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cómo camina cuba
analizando la realidad cubana desde europa, ¡por favor escriban también los cubanos!
Acerca de
Bienvenidos a mi blog. Me llamo Belén Toledo, y quiero hablar de Cuba. Por dos cosas: primero porque entre América Latina y España hay diferencias, sabrosísimas diferencias, y a mí me apetece mucho descubrirlas. Y segundo porque es fascinante analizar cualquier asunto de actualidad a través del tratamiento que le dan los medios: ver cómo los periodistas y los partidos políticos se posicionan a uno u otro lado, y defienden encarnizadamente sus posturas. Yo, en cambio, estoy absolutamente dispuesta a dejarme convencer de lo contrario a lo que defienda en mis artículos. Os pido encarecidamente que me seduzcáis con vuestros argumentos. Que empiece el debate, pues.
Sindicación
 
Bandazo
La lectura del nuevo libro de Belén Gopegui, “El lado frío de la almohada” propone una nueva forma de ver la revolución cubana. No como una dictadura, sino como el intento, plagado de equivocaciones como cualquier otra obra humana, de lograr una sociedad más justa

Hay ocasiones en las que un periodista debe formarse una opinión sobre un tema de actualidad en cinco horas para escribir el artículo que le han encargado para el día siguiente. Otras veces le basta con aplicar la línea editorial del medio en que trabaja al asunto sobre el que debe escribir, y de esta forma tiene resuelta la parte más difícil de su trabajo: entender y explicar la realidad desde un punto de vista determinado.

En un blog, las cosas son un poco más difíciles en el terreno de la opinión y del enfoque. El autor no tiene más directriz ideológica que la suya propia, y por tanto suele suceder que sus artículos van a la deriva de la evolución de su pensamiento. Esto no es un problema, creo: es una oportunidad para pasear libremente por los entresijos de un asunto determinado. Para pegar bandazos. Y este artículo es precisamente eso: un bandazo.

Hasta hoy he enfocado la revolución cubana como una perversión del comunismo. Como un sueño de igualdad heroicamente comenzado que pronto degeneró en dictadura. Las bases de esta opinión son varias. En primer lugar, algunas prácticas francamente deleznables y demostradas del gobierno castrista, como las UMAP, verdaderos campos de concentración para homosexuales y otros individuos mal vistos por el régimen. Las UMAP ya no existen, pero existieron durante años.

Mis pasados artículos hablaban mal de la revolución cubana porque yo, nacida y crecida en democracia, creo en ella. De pequeña me enseñaron que es lo menos malo; después dejé de creer en dios y en muchas más cosas, pero no en la libertad de las personas que promete el régimen político en el que vivo. Desde esta libertad de opinión, me resulta extraño y horrible que en Cuba no se pueda hablar libremente, y no entiendo las grandes audiencias de los discursos de Fidel si no es mediante coacción.

Pero hay una razón más profunda por la que no me convence la revolución cubana, y es que no creo en el comunismo que la alienta, como no creo en el catolicismo, ni en el islam, ni en ninguna gran ideología que prometa el paraíso y la igualdad. Siempre me huelen a alienación, me parecen forzadas. Tiendo a creer en el individuo más que en la colectividad, en las uniones pequeñas para proyectos concretos, y en un marco político cuyo objetivo sea la igualdad de oportunidades para todos esos individuos. Sin que se vean obligados a creer en lo mismo.

Parece entonces que soy más liberal que socialista. Y, sin embargo, hay veces en que me pregunto si no estaré absolutamente equivocada: me pregunto si soy liberal por convicción o por pereza. Pereza ante la posibilidad de acción y de mejora de la sociedad que ofrecen las ideologías tradicionales de la izquierda. En estos días me hago esta pregunta con mucha frecuencia y cierta angustia, después de leer un libro de Belén Gopegui llamado “el lado frío de la almohada”.

“Un libro pro castrista”, rezaban las críticas, y me apresuré a conseguirlo para criticarlo en este weblog. Su lectura, sin embargo, me ha proporcionado nuevos puntos de vista.


Los héroes y la revolución cubana

Un héroe es aquel que se deja llevar por un impulso. Le admiramos porque hace lo que nos encantaría a todos hacer. La revolución cubana comenzó por un impulso: el de la igualdad, el de la justicia. Después de cuarenta años, la revolución sigue viva. Pero se ha equivocado tantas veces, son tantas décadas de ensayo y error, que ya no nos parece una heroicidad, sino un fracaso.

