GOOGLE DESVELA LAS IMÁGENES AÉREAS DE ZARZUELA Y ZARZUELILLA


VISTA AÉREA DE LA ZARZUELA Y DE LA "ZARZUELILLA"
Google está trabajando en un nuevo servicio, consistente en la posibilidad de ofrecer imágenes aéreas de cualquier lugar del mundo, añadiéndolas a las búsquedas de lugares geográficos.
Pese a ser lugares de especial sensibilidad estratégica, ofrecen imágenes aéreas de sedes y centros institucionales sometidos a estrictas medidas de seguridad, como son La Zarzuela, la residencia de Felipe de Borbón y Letizia, la Base Aérea de Torrejón de Ardoz, o La Moncloa, en España; concretamente en Madrid.


Otros lugares sometidos a estricta vigilancia, pero de las que Google ofrecerá imágenes, son el Kremlin, en Moscú; el Palacio del Elíseo, en Francia; la residencia de Tony Blair en Downing Street 10 (Londres). Sin embargo, las imágenes de El Capitolio y la Casa Blanca, en Washington, aparecen difuminadas adrede.
A JUAN CARLOS I LE HA SALIDO UN COMPETIDOR EN LOS COMICS ... MAGNETO EL CORRUPTO

La empresa americana Marvel, editora de comics de superhéroes, ha aprovechado la imagen y la vestimenta de gala del Rey Juan Carlos I para dar vida a Magneto, personaje que encarna al poder maligno y corrupto del mal. "Es un guiño humorístico...el dibujante, Mike Mayhem, habrá querido buscar una imagen real que contribuya a resaltar esa imagen de rey de los malvados que tiene Magneto. Y para ello, habrá buscado en imágenes de reyes de verdad. Ninguno tan conocido y emblemático como el Rey de España", ha declarado a la agencia EFE Jose Luis Córdoba, directivo de Panini, la distribuidora que tiene los derechos para España y Europa de los cómics de Marvel.
Tanto la Casa Real como los servicios jurídicos del Estado, están estudiando las posibles acciones legales a emprender, en caso de que consideren que no puede usarse la imagen del Rey en el comic. La historieta en la que aparece con el uniforme regio se titula "The Pulse: House Of M". Saldrá a la venta a finales de julio en Estados Unidos, y se prevé la edición en España para la primavera del 2006.
EJEMPLO DE FORO SOBRE SUPUESTOS HIJOS NO RECONOCIDOS DEL REY (En www.letiziaortizonline.com)


CONVERSACION :
SARA
19/05/04 EL REY TIENE MAS HIJOS VARONES, PORQUE NO SALE TODO ESTO A LUZ?....LO SÉ DE BUENA TINTA
chi
19/05/04 explícate, sara.me dejas intrigada
peor todavia
20/05/04 uffff no me imagino al gonzalo miro de rey de españa......
curiosa
20/05/04 Es verdad que uno se llama Gonzalo?
x
20/05/04 Desde luego yo no he visto una monarquia mas corrupta que esta.
.
20/05/04 Ya está el listo de turno. Gonzalo Miró no es hijo del rey. Es hijo de F.G.
María
20/05/04 Mas borbones no por favorrrrrr.
curiosa
20/05/04 Y los de Barbara que?
SARA
20/05/04 GONZALO ES INTIMO AMIGO Y NO ES HIJO DEL REY
Speculador
20/05/04 Santiago Segura dicen que es hijo del REy, si os dais cuenta, tiene los mismos rasgos borbónicos.
curiosa
20/05/04 Quien es F.G.?????
SARA
20/05/04 TAMPOCOOOOOOOO ES HIJO DE FELIPE GONZALEZ , DE VERDAD EN QUE ESTARIAN PENSANDO?LE VEIS ALGUN PARECIDO¿NINGUNOOOOOOOOOO
Roman
20/05/04 Por supuesto que tiene más hijos. Pero esto es TOP SECRET chicos, como tantas otras muchas cosas. Vivimos en el país del todo vale o mejor dicho el país basura.
curiosa
20/05/04 Esos hijos son antes o despues de los de Sofia?
otro
20/05/04 Esos hijos son durante............
curiosa
20/05/04 Del Rey con la Rey?
uno
20/05/04 No
YO
20/05/04 PAOLA DE ROBILAND ES HIJA DEL REY
TU
20/05/04 GONZALO MIRO TB
curiosa
20/05/04 Quien es Paola?
?¿
20/05/04 hay una chica que trabajaba como animadora en un programa que se llamaba de oca a oca, ella creo que es venezolana, es guapa y rubita, tambien su hij@ es del Rey según rumorean.
Furiosa
27/05/04 Pues que ojala nunca los reconozca pues no podemos aguantar mas personas chupando del bote.
LA NATURALIDAD DE LOS GESTOS DEL REY (¡Que os den por...!)


