Entrevista a don Manuel

EL MUNDO, Actualizado viernes 31/08/2007 02:27
PABLO GIL
MADRID.- Manu Chao saca un nuevo disco con su sonido de siempre, emprende una nueva gira europea y adelanta detalles de sus próximos cuatro proyectos.
Pregunta.– En primera instancia, este parece el disco de rock de guitarras que no hacía desde Mano Negra.
Respuesta.– Hay más guitarras. Yo diría que es más o menos el eslabón intermedio entre 'Clandestino' y 'Próxima estación: Esperanza' (2001) y lo que hacemos en el escenario. Hay gente que me dice que les recuerda a Mano Negra, no sé, yo no tengo perspectiva sobre lo que es el disco. La razón por la que ha salido así es que está Radio Bemba, que en directo tenemos un show mucho más guitarrero y cada día más, porque ahora ya no hay sección de vientos y tiramos mucho más hacia la energía.
Es lo que no había en la época de 'Clandestino', cuando las guitarritas eran mi estilo... peculiar (ríe). Y estando aquí de vecinos el Madjid y el David, que tocan la guitarra súper bien, pues directamente enchufamos el 'ampli'. Manda el momento. Cuando estás grabando en el quinto coño y lo único que hay es una guitarra acústica, es eso lo que queda.
P.– ¿O sea que, si no les hubiera tenido de vecinos, no hubiera hecho este disco?
R.– No, no lo hubiera buscado, no sé, no creo. Para cada canción la mezcla es infinita... ése es el problema y lo precioso. Cada canción la puedes convertir en mil viajes, pero luego lo que dejas es el viaje de un día. En un momento dado tienes muchas máquinas y mucha computadora a tu servicio, pero la decisión última de dejarlo acabado es humana, menos mal. En todo caso, para mí el escenario y el estudio son dos mundos totalmente distintos. El espectáculo de la gira está pensado para los conciertos y el disco es trabajo de estudio, es grabar y regrabar. El 'Manzana+z' (la opción de deshacer en un ordenador Macintosh) es la cosa más genial y peligrosa (ríe).
P.– Da la impresión en todo caso que el cuerpo le pedía hacer rock, sobre todo después de cinco años haciendo conciertos tan fuertes como los de Radio Bemba, que son punk-rock sin matices.
R.- Hombre, eso es evidente. Hoy en día lo tenemos como una joyita, algo súper guapo y que está mejor que nunca, que es la banda. Hay una piña, un tesorito que tenemos para cuidarlo bien. Pero eso es el escenario y grabar es un mundo totalmente distinto. Una frase que no existía cuando yo vivía en Francia y que descubrí cuando llegué aquí es eso de "hacer gira para presentar el disco". Nunca lo entendí ni lo hice.
El espectáculo está totalmente construido para el directo y cuando hago un disco, no pienso si lo que estoy haciendo puede servir para el escenario... En el estudio una poquita de marihuana me mola la hostia; antes de subir al escenario no, ahí un chupito de aguardiente. Si tomo alcohol en el estudio, a la media hora la pantalla del ordenador me aburre la hostia.
P.– ¿Trabaja siempre con el ordenador?
R.– Sí, está todo en la 'compu'. Mi estudio está ahí en la mochila, en cualquier momento puedo trabajar y eso para mí es fundamental, que soy un culo inquieto y que creo completamente en la inspiración. Eso me alivió totalmente hace años, me ayudó mucho porque yo no puedo estar encerrado en cualquier lugar. También tiene su lado negativo, que le quita calor.
Los técnicos de sonido dicen que la cinta es lo mejor, y es cierto, pero yo gano más que pierdo usando mi computadora... No tienes que aguantar las ganar de mear hasta que llegas al estudio, en el momento descargas y eso es vital (ríe).
P.- En el álbum hay varias canciones de amor, algo no muy habitual en su carrera.
R.- También las hay de desamor, como 'Siberia'... Y de amor debe de haber alguna, espero. En 'Clandestino' había varias que eran como espinitas de amor que te sacas, como 'Te espero siempre mi amor'. Es 'La despedida', cuando acaba la tristeza que te echa una chica. "Ya estoy curao, anestesiao de ti".
P.– El sonido del álbum resulta novedoso, pero las composiciones son muy similares. Si las canciones fueran como personas, ha cambiado un poco la ropa de los nuevos temas, pero el cuerpo parece el mismo.
R.- No tengo perspectiva para darme cuenta. No sé, en este disco hay varias canciones que pueden ser la misma música con letra diferente; es un juego de reciclaje abusador, casi. Me disculpo, pero es mi manera de hacer (sonríe). A las canciones les puedes cambiar el traje cada minuto... A lo mejor el cuerpo es la letra y cambiar eso es algo que cuesta más. Yo ahora tengo la confianza de que si nos ponemos puedo sacar en una horita algo guapo de música, pero una letra no se puede decidir así.
P.– ¿Ha pasado alguna vez una crisis de creatividad?
R.– Sí, sí, claro, aunque no me ha sucedido mucho. Y de mi crisis de creatividad más grande salió 'Clandestino'. A nivel creativo yo me sentía totalmente perdido y grabando por grabar, porque ya no sabía hacer otra cosa, y de esa confusión y de no tener ganas salió mi disco más bonito. Pero musicalmente nunca he tenido problema: me fumo un porrito y me sale una diarrea que hay para rato. Las letras son otra cosa, pero me lo tomo sin ansia. A veces no escribo ni una puta palabra en cuatro meses, pero me da igual. Si un día se acaba, se acaba y a lo mejor hago música para 'pelis' y sigo cantando mis antiguas canciones hasta que se canse todo dios (ríe).
Y tampoco me queda tanto tiempo y tengo otras pasiones que me están dando patadas en el culo y que me piden repartir: la quiropráctia, atravesar Latinoamérica en bici, hacer una peli de animación... Eso me encantaría, porque creo que el audio y la imagen no van a poder seguir siendo disociables de aquí a poco. Creo que la música tiene que ir con vídeo. Con Wozniak (el ilustrador con el que hizo, en 2004, el disco-libro 'Siberie m’etait contée') estoy muy metido en eso de hacer dibujos animados. A mí lo que me habría gustado es haber sacado todo este disco también con animaciones, pero el problema es el tiempo.
"Me sentí manipulado por Zapatero. Si quiere hacer campaña, que lo haga con sus propios argumentos"
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P.– ¿Qué lugar ocupa la música en su vida?
R.– La música es una pasión de adolescencia que sigue siendo esencial. Y, como toda pasión, es tiránica y ocupa el 100% de mi vida. Además, tengo la suerte de que vivo de ello, eso es un lujazo, lo sé. Luego mi novia o mis amigos consideran que trabajo demasiado, pero yo no veo las horas pasar...
P.– Siempre plantea los discos como un viaje en el que se enlazan las canciones. ¿Cómo es el viaje de 'La radiolina'?
R.– ¡El problema del viaje es el final! (ríe), porque nunca acaba realmente. En 'La radiolina' igual, guardaba muchísimas canciones y la voluntad de poner lo más posible para la peña, pero luego, en un momento dado, el viajecito se me hacía un poco pesado. Hasta yo me decía: "Joder, ya me apetece poner otro disco". Así que me comprometí a hacer un viajecito de 15 canciones que me parece digesto y luego, como me daba pena, puse las otras al final del CD.
P.- Hay varios temas que son antiguos, ¿verdad? Como 'Si yo fuera Maradona', que es de la película de Emir Kusturica 'Maradona', o 'Me llaman calle', de 'Princesas'.
