El corazón, los confidenciales y la Seguridad del Estado

Dinio, gran representante de la prensa rosa española. Cubano.
Dice mi madre que una buena periodista también debe saber qué se dice en la prensa del corazón. Me lo dijo muy seria y yo, después de pensarlo, estoy de acuerdo. Sobre todo porque la mayoría de mis semejantes, esos que todo el rato quiero seducir con la primera línea, se pasan una horita por lo menos delante de los personajes del papel cuché.
Así que fue colgar el teléfono y abrir la página de Telecinco.es (un canal español de TV) para empaparme de los líos que tienen encandilada a la audiencia. Y me encontré con Fidel Castro, porque, al parecer, estoy destinada a encontrarme su imagen allá donde mire. Lo cual ni me agrada ni me desagrada, pero se me hace curioso.
Pues me encontré con dos vídeos peculiares sobre Cuba. El primero habla de una tal "operación Fénix", que, de existir, consistiría en que todos los amantes cubanos que de unos años a esta parte se pasean de la mano de famosos españoles pertenecen a la Seguridad del Estado de Cuba.
El segundo vídeo es todavía más sorprendente para mi mente, encorsetada sin duda por aquella idea de la confirmación de las noticias. La cinta sugiere que Fidel Castro es un santero y fanático de las creencias paganas y que es por eso que lleva tantos años en el poder. Añade el vídeo que su afán por recuperar a Elián se debió a que estaba convencido de que el niño balsero era la encarnación de un dios.
Yo ni entro ni salgo: sólo vivir es tan raro que soy capaz de creer cualquier cosa. Pero sí voy a hacer una reflexión. Se me ocurre que el periodismo digital se parece cada vez más al del siglo XV. El periodismo que se estilaba en esos años era el llamado "confidencial": un panfleto manuscrito o impreso que corría de mano en mano por la corte; su contenido era un sabroso rumor, y su autor, desconocido. El otro género informativo de la época eran las crónicas, pero como estaban dominadas por el rey, los confidenciales eran, valga la expresión, la única prensa independiente.
Pues bien, en esta era digital nuestra han vuelto los confidenciales. Es tiempo de rumores. Basta con lanzar una noticia a la red para levantar sospechas sobre alguien o algo, que muchísima gente se toma en serio. Qué curioso.
Por lo demás, supongo que estas noticias del corazón que os brindo hoy estarán ya muy atrasadas. Lo siento y prometo estar pendiente también de ese tipo de actualidad. Seguiremos pendientes de Dinio, y que los dioses paganos nos ayuden.
"Más que nada duele, ver a la juventud marcialmente desfilando"
Con esta frase termina el artículo de hoy en el blog de Arcadi Espada. Escribe desde Venecia. En uno de sus paseos se ha quedado impresionado con un cuadro de Carpaccio, que muestra una corte de seguidores obedientes en torno al Papa. Todos uniformes y alienados, menos un joven, de mirada encendida y desconcertada, que mira directamente al exterior del cuadro.
Espada dice que el joven diferente del cortejo tiene mirada “encendida y humanísima”. Yo me lo imagino con mirada desconcertada. Para mí lo más humano, lo que define y enriquece al ser humano, es el desconcierto. Porque es tan grande el mundo y tan rara la realidad que no queda otra que desconcertarse. Y porque en la incertidumbre somos porosos. Y eso es tan rico.
Supongo que todo esto es lo que me aleja de la dictadura cubana: tanto joven marcialmente desfilando. Es verdad que en las democracias también se desfila. En ocasiones desfilamos conscientemente (cuando nos sentamos delante de la tele, y pensamos “hoy tengo ganas de ver idioteces, qué pasa…”). Otras veces marcamos el paso marcial sin darnos cuenta, siguiendo órdenes ancestrales de puro arraigadas (cuando vamos de compras, cuando esperamos al príncipe azul, cuando queremos ser mejor que el otro, cuando comemos lechuga día tras día para acabar con los miles de kilos de más (uf)).
Vale: todos desfilamos. Pero en una dictadura se desfila con miedo al culatazo. Y eso es peor, ¿no? Por lo menos, que nos dejen escoger detrás de qué desfilar. Y que nos dejen la incertidumbre, tan porosa, tan sabrosa.