Éste es uno de los argumentos del libro que, según mi interpretación, aspira a recordarnos que la revolución cubana aspira a la igualdad y a la justicia. Y que si se ha equivocado tantas veces es porque “no existe el paraíso en la tierra, existe la tierra en la tierra”. El régimen cubano ha cometido muchos errores, pero su objetivo sigue siendo repartir el beneficio, y no preservar el beneficio que obtienen unos pocos. La autora nos recuerda que la democracia capitalista protege los bienes de cada uno y hace a los ricos inexpugnables, mientras que el comunismo persigue el reparto de estos bienes.

Entonces, se pregunta la protagonista del libro, ¿por qué cuando la democracia se pervierte buscamos regenerarla, y cuando es el comunismo cubano el que falla proponemos acabar de una vez con él? Creo que la respuesta de Belén Gopegui es que a los intereses de las empresas que ambicionan Cuba les resulta molesto el régimen cubano, y fomentan entonces la idea de que Castro es un dictador y la revolución cubana una mentira. (Leer su artículo “El viajero clandestino”, previa suscripción a "El Mundo" en Internet).

En este punto cabe preguntarse: ¿Cuba es un intento de igualdad y justicia en ese burdel estadounidense que es el Caribe? ¿O es una dictadura deleznable? De momento no tengo la respuesta: el libro de Belén Gopegui no me ha dado certezas, pero, a cambio, me ha enfrentado con la noción de izquierda: ¿Por qué nos suenan tan desfasados los discursos de acción colectiva? ¿Por qué me he resignado a sobrevivir y no pensar en que las cosas pueden ser de otra manera? ¿Qué valor tiene la libertad del individuo cuando tanta gente está excluida de las necesidades materiales más básicas?

En el plano literario, el libro de Belén Gopegui deja que desear. Sobre todo, comparado con obras anteriores de la misma autora, que eran un derroche de originalidad y buen hacer. En esta novela, en cambio, los personajes no convencen, ni son verosímiles las relaciones que establecen. Da la impresión de que Belén Gopegui ha priorizado el discurso político sobre la belleza literaria. De que ha decidido enfrentarse con la resignación, con la pasividad, con el ostracismo y con las palabras vanas: usar la literatura como arma política, aunque suene trasnochado. Y me parece loable.

Todavía no sé si me ha convencido, o en qué medida lo ha logrado, pero desde luego ha conseguido situarme en medio de una encrucijada. Seguiremos investigando.
 
SOS técnico
Siento lo de la letra pequeña en los artículos anteriores, no sé por qué de repente se han cambiado a cursiva y a un tamaño tan pequeño. ¡Si alguien lo sabe, que me lo diga!
Y si alguien sabe cómo hacerlos volver a su tamaño original, también que me lo cuente.
Mientras lo soluciono, para leer esta letra diminuta, sugiero entrar en el menú "ver", después pinchar en "tamaño de letra" y seleccionar "grande". Así, por lo menos, se puede leer.
¡¡Gracias!!
 
gente que vive

foto de Jorge Planchuelo -¡muchas gracias!

Estos últimos días me han escrito dos bloggers hablándome de la vida en Cuba, y lo han hecho ocupándose de las personas: de cómo viven, de lo que hacen, de cómo miran. Así que he escrito este comentario para recordarme que detrás de la macroeconomía, de la política, está la gente.
Eso fue, además, lo más impotante que aprendí cuando estudiaba historia: que la gente hormiguea por debajo o por encima o por en medio de las grandes ideas, y que conforman una realidad que es de todos los colores posibles. Y por lo tanto, es la base de todas las interpretaciones posibles.
Estudiando historia aprendí a reírme de los esquemas rígidos de interpretación de las cosas humanas. Se hace más difícil así el análisis y el posicionamiento. Pero yo creo que escribir desde el desconcierto es lo más honesto, lo más desgarrador y lo más lindo.
Como estas dos personas disfrutando de que están vivas, a pesar de Fidel, a pesar de EEUU, o de quien tenga la culpa (asunto éste del que ya seguiremos hablando).
 
China y Cuba han cerrado grandes acuerdos que llevarán inversión asiática a la isla
Voy a cometer un gran pecado periodístico y voy a decir: no sé. No sé si estos acuerdos son puro capitalismo con una manita de pintura de comunismo, o están hechos de acuerdo con un criterio diferente a lo que la OMC y demás instituciones nos tienen acostumbrados. Si alguien lo sabe, que me lo diga. Yo, de momento, me voy a dedicar a investigar cómo reparte el estado cubano el dinero que obtiene de estos pactos entre los ciudadanos. Si hay equidad, entonces los acuerdos comerciales con China serán legítimos aunque sigan las reglas del capital. Espero informaros pronto.