R.- Y 'Bleeding Clown' está escrita hace 20 años y la base fue grabada hace 10. La canción más reciente de 'La radiolina' creo que es el '¿Y ahora qué?', que la grabamos en el hotel de Vancouver, cuando tocamos allí en mayo. En general las canciones son de los dos o tres últimos años. Salvo 'Politik Kills', que la tengo de hace tiempo. La letra ya estaba en el disco de Amadou y Mariam ('Dimanche à Bamako', 2005), la escribí como en el 95, 96. He hecho mil versiones de ella que aparecieron en recopilaciones, pero esta es la original (ríe).
P.- En ese tema critica sin excepciones a los políticos y al propio ejercicio de la política.
R.- Canto que la política necesita control de la mente de la gente, porque si no lo consiguen por las buenas machacando por la tele, lo consiguen por las malas, con las drogas. Si ves el mapa de la heroína y el de los problemas sociales, ¡qué curioso!, van super relacionados. ¿Por qué la mayor tasa de heroína en el estado español se dio en Euskadi? ¿Por qué entra tanta heroína en Venezuela hoy por Colombia? Es un truco clásico. Pero eso son las drogas, luego están las bombas... y hasta la violencia mediática.
El campeón mundial de eso hasta hoy se llama Berlusconi, pero ahora en Francia nos ha salido un pequeño Berlusconi, que ejerce un control de los medios de comunicación súper fuerte, un control que influye de una manera muy violenta sobre la democracia. Francia ha entrado en su etapa 'berlusconiana'. Yo ya lo dije cuando Berlusconi llegó al poder, que su gran peligro es que ese era solo el inicio.
P.– ¿Cuál diría que es el principal logro de 'La radiolina'?
R.– Mmm, no lo sé, eso lo tiene que decir la gente. Lo hice con todo mi cariño y de manera artesanal... La importancia para mí es que me sirvió para aguantar este mundo tres añitos más, que es el tiempo que he estado ahí dentro. Estar con mis letras y mi música es una manera de aceptar este mundo y de aguantarlo.
P.– En este disco repite de nuevo sus sentimientos agridulces sobre la vida y sobre cómo va el mundo. De nuevo canta 'infinita tristeza', aunque parece ser una persona alegre.
R.– Es que esa tristeza no hay que transmitirla. Yo siento una infinita tristeza muchas veces a lo largo del día. Estamos rodeados de infinitas tristezas, la cuestión es cómo reaccionas ante ellas, en qué las catalizas, y ésa es una pelea de años. La reacción primaria de un ser humano frente al dolor es la rabia y la violencia... Por ejemplo, esos coches ardiendo hace unos años en Francia fueron tomados por muchos movimientos de izquierda como algo positivo, pero yo les decía: "ahí no hay nada político, es pura frustración". Frente a la pena, la única solución es ser positivo y, lo más sano del mundo, tener sentido del humor.
De otro modo te vas cargando de energías negativas y puedes caer en el cinismo, que es una posición súper cobarde, o en el nihilismo: "a bailar hasta que caiga la bomba, esto no se cambiará nunca...". Yo filosóficamente me niego a eso. Cambiar el mundo es imposible, pero es una perfecta utopía, y hay que seguir siendo utópicos porque, si no, yo me muero de asco. Me muero de asco.
P.– En 2001, José Luis Rodríguez Zapatero le dijo a José María Aznar, que entonces era presidente, que para conocer la realidad social debía escuchar 'Próxima estación: Esperanza'. ¿Debería ahora Zapatero escuchar 'La radiolina'?
R.– Si Zapatero quiere hacer escuchar un disco a Aznar que lo grabe él, que no me meta en ese tipo de compromisos... Aquello me pareció manipulación, si quiere hacer campaña electoral que lo haga con sus argumentos... Aunque, bueno, siempre me quedé con la duda de si Aznar lo escuchó y qué piensa de él (ríe).
P.- Y qué piensa el propio Zapatero hoy.
R.- A mí que no me meta en medio.
P.– ¿Le ha intentado usar algún político?
R.– Sí, pero nunca he colaborado mucho. Siempre te utilizan: vas a tocar a cualquier pueblo y al final el alcalde de turno se apunta el tanto en la prensa local. Yo he conocido a políticos en mi vida, pero siempre he pedido que fuera sin fotógrafos y de forma privada.
Recuerdo que hace mil años, en la época de Mano Negra, me invitó a comer el primer ministro de Francia, que era Michel Rocard, socialista. Era la época de la primera guerra de Irak, así que por la mañana tenía que encontrar no sé cuantos millones para que Air France no se fuera al carajo y por la tarde visitaba a las tropas. Mi primera pregunta fue: "¿qué coño te puede importar verme a mí con el lío que tienes?" (Ríe). Fue una charla amena e interesante. Salí con más preguntas que respuestas... Y aún sigo sin respuestas. Es muy difícil encontrar respuestas en este puto mundo... También tengo otro recuerdo sobre eso.
Cuando recorrimos Colombia a principios de los 90 con el 'Tren de Hielo' y 'Fuego', íbamos tocando por los pueblos del Magdalena Medio. Hacíamos nuestro espectáculo, todo el mundo estaba contento y al final llega un tío con dos matones con pistolas que te aparta y se acerca al micro, que es el paramilitar local, el cacique, y dice: "gracias a mí, que he pagado todo esto, lo habéis pasado de puta madre", cuando en realidad cuando el tío no había dado un duro y habían sido todo problemas. Pero en cierto modo a Mano Negra siempre nos salvó la confusión.
En el caso de Colombia, sólo pusimos una ley: que nadie opinara de política. Allí es muy complicada y no puedes llegar de fuera a hablar sin saber. El caso es que por un lado estaba el cacique y luego nosotros que cantábamos aquello de "El pueblo unido, jamás será vencido", que lo cantábamos por otro motivo pero que luego nos enteramos que era una de las misivas de los FARC. ¡La gente no entendía nada! (ríe). El tío aquel subiéndose al micro nos ponía en peligro porque pensábamos que al salir del pueblo nos iba a acribillar la guerrilla, pero cantábamos uno de los himnos de la guerrilla... Al final se montó un 'pollo' confuso y salimos ilesos.
P.– En una reciente entrevista para el periódico británico 'The Guardian' aseguraba haber visto al diablo dos veces, en Tokio y Madrid. ¿Podría explicar cómo fue?
R.– Me da pena que hayan puesto los nombres de las ciudades, porque el diablo no vive en ninguna ciudad. Yo lo vi allí, son casualidades de la vida... Voy a rectificar un poco: si existe el diablo, lo vi dos veces. Lo ves y sabes que es él... ¡Me falta por ver a Dios! (ríe). Bueno, ¡sí!, lo encuentro cada mañana cuando veo algo bonito en la naturaleza, supongo que eso es Dios.
P.– ¿Es creyente?
R.– Soy ateo, pero si hay que hablar de Dios, para mí es el cosmos, un ser fabuloso. El diablo sería otra parte de la naturaleza, como el ying y el yang. El ser humano también tiene lados malísimos y buenísimos. La relación con el poder, por ejemplo: ¿cómo es que cada vez que un puto ser humano llega a una posición de poder, lo que hace es aplastar al resto? Eso ya no es cuestión de política ni de nada, joder (ríe). Esa necesidad de dominio se vio en todas las civilizaciones y revoluciones.
P.- En 'La Radiolina' hay críticas explícitas y muy duras al gobierno de George W. Bush y precisamente antes de verano hizo una amplia gira por EEUU y Canadá. ¿Cuál era su objetivo?