Espada dice que el joven diferente del cortejo tiene mirada “encendida y humanísima”. Yo me lo imagino con mirada desconcertada. Para mí lo más humano, lo que define y enriquece al ser humano, es el desconcierto. Porque es tan grande el mundo y tan rara la realidad que no queda otra que desconcertarse. Y porque en la incertidumbre somos porosos. Y eso es tan rico.
Supongo que todo esto es lo que me aleja de la dictadura cubana: tanto joven marcialmente desfilando. Es verdad que en las democracias también se desfila. En ocasiones desfilamos conscientemente (cuando nos sentamos delante de la tele, y pensamos “hoy tengo ganas de ver idioteces, qué pasa…”). Otras veces marcamos el paso marcial sin darnos cuenta, siguiendo órdenes ancestrales de puro arraigadas (cuando vamos de compras, cuando esperamos al príncipe azul, cuando queremos ser mejor que el otro, cuando comemos lechuga día tras día para acabar con los miles de kilos de más (uf)).
Vale: todos desfilamos. Pero en una dictadura se desfila con miedo al culatazo. Y eso es peor, ¿no? Por lo menos, que nos dejen escoger detrás de qué desfilar. Y que nos dejen la incertidumbre, tan porosa, tan sabrosa.
¡Fidel, por Dios!

En Madrid hay una peluquería que se llama “¡Juan, por dios!”, porque eso es lo que dicen todos los clientes cuando se miran al espejo, una vez que el peluquero Juan ha terminado su trabajo. Muchos cubanos entraron en la peluquería de Fidel para ser más felices, y ahora se sorprenden al ver que su gobierno quiere dictar hasta aquello que les debe provocar la risa. Cubanos, viene a decir el Granma: usen un condón de lo políticamente correcto cuando hagan el humor.
(en Cuba) si hacer el amor sin condón provoca el sida, hacer el humor sin preservativo político es causante del SALE (del trabajo, el centro de estudios o de quién sabe dónde)
Esta es una de las frases del artículo de Víctor Manuel Domínguez en la página Cubanet.org. Es un texto hilarante y delicioso, en el que el autor se despacha a gusto contra aquellos que pretenden marcar hasta la dirección de la risa en Cuba.
El artículo es una respuesta a las instrucciones para hacer un chiste que publicó el diario Granma, escritas por uno de sus periodistas, Antonio Paneque Brizuela (normalmente dedicado a la sección de cultura en este periódico). El Granma publicaba: es preciso que "el chiste tenga un acomodo adecuado a normas tan elementales como la decencia, la educación formal, el pudor, los códigos colectivistas y las convenciones sociales y los códigos de signo político-social".
Ante estas indicaciones, Víctor Manuel Domínguez se explaya hablando del humor que practican los habitantes de la isla, con toneladas de ironía. Domínguez es un periodista cubano, disidente y exiliado.
La UE regala flores a Castro
Castro accede a reanudar las relaciones diplomáticas con la UE (ver), tras la crisis que dura desde 2003. El próximo día 31 de enero, habrá una reunión en Europa para decidir la estrategia común a seguir con el régimen cubano
Cuba me está llevando de viaje por el comunismo y el liberalismo. Todavía no tengo muy claro si el comunismo se ha pasado de moda por haberse demostrado estéril, o por pereza de las clases medias para ni siquiera planteárselo.
Pese a Belén Gopegui (que se está dedicando a defender la izquierda tradicional, con mucho más ímpetu que a escribir), estoy llegando a la conclusión de que el comunismo, el comunismo puro, no sirve para nada, excepto para legitimar la dominación de unos pocos.
El caso de Cuba parece ser un ejemplo de expolio del pueblo por parte de sus dirigentes. No es menos cierto que el fenómeno se repite en todos los países de Centroamérica. Pero eso no libra al gobierno de La Habana de la calificación de explotadores y dictadores.
Dicho todo esto, y a la vista de la chulería de Castro, no entiendo por qué la UE solicita a Cuba el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Europa las interrumpió porque el régimen de la isla fusiló a tres secuestradores y encarceló a setenta y cinco dirigentes. Y ahora las reanuda (previo permiso de Castro), porque La Habana excarcela a una docena de esos dirigentes. Excarcela, he dicho, que no es lo mismo que liberar: están fuera de la cárcel pero siguen cumpliendo su condena en otro régimen penitenciario.
