenes, inmigrantes) tienen una situación de vulnerabilidad social y ello genera una tendencia hacia la fractura y la pérdida de cohesión social que la crisis puede acentuar.
Ante este panorama, el IX Congreso debe de servir para hacer frente a la crisis y defender los derechos sociales, superando una estrategia sindical fracasada. Ello sólo será posible si recomponemos la unidad del sindicato, recuperando la pluralidad interna, fortaleciendo la democracia y la participación de los trabajadores. No sirve de nada el sindicalismo de salón y la concertación social desde la debilidad cuando llueven los cierres de empresas, los ajustes de plantilla y los ataques a los salarios y a los derechos laborales.
La idea central que debe presidir un enfoque de clase del Congreso de CCOO es que la crisis no la deben pagar los trabajadores, sencillamente porque no son los responsables de ella. Por eso el diálogo social no puede servir para recortar derechos o salarios. Ello supone, por ejemplo, no firmar reformas laborales que mantengan la precariedad y las fuertes bonificaciones a los empresarios y que abaraten el despido; ni acuerdos interconfederales de moderación salarial; ni pactos de pensiones que debiliten al sistema público reforzando los planes y fondos privados; ni expedientes de regulación de empleo y otras formas de ajuste traumático de las plantillas. Es un escándalo que cuando el mercado de capitales es lo que ha fallado y el origen de la crisis, haya quien se atreva a plantear cambios en el mercado de trabajo para degradarlo.
En el debate congresual se deberían abordar, entre otras, las siguientes propuestas:
1. Impulsar la movilización contra la Directiva sobre la jornada de 65 horas y la defensa de la jornada de 35 horas. La escandalosa directiva sobre tiempo de trabajo permite que la jornada laboral pueda llegar a las 65 horas semanales en negociaciones individuales, al margen de la negociación colectiva y los sindicatos. Es una necesidad que los sindicatos europeos organicen una movilización sostenida hasta asegurar su no aprobación ni aplicación. En esta línea la Jornada Mundial por el Trabajo Decente del 7 de octubre de 2008 debe ir, también, contra una directiva contraria al trabajo digno, a la salud laboral y a la conciliación familiar. Hay que volver a reivindicar la reducción de jornada como medida de reparto del trabajo.
2. La defensa de los puestos de trabajo y el empleo de calidad en toda circunstancia. La prioridad sindical ante cualquier proceso de concertación debe ser la de un empleo de calidad, estable, seguro, con igualdad y derechos laborales. Hay que impulsar una acción sindical firme y participativa en defensa de la seguridad y estabilidad del empleo, por la exigencia, regulación y control de la causalidad de los contratos, y frente a las ETT`s, la subcontratación, las empresas de servicios y otras formas de externalización. La labor de la inspección de trabajo debe reforzarse para evitar el abuso empresarial de la temporalidad y el empleo irregular.
3. El fortalecimiento de la negociación colectiva, una política salarial a la ofensiva y la coordinación de las movilizaciones. Los convenios colectivos deben servir para mejorar las condiciones de trabajo, la calidad del empleo y aumentar el poder adquisitivo de los salarios. Es fundamental la reducción del tiempo de trabajo y la reivindicación de las 35 horas por ley y por convenio, sin reducción de salarios. Revitalizar la negociación colectiva y conseguir sus objetivos exige impulsar la participación y la movilización coordinada de los trabajadores afectados y de todo el sindicato.
4. La defensa de los derechos de la inmigración y el rechazo a su criminalización, como hace la Directiva de la vergüenza sobre el retorno de inmigrantes. Cualquier ordenación de flujos y control de fronteras, tiene que hacerse dentro del respeto escrupuloso a los derechos civiles y humanos frecuentemente vulnerados.
5. La defensa de los servicios públicos (enseñanza, sanidad, transporte...) como un derecho de los ciudadanos frente a su consideración de mercancía que hace el neoliberalismo. Para ello se debe impulsar una fuerte y sostenida campaña en defensa de los servicios públicos en el ámbito español y en el europeo. Destaca la exigencia de un modelo educativo público, laico y de calidad, reclamando a las administraciones públicas su responsabilidad para garantizar una red pública suficiente que atienda la demanda educativa en sus diferentes etapas y modalidades de enseñanza y que cuente con los recursos necesarios para garantizar el derecho a aprender con éxito a todo el alumnado.
