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Relatos de Carmen y Víctor
carmenyvictor@sexxxo.com
Sindicación
 
La mejor masturbada de mi vida!
Me encontraba en una librería cuando sonó mi teléfono móvil. Era Laura, una amiga que estaba ofreciendo una despedida de soltera a una de sus amigas.
Me pidió que la visitara para pedirme un favor.

Llegué como a los 20 minutos, pues me encontraba relativamente cerca y no había mucho tráfico esa tarde.

En cuanto entré, las miradas de todas se posaron en mi cuerpo. Eso me extrañó, pues no soy un modelo profesional o un actor de cine. Soy un tipo completamente normal, delgado y en buen estado físico, pero completamente dentro del promedio.

Eran unas 25 chicas. Todas ex compañeras de Laura, de la universidad.

Después de un "Hola" general, se hizo un silencio total.
"Que pasa aquí", pensé.

Y así de la nada, Laura soltó:

- Queremos ver como te masturbas frente a nosotras.
- ¿Qué?!! De que demonios hablas?

Mi sorpresa fue tanta que todas comenzaron a reír.

- Eso, que queremos ver como te masturbas.
- ¿Pero como me pides eso? ¿Porqué? ¿No entiendo?...

Mi confusión era mayor cada vez.

- Mira, el stripper que contraté no llegó. Ya se nos acabaron los juegos y también se nos acabó el alcohol, así que ya te darás cuenta que queremos divertirnos. -Dijo. - Además, Tu eres muy abierto, y me debes varios favores. Me dijiste que si te presentaba a Verónica mi compañera del trabajo harías lo que yo quisiera, así que me estoy cobrando el favor.

Después de varios minutos de pensarlo, me dije "¿porqué no? Creo que me la voy a pasar fenomenal!"

- Está bien, pero necesito algo de alcohol yo también. Esto que me pides no es muy normal.

Me tomé un vaso de ron de un solo trago (necesitaba algo del valor que solo el licor puede dar en un momento como ese).

- ¿Y sabes que? -Dije, algo más decidido ya. - Necesito algo de motivación extra. Alguna de ustedes tiene que quitarse la blusa y la falda o el pantalón!
Tú Sonia. Siempre he tenido fascinación por tus senos. Y tú, Susana, tienes las mejores caderas y nalgas de todas!

- Estás loco! -Dijo Susana.
- Vaya, si voy a hacer mi espectáculo frente a todas, por lo menos ayuden en algo!
- Vamos Susana! Las animaban las demás.
- Está bien, pero comienza tú a hacer lo tuyo y nosotras te seguimos.

Me desabroché el pantalón y me bajé los boxers solo unos centímetros. Me sentía realmente extraño y apenado, pero esto ya había llegado al punto de no retorno.

Me senté en una de las sillas libres, saqué mi pene y comencé a masturbarme lentamente, frente a todas, pero seguía flácido. Realmente estaba muy nervioso, pero sentir las miradas de todas sobre mi pene hizo que comenzara a excitarme.

Todas comenzaron a corear que continuara y a aplaudir divertidas. La estaban pasando muy bien y yo estaba cada vez menos nervioso.

Por fin, Sonia se quitó lentamente la blusa, dejando un tremendo par de senos enmarcados en un sostén de media copa que los hacía verse más deseables de lo que hubiera podido imaginar.

Para entonces mi pene ya era una roca y yo ya estaba disfrutando del momento.

Me puse de pie para mirar más de cerca ese par de montes, símbolos de perfección, obras de arte y para no perderme detalle de los movimientos de Sonia al dirigir sus manos a su espalda y quitarse el sostén.

Al quitarse la prenda, estaba yo tan cerca de ella que percibí un leve temblor en sus senos al estar libres. Eso hizo que me elevara la temperatura aún más!

Me encontraba completamente embobado con sus senos cuando las voces de las demás me hicieron voltear. Susana se estaba bajando los pantalones!

Traía unas panties blancas increíbles y sus nalgas eran realmente muy, muy ricas!
Con los pantalones hasta los tobillos, se dio media vuelta dándome un espectáculo que jamás olvidaré! Ese par de nalgas que siempre me había imaginado como algo perfecto era mejor todavía!

