La vaca explotada
Moraleja era una vaca culta, sabia y legitimada. Por esta razón es que daba leche cultivada. Su piel era un perfecto tablero de ajedrez. Por este motivo, esta vaca jamás dormía porque sus dueños jugaban largas partidas de ajedrez durante las noches. Pobre vaca. A la larga, se le fueron armando ojeras por tantos días de sueño acumulado, hasta que la ojera fue tan grande que empezó a emanar un extraño líquido violeta: era jugo de uvas fermentada, es decir, vino vaquero.
El dueño se hizo rico gracias a la leche cultivada y el vino tinto a granel de su vaca. Todo esto sin contar con la comisión de las apuestas que cobraba por cada partido de ajedrez que se disputaba a lo largo de todo el día y toda la noche.
Para el colmo, Moraleja empezó a salir en todos los diarios del mundo y al dueño no se le ocurrió mejor idea que poner un stand en su casa para hacer cobrar visitas guiadas.
A pesar de soportar con valentía su pesada vida, la magnífica vaca un día no pudo más se desató en lágrimas: resulta que esas lágrimas desinfectaban todo lo que tocaba.
_ ¡Oh! Sus ojos son manantiales de jabón desinfectante. Pondré una fábrica de jabón y haré que esta vaca siga sufriendo para que siga llorando y así me haga millonario más rápido_ dijo su propietario lo que en realidad dicen y hacen todos los explotadores del mundo.
Es que Moraleja hacía lo siguiente: daba leche cultivada, vino tinto a granel, alcohol desinfectante y además generaba dinero derivado por las apuestas hechas en su piel de ajedrez y en las visitas guiadas.
Un día Moraleja murió, su piel fue embalsamada y siguió siendo tablero de ajedrez.
Moraleja: muchos quieren ser ricos sin trabajar, pero como para ser rico hace falta generar dinero y como eso requiere esfuerzo, el que termina haciendo ese esfuerzo es el más humillado. Entonces así se pierde el sentido humano y trascendental del trabajo. Esto pasa y aunque parezca mentira, está legitimado.
Colorín colorado, este cuento se ha terminado, y espero que esto sea un granito de arena, para que en el mundo no hayan más explotados.
El dueño se hizo rico gracias a la leche cultivada y el vino tinto a granel de su vaca. Todo esto sin contar con la comisión de las apuestas que cobraba por cada partido de ajedrez que se disputaba a lo largo de todo el día y toda la noche.
Para el colmo, Moraleja empezó a salir en todos los diarios del mundo y al dueño no se le ocurrió mejor idea que poner un stand en su casa para hacer cobrar visitas guiadas.
A pesar de soportar con valentía su pesada vida, la magnífica vaca un día no pudo más se desató en lágrimas: resulta que esas lágrimas desinfectaban todo lo que tocaba.
_ ¡Oh! Sus ojos son manantiales de jabón desinfectante. Pondré una fábrica de jabón y haré que esta vaca siga sufriendo para que siga llorando y así me haga millonario más rápido_ dijo su propietario lo que en realidad dicen y hacen todos los explotadores del mundo.
Es que Moraleja hacía lo siguiente: daba leche cultivada, vino tinto a granel, alcohol desinfectante y además generaba dinero derivado por las apuestas hechas en su piel de ajedrez y en las visitas guiadas.
Un día Moraleja murió, su piel fue embalsamada y siguió siendo tablero de ajedrez.
Moraleja: muchos quieren ser ricos sin trabajar, pero como para ser rico hace falta generar dinero y como eso requiere esfuerzo, el que termina haciendo ese esfuerzo es el más humillado. Entonces así se pierde el sentido humano y trascendental del trabajo. Esto pasa y aunque parezca mentira, está legitimado.
Colorín colorado, este cuento se ha terminado, y espero que esto sea un granito de arena, para que en el mundo no hayan más explotados.
La zorra y el leñador, versión Clonaldo
Había una vez-tia, que trabajaba de patovica en un boliche y le daba duro a la creatina, ¡pero qué diice! De repente, ve a una zorra (para no decir otra palabra) ¡pero qué diiice!, que estaba siendo perseguida por una patota. La zorra, que como Máxima era Zorra-igueta, ¡pero qué diiice!, lo ve al patovica y le dijo: “¡Hombre malo, me persigue una patota, escóndeme en el boliche!”. Y el patovica la dejó pasar y ella se escondió en el baño de mujeres.