6. La mejora de la protección social. Del sistema público de pensiones exigiendo la elevación del gasto en protección social hasta la media de la UE-15, algo que es incompatible con medidas que se vienen anunciando como la ampliación del período de cálculo o el fortalecimiento de los planes y fondos privados. También la mejora de la protección al desempleo, modificando la Ley para permitir que tengan derecho a prestación contributiva las personas con periodos de cotización cortos, así como revisar el subsidio para que puedan acceder los colectivos que en este momento no cubren los requisitos.
7. El fomento de la participación y de la democracia sindical. Potenciando el protagonismo de los afiliados en todas las áreas de la acción sindical, especialmente en la elaboración de plataformas reivindicativas y los procesos de negociación y movilización, estableciendo cauces adecuados para asegurar su participación en la toma de decisiones sobre la firma de acuerdos generales y en los convenios de sectores y empresas.
8. La recuperación de la pluralidad del sindicato asegurando la legitimidad de discrepar, así como el principio de dirección efectiva del sindicato por todos los sectores que lo forman. De esta manera se superarían las crisis de 1994 y de 2002, que desgajaron al sindicato y se evitaría que la política de marginación de los sectores críticos debilite a la organización, desanime la militancia y dé justificación a aquellos que amparan su propia incompetencia en la confrontación de bloques.
Es fundamental la participación activa de los afiliados y afiliadas, para que el IX Congreso de CCOO sea útil para fortalecer al sindicato y colocarle a la altura de los retos que tiene que afrontar. También es precisa una fuerte presencia de las posiciones de clase y de izquierda representadas por el Sector Crítico de CCOO.
La lucha por defender los derechos sociales en tiempos de crisis no es tarea fácil ni existen recetas mágicas para asegurar su éxito. Para ello es necesario cambiar la política sindical y cambiar la dirección, seguros de que la combinación de la firmeza de clase, de unidad desde la pluralidad y de mayor democracia y participación de los trabajadores permitirá defender más eficazmente los derechos laborales, sociales y democráticos. CCOO necesita un Congreso esperanzador para su militancia, que supere la política de exclusiones seguida desde hace tres congresos y que lance un mensaje al país de que va muy en serio la defensa de los trabajadores ante la crisis y que en esta lucha estamos todos comprometidos.
Agustín Moreno/ Comisión Ejecutiva Confederal de CCOO
El IX Congreso de CCOO se va a celebrar en el marco de una profunda crisis económica. En ella confluyen tres componentes. Por una parte, la debilidad intrínseca de la economía española para soportar el marco neoliberal y extremadamente competitivo de la Europa de Maastricht; debilidad reflejada por el tremendo déficit de la balanza de pagos, que es el segundo mayor del mundo después de USA y que ha evolucionado del equilibrio al 10% del PIB en menos de diez años, coincidiendo con la implantación del euro, que supone unas severas restricciones a la política económica con la pérdida del tipo de cambio y el control monetario; el déficit ha llevado a un endeudamiento exterior vertiginoso a la economía española. La segunda componente es la inestabilidad de la economía internacional tras la crisis de las hipotecas de alto riesgo de falta de cobro de USA (subprime); los riesgos de catástrofe financiera internacional obligan a inyectar liquidez de forma masiva y tienen efectos muy negativos en el crecimiento de la economía mundial. Por último, está el agotamiento del modelo de crecimiento en España con la caída del sector de la construcción, tras una larga etapa de especulación salvaje, endeudamiento familiar y dificultad de las capas populares y de los jóvenes para acceder a la vivienda, al considerarse no como un bien social sino como un activo financiero. Los sectores dominantes del capitalismo español intentarán reorientarse hacia la obra pública y el sector de la energía (incluida la nuclear), sin que se produzcan grandes cambios en el modelo económico, y en la línea clásica de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.
Así las cosas, tendremos que enfrentarnos a un marco económico muy complicado, marcado por los efectos negativos de la caída del crecimiento, un fuerte aumento del paro y una elevada precariedad laboral, una alta inflación, el fin del superávit presupuestario y las tensiones fiscales entre comunidades autónomas.