Yo escuchaba los gritos de todas las chicas como algo muy lejano. Estaba completamente hipnotizado.

Para entonces ya mi mano iba de arriba a abajo cada vez más rápido. Mis huevos querían explotar por la excitación.

Las miradas de todas en mi pene hacía que me excitara más y más.
Para entonces mis pantalones ya estaban en mis tobillos y yo me encontraba hincado en el suelo, turnando la mirada de los senos de Sonia y sus pezones totalmente erectos, a las miradas de todas y a las nalgas de Susana.

Sazonaba mi excitación el saber que me estaba masturbando frente a tanta chica y mirar a cada una a los ojos, que los abrían cada vez más por su propia excitación era una experiencia tremenda!

Una de las chicas (no recuerdo cual), comenzó a quitarme la ropa y en un momento quedé completamente desnudo.

- Siii!! Adelante!! La animaban las demás.

Susana ya se había quitado las panties para entonces, pero seguía de espaldas. Por ningún motivo me iba a perder de la oportunidad de mirar a Susana semi desnuda de frente! Así que comencé a moverme en su dirección, pero la chica que había comenzado a quitarme la ropa minutos antes me detuvo.

Las manos de todas me tenían atrapado. Una me tenia agarrado del pecho, otra me sobaba las nalgas y otra más me apretaba los huevos!

Todas se estaban divirtiendo de lo lindo y yo más.

Sonia comenzó a apretar sus senos uno contra otro y Susana se agachó (siempre de espaldas a mi), aumentando el espectáculo visual 1000% La visión de su raja la tengo grabada en granito dentro de mi mente.

Eso fue demasiado. Una explosión de semen salió disparada, cayendo sobre la chica que tenia frente a mi.

Los gritos aumentaron. Era un desorden total el lugar.
Caí rendido en el suelo con mi pene apuntando aun al cielo.

Aunque yo había terminado (y rendido, por cierto), la diversión para ellas no iba a terminar aún.

- Quien quiere masturbarlo de nuevo! -Gritó Laura.
- Eh! Esperen! Estoy totalmente agotado!

Inmediatamente, el grupillo de cinco o seis de las chicas que eran de las más entusiastas se abalanzaron sobre mi pene para reiniciar la tarea.

No estaba seguro que mi equipo me fuera a funcionar con solo un par de minutos de descanso, pero la vista de Sonia, que seguía con los senos al aire, y de Susana, que se estaba bajando los pantalones de nuevo, me prendió, sorprendiéndome a mi mismo.

"Esta noche me voy a morir" - Pensé.

Cinco pares de manos se turnaban a masturbarme, a veces varias al mismo tiempo.
Estaban como locas. Los apretones a mis huevos, nalgas, abdomen y pecho me estaban volviendo loco.

Sin pensarlo dos veces, metí mis manos bajo la blusa de una de las chicas y me aferré a sus senos como si fuera una tabla de salvación. Con una sonrisa pícara, entrecerrando los ojos, volteando hacia arriba después y pasando su lengua por sus labios me dio a entender que fue la decisión correcta.

Sus pezones competían en dureza con mi pene, ahora revitalizado por muchas manos expertas.

Llegó Laura por detrás de ella y de un tirón le quitó la blusa. Yo no solté sus senos ni un segundo.
- Gracias! - Le dije a Laura, que me devolvió el agradecimiento guiñando un ojo.

Otra explosión llegó en ese momento. Volví a disparar una carga que cayo sobre alguna de ellas.

Hasta ahí llegué. Ya no podía más, pero había tenido los dos mejores orgasmos que pudiera recordar. Tenía que agradecerle a los dioses toda la vida por ello.

Todas la pasaron muy bien esa noche, yo me llevé una experiencia irrepetible y Laura se quedó satisfecha por haber dado una despedida de soltera que no iban a olvidar.

Solo volví a ver a Susana y a Laura y reímos recordando aquellos tiempos que nos divertíamos sin importarnos nada!

Víctor.
 
Fusionados uno contra el otro
Abro la puerta y ahí estás tu de nuevo.

