Y cuentan de un fraile....
...que un día fue a pasear por el bosque, inmerso en un paisaje bucólico, un pájaro, posiblemente una verdecilla, empezó a cantar, se quedó tan extasiado que cuando volvió a la realidad, seguía en el bosque pero habían pasado 300 años, al igual que nuestro amigo enclaustrado, algunos cuadrilleros fueron partícipes de una experiencia mística el sábado por la noche, todo comenzo cuando fuimos a cenar a un restaurante hindo-pakistaní llamado "Anapurna", que hizo honor a su nombre convirtiendo la trivial actividad del comer en una auténtica aventura. Tras efectuar la pertinente petición culinaria, un menú degustación, la espera a la llegada de las viandas se dilató de manera desmesurada, los hambrientos comensales se debían enfrentar al plato vacío con la misma desesperación en la que el escitor se encuentra sumido cuando le falla la inspiración ante el papel en blanco. En una situación de desamparo existencial como ésta el ser humano debe elegir entre la disyuntiva del embrutecimiento o la reflexión, en nuestro caso el mango, como elemento comestible, se erigió como protagonista de nuestras cábalas. Por fin el grupo de montañeros que sufrieron mil penalidades, llegaron a la cima del Annapurna, osease llegó la comida.
Como epilogo cabe decir que el cuadrillero, de cuyo nombre no quiero acordarme, que recomendó la visita a este establecimiento hostelero está en tramites de ser severamente sancionado, concretamente hacerle socio del Real Madrid, he hecho llegar esta propuesta a la dirección de la cuadri.
Sintetizando: y luego decimos de los restaurantes chinos.
Jose2.