Entramos en crisis cuando todavía nuestro país mantiene importantes déficits sociales y laborales. A pesar del fuerte crecimiento económico de la última década mantenemos un diferencial de casi 8 puntos del PIB en gasto social público respecto a la media de la UE-15. Si comparamos las prestaciones con la media europea, España está por debajo en pensiones, sanidad, educación y atención a la dependencia. Ha aumentado la dualidad social por la fuerte precarización laboral, la distribución desigual del empleo, la propiedad y las rentas, Sectores importantes de la población trabajadora (mujeres, jóvenes, inmigrantes) tienen una situación de vulnerabilidad social y ello genera una tendencia hacia la fractura y la pérdida de cohesión social que la crisis puede acentuar.
Ante este panorama, el IX Congreso debe de servir para hacer frente a la crisis y defender los derechos sociales, superando una estrategia sindical fracasada. Ello sólo será posible si recomponemos la unidad del sindicato, recuperando la pluralidad interna, fortaleciendo la democracia y la participación de los trabajadores. No sirve de nada el sindicalismo de salón y la concertación social desde la debilidad cuando llueven los cierres de empresas, los ajustes de plantilla y los ataques a los salarios y a los derechos laborales.
La idea central que debe presidir un enfoque de clase del Congreso de CCOO es que la crisis no la deben pagar los trabajadores, sencillamente porque no son los responsables de ella. Por eso el diálogo social no puede servir para recortar derechos o salarios. Ello supone, por ejemplo, no firmar reformas laborales que mantengan la precariedad y las fuertes bonificaciones a los empresarios y que abaraten el despido; ni acuerdos interconfederales de moderación salarial; ni pactos de pensiones que debiliten al sistema público reforzando los planes y fondos privados; ni expedientes de regulación de empleo y otras formas de ajuste traumático de las plantillas. Es un escándalo que cuando el mercado de capitales es lo que ha fallado y el origen de la crisis, haya quien se atreva a plantear cambios en el mercado de trabajo para degradarlo.
En el debate congresual se deberían abordar, entre otras, las siguientes propuestas:
1. Impulsar la movilización contra la Directiva sobre la jornada de 65 horas y la defensa de la jornada de 35 horas. La escandalosa directiva sobre tiempo de trabajo permite que la jornada laboral pueda llegar a las 65 horas semanales en negociaciones individuales, al margen de la negociación colectiva y los sindicatos. Es una necesidad que los sindicatos europeos organicen una movilización sostenida hasta asegurar su no aprobación ni aplicación. En esta línea la Jornada Mundial por el Trabajo Decente del 7 de octubre de 2008 debe ir, también, contra una directiva contraria al trabajo digno, a la salud laboral y a la conciliación familiar. Hay que volver a reivindicar la reducción de jornada como medida de reparto del trabajo.
2. La defensa de los puestos de trabajo y el empleo de calidad en toda circunstancia. La prioridad sindical ante cualquier proceso de concertación debe ser la de un empleo de calidad, estable, seguro, con igualdad y derechos laborales. Hay que impulsar una acción sindical firme y participativa en defensa de la seguridad y estabilidad del empleo, por la exigencia, regulación y control de la causalidad de los contratos, y frente a las ETT`s, la subcontratación, las empresas de servicios y otras formas de externalización. La labor de la inspección de trabajo debe reforzarse para evitar el abuso empresarial de la temporalidad y el empleo irregular.
3. El fortalecimiento de la negociación colectiva, una política salarial a la ofensiva y la coordinación de las movilizaciones. Los convenios colectivos deben servir para mejorar las condiciones de trabajo, la calidad del empleo y aumentar el poder adquisitivo de los salarios. Es fundamental la reducción del tiempo de trabajo y la reivindicación de las 35 horas por ley y por convenio, sin reducción de salarios. Revitalizar la negociación colectiva y conseguir sus objetivos exige impulsar la participación y la movilización coordinada de los trabajadores afectados y de todo el sindicato.
4. La defensa de los derechos de la inmigración y el rechazo a su criminalización, como hace la Directiva de la vergüenza sobre el retorno de inmigrantes. Cualquier ordenación de flujos y control de fronteras, tiene que hacerse dentro del respeto escrupuloso a los derechos civiles y humanos frecuentemente vulnerados.