Publicado en Gara, único medio escrito que lo publicó. La Televisión Vasca ETB fue la única que difundió el video sin censuras, y ésta es una fotografía procedente de dicho video.
Se trata de un video de la visita de los Reyes a Vitoria, en 2004, y lo que debería ser un discreto y habitual saludo con la mano, se convierte en un gesto fuera de lugar hacia los vitorianos. Parece que el Rey les está mandando a tomar.... un refresco, jejeje.
"LA SOLEDAD DEL REY", DE JOSÉ GARCÍA ABAD (Capítulo I - 2ª Parte)



Portada del libro "La Soledad del Rey" - José García Abad, autor de "La Soledad del Rey" - Los Reyes de España, en la boda de la Infanta Cristina
También han podido contribuir al deterioro de la imagen real ciertas aventuras amorosas que, si bien son fácilmente disculpadas por una sociedad que quizás sea de las más permisivas del mundo, resultan embarazosas cuando desbordan el ámbito privado y condicionan la cosa pública, como habrá ocasión de detallar a lo largo del libro que tiene usted en sus manos. Un ejemplo: el relevo de un ministro moribundo, el cese del secretario de la Casa del Rey, José Joaquín Puig de la Bellacasa... La versión que diera el Monarca de su despido fulminante es significativa. Don Juan Carlos había explicado al cesante que el jefe de la Casa le había puesto entre la espada y la pared: «Señor: o Su Majestad cesa a Puig o me veré obligado a presentar mi dimisión.» Esta versión circuló por el Madrid enterado, así como el profundo resentimiento del cesado hacia su antiguo jefe.
El enredo se desenredó más tarde gracias a la intermediación de Jaime Peñafiel, muy introducido en el mundillo monárquico, quien reunió al jefe y al secretario general en un almuerzo en el Club 31, en el que el periodista, con suma discreción, una vez que rompió el hielo se abstuvo de participar, facilitando que ambos se sinceraran sin testigos. La discreción de Peñafiel llegó hasta lo heroico en un periodista: tragarse una información preciosa silenciando las verdaderas razones del cese de Puig de la Bellacasa. En su libro de memorias sólo hace una alusión velada al asunto: «La salida del ilustre diplomático fue traumática para él (...) y en el transcurso de una comida organizada por mí en el restaurante Club 31 de Madrid, no quedó claro cuáles habían sido los motivos del cese de Puig de la Bellacasa y que había lesionado gravemente su relación de gran amistad con Fernández Campo, que nada tuvo que ver en tan doloroso asunto.»
En realidad, don Juan Carlos cesó a su secretario general porque se lo exigió Marta, su amiga de entonces, cuando llegaron a sus oídos las críticas expresadas por Puig de la Bellacasa a que la relación entre ambos no se llevara más discretamente. También tuvo consecuencias políticas la publicación de las «confesiones» del Rey a José Luis de Vilallonga.


