DENNIS OPPENHEIM Y EL ARTE URGENTE
Un numeroso grupo organizador, que incluye instituciones artísticas, financieras y civiles- desde la fundación Cristóbal Gabarrón hasta la diputación de Sevilla-, ha sido quien ha puesto en marcha esta muestra itinerante que pese a su subtítulo de Obra Selecta 1968-2004 es más que una retrospectiva al uso, una exposición que se fija, fundamentalmente, en la parcela de arte público del artista norteamericano Dennis Oppenheim realizada en el tramo de su producción que cubre los veinte últimos años y cuya exhaustiva referencia constituye el grueso del contenido del catálogo.
La selección de sus obras de arte pasa casi de " puntillas" por el mundo de la observación y, también, por el mundo de las máquinas de la segunda mitad de los setenta.
Los analistas del trabajo de Oppenheim oscilan al interpretarlo entre quienes aseguran la seriedad y trascendencia con la que aborda el territorio de las disfunciones mentales y las consecuencias físicas y espirituales, desde el territorio a la neurología que depara cualquier productividad y, que concluyen, como G.R. Denson en el catálogo de la retrospectiva que le dedicó el Palacio de la Virreina barcelonés hace una década que : " el arte de Oppenheim concede la máxima importancia al valor sistomático del arte, ofreciendo un diagnóstico de la patología industrial y posindustrial".
A propósito de sus tajantes cambios o inversiones de estilo y de las hipótesis críticas sobre ese comportamiento, Oppenheim ofrece una curiosa explicación:" algunos artistas no saben como evolucionar y otros lo que quieren es encontrar un tipo de arte con el que poder convivir. La razón de muchos de mis cambios es el hecho de que no puedo vivir haciendo un sólo tipo de arte. A veces esta urgencia no se origina al mismo tiempo que una idea sino que es sólo eso, urgencia".
Se aprecia en Oppenheim un diseño acumulativo, apretado, denso y comprimido, en el que unas piezas empujan a otras, a la vez que solapan su sentido, su imagen y su discurso individual.
La selección de sus obras de arte pasa casi de " puntillas" por el mundo de la observación y, también, por el mundo de las máquinas de la segunda mitad de los setenta.
Los analistas del trabajo de Oppenheim oscilan al interpretarlo entre quienes aseguran la seriedad y trascendencia con la que aborda el territorio de las disfunciones mentales y las consecuencias físicas y espirituales, desde el territorio a la neurología que depara cualquier productividad y, que concluyen, como G.R. Denson en el catálogo de la retrospectiva que le dedicó el Palacio de la Virreina barcelonés hace una década que : " el arte de Oppenheim concede la máxima importancia al valor sistomático del arte, ofreciendo un diagnóstico de la patología industrial y posindustrial".
A propósito de sus tajantes cambios o inversiones de estilo y de las hipótesis críticas sobre ese comportamiento, Oppenheim ofrece una curiosa explicación:" algunos artistas no saben como evolucionar y otros lo que quieren es encontrar un tipo de arte con el que poder convivir. La razón de muchos de mis cambios es el hecho de que no puedo vivir haciendo un sólo tipo de arte. A veces esta urgencia no se origina al mismo tiempo que una idea sino que es sólo eso, urgencia".
Se aprecia en Oppenheim un diseño acumulativo, apretado, denso y comprimido, en el que unas piezas empujan a otras, a la vez que solapan su sentido, su imagen y su discurso individual.