5. La defensa de los servicios públicos (enseñanza, sanidad, transporte...) como un derecho de los ciudadanos frente a su consideración de mercancía que hace el neoliberalismo. Para ello se debe impulsar una fuerte y sostenida campaña en defensa de los servicios públicos en el ámbito español y en el europeo. Destaca la exigencia de un modelo educativo público, laico y de calidad, reclamando a las administraciones públicas su responsabilidad para garantizar una red pública suficiente que atienda la demanda educativa en sus diferentes etapas y modalidades de enseñanza y que cuente con los recursos necesarios para garantizar el derecho a aprender con éxito a todo el alumnado.
6. La mejora de la protección social. Del sistema público de pensiones exigiendo la elevación del gasto en protección social hasta la media de la UE-15, algo que es incompatible con medidas que se vienen anunciando como la ampliación del período de cálculo o el fortalecimiento de los planes y fondos privados. También la mejora de la protección al desempleo, modificando la Ley para permitir que tengan derecho a prestación contributiva las personas con periodos de cotización cortos, así como revisar el subsidio para que puedan acceder los colectivos que en este momento no cubren los requisitos.
7. El fomento de la participación y de la democracia sindical. Potenciando el protagonismo de los afiliados en todas las áreas de la acción sindical, especialmente en la elaboración de plataformas reivindicativas y los procesos de negociación y movilización, estableciendo cauces adecuados para asegurar su participación en la toma de decisiones sobre la firma de acuerdos generales y en los convenios de sectores y empresas.
8. La recuperación de la pluralidad del sindicato asegurando la legitimidad de discrepar, así como el principio de dirección efectiva del sindicato por todos los sectores que lo forman. De esta manera se superarían las crisis de 1994 y de 2002, que desgajaron al sindicato y se evitaría que la política de marginación de los sectores críticos debilite a la organización, desanime la militancia y dé justificación a aquellos que amparan su propia incompetencia en la confrontación de bloques.
Es fundamental la participación activa de los afiliados y afiliadas, para que el IX Congreso de CCOO sea útil para fortalecer al sindicato y colocarle a la altura de los retos que tiene que afrontar. También es precisa una fuerte presencia de las posiciones de clase y de izquierda representadas por el Sector Crítico de CCOO.
La lucha por defender los derechos sociales en tiempos de crisis no es tarea fácil ni existen recetas mágicas para asegurar su éxito. Para ello es necesario cambiar la política sindical y cambiar la dirección, seguros de que la combinación de la firmeza de clase, de unidad desde la pluralidad y de mayor democracia y participación de los trabajadores permitirá defender más eficazmente los derechos laborales, sociales y democráticos. CCOO necesita un Congreso esperanzador para su militancia, que supere la política de exclusiones seguida desde hace tres congresos y que lance un mensaje al país de que va muy en serio la defensa de los trabajadores ante la crisis y que en esta lucha estamos todos comprometidos.
Agustín Moreno/ Comisión Ejecutiva Confederal de CCOO
Para el Sector Crítico de CCOO LA DECLARACIÓN SOBRE EL DIÁLOGO SOCIAL ES INÚTIL PARA AFRONTAR LA GRAVEDAD DE LA CRISIS.
Para el Sector Crítico de CCOO
LA DECLARACIÓN SOBRE EL DIÁLOGO SOCIAL ES
INÚTIL PARA AFRONTAR LA GRAVEDAD DE LA CRISIS
LOS TRABAJADORES NO DEBEN PAGAR LA CRISIS ECONÓMICA
Para el Sector Crítico de CCOO la Declaración sobre el Diálogo Social que pretenden firmar el gobierno, los sindicatos y la patronal es un auténtico “brindis al sol” que no apunta soluciones relevantes a la dura crisis económica que atraviesa el país.
Considera que el diagnóstico es incompleto al no hacer ni una sola referencia el gravísimo déficit de la balanza de pagos y al vertiginoso endeudamiento exterior, que refleja la debilidad intrínseca de la economía española para soportar el marco neoliberal y extremadamente competitivo de la Europa de Maastricht. Este tremendo déficit de la balanza de pagos, que es el segundo mayor del mundo después de USA, ha evolucionado del equilibrio al 10% del PIB en menos de diez años, coincidiendo con la implantación del euro, que supone unas severas restricciones a la política económica con la pérdida del tipo de cambio y el control monetario.