Al toque llegó la patota y uno de ellos le encaró al patovica: “¿Cumbia, uón?, ¿has visto a una bella zorra-igueta? ¡pero qué diiice!”. El patovica, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba el baño de mujeres donde la zorra-igueta se había escondido.
Los patoteros, al tener su mirada enceguecida en la zorra-igueta, no comprendieron las señas de la mano patovica y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra, o sea, en el “nou, itisen”, ¡pero qué diicee! Entonces, el patovica jefe dijo: “¿Cumbia, uón, otra vez se nos escapó?”. Y se las tomaron.
Entonces la zorra salió acompañada, porque las mujeres nunca salen solas del baño de mujeres, ¡pero qué diiice!. Al pasar por la puerta del boliche, le cortó el rostro al patovica; esté se cebó y le reprochó a ella porqué después de haberla salvado no le dijo “¡gracias, totales!, chan chaaan” (¡pero qué diiice!), a lo que la zorra-elgueta, que se llamaba así porque era una zorra-igueta sanjuanina, ¡pero qué diiice!, le respondió:
“Hombre malo, te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo”.
Moraleja: la zorra de Morales, se aleja, ¡pero qué diiice!
Moraleja: de nada sirve ir al gimnasio y tomar creatina si a la hora de enfrentar la verdad, la verdad te debilita. Dicho con palabras de doña Rosa, “entre lo dicho y lo hecho, hay mucho trecho”.
Al toque llegó la patota y uno de ellos le encaró al patovica: “¿Cumbia, uón?, ¿has visto a una bella zorra-igueta? ¡pero qué diiice!”. El patovica, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba el baño de mujeres donde la zorra-igueta se había escondido.
Los patoteros, al tener su mirada enceguecida en la zorra-igueta, no comprendieron las señas de la mano patovica y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra, o sea, en el “nou, itisen”, ¡pero qué diicee! Entonces, el patovica jefe dijo: “¿Cumbia, uón, otra vez se nos escapó?”. Y se las tomaron.
Entonces la zorra salió acompañada, porque las mujeres nunca salen solas del baño de mujeres, ¡pero qué diiice!. Al pasar por la puerta del boliche, le cortó el rostro al patovica; esté se cebó y le reprochó a ella porqué después de haberla salvado no le dijo “¡gracias, totales!, chan chaaan” (¡pero qué diiice!), a lo que la zorra-elgueta, que se llamaba así porque era una zorra-igueta sanjuanina, ¡pero qué diiice!, le respondió:
“Hombre malo, te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo”.
Moraleja: la zorra de Morales, se aleja, ¡pero qué diiice!
Moraleja: de nada sirve ir al gimnasio y tomar creatina si a la hora de enfrentar la verdad, la verdad te debilita. Dicho con palabras de doña Rosa, “entre lo dicho y lo hecho, hay mucho trecho”.
Okocha, la cucaracha condenada
Había una be-lla mariposa technicolor que dibujaba con sus alas el color del arco iris. Un día, se topó con una cucaracha triste. La mariposa le preguntó con su dulce voz, mariposota:
_ Oye, hombre malo, ¿os halláis sumergido en la tristeza?
_ Sí, todos se burlan de mí porque soy fanático de la UTN y escucho a Camilo Sexto.
_ ¡Pero qué diice! (dijo la mariposota)
Ante tal estupidez, la cucaracha confesó su verdad.
_ Amiga mariposona, ando saliendo con un camote.
_ ¿Y qué es un camote?
_ Es una batata triste y frustrada que si no levanta su ánimo lo van a hacer puré.
_ Llévale unas flores y una casita Yale _ le aconsejó la mariposona, sin ser consciente de que estaba condenando a muerte a la cucaracha.
Dos días después, cuando la mariposa se murió, San Pedro lo cazó cuando intentaba meterse en el Cielo.
_ Oye Mariposa, te di tres días de vida y mataste a una cucaracha. No mereces entrar en el Cielo _
_ Quizás si me dieras una oportunidad podría salvar la vida a una cucaracha y así reparar este error.
_ Buena idea, de ahora en más te llamarás Okocha, serás una cucaracha y tu misión será salvar al pueblo cucaracha de los insecticidas.