Sin decir una sola palabra me empujas hacia atrás mientras cierras la puerta y me besas con pasión y fuerza.
Quedamos inmóviles unos segundos y mis manos comienzan a bajar hacia tus nalgas.

Mi pene presiona contra tu pubis. Estamos fusionados uno contra otro.

Tus dedos abren rápidamente tu blusa, dejando ante mi tus senos que se yerguen como desafiándome.

Tu mano entra a mi pantalón y busca mi sexo. Cierras tu mano con fuerza y con ello mi excitación aumenta más y más.

Unos segundos después y estamos totalmente desnudos.

Te doy media vuelta y te arrojo contra la cama, quedando tus nalgas ante mi.
Me cara se hunde unos segundos en tus nalgas y mi lengua comienza a subir lentamente por tu espalda hasta llegar a tu cuello.

Para entonces mi pene está entre tus nalgas ardiendo de placer.
Estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para no estallar de placer pues el movimiento de sube y baja que mi pene realiza en tus nalgas, desde tu espalda hasta tus piernas es como una tortura difícil de soportar.

Con un movimiento me detienes y te pones de pie.

Mi pene palpita con fuerza, mis huevos van a estallar, pidiendo ser descargados cuanto antes.

- Acuéstate en el suelo y ponte boca abajo.
Ordenas.

Me acuesto rápidamente sobre la alfombra, esperando…

Siento tu aliento en mi espalda y nalgas.
Me muevo como una serpiente, sudando, con el mínimo control sobre mi cuerpo.

Mi pene, que roza contra la alfombra no puede más.

Ahora estás de pie. Con tu pie desnudo, me abres las piernas lentamente, dejando mi pene y testículos expuestos ante ti.
Comienzas a subir tu pie por la parte interna de mis piernas, acariciando lentamente en su lento trayecto hacia mis genitales.

Mi pene no puede estar más excitado. Un delicioso dolor recorre mis testículos y mi pene deja escapar una pequeña gota de semen, como preámbulo al placer que le espera.

Tu pie llega a mis huevos y comienza a acariciarlos lentamente.
Mi pene está entre la alfombra y tu pie. Entre el cielo y el infierno.

Comienzas a presionar mis huevos poco a poco. El dolor comienza a apoderarse de ellos. Mis dedos de las manos se hunden en la alfombra. Un quejido de dolor y placer escapa de mi garganta.

El dolor es insoportable pero no quiero que termine.

Mueves tu pie de un lado para otro.
La presión castiga mis testículos pero da un tremendo placer a mi pene. Es demasiado para mi.

Pido más y como en respuesta, tu pie presiona fuertemente cuando pensaba que ya no podría aguantar.

De repente te detienes y me volteas boca arriba.

Mi pene está como una roca.

Ahora tu sexo, completamente mojado es el que desciende hacia mi pene, que lentamente penetra en el.
De nuevo, del infierno al cielo.

Estás tan mojada que entro fácilmente, y comienzas ese movimiento de sube y baja, lento, muy lento.

Por momentos te inclinas hacia mi y tus senos que piden ser besados y mordidos llegan a mi boca.
Mi lengua trabaja rápidamente. Tus pezones marcan una línea de fuego en mi cara.
Los succiono y los muerdo con desesperación.

Nuestros movimientos perfectamente coordinados duran una eternidad hasta que un gemido fuerte y largo sale de tu garganta.

Tu mano derecha sobre mi cuello, la izquierda apretando fuertemente tu seno derecho.
Estás estallando como nunca y en ese momento siento que viene….

Y llega como una fuerte explosión. Un orgasmo que dura toda una vida. Parece que no acaba nunca.
Por unos segundos, todo lo que está alrededor ya no existe.

Siento que es un río lo que estoy traspasándote y siento tu cuerpo recibiendo mi energía con fuerza.

Después el silencio. No se escucha nada por quince o veinte minutos… hasta que nuestros cuerpos piden de nuevo el placer.

Víctor.
 
El supermercado
El supermercado estaba abarrotado de gente, así que cuando terminé de hacer mis compras y me dirigí a las cajas de pago me quedé de una pieza al ver las largas filas de gente que esperaban turno para pagar.