China invertirá grandes sumas de dinero en Cuba, sobre todo en el sector de la minería. Resulta que el país caribeño es uno de los más abundantes en níquel del mundo, y China se ha comprometido a invertir unos 500 millones de dólares para su extracción y aprovechamiento (ver europa press).

Esta colaboración se acordó el pasado 22 de noviembre en La Habana, con ocasión de la visita de Hu Jintao (el primer mandatario de China). Ese día nació el primer Foro de Inversión y Comercio bilateral. Los pactos que comprende no se quedan en la minería. Se extienden a 16 sectores de la economía cubana, entre los que destacan la biotecnología y el turismo; en cuanto a este último aspecto, China quiere convertir Cuba en uno de los grandes destinos para el ocio de sus habitantes.

De todo esto, la minería es lo más interesante y lo que parece que va a ser más productivo. En la isla se desarrollarán plantas de producción de níquel; por ejemplo, se pondrá en marcha el complejo de Las Camariocas, un proyecto que quedó abandonado cuando cayó la URSS en 1989. Se hará con la participación del gigante asiático y Cuba espera obtener de él un cuarto de su producción de dicho mineral una vez que esté puesta en marcha. Además, se construirán plantas termoeléctricas y de fabricación de acero inoxidable. Para estos dos últimos proyectos, Cuba y China contarán con la participación de Venezuela, que aportará el carbón (China tiene mucho carbón, pero Venezuela está más cerca, y además es un país amigo y aliado de Cuba) (ver el universal.com).

China está cerrando operaciones de este tipo por todo el mundo, y sobre todo con sus países vecinos. Está llevando a cabo una ofensiva diplomática muy amplia: es como un gran gigante que se está desperezando antes de salir a la calle. Estados Unidos, de momento, no ha llevado a China a la primera plana de las declaraciones de Bush y su equipo: supongo que todavía no tienen muy claro qué van a hacer con ese lunar inmenso en el extremo oriente.

China, mientras, sigue labrando su porvenir, y Cuba entra en ese porvenir. Al gobierno isleño le viene de perlas: es natural que mire hacia Pekín en un momento en que la mayoría de los países ricos le dan la espalda: EEUU por empecinamiento histórico y por contentar a los cubanos exiliados en Miami, y Europa porque Cuba no es un país tan rico como para que el Viejo Continente se olvide de que lo gobierna un dictador. La expansión comercial lógica de Cuba es China.

La Habana y Pekín, Fidel y Hu Jintao, se alían para relanzar la economía cubana y para extender los tentáculos asiáticos: la isla será el cómodo centro de operaciones del capital chino. Esto tiene varias interpretaciones.

Una de ellas es que Cuba tiene todo el derecho a buscar inversiones donde se las quieran dar, porque las alternativas de crecimiento que le ofrece Occidente son una ruina social. No hay más que leer las recomendaciones para Latinoamérica del recién estrenado director de FMI, Rodrigo Rato: flexiblidad laboral, menos impuestos, atención a la deuda pública antes que al gasto social. Parece claro que con esta receta no se solucionarían los problemas de miseria en Cuba. Por lo tanto, ya que el capitalismo del FMI no parece de gran ayuda, que prueben a desarrollar su comunismo con la ayuda de China.

Así que podríamos alegrarnos de este balón de oxígeno para el comunismo, si no fuera porque estos acuerdos comerciales cubano-chinos no parecen muy comunistas. Inversión de capital chino, mano de obra cubana. ¿Qué diferencia hay con las deslocalizaciones que ahora entristecen Europa, con los acuerdos que arbitra el FMI de naciones ricas que explotan los recursos de naciones pobres?

Como decía al principio, investigaré sobre el reparto de recursos económicos que realiza el gobierno isleño entre los ciudadanos. Aunque puede ser difícil llegar a alguna conclusión porque no creo que el gobierno de Fidel vaya a darme muchas pistas...

 
Cuba: ¿la viga en el ojo de Zapatero?
La liberación de doce presos políticos cubanos gracias a la gestión del gobierno español abre un debate sobre su política exterior

Los que aprueban la gestión de Zapatero y los que no. Más o menos esas son las dos corrientes que cualquier lector puede percibir tras una ojeada a los medios nacionales. Ante cada cuestión que salta a la escena mediática, surgen dos interpretaciones claramente diferenciadas que emanan de esos dos grupos de opinión. Cuba es uno de los mejores ejemplos de esta tendencia tan nuestra a la bipolarización del debate nacional.