Sabino Fernández Campo ex-Secretario de la Casa Real, con el Rey - El periodista, Jaime Peñafiel - José Joaquín Puig de la Bellacasa, ex-Secretario de la Casa Real
A la vista de la deriva real observada en la última década cabe pensar si don Juan Carlos introdujo a raíz de su actuación en el 23-F una nueva cláusula en el matrimonio de conveniencia con la Democracia: «Yo no me meto en política y vosotros dejadme que viva mi vida.» Al real deterioro, que tiene una fecha de arranque, 1993, principio de una década turbadora, ha contribuido también el cambio político que se ha producido en España con la llegada al poder de José María Aznar y el Partido Popular. La decadencia del Gobierno del PSOE durante su último trienio, el trienio negro, que no fue el peor pero sí en el que se pasaron al cobro algunas facturas enojosas, ha afectado también al Monarca.
Las relaciones del Rey con Felipe González fueron excelentes y se extendieron del plano político al personal. El Rey, extravertido y ligero, con un cierto côté de frivolité, según me lo calificó confidencialmente un ex ministro, se entendía bien con el sevillano seductor, con quien tanto disfrutaba intercambiando los últimos chistes verdes; una confianza siempre en guardia pues, a pesar de su aparente espontaneidad, ambos están dotados de retorcidos colmillos.
Los socialistas, republicanos de nacimiento, se hicieron juancarlistas de corazón; se esforzaron en atender cálidamente al Monarca, con quien presidente y ministros despachaban con frecuencia. Julio Feo, secretario entonces de la Presidencia, y Sabino Fernández Campo, que ocupaba el puesto de secretario de la Casa de Su Majestad el Rey, se inventaron, mano a mano, las reglas del juego de la nueva convivencia entre sus respectivos superiores. Con el ascenso de los socialistas al palacio de La Moncloa se liquidaba oficialmente la Transición y se archivaba un modelo político en el que el Rey reinaba pero también gobernaba.
Él había nombrado a Suárez, con quien protagonizó la procelosa marcha hacia la democracia; y el breve Gobierno de Calvo Sotelo, que no alcanzó los dos años, estuvo marcado por la resaca del golpe de Estado del 23-F, cuando don Juan Carlos se vio obligado a desempeñar un indeseado protagonismo en el «borboneo» de militares levantiscos. Por otro lado, el fervoroso monarquismo de toda la vida de don Leopoldo no contribuía al eclipse de su Rey y Señor. Este modelo ya no servía con González: había que dar consistencia práctica a lo que estaba escrito en la Constitución, urgía poner letra y música, a veces letra pequeña y gramática parda, al complicado papel de un monarca parlamentario.