Además, Castro en ningún momento ha dicho que la liberación se deba a un acercamiento a la democracia: dijo que era porque los disidentes estaban enfermos.
¿Qué tendrá Cuba que la UE, capitaneada en esto por el hombre-marketing Zapatero, vuelva a sus brazos por nada? No se me ocurre otra explicación que las inversiones en la isla y el aprovechamiento de su potencial turístico.
Tal vez alguien pueda darme otra explicación más dulce.
Cuba me está llevando de viaje por el comunismo y el liberalismo. Todavía no tengo muy claro si el comunismo se ha pasado de moda por haberse demostrado estéril, o por pereza de las clases medias para ni siquiera planteárselo.
Pese a Belén Gopegui (que se está dedicando a defender la izquierda tradicional, con mucho más ímpetu que a escribir), estoy llegando a la conclusión de que el comunismo, el comunismo puro, no sirve para nada, excepto para legitimar la dominación de unos pocos.
El caso de Cuba parece ser un ejemplo de expolio del pueblo por parte de sus dirigentes. No es menos cierto que el fenómeno se repite en todos los países de Centroamérica. Pero eso no libra al gobierno de La Habana de la calificación de explotadores y dictadores.
Dicho todo esto, y a la vista de la chulería de Castro, no entiendo por qué la UE solicita a Cuba el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Europa las interrumpió porque el régimen de la isla fusiló a tres secuestradores y encarceló a setenta y cinco dirigentes. Y ahora las reanuda (previo permiso de Castro), porque La Habana excarcela a una docena de esos dirigentes. Excarcela, he dicho, que no es lo mismo que liberar: están fuera de la cárcel pero siguen cumpliendo su condena en otro régimen penitenciario.
Además, Castro en ningún momento ha dicho que la liberación se deba a un acercamiento a la democracia: dijo que era porque los disidentes estaban enfermos.
¿Qué tendrá Cuba que la UE, capitaneada en esto por el hombre-marketing Zapatero, vuelva a sus brazos por nada? No se me ocurre otra explicación que las inversiones en la isla y el aprovechamiento de su potencial turístico.
Tal vez alguien pueda darme otra explicación más dulce.
Año nuevo en Cuba
Tres testimonios sobre la fiesta de año nuevo en Cuba dibujan tres Cubas diferentes. Ante tanta variedad de opiniones que despierta esta isla me da por pensar a veces que existen decenas de Cubas superpuestas mientras yo sigo pensando que es una sola. Hasta que visite la isla y compruebe que es un único suelo de un solo país lo que pisan mis pies, tendré que contener mis dudas y mantener mi fe en los mapas.
La sabrosa añoranza de Fabrizio
El primero de estos testimonios sobre la fiesta de año nuevo fue el más lindo en el sentido literario y también el más valioso por tratarse de un testimonio directo de lo que acontece en Cuba. Se trata de un artículo publicado en el blog de un cubano que vive en México D.F. Su nombre es Fabrizio y su artículo se llama navidad a la cubana.
Fabrizio describe cómo se celebraban las fiestas de la Navidad y el Año Nuevo en Cuba antes de que fueran eliminadas en 1969 (explica que Fidel Castro prohibió estos festejos para que la gente no se distrajera de la recogida del azúcar) .
Hasta ese momento, la familia de Fabrizio y todos los amigos celebraban estas fiestas a lo grande, con comida, alcohol y “pachanga”, y sin que faltaran los ritos que ahuyentaran la mala suerte para el año nuevo, como echar un cubo de agua o barrer hacia la calle: “Era una locura, a las doce de la noche estábamos tragando uvas, brindando barriendo y tirando agua a la vez”.
La belleza de las descripciones de la fiesta está todo el tiempo cargada de melancolía. No tanto por estar Fabrizio lejos de su tierra en estas fechas: más bien porque ni siquiera en su tierra existe ya esta realidad que él añora. Supongo que al desterrado le afectan todavía más los cambios que sufre su lugar de origen: parece como que se quedara sin ancla, sin imaginario, y ya sin tiempo y sin oportunidad para hacerse uno nuevo.