Dicho y hecho.
Okocha cerró los ojos y al abrirlos se encontró en medio de una cocina repleta de casitas Yale. Entonces dijo:
_ Antes de emprender mi misión dormiré una siestita en alguna de estas casitas.
Dicho y hecho. Apenas pisó la casita, Okocha quedó atrapado en la trampa y esta vez el veneno lo noqueó de una y para siempre.
Moraleja: Si dejas de lado tus metas, te meterás en una inocente condena.
_ Oye, hombre malo, ¿os halláis sumergido en la tristeza?
_ Sí, todos se burlan de mí porque soy fanático de la UTN y escucho a Camilo Sexto.
_ ¡Pero qué diice! (dijo la mariposota)
Ante tal estupidez, la cucaracha confesó su verdad.
_ Amiga mariposona, ando saliendo con un camote.
_ ¿Y qué es un camote?
_ Es una batata triste y frustrada que si no levanta su ánimo lo van a hacer puré.
_ Llévale unas flores y una casita Yale _ le aconsejó la mariposona, sin ser consciente de que estaba condenando a muerte a la cucaracha.
Dos días después, cuando la mariposa se murió, San Pedro lo cazó cuando intentaba meterse en el Cielo.
_ Oye Mariposa, te di tres días de vida y mataste a una cucaracha. No mereces entrar en el Cielo _
_ Quizás si me dieras una oportunidad podría salvar la vida a una cucaracha y así reparar este error.
_ Buena idea, de ahora en más te llamarás Okocha, serás una cucaracha y tu misión será salvar al pueblo cucaracha de los insecticidas.
Dicho y hecho.
Okocha cerró los ojos y al abrirlos se encontró en medio de una cocina repleta de casitas Yale. Entonces dijo:
_ Antes de emprender mi misión dormiré una siestita en alguna de estas casitas.
Dicho y hecho. Apenas pisó la casita, Okocha quedó atrapado en la trampa y esta vez el veneno lo noqueó de una y para siempre.
Moraleja: Si dejas de lado tus metas, te meterás en una inocente condena.
El piojo talentoso de Beethoven
Había una vez un niño que soñaba con la música pero no podía escucharla. Un día, a ese niño le picó una mosca, y sin saber hablar, le dijo: “a mí no me gusta la mosca, por lo tanto vete de mi piel, porque la mosca no está legitimada”.
Como en esa época los niños no se lavaban la cabeza, un día su mamá le puso una peluca igual a la que años después usaría George Washington y lo llevó al Palacio de Versailles, en París.
Cuando llegaron, el niño estaba tan sorprendido que quiso ir al baño. Pero resulta que el Palacio de Versailles nunca tuvo baño, porque la gente no se bañaba. Entonces fue a las escaleras y mientras hacía popó, un piojo se le subió a la cabeza y empezó a rascarlo.
_ Niño, siéntate en ese piano y demuéstrale a la nobleza que eres más talentoso que Charly García, cuando tenía 12 años y escuchó por primera vez a los Beatles _
El niño, ante la sorpresa de todos, empezó a tocar el piano.
“¡Es increíble!”, decían unos; “aunque no pueda sacar un disco, este niño va a hacer historia”, decían algunos más.
Su madre estaba tan orgullosa de él que decidió hacerle un retrato con esa peluca. Más tarde, cuando el piojo vio que no salía en ese retrato, se enojó con el niño: lo acusó de “aburrido” y comenzó a transmitirle partituras aburridas; pero como el niño ya había experimentado el rocanrrol de ese piojo, supo combinar con talento la música sinfónica con la pasión roquera y así fue que hizo de la música clásica una pasión de multitudes, para lo que era esa época.
En tanto, tuvieron que pasar seiscientos años para que el piojo pudiera crecer y sacar sus propios discos de rocanrrol.
MORALEJA: “Nene, si te rascás la cabeza, acuérdate que no es lo mismo una mosca que un piojo, porque gracias a los piojos existe el rock clásico”.
Colorín colorado, este cuento se ha acabado, y yo me rasco la cabeza, porque hace una semana que no me baño. ¡Pero qué diice!
Como en esa época los niños no se lavaban la cabeza, un día su mamá le puso una peluca igual a la que años después usaría George Washington y lo llevó al Palacio de Versailles, en París.