José María Aznar, ex-Presidente del Gobierno - El Rey de España, en mensaje televisivo - Felipe González, ex-Presidente del Gobierno
La relación entre Felipe González y don Juan Carlos había desbordado el ámbito funcional para penetrar en el de la amistad personal. González hizo la vista gorda ante los negocietes y escapadas reales e incluso llegó a realizar alguna importante negociación en beneficio de la Familia Real: envió a su hombre de confianza, Julio Feo, a gestionar cerca del Gobierno griego la devolución de los bienes de la familia de doña Sofía, que habían sido confiscados cuando el rey Constantino fue destronado. Al secretario de la Presidencia le llevó un año la realización de este cometido, que le obligó a emprender frecuentes viajes a Londres y Atenas y a mantener un contacto frecuente con don Juan Carlos, la Reina y su hermano Constantino. El Rey pagó a su primer ministro con la misma moneda: cuando en los últimos años de su Gobierno la prensa acosaba a González, Juan Carlos accedió a introducir en su mensaje navideño un toque de atención a los periodistas para que moderaran su crítica.
El triunfo electoral de José María Aznar, con quien el Rey compartía escasa química y a quien motejaba en privado de "desaborío», «estirao», «bigotes», etc., representó un cambio brusco en la temperatura de las relaciones entre la Casa Real y el Gobierno. Pasó instantáneamente, como en una ducha escocesa, del calor sevillano al frío de la meseta. El nuevo Presidente no perdió ocasión de marginarle, menospreciarle e incluso «ningunearle», mientras su esposa, Ana Botella, con ínfulas de primera dama, disfrutaba con suplantar a la Reina o restarle protagonismo. La última afrenta recibida por el Monarca fue la de verse forzado a asistir a la real boda de Ana Aznar Botella. Analizaré con detalle las razones profundas de la actitud del líder de la derecha, más allá de la anécdota, pero podemos adelantar aquí algunas motivaciones aparentes: la prepotencia de un gobernante que se había venido arriba y quizás un cierto antimonarquismo o antiborbonismo de corte falangista, según observaciones que he recogido y que, al parecer, comparte el Monarca.
Quizás tales cicatrices, que empiezan a hacer mella en la nueva monarquía, no sean percibidas más que por una minoría cualificada, pues el Monarca se beneficia de un pacto implícito de silencio de la prensa. Sin embargo, la experiencia demuestra que la extensión de una imagen en forma de mancha de aceite, desde los cenáculos minoritarios, el círculo de los enterados, hasta el público en general, sólo es cuestión de tiempo. También es cuestión de tiempo la rescisión del pacto implícito de silencio de la prensa, una complicidad que, ahora se ve, más que salvar al Rey ha estado a punto de condenarlo. Si la prensa hubiera informado puntualmente, como es su obligación, de los malos pasos del Monarca y del Príncipe, algunos asuntos, ciertas aventuras empresariales y unas cuantas imprudencias no habrían adquirido tamaña dimensión. El silencio de la prensa ha podido generar en el entorno real una sensación de inmunidad propiciadora del descuido. La complicidad mediática no ha hecho ningún favor ni al Monarca ni al Príncipe ni a las infantas ni a la monarquía. La transparencia informativa sigue siendo la mejor garantía del buen funcionamiento de las instituciones y una obligación para con los ciudadanos, que son los que pagan las facturas. La transparencia es la condición imprescindible para que el público juzgue sin juzgados, emitiendo la sentencia inapelable sobre lo adecuado y lo impresentable.
Sin embargo, el mayor peligro no se inscribe entre los que acabo de enunciar, aunque todos sean dignos de consideración y contribuyan a agravarlo. El riesgo más grave para el futuro de la institución tampoco procede de la involución, al estilo del 23-F, ni de la revolución, el asalto de las masas al palacio de Invierno o de Verano, a La Zarzuela o a Marivent, sino de algo más insidioso y pertinaz, de efectos lentos pero implacables: las dudas que se van incubando sobre la necesidad de la monarquía, incluso sobre su mera utilidad y, por tanto, sobre la razón de ser del cargo que su titular ocupa. Es éste un peligro que no amenaza con sobresaltos inmediatos, que no es todavía evidente, que ni siquiera es una cuestión acuciante en el debate público, pero que se inscribe en un proceso que probablemente se irá acelerando en los próximos años.
Me atrevo a profetizar que si la monarquía cae no será ni con sangre ni con exilios. La institución podría languidecer simplemente por el desinterés público, por el cansancio del «respetable» ante el espectáculo de esa nueva corte estrafalaria que se ha ido enracimando con el Monarca, de las camarillas que se arriman a la Corona con el fin de utilizarla en su beneficio. Incluso cabe la posibilidad, aunque ésta sea más remota dada la manifiesta predisposición de los reyes a mantenerse en el trono por difíciles que sean las circunstancias, de que la monarquía fenezca por desasistimiento de los protagonistas, víctimas del aburrimiento del oficio. No es probable que las faltas aludidas sean causa justa para el despido del Monarca, que cuenta con un caudal de popularidad aparentemente inextinguible, pero estimo que si no reacciona ante los peligros que le acechan, su auctoritas, la base del poder real o mejor dicho de su influencia, que es la forma en la que el poder real se manifiesta, irá achicando sus valores y con ello su eficacia como la forma de Estado más conveniente.
Como advirtió Sabino Fernández Campo al Monarca -y así le fue a Sabino-, no hay que confiarse demasiado a la popularidad, ya que puede cambiar de signo rápidamente. Proclamado Alfonso XII rey en 1875 a lomos del caballo de Pavía, pero con una amplia aceptación popular, el joven Monarca fue recibido con entusiasmo desbordante por la multitud. Encantado don Alfonso por las delirantes aclamaciones, se dirigió a uno de los que le vitoreaban con más entusiasmo. El buen hombre le aclaró perfectamente las ideas: «Esto no es nada comparado con el entusiasmo con que echamos de España al putón de su augusta madre.»