Reitera propuestas fracasadas como la insistencia en la moderación salarial a través de los acuerdos interconfederales para la negociación colectiva, avala reformas laborales anteriores basadas en el abaratamiento del despido y en la política de fuertes subvenciones a los empresarios o pasados acuerdos en materia de Seguridad Social que endurecieron el acceso al derecho a la pensión o a la jubilación anticipada para los trabajadores.
Apunta generalidades como si fueran soluciones, dándole al diálogo social un valor taumatúrgico que está lejos de tener por sí mismo. En otras ocasiones olvida cuestiones tan evidentes como que es necesario un fuerte aumento de la financiación para mejorar la calidad de la educación.
Destaca, especialmente, la ausencia de medidas dirigidas a establecer un plan de choque contra el paro y la crisis que recoja propuestas como:
• Una agenda concreta y un compromiso de negociación real sobre el cambio de modelo productivo y las políticas estructurales a abordar.
• Un compromiso de la banca pública y privada para abaratar el precio del dinero y facilitar créditos a pymes y familias para reactivar la inversión y el consumo.
• Un replanteamiento de la política fiscal que grave los beneficios empresariales, las grandes fortunas y patrimonios y luche contra el fraude fiscal para asegurar la suficiencia financiera que mejore la protección social y para constituir un fondo de ayuda a familias hipotecadas con menores recursos.
• Una batería de medidas de reparto del trabajo para hacer frente al paro, como la reducción de jornada, la supresión de las horas extras y el adelantamiento de la edad de jubilación.
• La reforma de las prestaciones al desempleo para asegurar una mayor protección de las personas paradas en cobertura y en intensidad.
• El establecimiento de mecanismos legales y convencionales para la participación futura de los trabajadores en los beneficios empresariales.
En definitiva, se trata de evitar que la crisis la paguen los trabajadores, que no son los responsables de ella. El diálogo social no debe servir para recortar derechos laborales o salarios, sería volver a repetir algo tan viejo y tan injusto como la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas.
Por último, el gobierno y todos los interlocutores sociales deberían realizar una reflexión sobre la debilidad competitiva de la economía española, como demuestra el déficit de la balanza de pagos al coincidir la liberalización máxima de los mercados con la rigidez monetaria por nuestra pertenencia a la zona euro.
Madrid, 28 de julio de 2008
LA DECLARACIÓN SOBRE EL DIÁLOGO SOCIAL ES
INÚTIL PARA AFRONTAR LA GRAVEDAD DE LA CRISIS
LOS TRABAJADORES NO DEBEN PAGAR LA CRISIS ECONÓMICA
Para el Sector Crítico de CCOO la Declaración sobre el Diálogo Social que pretenden firmar el gobierno, los sindicatos y la patronal es un auténtico “brindis al sol” que no apunta soluciones relevantes a la dura crisis económica que atraviesa el país.
Considera que el diagnóstico es incompleto al no hacer ni una sola referencia el gravísimo déficit de la balanza de pagos y al vertiginoso endeudamiento exterior, que refleja la debilidad intrínseca de la economía española para soportar el marco neoliberal y extremadamente competitivo de la Europa de Maastricht. Este tremendo déficit de la balanza de pagos, que es el segundo mayor del mundo después de USA, ha evolucionado del equilibrio al 10% del PIB en menos de diez años, coincidiendo con la implantación del euro, que supone unas severas restricciones a la política económica con la pérdida del tipo de cambio y el control monetario.
Reitera propuestas fracasadas como la insistencia en la moderación salarial a través de los acuerdos interconfederales para la negociación colectiva, avala reformas laborales anteriores basadas en el abaratamiento del despido y en la política de fuertes subvenciones a los empresarios o pasados acuerdos en materia de Seguridad Social que endurecieron el acceso al derecho a la pensión o a la jubilación anticipada para los trabajadores.
Apunta generalidades como si fueran soluciones, dándole al diálogo social un valor taumatúrgico que está lejos de tener por sí mismo. En otras ocasiones olvida cuestiones tan evidentes como que es necesario un fuerte aumento de la financiación para mejorar la calidad de la educación.