Eso me llevaría más de media hora, por lo que comencé a recorrer las filas, esperando encontrar una con el menor número de gente posible.

Habría recorrido ocho o diez filas y en una de las más largas se encontraba una chica que me llamó la atención, primero por su aire despreocupado (no reflejaba la tensión en la cara que los demás traíamos) y segundo por su físico. Al acercarme y formarme tras ella, su físico pasó a primer lugar.

Observándola más de cerca me di cuenta que no era su físico lo que me atrajo de ella (aunque era bastante atractiva y bien formada).

Aunque no era una diosa del cine, era una mujer diferente al común, de aproximadamente 1.75, delgada, busto pequeño pero deliciosamente redondo, cintura tan estrecha que parecía que se iba a romper y unas piernas eternamente largas.

Emanaba sexualidad. No era su físico, sino ella en sí lo que me atraía.

En segundos, la situación en la tienda desapareció de mi mente, pues estaba totalmente concentrado en esta mujer.

Lentamente dio media vuelta hacia mi, inclinó su cuerpo sobre mi carrito de compras, estiró su brazo para tomar una de las revistas de modas que se encuentran en las cajas y rompiendo la distancia que había entre nosotros se acercó a pocos centímetros de mi cara, dejándome apreciar el perfume natural que emanaba de ella.

Me miró por unos segundos y me sonrió tímidamente.

Al tomar la revista, se quedó en esa posición por un instante y mi respiración se hizo más pesada pues al estar inclinada, una parte de sus senos se mostraban por la parte superior de su blusa.

Una inevitable erección que en pocos segundos sería muy visible comenzó a elevar mi temperatura, misma que se acentuó más al darme cuenta que me estaba mirando fijamente a los ojos mientras que yo me sumergía en su escote.

Sentí el leve rubor de mi cara que se multiplicó cuando me di cuenta que estaba sonriéndome de nuevo.

Ya con la revista en sus manos, se dio media vuelta dándome la espalda y comenzó a leerla despreocupadamente, mientas mis ojos se clavaban en sus nalgas y la maravillosa curva de su derriere y cintura.

Un movimiento totalmente involuntario me llevó a rodear mi carrito de compras y a pararme detrás de ella, ya sin el carrito entre nosotros.

La verdad no se porqué lo hice. La lógica me decía que me iba a meter en problemas. Mi naturaleza decía que no importaba.

Ella no se movió un centímetro y al oler de nuevo el perfume que emanaba de ella, me acerqué a su cuello, cerré los ojos y un momento después sentí su cabello sobre mi mejilla.
¡Me había acercado demasiado! ¡Tenía que retirarme, pero no podía!
En vez de ello, mi excitación aumentó, mi respiración se hizo más pesada y, esperando, sin esperar una reacción negativa de ella (pues no quería que sucediera), cual fue mi sorpresa cuando comenzó a moverse hacia atrás, hacia mi, muy lentamente.

Durante algunos segundos, que me parecieron una eternidad, sus nalgas disminuían la distancia que las separaban de mi pene.

“No me puede estar pasando esto”, pensé, esperando el momento, que tal vez no llegaría, de sentirla.
Mi pene era detenido por mi pantalón en su deseo de llegar a sus nalgas.

Se detuvo a un milímetro mío. Yo aguantaba la respiración.
Imperceptible, pero al borrar el último milímetro y juntar nuestros cuerpos, mi temperatura subió a mil grados centígrados y un leve jadeo salió de mi garganta.

Noté una leve transpiración en ella y mi instinto animal se volcó en mayor excitación cuando me llegó su olor a sexo.

La presión de sus nalgas contra mi sexo me producía una sensación totalmente nueva. Era como si estuviera redescubriendo lo que es el sexo.

Movió sus caderas de un lado a otro, muy pocos milímetros, como acomodando mi pene en medio de sus nalgas y ahora ella fue la que emitió un sonido ronco, muy bajo, muy sexual. Aún hoy, no he podido olvidarlo.

Mi erección era dolorosa, muy dolorosa. Tanto, que el placer que esto me provocaba me hizo olvidar en donde me encontraba.