R.- Nunca hice gire por EEUU, igual que hemos actuado mucho por Latinoamérica y Europa. La oportunidad era ahora, porque yo necesito entender lo que es ese país. Desde la guerra de Irak, en este disco y también sobre el escenario hacemos críticas muy duras contra el gobierno de EEUU. Eso lo aprendí de mi madre, que lo que criticas hay que aprenderlo bien. Ahora me provocaba más que nunca ir allí; al fin y al cabo desde fuera es muy sencillo caer en un antiamericanismo primario, que sale naturalmente. Pero hay que entender que el gobierno es una cosa y la gente otra.
Y al final lo interesante, lo positivo que saqué del tour, fue que tomé contacto con el mundo entero (ríe). Allí hay peña del mundo entero: he tomado más contactos con Paquistán, con Irán, con India, Rusia o Ucrania en EEUU que aquí en Barcelona. Eso me sorprendió y me impactó mucho, aunque luego cada comunidad viva en su gueto y me gusta pensar que, curiosamente, en los conciertos se juntaba una bolita de peña que a diario no se encuentra. Después de los conciertos se montaban unas tertulias súper multitudinarias alrededor del autobús.
P.- O sea, que ha sido un viaje que le ha invitado a hacer muchos más viajes.
R.- El mensaje más fuerte que me dio EEUU fue que tengo que ir a India. Aunque bueno, no nos engañemos, allí nuestro público es al 80% latino. Si hicimos esa gira con todas las entradas agotadas fue gracias a ellos y se lo agradezco. Allí nos toman como a un grupo de ellos, de México. ¡Es que uno llega a Texas, tío, a Dallas, y cree que poco menos que nos ahorcan! (Ríe). Y bueno, allí era un público latino al 100%, gente que subía de Laredo, de Ciudad Juarez, Monterrey.
Lo diferente y más interesante eran los festivales, con público más anglosajón que ya nos conocía mucho menos. Empezamos en Coachella y allí debía haber 90.000 tíos y yo te diría que a nosotros nos conocían 5.000. Fue más interesante el choque, y además fue especial porque tocamos justo antes de la reunión de Rage Against The Machine. Nuestro show funcionó bien y, a partir de ahí, fue viniendo más gente de habla inglesa a nuestros conciertos. En Tennessee hicimos un festival más hippy y menos politizado, el Bonnaroo, y eso nos sirvió para ver cómo reaccionaba la gente frente a nuestros mensajes.
P.- ¿Y cómo era la respuesta?
R.- Masivamente apoyando nuestras ideas. De ahí sale la pregunta siguiente: ¿cómo es que hemos tocado en EEUU frente a bastante peña, que todo el mundo estuviera de acuerdo con nuestras críticas a Bush y que haya tan poca gente manifestándose cada sábado frente a la Casa Blanca? Yo tengo pasaporte español y francés y no puedo presumir de tener presidentes extraordinarios, no voy a dar lecciones a nadie, pero de lo que estoy seguro y tengo una confianza en el espíritu cívico de la gente, es que si tuviéramos un presidente como Bush, seríamos 10.000 o 20.000 cada sábado en Moncloa o en el Eliseo.
De hecho, cuando la guerra de Irak hubo más manifestantes en Europa que allí. ¿Es que no tienen cultura de manifestar? ¡Sí que la tuvieron! ¿No se dan cuenta del daño que están haciendo fuera? Creo que ese puede ser un elemento de respuesta.
P.- Y con su paranoia por la seguridad, ¿tuvieron problemas de ese tipo?
R.- No, todo lo contrario, hay mucha más presencia policial en Barcelona, donde el control es apabullante, que en cualquier ciudad de EEUU. Parece que el problema lo están combatiendo fuera de sus fronteras. Yo creo que la CIA o quien se encargue de esas cosas tiene cosas más importantes que preocuparse por nosotros, no creo que tenga esa importancia.
No sé si nuestros móviles estaban escuchados o nuestros e-mails controlados, pero somos una pulguita que ni les rasca, sinceramente. Les tocó más los huevos cuando tocamos en La Habana (en 2006). Ahí sí que sentimos que los de la embajada gringa estaban al loro de nosotros y que estaban trabajando la contrainformación. Mandaban mensajes de la embajada americana usando mi letra en la pantalla de la fachada.
P.- Reside en Barcelona desde hace ocho años. ¿Está implicado con los problemas de su comunidad?
R.- Intento interactuar, claro. Me encanta mi barrio... Yo me crié en París y la vida de barrio era más difícil. Hace más frío y todo el mundo es muy casero, así que sales a las nueve de la noche y la única tierra de asilo político es la gasolinera, lo único que hay abierto. Allí te compras la cerveza y, detrás, te la bebes fumando unos porros y no había más: tú y tus colegas, la gasolinera y la poli.
Esa fue mi juventud. Barcelona me permite vivir más en la calle, que es algo que me encanta. Desayuno, como y ceno en el bar, en el local no hay ni para cocinar porque tengo un bar gallego enfrente. Los partidos de fútbol los veo fuera también, que soy hincha del Athletic de Bilbao y del Depor. La gran pregunta es, ¿hasta cuándo la vida de calle en Barcelona?
P.- ¿Por qué?
R.- El ambiente está cambiando muchísimo. La calle en Barcelona era algo especial, pero eso lo están machacando. Antes había mucho guitarreo por la calle, ahora hay una represión terrible y que no puedo entender porque además son gobiernos de izquierdas. No entiendo por qué prohibieron las tamboradas de los domingos en el parque de la Ciudadela. Era muy bonito, hasta a los turistas les gustaba, que tanto les preocupa. Mucho turismo venía por esa bohemia y la están machando. Cuando llegué aquí por primera vez, hace 15 ó 20 años, me ganaba la vida tocando en la calle.
Muchas veces me tiraba todo el día en la Rambla, era el local de ensayo más bonito del mundo entonces. Ahora es penosa. En ese contexto, mi implicación con la ciudad es esa, ver qué se puede hacer por los músicos de calle, por las cosas del vecindario. Yo en mi barrio, que no quiero citar para que no se llene "de turismo manuchaesco" (ríe), lo que hago es implicarme con el vecino, pero yo ya pienso desde hace tiempo que la ciudad más grande de Europa que nos queda es Estambul. Y yo estuve poco allí, pero me apasionó, me dio la misma impresión que Barcelona cuando llegué por primera vez. ¡Es que te inspira cada segundo, es una 'peli' permanente!
Para mí volver a Barcelona después de un viaje siempre es un gusto, pero cada vez más también supone un disgusto. Una torre más, una iniciativa social menos... Y mucha gente en el mundo sigue viendo Barcelona como un lugar súper interesante de artes y de cultura, pero yo ya voy avisando: "Cuidado amigos, no os engañéis, no lo dejéis todo por Barcelona porque ya no es tan fácil llegar allí". Hace 10 años era acogedora, amena, se encontraba piso fácilmente, pero ahora se ha vuelto igual de cruel que París.
P.- Siempre tiene mil proyectos en preparación. Desde hace mucho habla de un disco de rumba, ¿cómo está eso?
R.- Es un proyecto muy antiguo, un capricho, pero que quiero sacar como sea. Se trata de un disco de rumba que está super trabajado de cantina. Tenemos las canciones y son las que tocamos cuando salimos el Madjid y yo por Barcelona de bares, a dos guitarritas. Nos llamamos Los Musicarios y se titulará 'Lo peor de la rumba, volumen 1'. Me gusta porque está hecho de una manera completamente diferente de como suelo trabajar.
