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[ Investigador Iván Padilla L. ]
El seguimiento de mis investigaciones en San Luis Potosí y sus alrededores...
Acerca de
Bueno, me gusta escribir, sea bueno o sea malo, ahi ustedes si quieren leerlo. En algunos de mis cuentos, (no como este tonto personaje), reflejo los sentimientos, mis terrores y temores, y varias veces los de los demas. Mi ingluencia mas grande es Stephen King, pero tambien Ray Bradbury, Juan Rulfo tanto escritor como fotografo, hace mucho que dejé Philip K. Dick, pero fue de mis principios. En si el terror, lo sobrenatural, la ficción, un poco de fantasía. _________________________ Investigador Iván Padilla L. Dir: Gral. Alvaro Obregon Edificio Alba
Col: Zona Centro
Tél: 8 11-21-??
CP: 782??
Mail: ivan_pl@jotmayl.com
(y no uso MSN)
Sindicación
 
Los Murmullos (part 1)
Lunes por la mañana.
Aquel hombre descansaba sobre su mecedora favorita en el porche de su casa, Berenice que conducía su auto frente a la casa de este hombre, observó que se balanceaba alegremente,
(viejo asqueroso)
esas extrañas arrugas alrededor de su boca que daban miedo a la mirada de ella; su sonrisa chueca y amarillenta asomaba tras esos labios viejos.
El semáforo cambió a luz verde y sacó de su campo visual aquel hombre naturalmente despreciable.
Berenice iba hacia su trabajo. Recepcionista en la embotelladora Coca-Coca que quedaba sobre el kilómetro 30+300 fuera de la ciudad y todos los días tomaba el mismo camino alrededor de las 7 de la mañana.
Entró con su pequeño Jetta al estacionamiento y caminó con sus nuevos tacones y su pequeña minifalda del uniforme hasta el portón de entrada para que el guardia de seguridad le dejara pasar.
—Buenos días, Enrique.
—Buenos días, señorita —se acercó el guardia con las llaves en la mano, parecía algo nervioso. Berenice sabía que le interesaba a él.
—¿Ya llegó el jefe? Ayer me fui temprano, espero no se haya dado cuenta.
—No señorita, hoy llega tarde. Llamó hace rato.
—Gracias, Enrique.
Se dirigió a las oficinas cerca de la caseta de vigilancia, la entrada sólo de vidrios esmerilados con el símbolo del grupo Continental que les representaba. Ella miró su reflejo y observó su tierna mirada, después, sólo se río consigo misma pensando que hasta ella misma se lo creía, igual que sus compañeros de oficina.
—Buenos días, Berenice, cómo amaneció.
—Muy bien, señor. Gracias.
(que bonita está esta mañana Berenice como quisiera poder acariciarla todita)
Un simple pensamiento de hombre soltero o casado defraudado, pero Berenice era digna de admirarse como todos los días.

Al final del día arreglaba las notas y algunos papeles de pedidos para ser contabilizados. Salía dela empresa, subía a su pequeño Jetta y tomaba el mismo camino de regreso.
Hasta por el mismo semáforo.