Fabrizio cuenta que en 1997 el régimen cubano readmitió la celebración de la Navidad. De su narración se desprende que 28 años de prohibición han dejado ciertamente desorientados a los cubanos, sobre todo porque ahora la fiesta consiste en buscar qué cenar.
El corresponsal que exporta una Cuba dorada
El segundo testimonio que he encontrado contradice al anterior. Es la crónica de Eduardo Yero , corresponsal de EFE en La Habana. Narra cómo los cubanos se preparan para celebrar “por todo lo alto” su fiesta de año nuevo. Cuenta que las mesas cubanas se llenan de toda clase de alimentos: la crónica los enumera con tal abundancia que al leerla una cree estar sentada a la sombra de una palmera engullendo platos típicos del trópico.
El periodista presta especial atención a la coincidencia entre la llegada del año nuevo y el aniversario del triunfo de la revolución cubana. Afirma que habrá celebraciones populares por toda la isla organizadas por el gobierno en honor a la continuidad del régimen: "Las mejores agrupaciones musicales y solistas locales amenizan los bailes en las catorce provincias isleñas y el Municipio Especial Isla de la Juventud, lo que permite que los cubanos muevan sus pies y caderas a sus anchas".
Si lo comparamos con casi todos los testimonios sobre la vida en Cuba, el de este periodista de EFE es muy optimista. Yo aún diría más: hace una exaltación de la vida en Cuba que me recuerda al “como en España en ningún sitio” del franquismo. El mensaje que en el fondo transmite esta crónica se parece al que subyacía en el NODO: qué más da la libertad con estas playas y este sol y estas hembras ibéricas.
Picada por la curiosidad, rastreé la obra de Eduardo Yero por la red. Y me encontré con sus artículos en numerosos medios de comunicación latinoamericanos. En todos la conformidad con la dictadura y el optimismo respecto a la situación en Cuba se mantenían. Me pregunto si este corresponsal de EFE de verdad ve y siente el ambiente que describe.
También me pregunto si habrá dos corresponsales de EFE en Cuba. Porque he mirado la página web de la agencia y las noticias publicadas desde La Habana dejan lugar a la crítica al régimen. Y el nombre de Eduardo Yero no aparece. No sé..., ¡si alguien lo sabe, que me lo diga!
Las mañanas de domingo paseando por La Habana
El tercer testimonio del año nuevo en Cuba es de Manuel Vicent (que he pirateado para nuestro placer). De este texto he extraído la frase que da título a mi artículo anterior en este blog ("Por esta playa de la Habana paseaba tratando de arrojar mis culpas al agua"). A este escritor hay que reconocerle una capacidad mágica para transportar a quien lo lee hasta el lugar que Vicent haya elegido para recrearse en las descripciones.
El domingo le tocó el turno a Cuba. Pasear de la mano de Manuel Vicent por Cuba. Y descubrir a unos antillanos seducidos por la magia y los ritos paganos. O, por lo menos, descubrir a los antillanos que viven en la cabeza del escritor mientras éste trata de arrojar sus culpas al mar. Que no es poco.
La sabrosa añoranza de Fabrizio
El primero de estos testimonios sobre la fiesta de año nuevo fue el más lindo en el sentido literario y también el más valioso por tratarse de un testimonio directo de lo que acontece en Cuba. Se trata de un artículo publicado en el blog de un cubano que vive en México D.F. Su nombre es Fabrizio y su artículo se llama navidad a la cubana.
Fabrizio describe cómo se celebraban las fiestas de la Navidad y el Año Nuevo en Cuba antes de que fueran eliminadas en 1969 (explica que Fidel Castro prohibió estos festejos para que la gente no se distrajera de la recogida del azúcar) .
Hasta ese momento, la familia de Fabrizio y todos los amigos celebraban estas fiestas a lo grande, con comida, alcohol y “pachanga”, y sin que faltaran los ritos que ahuyentaran la mala suerte para el año nuevo, como echar un cubo de agua o barrer hacia la calle: “Era una locura, a las doce de la noche estábamos tragando uvas, brindando barriendo y tirando agua a la vez”.