'La radiolina' me la invento cuando estoy delante del estudio, el disco de rumba está muy cantado, llega por otro caminito. Lo grabaremos un día en un bar o en un estudio en directo. Es lo mismo que me sucede con otro disco que también está acabadito realmente. Se trata de un álbum en 'portuñol', en brasileiro. Todas las canciones están compuestas y grabadas en maqueta. En 'La radiolina' incluí un tema, 'Amalucada vida', para que no se me enfade mi gente de allí y no lo tome como un desprecio (su hijo vive en Brasil). El título del álbum será también 'Amalucada vida' y se trataría del próximo disco que haga como Manu Chao. Pero antes de eso tengo otros dos proyectos con los que me he comprometido y que me apetecen mucho personalmente.
P.- Uno será el de La Colifata
R.- Sí. Radio La Colifata se foma por internos y ex internos de un hospital de salud mental de Buenos Aires. Es un encuentro totalmente fuera de serie, esa gente me ha revolcado la cabeza y el corazón. De los últimos años, los CD que me llegan de la 'Coli' son lo mejor que he escuchado, unas joyitas extraordinarias. Se han vuelto una gente que me explica el mundo de una manera tan lúcida que matan. Me pueden, me emocionan, me hacen llorar, me hacen reír y me explican este puto mundo. Me dan un mogollón de esperanza por sus ganas de tirar adelante.
A veces me agobio con algo a diario y oyes una de sus frases y te das cuenta de lo tonto que eres. A lo largo de los últimos años he colaborado con ellos en experiencias de disquillos callejeros, en conciertos en Argentina, también participaron en mi nuevo vídeo, que lo dirigió Kusturica, y él y todo su equipo fliparon con los de la Colifata. Lo que quiero hacer con ellos es sacar un disco de viajecitos juntos, también con canciones que hicieron ellos y que son unos 'jitazos', como la de 'Soy malo', del Hugo, pero grabándolas de nuevo porque el audio original es malillo.
Iré a Buenos Aires para eso en noviembre y sacar así un CD por la vía clásica: de ese modo la Radio recibirá la financiación que necesita con el propio arte de esa gente, que además podrá cobrar como cualquier artista. Hasta ese momento vamos a hacer más cosas para aguantar la Radio, sobre todo un concierto grande en noviembre con Los Piojos. Yo sinceramente creo que va a ser un disco importantísimo, mucho más importante que 'La radiolina'. Lo que hace esa gente son las cosas que me apetece escuchar hoy en día, ese disco lo escucharía mucho antes que el mío, sin duda.
P.- ¿Y el otro disco?
R.- Es uno que he grabado con el Sam, el hijo de Amadou y Mariam. Cuando grababa con ellos en Malí, se iban a dormir a las 11 de la noche, así que yo me quedaba con sus hijos y amigos en la azotea de la casa hasta las tres o las cuatro de la madrugada, tomando té y cantando hip hop. La escena de hip hop de Bamako es muy potente, con pocos medios, pero con mucha ilusión. He hecho un disco entero con Sam, que tiene unos 22 ó 23 años. Él graba allí con Mali Casette, que es la única empresa que hay y que sólo edita cintas. Sus padres nunca lo habían oído, pero una mañana yo les hice escuchar un tema y a ellos les encantó y lo incluyeron en su disco ('Dimanche à Bamako').
Es un hip hop muy bien escrito y bastante interesante a nivel musical porque no tienen caja de ritmos ni nada, lo único que hay es una guitarra, así que es como hip hop folk. Ahora tengo que buscar tres semanitas para juntarme con el Sam, mezclar y acabar. Saldrá en 2008.

A.
Los tenemos cuadraos oiga

M.
Tinieblas en el noreste
TRIBUNA: FÉLIX DE AZÚA
El Pais 10/08/2007
El muy amado Juan García Hortelano nos contó que en algún momento de su agitada juventud tuvo trato con un grupo de bohemios adictos al coñac de garrafón, memoria viva del siglo XIX, los cuales, en una disputa sobre la antigua institución de las casas de lenocinio, alababan sobremanera los refinados centros catalanes, uno de los cuales, en el nacimiento de la calle Tapias de Barcelona, ofrecía tableaux vivants a la manera francesa, pero con desbordada fantasía sureña. Un conocedor afirmaba no haber visto en su vida espectáculo más lúbrico y depravado que el cuadro viviente titulado Manresa a les fosques (Manresa a oscuras), orgullo del local, pero cuando se le preguntaba en qué consistía el tal tablado, enrojecía, farfullaba y no encontraba palabras para describirlo, tanto era el complicado conjunto e interconexión de las diversas mancebas que hasta número de ocho intervenían en el mismo.
Algo similar ha sucedido en las últimas semanas en Barcelona y si bien no puede decirse que la población haya montado un cuadro viviente de supremo erotismo, sí cabe afirmar que la ciudad se ha convertido en una tenebrosa casa de putas (casa de barrets) en la que los ciudadanos hacían de espectadores atónitos, mientras los políticos, a modo de pupilas, se entregaban a las más inverosímiles y oníricas contorsiones. Días atrás pude ver por la televisión a uno de los hijos de Jordi Pujol, mozo que se adorna con patillas de boca de hacha que le dan un aire trabuquero (trabucaire), acusando con toda la razón del mundo a un tembloroso conseller ("consejero") de actuar como el jefe de una asociación de vecinos y no como responsable de la energía en Cataluña. Boquiabierto, el público admiraba las inverosímiles convulsiones del cuerpo de los diputados con iluminado horror.
En este particular Barcelona a les fosques que han vivido y siguen viviendo los vecinos de la ciudad que fuera bautizada por su ayuntamiento como la millor botiga del món ("el mejor establecimiento público del mundo") han ido apareciendo en su más cruel desnudez y en retorcidos números las capacidades imaginativas y morales de nuestros representantes.
Es de todo punto evidente que Barcelona no ha dejado de crecer a pesar de los esfuerzos de los partidos nacionalistas para que lo hiciera en dirección única: la de continuar siendo capital de un país molt petit ("un país pequeñito"), adecuado al talento y la voluntad de la elite dirigente nacional. Sin embargo, no cabe duda de que nadie les ha hecho el menor caso y el trabajo (mal pagado) de buena parte de la población ha creado una ciudad digna de Gargantúa. En este momento la densidad urbana es la propia de cualquier ciudad oriental, de ésas en donde toda actividad (con predilección por los entierros) concentra a cien mil varones aullantes unos encima de los otros tirándose de las barbas. El simulacro de que la corona de ciudades que rodea a Barcelona no tiene la menor relación con Barcelona, desmentido por millones de automóviles que entran cada día en la ciudad, ha colapsado la red de carreteras y ni siquiera los carísimos peajes (rotundo desmentido a la leyenda de la avaricia catalana) detienen el tsunami humano que trata de llegar a su trabajo cada mañana con la lengua fuera.
Comunicaciones, aeropuertos, electricidad, agua, red de metros, muelles y demás sistemas de circulación de mercancías calculados para un país enano y para una ciudad de misa de doce, dan risa o hacen llorar. Que de ello tenga toda la culpa el malvado y nunca bien definido "Madrit" no se lo traga ya nadie. Ni los secesionistas, desde que han abandonado sus pueblicos y han accedido a una información más rigurosa sobre cómo funciona una región europea. Eso no quiere decir que, en efecto, no haya habido una abulia inadmisible por parte de los ministros que se supone tienen a España entera en la cabeza. Me temo que la tienen por partes y según quién manda en presidencia. En todo caso, ahora es quizás un poco tarde y van a tener que detraer inversiones de todos los azimuts, como dicen nuestros vecinos, si no quieren que la cosa acabe con otro levantamiento de los segadores (els segadors) versión urbana y con botellón Molotov en lugar de la atávica hoz (falç) del himno nacional.