De repente y sin aviso, la cajera le dijo que podía avanzar.
“Avance, por favor!”.
Parecía que ya lo había pedido antes, pero los dos estábamos fuera del sitio en ese momento.

Ella avanzó hacia la caja. En ese momento regresé a la realidad y miré a mi alrededor. Nadie parecía haberse dado cuenta de lo que había ocurrido.

Yo no lograba moverme del sitio en el que me encontraba.

En cuanto tocó mi turno, ella caminó hacia la salida, volteó a verme e hicimos un contacto cómplice.
Me es imposible describir lo que ambos nos transmitimos y la forma en que nos miramos.

Siguió caminando hasta desaparecer por la salida.

“¿Encontró todo lo que buscaba?” Me preguntó la cajera antes de comenzar a cobrar.

“Más de lo que esperaba” Le contesté sonriendo.

Víctor.
 
El mejor negocio de mi vida
En mi último viaje de trabajo cerré un buen negocio con grandes ganancias para la compañía para la cual trabajo.
Las utilidades para mi cliente también fueron enormes de modo que mi comisión por la venta era bastante buena.
Con esta operación podría retirarme, si lo quisiera, por lo menos un año sin trabajar (cosa que no haría, por supuesto).

Mi cliente, Esteban, dueño de la compañía me invitó unos tragos y me comentó que en agradecimiento me enviaría un regalo sorpresa.

- ¿En que hotel te hospedas?

La pregunta me llenó de curiosidad, pues no me imaginaba que es lo que podía enviarme.

Obviamente no me enviaría dinero, pues estaría fuera de las políticas.

Esa noche, ya en el hotel, me metí al jacuzzi, me puse una toalla pequeña en los ojos y me recosté durante una hora. Luego me di una ducha tibia y me preparé para dormir, pues mi vuelo de regreso salía a la una de la tarde, dándome tiempo a hacer algunos pendientes por la mañana antes de volver.

Me acosté y tendría unos quince o veinte minutos dormido cuando tocaron a la puerta.

Me levanté y abrí la puerta asomando solo la cabeza, pues vestía solamente unos boxers.

Vi a un par de chicas hermosísimas que vestían un traje sastre pantalón.

Lo primero que pensé es que eran ejecutivas del hotel, pero no supe que decir.

- Nos manda Esteban. Somos tu regalo.

Abrieron la puerta y entraron como si nada.

- Mi nombre es Bárbara y ella es Mónica.

Bárbara, pelo rubio (seguramente pintado), medía un metro 75cms aproximadamente, piel blanca, senos medianos y perfectos, cintura breve y unas nalgas de calendario.

Mónica por su parte, no menos perfecta que su compañera, medía unos cinco o siete centímetros menos. Largo pelo negro y medidas perfectas.

Me llevaron hasta la cama, me sentaron en la orilla y comenzaron a desnudarse lentamente.

Me encontraba como hipnotizado.
Una a una, las prendas de ambas fueron cayerdo despacio, sin prisa.

Una fuerte erección luchaba por salir de mis boxers.

Casi me corrí cuando comenzaron a quitarse su ropa interior. Lencería de marca que realzaba sus formas hasta la perfección.

Bárbara se acercó a mi, me tomó de las manos e hizo que me pusiera de pie.

Mónica se acostó en la cama con la cabeza hacia afuera y comenzó a estirarse como una gata en celo.
Pasaba sus manos por todo su cuerpo, dándose placer ella misma y a mis ojos.

Bárbara se acercó a ella y comenzaron a besarse de una forma que me hizo dudar que esto no fuera un sueño.

A continuación, lentamente Bárbara se puso sobre ella, poniendo sus piernas alrededor de la cara de Mónica, se inclinó hasta que su cara se perdió entre las piernas de su compañera. ¡Un 69 perfecto!

En esa postura, las caderas de Bárbara se abrieron ante mi en un espectáculo digno de fotografía.

No podía ni parpadear. Me quité los boxers rápidamente y me acerqué a las nalgas de Bárbara.
Las estrujé entre mis manos y suavemente acerqué mi pene, que para entonces, pedía entrar en la vagina expuesta de Bárbara.