Castro excarceló hace dos días a dos de los más famosos presos políticos que esconden sus cárceles. La pregunta que nos divide es: ¿Debe Europa retomar el diálogo con Castro ante este gesto? Veamos cuáles han sido los acontecimientos que han traído la polémica.

Estos últimos días: Cuba llenando portadas y abriendo ediciones

Las relaciones entre la isla y la UE están congeladas desde que en la primavera de 2003 el régimen ejecutó a tres secuestradores y encarceló a 75 personas acusadas de conspirar con EEUU contra la revolución cubana. Europa sancionó a Castro y se acercó a su disidencia, y el Comandante interrumpió toda conversación con los embajadores del viejo continente en La Habana.

Las relaciones trasatlánticas comenzaron a entibiarse con la llegada de Zapatero al gobierno español, porque manifestó su voluntad de diálogo con Cuba como único camino para la democratización de la isla. Castro, que estaba muy enfadado con Aznar por considerarlo culpable de las sanciones impuestas por la UE (en sus discursos lo llamaba “el führercito”), respondió a esta nueva actitud negociadora con la readmisión del embajador español el pasado 25 de noviembre (europa press) y, días después, con la excarcelación de presos.

La noticia de esta liberación ha tenido gran impacto en España, porque parece ser la consecuencia de los esfuerzos del gobierno de Rodríguez Zapatero por restablecer el diálogo entre la UE y Cuba. El mismo Raúl Rivero compartía esta impresión en las primeras declaraciones que realizó al salir de la prisión (ver entrevista Raúl Rivero) Esta convicción es compartida por la mayoría de las voces nacionales, véase El País o elmundo.es y también lo perciben así medios internacionales, como The New York Times.

Estamos de acuerdo en el planteamiento del debate: la liberación de los presos políticos se debe a los gestos de acercamiento del ejecutivo español hacia el cubano. La división de opiniones llega cuando se entra a valorar la gestión del ejecutivo español. Hay quien sostiene que Zapatero acierta al pensar que el diálogo con el régimen cubano es el único camino para su democratización. Que la liberación de los presos es el primer indicio de apertura y cambio de Castro. La opinión contraria afirma que el gobierno español está dando amparo a un dictador de cara a la comunidad internacional, y que ese dictador le está premiando con migajas de democracia, como la liberación puntual de doce personas, entre los cientos de encarcelados que pasan años en las prisiones cubanas sin más culpa que la de opinar.

¿Qué está haciendo Zapatero?

¿Es nuestro presidente el adalid de la democracia, estandarte del diálogo que llevará la libertad a Cuba? ¿O es un estadista ingenuo, altavoz de los últimos estertores del dictador antillano? Yo me inclino por la segunda opción: el gobierno español se está equivocando gravemente al acercarse a Castro.

Afirmo esto porque, en primer lugar, Castro no ha dicho en ningún momento que le interese la democracia. Más bien ha repetido hasta la saciedad en sus discursos que los sistemas liberales occidentales (él las llama democracias “social-pendejas”) son inferiores al comunismo que rige Cuba, y que acabarán cayendo bajo el peso de su corrupción. El Comandante es muy coherente con su aversión hacia el estado de derecho, por lo que procura evitar cualquier criterio democrático en su gestión: los homosexuales son perseguidos y detenidos; los que se atreven a opinar de forma distinta a la línea oficial que marca el régimen son encarcelados. El gobierno cubano no ha abierto ninguna puerta a la democracia, y creo que la liberación de estos presos tampoco va en esa dirección. Más bien es una estrategia de distracción, una manera de ganar centímetros de apoyo internacional sin que esto implique caminar hacia una sociedad abierta.

El diálogo es siempre el mejor camino para afrontar un conflicto. Pero la principal premisa del diálogo es la predisposición de ambas partes a mantenerlo. Castro no ha tendido una mano a la democracia en cuarenta años, en cientos de horas acumuladas de discursos. Ahora aplica a una docena de presos un régimen penitenciario más leve que el que preveía su condena (recordemos que deberán permanecer en arresto domiciliario), ¿y la UE debe restablecer el diálogo? Creo que no. Uno de los principales opositores al régimen cubano, Oswaldo Payá, lo explicaba impecablemente el domingo en El País: lo que debe preguntarse Europa es quien es el que está imponiendo condiciones y quién no quiere el diálogo.