Dicho lo cual y en defensa de la verdad, añadamos que la otra parte de responsabilidad la tienen los políticos catalanes que desde hace treinta años están más preocupados por cómo se peina la gente y si respetan el modo catalán de dejarse flequillo que de las redes eléctricas o el transporte público. Todavía hoy un alcalde de pedanía puede detener un tendido de alta tensión, dos consellers una extensión de aeropuerto y tres diputados de la Generalitat colapsar la totalidad de las inversiones en infraestructuras. El actual Gobierno municipal está a punto de modificar por sexagésima vez el trazado del AVE antes de que llegue. Sin tapujos: en Cataluña no se sabe quién manda. Incluso es posible que no mande nadie.
Los lugares más o menos civilizados a los que nos comparamos constantemente hacen algo más que tener un rollizo club de fútbol. Tienen, por ejemplo, instituciones técnicas serias. Y las respetan. Me pregunto yo si buena parte de los desastres de la Barcelona a les fosques no será que los técnicos han dejado de tener la menor importancia para políticos y empresas y sólo se escucha con exquisita atención a los contables. Llámenlos jefes de marketing, si lo prefieren. En los países normales, una vez se ha escuchado a los técnicos y se conoce la mejor y más barata solución, los políticos están para tomar decisiones y ponerlas en práctica. Me pregunto yo si los políticos catalanes son capaces de semejante cosa. La imagen que dan es la de gente dubitativa, medrosa, influenciable, voluble, contradictoria, confusa y con muy poca autoridad. Todos acaban mascullando: "¿Y a mí qué me cuenta?, yo soy un mandao".
La falta de autoridad obedece a razones profundas. En los lugares civilizados a los que me he referido hay una jerarquía que se establece democrática, económica y socialmente. Luego todos tratarán de saltarse la línea de mando mediante sobornos, corruptelas, favores, amenazas o enchufes, pero por lo menos la cadena está clara. Vean si no estos días al fino Villepin declarando ante el señor juez o recuerden cuántos altos cargos de empresas colosales han mordido el polvo en los EE UU. En Cataluña nadie sabe quién manda y todos suponemos que basta una llamada de teléfono para que de la noche a la mañana se anulen planes, se desvíen trazados, se extiendan aeropuertos por lugares inverosímiles o surjan estaciones de metro en medio de la nada, como esos teatros nacionales construidos justamente donde no hay ni un miserable autobús. Yo he visto aparecer en la autopista AP-7, dirección norte, un aluvión de camiones desviados de Gerona por un alcalde listísimo y vomitados a la autopista justo cuando pasa de tres a dos carriles. Nadie sabe cómo ha sido, pero ahí están, haciendo carreras entre ellos y adelantándose a 0,7 kilómetros por hora. Y todo para no incomodar a los gerundenses con sus ruidos y sus gases. ¡Quién tuviera a ese alcalde!
Si en lugar de construir un país feérico, en donde todo el mundo se parezca a Núria Feliu y a Lluís Llach, nuestros representantes decidieran construir un país real, es posible que se percataran de que una ciudad como Barcelona, en efecto, no puede tener al mando un jefe de asociación de vecinos, como dice tan acertadamente ese hijo de Pujol de vis agitanada. Para lo cual es esencial que se pongan de acuerdo sobre quién manda aquí. ¿Nosotros, quiero decir, los que pagamos? ¿Ellos, los que cobran? ¿La Caixa, Endesa, Telefónica, Iberia, y tutti cuanti? ¿Las inmobiliarias? ¿Los recaudadores de los partidos? ¿La prensa local? ¿Una docena de familias? ¿Los hijos y nietos de esas familias? ¿Woody Allen? Porque lo que hasta ahora llevamos de política catalana nos ha convencido de que quien no manda, pero es que absolutamente nada, es nuestro representante en esta tierra afamada internacionalmente por la invención del Manresa a les fosques. Y no manda porque carece de responsabilidad. Es decir, no se siente responsable de nada y tiene cara de a mí que me registren. Un irresponsable henchido de amor patrio, eso sí.
Starsky.
El Pais 10/08/2007
El muy amado Juan García Hortelano nos contó que en algún momento de su agitada juventud tuvo trato con un grupo de bohemios adictos al coñac de garrafón, memoria viva del siglo XIX, los cuales, en una disputa sobre la antigua institución de las casas de lenocinio, alababan sobremanera los refinados centros catalanes, uno de los cuales, en el nacimiento de la calle Tapias de Barcelona, ofrecía tableaux vivants a la manera francesa, pero con desbordada fantasía sureña. Un conocedor afirmaba no haber visto en su vida espectáculo más lúbrico y depravado que el cuadro viviente titulado Manresa a les fosques (Manresa a oscuras), orgullo del local, pero cuando se le preguntaba en qué consistía el tal tablado, enrojecía, farfullaba y no encontraba palabras para describirlo, tanto era el complicado conjunto e interconexión de las diversas mancebas que hasta número de ocho intervenían en el mismo.
Algo similar ha sucedido en las últimas semanas en Barcelona y si bien no puede decirse que la población haya montado un cuadro viviente de supremo erotismo, sí cabe afirmar que la ciudad se ha convertido en una tenebrosa casa de putas (casa de barrets) en la que los ciudadanos hacían de espectadores atónitos, mientras los políticos, a modo de pupilas, se entregaban a las más inverosímiles y oníricas contorsiones. Días atrás pude ver por la televisión a uno de los hijos de Jordi Pujol, mozo que se adorna con patillas de boca de hacha que le dan un aire trabuquero (trabucaire), acusando con toda la razón del mundo a un tembloroso conseller ("consejero") de actuar como el jefe de una asociación de vecinos y no como responsable de la energía en Cataluña. Boquiabierto, el público admiraba las inverosímiles convulsiones del cuerpo de los diputados con iluminado horror.
En este particular Barcelona a les fosques que han vivido y siguen viviendo los vecinos de la ciudad que fuera bautizada por su ayuntamiento como la millor botiga del món ("el mejor establecimiento público del mundo") han ido apareciendo en su más cruel desnudez y en retorcidos números las capacidades imaginativas y morales de nuestros representantes.
Es de todo punto evidente que Barcelona no ha dejado de crecer a pesar de los esfuerzos de los partidos nacionalistas para que lo hiciera en dirección única: la de continuar siendo capital de un país molt petit ("un país pequeñito"), adecuado al talento y la voluntad de la elite dirigente nacional. Sin embargo, no cabe duda de que nadie les ha hecho el menor caso y el trabajo (mal pagado) de buena parte de la población ha creado una ciudad digna de Gargantúa. En este momento la densidad urbana es la propia de cualquier ciudad oriental, de ésas en donde toda actividad (con predilección por los entierros) concentra a cien mil varones aullantes unos encima de los otros tirándose de las barbas. El simulacro de que la corona de ciudades que rodea a Barcelona no tiene la menor relación con Barcelona, desmentido por millones de automóviles que entran cada día en la ciudad, ha colapsado la red de carreteras y ni siquiera los carísimos peajes (rotundo desmentido a la leyenda de la avaricia catalana) detienen el tsunami humano que trata de llegar a su trabajo cada mañana con la lengua fuera.