Esto era un sueño.
Me encontraba de pie al lado de la cama.
Mónica acostada sobre su espalda sobre la cama, con su cabeza entre mis piernas.
Bárbara a "cuatro patas", sobre Mónica. La cara de Bárbara hundida entre las piernas de Mónica.

Los gemidos de ambas que hacían que no existiera otro sonido en el mundo.

La punta de mi pene acariciaba la línea de las nalgas de Bárbara lentamente. Arriba y abajo, una y otra vez. Era como fuego para mi.
Sin poder contenerme, toqué con la punta sus labios y la comencé a penetrar lentamente iniciando un movimiento lento.

De repente, la lengua de Mónica comenzó a jugar con mis testículos.
¡Ahora si me encontraba en el cielo!

Estuvimos así unos dos o tres minutos.
Me movía lentamente para no venirme y alargar el momento hasta la eternidad.

Me salí de Bárbara, hice que se pusiera de pie y le pedí a Mónica que se diera la vuelta totalmente. Ahora hacia abajo y con la cabeza hacia la parte delantera de la cama.

Ahora tenía a Mónica boca abajo, sus piernas afuera de la cama y su sexo listo para ser invadido por mi pene, sediento de más sexo.

Hice que Bárbara se acostara arriba de Mónica, en la misma posición. Tenía los dos mejores culos del mundo uno arriba del otro.
El sexo de una a unos centímetros del sexo de la otra!

Penetré de nuevo a Bárbara y me mantuve dentro de ella unos 30 o 40 segundos, con el mismo ritmo anterior. Lento, muy lento. No quería que terminara nunca.

Me salí de Bárbara y entré en Mónica. De nuevo 30 o 40 segundos en un movimiento de ida y vuelta que me daba el mayor placer jamás experimentado.

De Mónica a Bárbara. De Bárbara a Mónica. ¡Mis huevos iban a estallar de placer!

Bárbara, con una voz como ronroneando me ordenó:
- No te vayas a venir. Espera!

Haciéndome hacia atrás, se puso de pie, puso sus manos sobre mis hombros y me sentó en la orilla de la cama.
Se sentaron en el suelo las dos. Sus manos en mis rodillas.

Bárbara acercó su boca hasta mi pene y su lengua comenzó a dar vueltas alrededor de mi glande.
¡Mi corazón aceleró su ritmo al doble!

Mi pene entró totalmente en su boca. Arriba y abajo, lentamente. Su lengua pasaba por mi pene como si fuera un cono de helado.

Me estaba volviendo loco. Cerré mis ojos y apreté mis dientes tratando de detener el orgasmo que sentía venir, cuando de repente detuvo su movimiento y dos segundos después una boca nueva se hizo cargo de mi miembro.

Mientras Mónica comenzaba su labor, Bárbara pasaba su lengua por la parte interna de mis piernas.

Eso fue demasiado. Ambas sintieron que mi orgasmo era inminente, de modo que Mónica se retiró unos centímetros, tomó mi pene entre sus dos manos y el primero de cuatro o cinco potentes chorros de semen voló hasta caer en las piernas de ambas.

Sentía mis ojos salir de sus órbitas. El placer era indescriptible. Un largo gemido salió de mis pulmones como punto final a tanto placer.

Me dejé caer sobre mi espalda y me subí hasta la parte alta de la cama.
Mónica me tapó con las mantas y me dio un largo beso.

Se vistieron lentamente y salieron de la habitación sin hacer ruido.

Dormí hasta las 11:00 de la mañana, dos horas antes de mi vuelo de regreso!

Llegué a tiempo al aeropuerto a pesar del apuro.
Durante el vuelo me dormí de nuevo, con una sonrisa de satisfacción por un buen negocio y un buen final.

Víctor.
 
Fusionados
Todo era silencio, me encontraba sola, no sabía a qué hora estaría él de regreso. Había tenido que salir de emergencia. Yo, en lo único que pensaba era en tenerlo a mi lado. El deseo me estaba consumiendo.