Varios meses antes.
Joaquín Herrera limpiaba las flores de cempasúchil de una tumba con su pequeño trapo rojo
(a perpetuidad)
que tres días antes había sido visitada como muchas otras tumbas el 2 de noviembre. Muchas de las tumbas ni se tenían que limpiar pues no quedaban parientes de aquellos cuerpos, o bien, se tenían que limpiar de lo desgastadas y despedazadas que ya estaban. Joaquín recordaba haber escuchado los lamentos de una familia que estaban alrededor de una fosa esperando que el difunto fuera enterrado
(familia de mierda)
quienes habían dado quejas a los encargados del panteón Saucito de que Joaquín se había burlado en frente de ellos mientras enterraban al difunto.
Y no habían sido los únicos.
Otras veces dentro de los últimos tres años de los diez que había trabajado ahí, había hecho lo mismo.
(que no entienden que me río con ellos, no de ellos)
Una de las veces que vio ahí a una de las familias reunidas se acercó mientras ponía su pequeño trapo sobre el hombro izquierdo.
—José dice que los extrañará mucho.
La mujer que había sido hermana de José, el que iba a ser enterrado –o al menos el cuerpo—, miro por encima del hombro a Joaquín esbozando una leve sonrisa que después se convirtió en carcajada.
—Ja ja ja, trata de hablar con ustedes pero no puede hacerlo.
—¡Cállese, cállese ya! —le golpeó la mujer bajo el hombro con la mano empuñada-, tenga un poco de respeto.
—Ja ja ja... —seguía riendo Joaquín mientras las personas de negro que se encontraban alrededor de la tumba giraban sus cabezas hacia él.
Algunos conocidos del difunto que lo habían conocido muy poco se contagiaron del humor de Joaquín. Otros que pasaban por ahí caminando o con botes de agua en bicicletas miraban con curiosidad.
Alguien llegó por el costado y le golpeó en la cara.
—¡VALLASE AL CARAJO! ¿Escuchó? ¡AL CARAJO!
Inmediatamente alguien llegó del otro lado y le pateó las costillas. Y Joaquín seguía riendo.
Esa había sido la cuarta vez que lo hacía, pero los del panteón sabían que estaba solo y necesitaba el trabajo además de que cobrara muy poco y nunca hubiera pedido un aumento.
Vivía a varias cuadras de ahí hasta llegar a la carretera, en una pequeña casa de ladrillos desnudos con un pequeño porche techado. Ya era algo viejo y por lo mismo se compadecían aun mas de él, aunque muchas veces se le votara la canica.
 
Noticias de la fecha: 04/06/05
Bueno, creo que no podré proporcionarles fragmentos de Sobre arenas de luna hasta que se publique el Num. 0 del Naxayote haya en San Luis, pss por motivos legales. Ya estoy viviendo en Luna Blanca, sé que por acá hay mas trabajo y sucesos paranormales que es en lo que me quiero especializar, pero pss tengo que ganarme a esta gente de rancho y hacerme fama, pues la policía no quiere cooperar conmigo.

Bueno, por lo pronto leeran algo de Murmullos, aquel viejito que enterraba gente viva.

atte: Iván Padilla.
 
Noticias de mi
Bueno, se que aun así nadie se dedica a tan siquiera entrar al blog por equivocación, pero bueno, no quiere decir que no tenga trabaja, o bueno, si lo es, pero he estado haciendo algunas cosas desde entonces.
Hace casi un mes que terminé un caso de una persona que se dedicaba a matar a la gente de tafiofobia, pero mas que nada le gustaba escuchar los lamentos de las personas bajo la tierra, lo nombre lamentofilico (en esta ocación, alimentarse indirectamente de los quejidos de otras personas, o mas bien exitarse con ello, segun yo y namas yo). La historia no la terminé de escribir, así como mi primer caso que creo nunca les dije, pero era de una familia en la que habían matado al padre y heredador, con lo que no son comunes esos casos. Ese en especial me hizo fama y fortuna que nunca supe administrar.
He estado escribiendo un pequeño cuento hecho en Diario en el que una persona se la pasa escribiendo sus pensamientos sobre la arena de la luna, "apareció" derrepente ahí y tiene bagos recuerdos de que hubo vivido en la Tierra (Monica, no tiene nada que ver con tu Monica en la luna). Creo que además se debe a el trauma de que en la prepa gané el premio del Astronauta quesque por andar siempre en la luna. Pero bueno, creo que abrá algunos fragmentos por aquí, y algo de un nuevo caso que me han encomendado. Algo sobre un doppelggänger...
 
La pintura de Cabos (part 3)
Salí de su casa en dirección a la del señor Wong, tal vez ese día pudo haber sido resuelto el caso pero faltaban pruebas.