Comunicaciones, aeropuertos, electricidad, agua, red de metros, muelles y demás sistemas de circulación de mercancías calculados para un país enano y para una ciudad de misa de doce, dan risa o hacen llorar. Que de ello tenga toda la culpa el malvado y nunca bien definido "Madrit" no se lo traga ya nadie. Ni los secesionistas, desde que han abandonado sus pueblicos y han accedido a una información más rigurosa sobre cómo funciona una región europea. Eso no quiere decir que, en efecto, no haya habido una abulia inadmisible por parte de los ministros que se supone tienen a España entera en la cabeza. Me temo que la tienen por partes y según quién manda en presidencia. En todo caso, ahora es quizás un poco tarde y van a tener que detraer inversiones de todos los azimuts, como dicen nuestros vecinos, si no quieren que la cosa acabe con otro levantamiento de los segadores (els segadors) versión urbana y con botellón Molotov en lugar de la atávica hoz (falç) del himno nacional.
Dicho lo cual y en defensa de la verdad, añadamos que la otra parte de responsabilidad la tienen los políticos catalanes que desde hace treinta años están más preocupados por cómo se peina la gente y si respetan el modo catalán de dejarse flequillo que de las redes eléctricas o el transporte público. Todavía hoy un alcalde de pedanía puede detener un tendido de alta tensión, dos consellers una extensión de aeropuerto y tres diputados de la Generalitat colapsar la totalidad de las inversiones en infraestructuras. El actual Gobierno municipal está a punto de modificar por sexagésima vez el trazado del AVE antes de que llegue. Sin tapujos: en Cataluña no se sabe quién manda. Incluso es posible que no mande nadie.
Los lugares más o menos civilizados a los que nos comparamos constantemente hacen algo más que tener un rollizo club de fútbol. Tienen, por ejemplo, instituciones técnicas serias. Y las respetan. Me pregunto yo si buena parte de los desastres de la Barcelona a les fosques no será que los técnicos han dejado de tener la menor importancia para políticos y empresas y sólo se escucha con exquisita atención a los contables. Llámenlos jefes de marketing, si lo prefieren. En los países normales, una vez se ha escuchado a los técnicos y se conoce la mejor y más barata solución, los políticos están para tomar decisiones y ponerlas en práctica. Me pregunto yo si los políticos catalanes son capaces de semejante cosa. La imagen que dan es la de gente dubitativa, medrosa, influenciable, voluble, contradictoria, confusa y con muy poca autoridad. Todos acaban mascullando: "¿Y a mí qué me cuenta?, yo soy un mandao".
La falta de autoridad obedece a razones profundas. En los lugares civilizados a los que me he referido hay una jerarquía que se establece democrática, económica y socialmente. Luego todos tratarán de saltarse la línea de mando mediante sobornos, corruptelas, favores, amenazas o enchufes, pero por lo menos la cadena está clara. Vean si no estos días al fino Villepin declarando ante el señor juez o recuerden cuántos altos cargos de empresas colosales han mordido el polvo en los EE UU. En Cataluña nadie sabe quién manda y todos suponemos que basta una llamada de teléfono para que de la noche a la mañana se anulen planes, se desvíen trazados, se extiendan aeropuertos por lugares inverosímiles o surjan estaciones de metro en medio de la nada, como esos teatros nacionales construidos justamente donde no hay ni un miserable autobús. Yo he visto aparecer en la autopista AP-7, dirección norte, un aluvión de camiones desviados de Gerona por un alcalde listísimo y vomitados a la autopista justo cuando pasa de tres a dos carriles. Nadie sabe cómo ha sido, pero ahí están, haciendo carreras entre ellos y adelantándose a 0,7 kilómetros por hora. Y todo para no incomodar a los gerundenses con sus ruidos y sus gases. ¡Quién tuviera a ese alcalde!
Si en lugar de construir un país feérico, en donde todo el mundo se parezca a Núria Feliu y a Lluís Llach, nuestros representantes decidieran construir un país real, es posible que se percataran de que una ciudad como Barcelona, en efecto, no puede tener al mando un jefe de asociación de vecinos, como dice tan acertadamente ese hijo de Pujol de vis agitanada. Para lo cual es esencial que se pongan de acuerdo sobre quién manda aquí. ¿Nosotros, quiero decir, los que pagamos? ¿Ellos, los que cobran? ¿La Caixa, Endesa, Telefónica, Iberia, y tutti cuanti? ¿Las inmobiliarias? ¿Los recaudadores de los partidos? ¿La prensa local? ¿Una docena de familias? ¿Los hijos y nietos de esas familias? ¿Woody Allen? Porque lo que hasta ahora llevamos de política catalana nos ha convencido de que quien no manda, pero es que absolutamente nada, es nuestro representante en esta tierra afamada internacionalmente por la invención del Manresa a les fosques. Y no manda porque carece de responsabilidad. Es decir, no se siente responsable de nada y tiene cara de a mí que me registren. Un irresponsable henchido de amor patrio, eso sí.
Starsky.
Mister Dinamitaaa!!!!!!!
Un pequeño homenaje a uno de mis artistas favoritos!!! Por que ya nadie canta así?? por que la musica es una puta mierda ahora?? Disfrutad con la elegancia, el porte y la voz del padrino del Soul
Y por último, unas clases de dancing a cargo del maestro, para aquellos que quieran ligar en la discoteca!!!
Starsky
Y por último, unas clases de dancing a cargo del maestro, para aquellos que quieran ligar en la discoteca!!!
Starsky
Figu piensa en VERDE

Figu propone unas birras esta tarde. STOP.
La hora son las 19:30h. STOP.
El lugar se somete a debate a partir de ahora mismo. STOP.
El primer macaco en proponer un lugar tiene una birra pagada a cuenta del mismísimo figu. STOP.
No es coña. STOP.
Nos vemos a las 19:30h en el lugar indicado. STOP.
Radicales derriban el último toro de Osborne que quedaba en pie en Cataluña
El grupo La Bandera Negra se atribuye los hechos, para "limpiar" la montaña de Montserrat de la "inmundicia cornuda española"
EFE - Barcelona - 03/08/2007
Una veintena de personas han derribado hoy el toro de Osborne de El Bruc (Barcelona), apenas una semana después de que la figura toril, la única que quedaba en pie en Cataluña, fuera instalada en este municipio de la comarca de Anoia, han confirmado fuentes del Ayuntamiento. Un grupo autodenominado La Bandera Negra ha reivindicado en un comunicado la autoría del acto vandálico, con el que ha querido "limpiar" la silueta de la "sagrada" montaña de Montserrat de la "inmundicia cornuda española que pretendía ensuciarla".
"Después de tres horas de buen y duro trabajo, a las seis de la mañana, el toro de Osborne de El Bruc ha caído vergonzosamente como un gigante con pies de barro", señala en la nota el grupo de "valientes catalanes". La popular silueta tiene catorce metros de alto y pesa varias toneladas.
"El toro de Osborne de El Bruc ha caído y, después, ha sido pisado, ultrajado y humillado por los patriotas que lo han vencido mientras por el horizonte salía un sol de justicia", añaden los miembros de La Bandera Negra, que se han mostrado dispuestos a evitar que se erijan más estampas del toro bravo de Osborne en territorio catalán. "Cada vez que un símbolo español sea alzado, será abatido sin contemplaciones por los patriotas catalanes como muestra de nuestra voluntad irreductible de defender a ultranza nuestros derechos nacionales", afirma esta hermandad.
Fuentes del Ayuntamiento de El Bruc han relatado que el pueblo se ha despertado esta mañana sin la negra e inconfundible imagen de la marca de bebidas Osborne, y han señalado que, por el momento, el Consistorio no va a retirarla del suelo, al tratarse de una propiedad privada.