Cuando llegaron, el niño estaba tan sorprendido que quiso ir al baño. Pero resulta que el Palacio de Versailles nunca tuvo baño, porque la gente no se bañaba. Entonces fue a las escaleras y mientras hacía popó, un piojo se le subió a la cabeza y empezó a rascarlo.
_ Niño, siéntate en ese piano y demuéstrale a la nobleza que eres más talentoso que Charly García, cuando tenía 12 años y escuchó por primera vez a los Beatles _
El niño, ante la sorpresa de todos, empezó a tocar el piano.
“¡Es increíble!”, decían unos; “aunque no pueda sacar un disco, este niño va a hacer historia”, decían algunos más.
Su madre estaba tan orgullosa de él que decidió hacerle un retrato con esa peluca. Más tarde, cuando el piojo vio que no salía en ese retrato, se enojó con el niño: lo acusó de “aburrido” y comenzó a transmitirle partituras aburridas; pero como el niño ya había experimentado el rocanrrol de ese piojo, supo combinar con talento la música sinfónica con la pasión roquera y así fue que hizo de la música clásica una pasión de multitudes, para lo que era esa época.
En tanto, tuvieron que pasar seiscientos años para que el piojo pudiera crecer y sacar sus propios discos de rocanrrol.
MORALEJA: “Nene, si te rascás la cabeza, acuérdate que no es lo mismo una mosca que un piojo, porque gracias a los piojos existe el rock clásico”.
Colorín colorado, este cuento se ha acabado, y yo me rasco la cabeza, porque hace una semana que no me baño. ¡Pero qué diice!
Monótona felicidad
Título: “Monótona felicidad”. Había una vez, en un cibercafé, una bella adulta joven que jugaba con su computadora y se llamaba Poliana. Una tarde, el monitor de la PC se chupó a Poliana y así se convirtió en un víctima de mouse.
_ ¡Me persigue el mouse! ¡Eso no está legitimado! ¡Qué horror!_ chilló Poliana.
En tanto el mouse, junto al jostick y el teclado, perseguían a Poliana.
De repente, el teclado presionó una tecla no legitimada y Poliana, agobiada y extenuada, salió del monitor y regresó a la vida real. Cuando su mamá la vio, se dio cuenta de que ahora su hija hablaba en código binario, es decir, sólo la entendían las computadoras; dicho con otras palabras, los aparatos.
Así fue como Poliana tuvo la suerte de conocer a un aparato y enamorarse de ese aparato. Fue una noche en que él le dijo:
_ No sé tú, pero yo...
Y ella, en código binario, le respondió con el corazón:
_ Sí, sí, sí, no, no, no, sí, sí, sí, no, no, no _
_ ¡Oh!, eres la mujer indecisa de mi vida_
_ Sí, sí, sí, no, no, no _
Así fue como Poliana y Luis Miguel fueron felices y aburridos para toda la eternidad.
Moraleja: “si seguís chateando te vas a casar con un aparato”.
Colorín colorado, este cuento se ha acabado, y yo me voy al baño, porque ya me estoy ca..¡pero qué diicee!
_ ¡Me persigue el mouse! ¡Eso no está legitimado! ¡Qué horror!_ chilló Poliana.
En tanto el mouse, junto al jostick y el teclado, perseguían a Poliana.
De repente, el teclado presionó una tecla no legitimada y Poliana, agobiada y extenuada, salió del monitor y regresó a la vida real. Cuando su mamá la vio, se dio cuenta de que ahora su hija hablaba en código binario, es decir, sólo la entendían las computadoras; dicho con otras palabras, los aparatos.
Así fue como Poliana tuvo la suerte de conocer a un aparato y enamorarse de ese aparato. Fue una noche en que él le dijo:
_ No sé tú, pero yo...
Y ella, en código binario, le respondió con el corazón:
_ Sí, sí, sí, no, no, no, sí, sí, sí, no, no, no _
_ ¡Oh!, eres la mujer indecisa de mi vida_
_ Sí, sí, sí, no, no, no _
Así fue como Poliana y Luis Miguel fueron felices y aburridos para toda la eternidad.
Moraleja: “si seguís chateando te vas a casar con un aparato”.
Colorín colorado, este cuento se ha acabado, y yo me voy al baño, porque ya me estoy ca..¡pero qué diicee!