Btzz. ¿Diga? Ccc. —Sonó el interfon.
—Si, buenas tardes, busco al señor Wong.
Btzz. Permítame. Ccc.
Cuando entré a la casa, me hicieron esperar en la sala. Pronto me atendió el señor Wong que bajaba del primer piso acomodándose la corbata.
—No esperaba a alguien de parte de Cabos tan pronto en mi casa.
—¿A que se refiere?
—¿Qué no viene a preguntarme del cuadro robado? —decía mientras servia algo de vino en una copa, parecía una copia naca de alguna película americana.
—Oh, si, claro ¿Y que me dice de ella?
—Que yo la tengo —Me miró a los ojos y me arrimó una copa.
—¿Por qué hizo eso, Wong? —le había perdido el respeto como persona decente.
—Porque el estaba viéndole el busto a mi mujer. Claro, nadie habría de resistirse. Y como nadie me veía, además de que estaba borracho y un poco enfadado aproveché la ocasión, ese cuadro es interesante.
—Si, es un René Magritte.
—Ah, ahora sé su autor —aun sostenía la copa que me ofreció mi entras tomaba un poco de la suya —Sólo me interesaba la pintura.
—Debo llamar a la policía. Pero antes muéstreme el cuadro.
—Hágalo usted, lo tiene detrás.
Volteé la cabeza y ahí estaba sobre la pared. Le comenté algo mas.
—Que rápido le encontró lugar, Wong.

Le dieron algunos años en la cárcel y el señor Cabos recuperó su pintura y creo que hasta a la esposa de Wong, después de que ella pidiera el divorcio debido a lo sucedido.
—¿Cómo vez al inche loser?
—No mames —contestó Celso llorando de risa— Y la esposa estaba buena.
—Nel, no la vi, wey. Pero pues si un ricachon la deseó pues supongo que sí. Aun no puedo creer que me haya sido tan fácil resolver esto.
—Ni presumas que esto se resolvió sólo. Recuerda que hasta el mismo Cabos pudo haberlo resuelto.
Pero realmente nunca se resolvió nada respecto a la pintura.

Varios años después supe algo del señor Wong. Se las había arreglado para conservar su casa y sus cosas (menos lo que le quitó su ex esposa). Él era una persona de clase media, con un poco mas de dinero que yo, como me lo había explicado Cabos. Pero resultó que ahora tenía mucho dinero y fui a su casa para averiguar como lo hizo.
—¿Recuerdas esa pintura que robé, Padilla?
—Claro, la René Magritte.
—Esa misma. Pues adivina que, no era mas que una simple falsificación. Le había pagado meses antes a un hombre para que me pintara la replica en base a una fotografía de un libro, sabía que ese hombre era bastante bueno haciéndolo así que no dude en continuar mi plan.
—¿El de robar la pintura? —era obvio.
—Por su puesto, lo de mi esposa fue sólo una excusa. Me metieron a la cárcel por haberlo hecho pero aun así jamás recuperó la pintura verdadera, y así pude venderla a buen precio.
—¿A buen precio? Le fue bien, señor Wong —le había vuelto a tener el respeto que se merecía—. Hasta sin mujer se quedó.
—No puedo pedirle mas a Dios, Padilla —se carcageó bastante contento—. Ahora tengo todo el tiempo para disfrutar de mi vida y mi dinero.
Por lo que me dijo, creo que él fue el que debió de haberme pagado por “resolver” el caso.
 