No es la primera vez que un toro de Osborne es derribado en el municipio de El Bruc, pues en el año 2003 unos desconocidos echaron abajo la figura, que hasta que se "descubrió" la del pueblo de L'Aldea (Tarragona) se creía que era la última que quedaba en Cataluña.
El toro del municipio tarraconense, situado junto a la N-340, no corrió mejor suerte, y en julio de 2005 apareció decapitado y con las palabras "Puta España" pintadas en su cuerpo. En esta ocasión, la acción vandálica fue reivindicada por el grupo independentista Moviment de Defensa de la Terra (MDT).
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Diosss, como está el patio.
Starsky
EFE - Barcelona - 03/08/2007
Una veintena de personas han derribado hoy el toro de Osborne de El Bruc (Barcelona), apenas una semana después de que la figura toril, la única que quedaba en pie en Cataluña, fuera instalada en este municipio de la comarca de Anoia, han confirmado fuentes del Ayuntamiento. Un grupo autodenominado La Bandera Negra ha reivindicado en un comunicado la autoría del acto vandálico, con el que ha querido "limpiar" la silueta de la "sagrada" montaña de Montserrat de la "inmundicia cornuda española que pretendía ensuciarla".
"Después de tres horas de buen y duro trabajo, a las seis de la mañana, el toro de Osborne de El Bruc ha caído vergonzosamente como un gigante con pies de barro", señala en la nota el grupo de "valientes catalanes". La popular silueta tiene catorce metros de alto y pesa varias toneladas.
"El toro de Osborne de El Bruc ha caído y, después, ha sido pisado, ultrajado y humillado por los patriotas que lo han vencido mientras por el horizonte salía un sol de justicia", añaden los miembros de La Bandera Negra, que se han mostrado dispuestos a evitar que se erijan más estampas del toro bravo de Osborne en territorio catalán. "Cada vez que un símbolo español sea alzado, será abatido sin contemplaciones por los patriotas catalanes como muestra de nuestra voluntad irreductible de defender a ultranza nuestros derechos nacionales", afirma esta hermandad.
Fuentes del Ayuntamiento de El Bruc han relatado que el pueblo se ha despertado esta mañana sin la negra e inconfundible imagen de la marca de bebidas Osborne, y han señalado que, por el momento, el Consistorio no va a retirarla del suelo, al tratarse de una propiedad privada.
No es la primera vez que un toro de Osborne es derribado en el municipio de El Bruc, pues en el año 2003 unos desconocidos echaron abajo la figura, que hasta que se "descubrió" la del pueblo de L'Aldea (Tarragona) se creía que era la última que quedaba en Cataluña.
El toro del municipio tarraconense, situado junto a la N-340, no corrió mejor suerte, y en julio de 2005 apareció decapitado y con las palabras "Puta España" pintadas en su cuerpo. En esta ocasión, la acción vandálica fue reivindicada por el grupo independentista Moviment de Defensa de la Terra (MDT).
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Diosss, como está el patio.
Starsky
Entrevista a Ivan Tubau
La Vanguardia, 03-08-2007
Victor A. Amela

Tengo 69 años, bonito número. Nací en un bombardeo de Barcelona. Me jubilo como catedrático de Periodismo Cultural en la UAB: ¡quiero interpretar otros papeles! No soy ni soltero, ni casado, ni viudo, ni separado, ni divorciado. Tengo tres hijos, Natalia (45), Daniel (44) y Omar (19). Defiendo el pasatiempo ilustrado y combato la fe
- Sus clases en el césped son míticas.
- No eran ni orgía ni merendola. Comprobé que ahí bullían mejor las ideas, los alumnos se soltaban más, eran más creativos. Una cosa socrática y gestáltica. ¡Mi última clase la he impartido sobre el césped!
- ¿Se jubila?
- Sí. Después de 32 años de interpretar el papel de profesor de universidad, ahora quiero interpretar otros papeles.
- ¿Está definiéndose como actor?
- Sí. Lo fui ya antes de ejercer de profesor (por su buena ratio tiempo libre-sueldo) lo mejor posible, y aún sigo siéndolo.
- Interpretó películas pornográficas, creo.
- Eróticas (malas, porque les faltaba sentido del humor). Algunos profesores de universidad dejaron de saludarme por ello...
- ¿Qué papel le apetece interpretar ahora?
- Cualquier personaje de una película o de un culebrón televisivo. ¡Culebrones como Ventdelplà o como Hospital Central son mejores obras que las de Kiarostami!
- ¿Qué tiene contra Kiarostami?
- Que la peor muerte es la muerte por aburrimiento. Hay pesadez para papanatas.
- Es actor... y crítico de cine, veo.
- Mi tesis doctoral versó sobre la crítica de cine francesa y española. Fui crítico de cine.
- Vaya, no sabía. ¿Y qué más ha hecho?
- Dibujé viñetas de humor gráfico en La Codorniz,viví de hacer caricaturas por toda Europa, hice radio en 1956, me doctoré en Literatura Francesa y en Periodismo, me licencié en Arte Dramático, fui reportero y entrevistador en TVE, escribo poesía, publico artículos en prensa...
- De todo, ¿qué ha sido lo más importante?
- La vida misma: es decir, tener sexo. He escogido trabajos que me permitiesen tener sexo en mañanas de días laborables.
- Ah... ¿Sexo a toda costa?
- ¡Cuanto más, mejor! Libre, adulto y consentido. Y, de entrada, heterosexual (pero no soy dogmático).
- ¿Sexo, más que amor?
- El amor existe cuando lo hacemos. Si no, no existe. Soy antirromántico, abomino del sentimentalismo. Y de la fidelidad.
- Es usted infiel.
- No, pues como no creo en la fidelidad, ¿cómo traicionar algo en lo que no creo? No engaño: a los 30 y pico dejé de enamorarme.
- ¿Qué les ha enseñado a sus alumnos en su última clase?
- Les he pedido que contasen en voz alta sus planes profesionales. Mehe limitado a escuchar, haciendo alguna apostilla.
- ¿En qué lengua?
- Yo siempre en la de mi interlocutor. En catalán y castellano, indistintamente. A veces he publicado artículos escritos en parte en catalán y en parte en castellano.
- En plan Ciutadans.
- He votado a este partido, y opino que ahora debería convertirse en apéndice catalán del partido de Savater. Entre tanto, apoyo al Partido Antitaurino: ¡odio que se torture a un ser vivo por mero espectáculo!
- En eso coincide con ERC.
- Y hasta entiendo su proyecto de independencia. ¡Lo que execro es el nacionalismo!
- ¿Por qué?
- Porque el nacionalismo, como el comunismo, como el islamismo, como el cristianismo, te dice que hay algo por encima del individuo. La nación, en este caso. ¡¡Me niego!!
- ¿No hay nada por encima del individuo?
- Poner al individuo en función de un dios, un partido o una nación es aberrante, inhumano. Yo milito sólo en el pensamiento ilustrado, en la razón y el empirismo.
- Bien, pero ¿se siente catalán? ¿Se siente español?
- ¿Sentir? ¡Yo me identifico con la razón, no con eso de "sentir"! Todos mis apellidos son catalanes desde hace siglos, ¿y qué? Soy catalán por padrón y español por DNI. ¡Y basta! Odio las banderas. Odio los himnos. Y el español tenía la ventaja de no tener letra... ¡y ahora quieren metérsela, claro!
- Pero tendrá usted una identidad, Tubau...
- Sí. Soy Pastecca.
- ¿Perdón?
- Así firmé mis caricaturas humorísticas de jovencito. Creo que sigo siendo Pastecca. Y lo que nunca dejaré de ser es periodista.
