<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[Cubanía]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/cubania/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cubania/atom.xml" title="Cubanía"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[Cuba, su historia y su gente]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[Yin, Johnny y el país de "las maravillas"]]></title><link rel="Cubanía" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cubania/atom.xml" title="Cubanía"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200608]]></issued><modified><![CDATA[200608]]></modified><created><![CDATA[200608]]></created><summary><![CDATA[Yin, Johnny y el país de "las maravillas"]]></summary><author><name><![CDATA[Esteban Ramírez Alonso]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Yin, Johnny y el país de "las maravillas"]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/cubania/c_2.htm"><![CDATA[Esteban Ramírez Alonso<br/><br/>   Se conocieron hace más de tres años. El vino a Cuba a pasar un semestre en la Universidad de La Habana.  Ella estudiaba en ese recinto.<br/>   El provenía de los Estados Unidos, ella de un pequeño y apartado poblado que todavía no figura en los mapas. Se conocieron, hubo atracciones y amores.<br/>   Al principio nada tenía importancia, desandaban los días y las noches tan libres como el viento; luego las cosas se complicaron, fue cuando entendieron que el amor los había flechado.<br/>   Vencido el semestre y aprendido mucho de cubano, Johnny recogió sus maletas y regresó a los Estados Unidos. Ambos lloraron la despedida y, aunque había mucha confianza, ella se quedó con la intriga: ¿volverá?<br/>   No solo lo hizo una, sino varias veces, y lo tuvo que hacer a escondida de su gobierno, por terceros países para burlar las leyes del bloqueo contra Cuba. Y, por supuesto, además del riesgo de una condena por la trasgresión, el costo fue muy superior a un vuelo continuo, tal y como lo hace un ciudadano norteamericano en más del 90 por ciento de los casos, salvo que no hayan conexiones aéreas directas.<br/>   Por sobre todas las cosas, el amor triunfó, así que Yin y Johnny decidieron juntar, sus vidas. Sin embargo, ya no podían desandar los días y las noches tan libres como el viento, y de a poco se convirtieron en prisioneros de un conflicto político torcido por el odio, la venganza y la prepotencia de una superpotencia contra una diminuta isla.<br/>   Johnny no podía venir cuantas veces quisiera. Yin tampoco podía ir y venir. A partir de su retorno a los Estados Unidos las cosas se tornaron más complicadas. En lo adelante, cualquier decisión tenía que pasar por la obcecada política de su gobierno contra Cuba, de la cual es rehén el pueblo norteamericano, pero también por los traumas sociales y familiares que dejan en cualquier cubano una relación de este tipo.<br/>   Para un joven norteamericano es muy difícil explicarse el “antiyanquismo” latente en la sangre cubana. Generalmente desconocen las agresiones y los daños ocasionados, sobre todo, en los últimos 45 años y aunque las expresiones nada tienen que ver con el pueblo, sino con las administraciones de turno, la jerga popular, sin querer, a veces lastima el orgullo patriótico de cualquier estadounidense.<br/>   Johnny siempre entendió esta verdad a medias. Ella, a su vez, debió enfrentar prejuicios latentes en la sociedad cubana, como la de una relación con un extranjero y, sobre todo, norteamericano; o que en ocasiones la confundieran con una jinetera y, en consecuencia, la trataran de forma muy despectiva o burlesca.<br/>   Faltaba, sin embargo, lo más duro: enfrentar a una larga y unidad familia de comunistas. Sus cuentas, lógicas o no, fueron que las cosas acá siempre serían más dificultosas para una pareja que recién inicia su vida, dada la difícil situación económica que vive el país, consecuencia, en buena medida de ese bloqueo que durante 43 años mantienen oficialmente los Estados Unidos y que, entre otras prohibiciones, impide a cualquier ciudadano<br/>norteamericano venir a Cuba.<br/>   Un tiempo después de que Bush aprobara las medidas para  recrudecer aún más esa política agresiva contra la Isla,  Yin salió en viaje de matrimonio hacia los Estados Unidos. Hicieron una linda boda y hasta ahora son muy felices, aunque ella no puede viajar a ver a sus padres y hermanas hasta dentro de tres años (si le dan permiso), ni él tampoco a visitar a sus suegros. <br/>    Hasta aquí la historia podría, incluso, parecer solo un dilema familiar en medio de la necia política de EE.UU. hacia Cuba, sin embargo el alcance es mucho mayor, sobre todo cuando se conocen a fondos los oscuros propósitos de tal proceder.