La pintura de Cabos (part 2)
—Y de quién duda, señor Cabos —pregunté mientras anotaba algunos datos en mi pequeña libretilla.
—Del señor Quiroga, por su puesto —dijo enfadado.
—Parece muy seguro.
—Claro, el señor salió borracho de mi fiesta, además de que no regresó en toda la noche.
—¿Y si la pintura ya había desaparecido antes?
—No puedo aclararle eso —parecía molestarle la idea de no haberse dado cuenta de nada—, no había entrado a la casa en mucho tiempo. Casi en toda la noche, hay que ocuparse de los invitados, ust...
—Si, si ¿Y qué piensa del señor Wong? —Ya tenía hambre, debía comer algo y el señor Cabos estaba retrasando mi hora de ir a McDonalds.
—¿Ese tonto? —Rió sarcarcastico—. Si hubiera sido él no habría estado coqueteando con su mujer. Olvídese de Wong.
—Esta bien, me encargaré, deme la dirección de algunos de los invitados por favor —metí la mano a la bolsa de mis jeans, las monedas ahí sonaban como comida sólida y muy rica.
—En seguida —escuché hojear (supuse) una agenda, a continuación se detuvo y leyó las direcciones de sus sospechosos.
Mi estomago no iba esperar mas.

Mientras caminaba para bajar un poco la comida, pensaba en lo fácil que había sido este caso, digo había porque realmente el caso ya estaba resuelto, sólo había dos posibles sospechosos de los cuales uno era el ladrón, uno era un tonto borracho y el otro un mal padre que enojado puede hacer cualquier cosa. ¿En quién habría de desconfiar mas?

Al siguiente día, llamé a la casa del señor Quiroga pero no se encontraba, su mujer había dicho que desde aquella pelea en la fiesta, había estado rentando un departamento cerca de ahí.
—Y disculpe que pregunte esto, pero ¿se fijó si el señor Quiroga llevaba un cuadro entre sus cosas? —Hasta pensé que la pregunta era estúpida.
—No, no recuerdo haberle visto algo semejante—su voz se interrumpió, parecía darle de comer a uno de sus hijos—. De hecho lo vi muy poco porque entraba y salía de la casa con enfado. Era difícil verlo sin que se quejara por ello. Como si sintiera que se fuera a quemar porque le observaran, jaja, tonto.
(????)
—Oh, bueno. ¿Tendrá por ahí la dirección?
—Es en la misma calle, señor Padilla, no recuerdo el número pero es fácil llegar.
Momentos mas tarde llegué al departamento que me señaló la señora Quiroga, pero tuve que preguntar por su esposo a las personas que vivían en el mismo lugar.

—¿Señor Quiroga?
—Si, soy yo ¿Qué se le ofrece?
Su aspecto era peor de lo que imaginé, para ser un hombre con bastante dinero, actuaba como si acabara de perder toda su fortuna, las chanclas, la bata bajo su cintura y el pelo lleno de cebo como de haber dormido en el sillón bajo una rica hamburguesa...
—Me ha mandado el señor Cabos. Le han robado una de sus pinturas y...
—... y cree que yo lo he hecho, claro, típico de él. Alguien pasa vergüenzas en sus reuniones, hurtan algo de su casa y le hecha la culpa al chico pregnante de la noche.
—No es el único, también el señor Wong.
—Pues fue él, sinceramente no recuerdo nada de lo que pasó.
—¿Y cómo esta seguro de que usted no fue si no lo recuerda?
—Pues yo no veo ningún cuadro por aquí.
—Borracho pudo haber hecho cualquier cosa con él antes de llegar a su casa, ¿puedo revisar el departamento?
—Claro, pase, pase. Me iré a bañar mientras revisa.
Di unos pasos y me encontré dentro, el señor Quiroga se retiró y yo cerré la puerta para iniciar mi inspección.

Nada.
No encontré nada, tal vez lo vendió, lo tiró o algo para deshacerse de él, pero en su departamento no estaba.
—¡Señor Quiroga! —grité frente a la puerta del baño— ¡Me iré, pero sigue siendo un sospechoso!
—Bum-bum-bi-deam na-na-na-nauh.
—Simón —contesté afirmando vulgarmente para mi mismo, reconociendo una canción de The Music mientras salia de su departamento.