- Y un punto anarquista.
- Libertario. Mi padre, cofundador de la FAI, era nudista, naturista, esperantista... Quizá se me pegó algo... Y mi abuela materna, Maria Bellapart, fue cofundadora del PSUC: la buena mujer creía en San Lenin.
- ¿Y eso no se le pegó?
- Pues no: ella tenía fe, y yo, en cambio, he combatido la fe. En Mayo del 68 compartí en París barricada con Cohn-Bendit por eso: combatíamos todo dogma. ¡Allí, allí empezamos a minar el muro de Berlín!
- ¿Batallitas, Tubau?
- ¡El pasado me importa un bledo! Vivo en el siglo XXI y soy de izquierdas - para mí, equivale a usar la razón-, y por eso me resultan tan execrables Chávez, Evo Morales...
- ¿No le entristece dejar las aulas?
- El mundillo universitario me asquea tanto como el de los poetas. Pero sí siento cierto pesar por dejar de ver cada año a un grupito de personas que siempre tienen 20 años.
- ¿Los alumnos son el mejor formol?
- Aún tienen idealismo..., hoy encauzado hacia la suprema idiotez del nacionalismo, tan reaccionario. O al onegeísmo, que al menos algo ayuda... Siempre ha sido así.
- Y los profesores ¿en qué han cambiado durante estos 32 años?
- Antes éramos pintorescos, y ahora son típicos.
- Fin de curso: póngase nota.
- No. Ya me suspenderá la vida.
A.
Victor A. Amela

Tengo 69 años, bonito número. Nací en un bombardeo de Barcelona. Me jubilo como catedrático de Periodismo Cultural en la UAB: ¡quiero interpretar otros papeles! No soy ni soltero, ni casado, ni viudo, ni separado, ni divorciado. Tengo tres hijos, Natalia (45), Daniel (44) y Omar (19). Defiendo el pasatiempo ilustrado y combato la fe
- Sus clases en el césped son míticas.
- No eran ni orgía ni merendola. Comprobé que ahí bullían mejor las ideas, los alumnos se soltaban más, eran más creativos. Una cosa socrática y gestáltica. ¡Mi última clase la he impartido sobre el césped!
- ¿Se jubila?
- Sí. Después de 32 años de interpretar el papel de profesor de universidad, ahora quiero interpretar otros papeles.
- ¿Está definiéndose como actor?
- Sí. Lo fui ya antes de ejercer de profesor (por su buena ratio tiempo libre-sueldo) lo mejor posible, y aún sigo siéndolo.
- Interpretó películas pornográficas, creo.
- Eróticas (malas, porque les faltaba sentido del humor). Algunos profesores de universidad dejaron de saludarme por ello...
- ¿Qué papel le apetece interpretar ahora?
- Cualquier personaje de una película o de un culebrón televisivo. ¡Culebrones como Ventdelplà o como Hospital Central son mejores obras que las de Kiarostami!
- ¿Qué tiene contra Kiarostami?
- Que la peor muerte es la muerte por aburrimiento. Hay pesadez para papanatas.
- Es actor... y crítico de cine, veo.
- Mi tesis doctoral versó sobre la crítica de cine francesa y española. Fui crítico de cine.
- Vaya, no sabía. ¿Y qué más ha hecho?
- Dibujé viñetas de humor gráfico en La Codorniz,viví de hacer caricaturas por toda Europa, hice radio en 1956, me doctoré en Literatura Francesa y en Periodismo, me licencié en Arte Dramático, fui reportero y entrevistador en TVE, escribo poesía, publico artículos en prensa...
- De todo, ¿qué ha sido lo más importante?
- La vida misma: es decir, tener sexo. He escogido trabajos que me permitiesen tener sexo en mañanas de días laborables.
- Ah... ¿Sexo a toda costa?
- ¡Cuanto más, mejor! Libre, adulto y consentido. Y, de entrada, heterosexual (pero no soy dogmático).
- ¿Sexo, más que amor?
- El amor existe cuando lo hacemos. Si no, no existe. Soy antirromántico, abomino del sentimentalismo. Y de la fidelidad.
- Es usted infiel.
- No, pues como no creo en la fidelidad, ¿cómo traicionar algo en lo que no creo? No engaño: a los 30 y pico dejé de enamorarme.
- ¿Qué les ha enseñado a sus alumnos en su última clase?
- Les he pedido que contasen en voz alta sus planes profesionales. Mehe limitado a escuchar, haciendo alguna apostilla.
- ¿En qué lengua?
- Yo siempre en la de mi interlocutor. En catalán y castellano, indistintamente. A veces he publicado artículos escritos en parte en catalán y en parte en castellano.
- En plan Ciutadans.
- He votado a este partido, y opino que ahora debería convertirse en apéndice catalán del partido de Savater. Entre tanto, apoyo al Partido Antitaurino: ¡odio que se torture a un ser vivo por mero espectáculo!
- En eso coincide con ERC.
- Y hasta entiendo su proyecto de independencia. ¡Lo que execro es el nacionalismo!
- ¿Por qué?
- Porque el nacionalismo, como el comunismo, como el islamismo, como el cristianismo, te dice que hay algo por encima del individuo. La nación, en este caso. ¡¡Me niego!!
- ¿No hay nada por encima del individuo?
- Poner al individuo en función de un dios, un partido o una nación es aberrante, inhumano. Yo milito sólo en el pensamiento ilustrado, en la razón y el empirismo.
- Bien, pero ¿se siente catalán? ¿Se siente español?
- ¿Sentir? ¡Yo me identifico con la razón, no con eso de "sentir"! Todos mis apellidos son catalanes desde hace siglos, ¿y qué? Soy catalán por padrón y español por DNI. ¡Y basta! Odio las banderas. Odio los himnos. Y el español tenía la ventaja de no tener letra... ¡y ahora quieren metérsela, claro!
- Pero tendrá usted una identidad, Tubau...
- Sí. Soy Pastecca.
- ¿Perdón?
- Así firmé mis caricaturas humorísticas de jovencito. Creo que sigo siendo Pastecca. Y lo que nunca dejaré de ser es periodista.
- Y un punto anarquista.
- Libertario. Mi padre, cofundador de la FAI, era nudista, naturista, esperantista... Quizá se me pegó algo... Y mi abuela materna, Maria Bellapart, fue cofundadora del PSUC: la buena mujer creía en San Lenin.
- ¿Y eso no se le pegó?
- Pues no: ella tenía fe, y yo, en cambio, he combatido la fe. En Mayo del 68 compartí en París barricada con Cohn-Bendit por eso: combatíamos todo dogma. ¡Allí, allí empezamos a minar el muro de Berlín!
- ¿Batallitas, Tubau?
- ¡El pasado me importa un bledo! Vivo en el siglo XXI y soy de izquierdas - para mí, equivale a usar la razón-, y por eso me resultan tan execrables Chávez, Evo Morales...
- ¿No le entristece dejar las aulas?
- El mundillo universitario me asquea tanto como el de los poetas. Pero sí siento cierto pesar por dejar de ver cada año a un grupito de personas que siempre tienen 20 años.
- ¿Los alumnos son el mejor formol?
- Aún tienen idealismo..., hoy encauzado hacia la suprema idiotez del nacionalismo, tan reaccionario. O al onegeísmo, que al menos algo ayuda... Siempre ha sido así.
- Y los profesores ¿en qué han cambiado durante estos 32 años?
- Antes éramos pintorescos, y ahora son típicos.
- Fin de curso: póngase nota.
- No. Ya me suspenderá la vida.
A.
Niño predicador
Starsky





