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Cubanía
Cuba, su historia y su gente
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Yin, Johnny y el país de "las maravillas"
Esteban Ramírez Alonso

Se conocieron hace más de tres años. El vino a Cuba a pasar un semestre en la Universidad de La Habana. Ella estudiaba en ese recinto.
El provenía de los Estados Unidos, ella de un pequeño y apartado poblado que todavía no figura en los mapas. Se conocieron, hubo atracciones y amores.
Al principio nada tenía importancia, desandaban los días y las noches tan libres como el viento; luego las cosas se complicaron, fue cuando entendieron que el amor los había flechado.
Vencido el semestre y aprendido mucho de cubano, Johnny recogió sus maletas y regresó a los Estados Unidos. Ambos lloraron la despedida y, aunque había mucha confianza, ella se quedó con la intriga: ¿volverá?
No solo lo hizo una, sino varias veces, y lo tuvo que hacer a escondida de su gobierno, por terceros países para burlar las leyes del bloqueo contra Cuba. Y, por supuesto, además del riesgo de una condena por la trasgresión, el costo fue muy superior a un vuelo continuo, tal y como lo hace un ciudadano norteamericano en más del 90 por ciento de los casos, salvo que no hayan conexiones aéreas directas.
Por sobre todas las cosas, el amor triunfó, así que Yin y Johnny decidieron juntar, sus vidas. Sin embargo, ya no podían desandar los días y las noches tan libres como el viento, y de a poco se convirtieron en prisioneros de un conflicto político torcido por el odio, la venganza y la prepotencia de una superpotencia contra una diminuta isla.
Johnny no podía venir cuantas veces quisiera. Yin tampoco podía ir y venir. A partir de su retorno a los Estados Unidos las cosas se tornaron más complicadas. En lo adelante, cualquier decisión tenía que pasar por la obcecada política de su gobierno contra Cuba, de la cual es rehén el pueblo norteamericano, pero también por los traumas sociales y familiares que dejan en cualquier cubano una relación de este tipo.
Para un joven norteamericano es muy difícil explicarse el “antiyanquismo” latente en la sangre cubana. Generalmente desconocen las agresiones y los daños ocasionados, sobre todo, en los últimos 45 años y aunque las expresiones nada tienen que ver con el pueblo, sino con las administraciones de turno, la jerga popular, sin querer, a veces lastima el orgullo patriótico de cualquier estadounidense.
Johnny siempre entendió esta verdad a medias. Ella, a su vez, debió enfrentar prejuicios latentes en la sociedad cubana, como la de una relación con un extranjero y, sobre todo, norteamericano; o que en ocasiones la confundieran con una jinetera y, en consecuencia, la trataran de forma muy despectiva o burlesca.
Faltaba, sin embargo, lo más duro: enfrentar a una larga y unidad familia de comunistas. Sus cuentas, lógicas o no, fueron que las cosas acá siempre serían más dificultosas para una pareja que recién inicia su vida, dada la difícil situación económica que vive el país, consecuencia, en buena medida de ese bloqueo que durante 43 años mantienen oficialmente los Estados Unidos y que, entre otras prohibiciones, impide a cualquier ciudadano
norteamericano venir a Cuba.
Un tiempo después de que Bush aprobara las medidas para recrudecer aún más esa política agresiva contra la Isla, Yin salió en viaje de matrimonio hacia los Estados Unidos. Hicieron una linda boda y hasta ahora son muy felices, aunque ella no puede viajar a ver a sus padres y hermanas hasta dentro de tres años (si le dan permiso), ni él tampoco a visitar a sus suegros.
Hasta aquí la historia podría, incluso, parecer solo un dilema familiar en medio de la necia política de EE.UU. hacia Cuba, sin embargo el alcance es mucho mayor, sobre todo cuando se conocen a fondos los oscuros propósitos de tal proceder.
Hace poco llegó un correo electrónico que rezaba en una de sus partes: “... ¿Saben cuanto cuesta sacar todos los papeles que necesitamos? (Tarjeta verde o residencia y permiso de trabajo) alrededor de $500!!!!! Es una locura, te sacan el sumo por todas partes!!!
Y como Yin pide su residencia sobre la base de su matrimonio con un estadounidense le dieron solamente un permiso condicional, de manera que debe iniciar el proceso de residencia nuevamente dentro de dos años, pagar los costos del trámite y demostrar que sigue casada con su pareja.
Sin embargo, si la cubanita hubiera llegado a los Estados Unidos ilícitamente, en una lancha de traficante, pudiera haberse acogido a la Ley de Ajuste Cubano, el proceso hubiera sido más rápido, barato y ya tendría la residencia permanente.
Pero Yin y Johnny siempre se negaron al camino del “ajuste”. La decisión fue que ella emigrara legalmente, con visa de novia, y eso la descalificó para obtener la residencia norteamericana a través de la”ley de ajuste cubano”. Entonces, como se pregunta un amigo abogado: ¿cuál es la lógica de una legislación que le regala la residencia a los que llegan ilegalmente y, en cambio, se las niega a quienes cumplen con los requisitos de la ley?






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