La belleza de las descripciones de la fiesta está todo el tiempo cargada de melancolía. No tanto por estar Fabrizio lejos de su tierra en estas fechas: más bien porque ni siquiera en su tierra existe ya esta realidad que él añora. Supongo que al desterrado le afectan todavía más los cambios que sufre su lugar de origen: parece como que se quedara sin ancla, sin imaginario, y ya sin tiempo y sin oportunidad para hacerse uno nuevo.
Fabrizio cuenta que en 1997 el régimen cubano readmitió la celebración de la Navidad. De su narración se desprende que 28 años de prohibición han dejado ciertamente desorientados a los cubanos, sobre todo porque ahora la fiesta consiste en buscar qué cenar.
El corresponsal que exporta una Cuba dorada
El segundo testimonio que he encontrado contradice al anterior. Es la crónica de Eduardo Yero , corresponsal de EFE en La Habana. Narra cómo los cubanos se preparan para celebrar “por todo lo alto” su fiesta de año nuevo. Cuenta que las mesas cubanas se llenan de toda clase de alimentos: la crónica los enumera con tal abundancia que al leerla una cree estar sentada a la sombra de una palmera engullendo platos típicos del trópico.
El periodista presta especial atención a la coincidencia entre la llegada del año nuevo y el aniversario del triunfo de la revolución cubana. Afirma que habrá celebraciones populares por toda la isla organizadas por el gobierno en honor a la continuidad del régimen: "Las mejores agrupaciones musicales y solistas locales amenizan los bailes en las catorce provincias isleñas y el Municipio Especial Isla de la Juventud, lo que permite que los cubanos muevan sus pies y caderas a sus anchas".
Si lo comparamos con casi todos los testimonios sobre la vida en Cuba, el de este periodista de EFE es muy optimista. Yo aún diría más: hace una exaltación de la vida en Cuba que me recuerda al “como en España en ningún sitio” del franquismo. El mensaje que en el fondo transmite esta crónica se parece al que subyacía en el NODO: qué más da la libertad con estas playas y este sol y estas hembras ibéricas.
Picada por la curiosidad, rastreé la obra de Eduardo Yero por la red. Y me encontré con sus artículos en numerosos medios de comunicación latinoamericanos. En todos la conformidad con la dictadura y el optimismo respecto a la situación en Cuba se mantenían. Me pregunto si este corresponsal de EFE de verdad ve y siente el ambiente que describe.
También me pregunto si habrá dos corresponsales de EFE en Cuba. Porque he mirado la página web de la agencia y las noticias publicadas desde La Habana dejan lugar a la crítica al régimen. Y el nombre de Eduardo Yero no aparece. No sé..., ¡si alguien lo sabe, que me lo diga!
Las mañanas de domingo paseando por La Habana
El tercer testimonio del año nuevo en Cuba es de Manuel Vicent (que he pirateado para nuestro placer). De este texto he extraído la frase que da título a mi artículo anterior en este blog ("Por esta playa de la Habana paseaba tratando de arrojar mis culpas al agua"). A este escritor hay que reconocerle una capacidad mágica para transportar a quien lo lee hasta el lugar que Vicent haya elegido para recrearse en las descripciones.
El domingo le tocó el turno a Cuba. Pasear de la mano de Manuel Vicent por Cuba. Y descubrir a unos antillanos seducidos por la magia y los ritos paganos. O, por lo menos, descubrir a los antillanos que viven en la cabeza del escritor mientras éste trata de arrojar sus culpas al mar. Que no es poco.
"Por esta playa de la Habana paseaba tratando de arrojar mis culpas al agua" (Manuel Vicent)

Foto de Jorge Planchuelo
Ustedes tal vez no se hayan dado cuenta, pero se habla mucho de Cuba. Se habla, se escribe, se fotografía, se filma en grandes cantidades sobre Cuba. Será que he desarrollado un sexto sentido que detecta todo lo que huela a esa isla antillana. Desde aquí le sugiero a Fidel Castro, a la disidencia en Miami o al gobierno español que me sufraguen un viaje a la Habana para poder bucear en esa realidad de la que escribo, y así contribuir al conocimiento humano y al entendimiento entre los pueblos y las personas. No se verán defraudados.