Destaca, especialmente, la ausencia de medidas dirigidas a establecer un plan de choque contra el paro y la crisis que recoja propuestas como:
• Una agenda concreta y un compromiso de negociación real sobre el cambio de modelo productivo y las políticas estructurales a abordar.
• Un compromiso de la banca pública y privada para abaratar el precio del dinero y facilitar créditos a pymes y familias para reactivar la inversión y el consumo.
• Un replanteamiento de la política fiscal que grave los beneficios empresariales, las grandes fortunas y patrimonios y luche contra el fraude fiscal para asegurar la suficiencia financiera que mejore la protección social y para constituir un fondo de ayuda a familias hipotecadas con menores recursos.
• Una batería de medidas de reparto del trabajo para hacer frente al paro, como la reducción de jornada, la supresión de las horas extras y el adelantamiento de la edad de jubilación.
• La reforma de las prestaciones al desempleo para asegurar una mayor protección de las personas paradas en cobertura y en intensidad.
• El establecimiento de mecanismos legales y convencionales para la participación futura de los trabajadores en los beneficios empresariales.
En definitiva, se trata de evitar que la crisis la paguen los trabajadores, que no son los responsables de ella. El diálogo social no debe servir para recortar derechos laborales o salarios, sería volver a repetir algo tan viejo y tan injusto como la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas.
Por último, el gobierno y todos los interlocutores sociales deberían realizar una reflexión sobre la debilidad competitiva de la economía española, como demuestra el déficit de la balanza de pagos al coincidir la liberalización máxima de los mercados con la rigidez monetaria por nuestra pertenencia a la zona euro.
Madrid, 28 de julio de 2008
Documento de Enmiendas y Manifiesto del Sector Criticcoo de CC.OO. para el 9º Congreso.
EL SECTOR CRÍTICO DE CCOO RECHAZA EL TRATADO DE LISBOA Y EXIGE UNA CONSULTA POPULAR
Apoyo a la causa Saharaui .
En los últimos años el Gobierno de Zapatero retiró el apoyo institucional de España a la causa Saharaui y hace nada se aprobó una resolución en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas presentada por EEUU, Francia, España y Rusia en la que Rusia estuvo a punto de usar su derecho a veto por la presencia de una frase que incluía el respeto a los derechos humanos de los saharauis. Además en la resolución aprobada se pide 'visión realista de las partes', frase que todos reconocen a posteriori beneficia al fuerte, en este caso Marruecos. Mientras tanto la situación de los refugiados sigue siendo la de personas olvidadas en el desierto sin ningún estado que los reconozca como ciudadanos suyos y, por otro lado, se da la situación de encarcelamiento por motivos políticos de gran cantidad de Saharauis. El estado español no debe renunciar de esta manera tan rastrera a defender a aquellos que están en esa situación por culpa, en parte, suya.
El objetivo de esta plataforma es lograr el máximo número de firmas de apoyo al manifiesto hasta el 15 de septiembre. El fin es hacer entrega de ellas al Presidente de Gobierno para que España lidere la búsqueda de una solución pacífica y justa a un conflicto que nos afecta directamente.
La web de apoyo ---> http://www.todosconelsahara.com/
La noticia sobre la resolución ---> http://actualidad.terra.es/nacional/articulo/consejo_seguridad_sahara_2438735.htm
La resolución --> http://daccess-ods.un.org/access.nsf/Get?Open&DS=S/RES/1813%20(2008)&Lang=S&Area=UNDOC
El objetivo de esta plataforma es lograr el máximo número de firmas de apoyo al manifiesto hasta el 15 de septiembre. El fin es hacer entrega de ellas al Presidente de Gobierno para que España lidere la búsqueda de una solución pacífica y justa a un conflicto que nos afecta directamente.
La web de apoyo ---> http://www.todosconelsahara.com/
La noticia sobre la resolución ---> http://actualidad.terra.es/nacional/articulo/consejo_seguridad_sahara_2438735.htm
La resolución --> http://daccess-ods.un.org/access.nsf/Get?Open&DS=S/RES/1813%20(2008)&Lang=S&Area=UNDOC