<br/>    Hace poco llegó un correo electrónico que rezaba en una de sus partes: “... ¿Saben cuanto cuesta sacar todos los papeles que necesitamos? (Tarjeta verde o residencia y permiso de trabajo) alrededor de $500!!!!! Es una locura, te sacan el sumo por todas partes!!! <br/>    Y como Yin pide su residencia sobre la base de su matrimonio con un estadounidense le dieron solamente un permiso condicional, de manera que debe iniciar el proceso de residencia nuevamente dentro de dos años, pagar los costos del trámite y demostrar que sigue casada con su pareja.<br/>    Sin embargo, si la cubanita hubiera llegado a los Estados Unidos ilícitamente, en una lancha de traficante,  pudiera haberse acogido a la Ley de Ajuste Cubano,  el proceso hubiera sido más rápido, barato y ya tendría la residencia permanente.<br/>    Pero Yin y Johnny siempre se negaron al camino del “ajuste”. La decisión fue que ella emigrara legalmente, con visa de novia, y eso la descalificó para obtener la residencia norteamericana a través de la”ley de ajuste cubano”. Entonces, como se pregunta un amigo abogado: ¿cuál es la lógica de una legislación que le regala la residencia a los que llegan ilegalmente y, en cambio, se las niega a quienes cumplen con los requisitos de la ley?<br/><br/>        <br/>        <br/>        <br/>   <br/>    <br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Historia de los tres Tomás]]></title><link rel="Cubanía" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cubania/atom.xml" title="Cubanía"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200503]]></issued><modified><![CDATA[200503]]></modified><created><![CDATA[200503]]></created><summary><![CDATA[Historia de los tres Tomás]]></summary><author><name><![CDATA[Esteban Ramírez Alonso]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Historia de los tres Tomás]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/cubania/c_1.htm"><![CDATA[Esteban Ramírez Alonso<br/><br/>El primero de los tres nació en 1906. Cuando murió en enero de 1985 tenía 79 años y vivió 24 bajo el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos a Cuba, como una medida para provocar la hambruna y la desesperación. <br/>Era mecánico autodidacta. Nunca pudo estudiar, pero sabía leer y escribir. Ya jubilado, falleció en una sala de terapia intensiva a sabiendas de que dos de sus tres hijos eran universitarios. No le costó un centavo, como tampoco el círculo infantil al que llevaba a una de sus nietas, ni los tratamientos médicos, ni la tranquilidad social, ni muchas otras cosas. Se sentía seguro, superado, digno. <br/>El sucesor nació en 1948. Tiene 56 años y coexistió 20 con los efectos del cerco económico de EE.UU.: carencia de medicinas, alimentos, ropas, útiles del hogar, lápices, libretas, riesgo país, créditos con altos intereses..., pero al igual que el precursor alcanzó los beneficios de tantos sacrificios y de las relaciones con la entonces Unión Soviética y el campo socialista, lo cual atenuó las secuelas y posibilitó el progreso. <br/>En 1982, justo cuando empezaba una de las décadas más prodigiosas para Cuba, abandonó el país. Fue a buscar una fortuna que nunca encontró, pero como a muchos de los que se fueron antes, o después, lo calificaron de emigrante político, uno más que “huía”. <br/>Para aplicar las recientes medidas contra los viajes a Cuba, ahora algunos personeros en Miami dieron una vuelta de 180 grados y comenzaron a decir que esas emigraciones no eran políticas, que los cubanos volvían después como alegres turistas al país del cual decían fugarse, “perseguidos” por el gobierno. <br/>Solo para hacer algo tan terrible como dividir a las familias, terminaron reconociendo lo proclamado por Cuba: no hay tal destierro político, sino una emigración económica, consecuencia, en buena medida, de la propia política de asfixia. <br/>El tercer Tomás no conoció a los anteriores. Tiene en común, sin embargo, la sangre y el bloqueo. Vino al mundo en 1988 y desde entonces ha sufrido el asedio yanqui; 14 de sus 16 años han transcurrido en el llamado período especial. <br/>A diferencia de los otros dos Tomás, este ha sentido el bloqueo con mayor rigor porque, aparejado a esa desintegración, Norteamérica endureció entonces su política y aprobó las leyes Torricelli (1992) y Helms-Burton (1996), que declaró una verdadera guerra económica contra Cuba. Y las últimas medidas de Bush son otra vuelta de rosca para asfixiar a los cubanos a toda costa. EE.UU. hasta se arroga la potestad de determinar que el segundo y último Tomás, tío y sobrino, no son familia. <br/>Y todavía los perseguidores —y los perseguidos también—, llaman, discretamente, embargo al bloqueo más largo de la historia, con el cual han coexistido siete de cada diez cubanos. <br/>El último Tomás se pregunta con la ingenuidad de sus 16 años: ¿qué hicimos? Nada como no fuera un proyecto social con luz y manos propias. <br/>Otros le han infligido derrotas más vergonzosas al imperio y aún así mantienen relaciones normales; pero hay una obsesión contra Cuba en el gobierno de Bush y un lobby anticubano que ha financiado leyes, roba elecciones y compra presidentes a cambio de favores contra su país de origen.<br/><br/>]]></content></entry></feed>