Casi medianoche, pensé en esperarlo acostada, me desvestía cuando escuché el ruido del auto. Todos mis sentidos se agudizaron, rápidamente volví a ponerme la blusa, sin nada abajo. Me asomé para verlo desde la ventana de la recámara. Como si se tratara de una presa mis ojos seguían todos sus movimientos, se aflojó la corbata, su cuerpo hermoso, flexible se adivinaba a través de la camisa, sus movimientos eran pausados y ágiles al mismo tiempo.

Tomó algunos documentos, cerró la puerta del auto y entró a la casa. Logré contener mi respiración agitada.

Al entrar su aroma tan deliciosamente conocido pareció inundar la habitación. Sin decir palabra lo abracé, empujé la puerta, lo besé apasionadamente, sus labios se abrieron, sentía el roce de su bigote, mientras más me raspaba su barba más me excitaba. Me pegué más contra su cuerpo, sus manos acariciaban mis nalgas con fuerza mientras su pene endurecido se frotaba salvajemente contra mi pubis. Un pequeño grito de dolor y de placer salió de mi garganta, eché mi cabeza hacia atrás abriéndome la blusa. Mis senos saltaron atrapando su mirada, mi mano bajó hasta tocar su pene durísimo, bajé el cierre, toqué su piel suavecita, lo sentí palpitar entre mis dedos, lo apreté con fuerza como para retenerlo, un estremecimiento subió por mis piernas, mis sienes latían de deseo, me quité la blusa, el aventó los zapatos, le ayudé a despojarse de la camisa y el pantalón.

Estabamos desnudos. Nos abrazamos nuevamente me apreté contra su tórax, sentí sus vellos rozar mis senos, sin decir nada me empujo sobre la cama boca abajo, sentí su aliento caliente recorrer mis nalgas, me sentí derretir de placer cuando su lengua lentamente subía por el hueco de mi espalda para detenerse en mi nuca, mis nalgas se movían mientras su pene ardiente, húmedo, se metía entre ellas para luego subir y bajar humedeciendo mi espalda, mis piernas, de nuevo mis nalgas, yo enloquecía de placer, gemía pidiéndole que no parara, que me dejara ir su pene ya hasta el fondo.

Noté que él estaba conteniéndose para no estallar. Me quedé inmóvil, de pronto, me levanté desconcertándolo un poquito, su pene parecía tener vida propia, estaba tan duro que podía ver como palpitaban sus venas. Quería sentirlo entre las piernas, sin embargo me contuve también, le ordené que se acostara sobre la alfombra. Entonces empecé a restregarme contra su espalda, mientras mi aliento la recorría, mi pubis se ensañaba con sus nalgas que me hacían arder de deseo. Me puse de pie, él se colocó boca arriba, me agaché para abrir sus piernas. Su pene y sus testículos estaban ante mi en todo su esplendor, acaricié el interior de sus piernas con mi pie desnudo hasta llegar a sus genitales. Oh, qué delicia cuando mi pie tocó sus testículos, los recorrí lentamente, para después apretarlos cada vez con más fuerza. Ahhhh, gemía él debatiéndose entre el dolor y el placer que estaba sintiendo.

Mi pie no dejaba de hacer su deliciosa tortura, se movía de un lado a otro presionando más y más, no quería detenerme, pero no podía más. Me detuve, abrí mis piernas dejándome caer sobre su pene que parecía de piedra, comencé a moverme de arriba a abajo, luego mi movimiento se hizo circular, mientras mis músculos vaginales se contraían para apretarlo, en momentos me inclinaba para que mis senos rozaran sus labios, él pasaba su lengua rápidamente volviéndome loca de placer, a ratos los mordía o los succionaba con fuerza, mientras sus manos recorrían mi espalda, mis nalgas o se cerraban en mi cintura. Nos movíamos como si fuésemos uno solo.

En momentos nuestros ojos se encontraban, su mirada penetraba también mi cerebro hasta apoderarse totalmente de mí. Un gritó escapó de mi garganta, mi amor, mi amor, ya no puedo más. Mi cabeza se inclinó ligeramente hacia atrás, mi cuerpo se arqueó levemente mientras mi pubis chocaba literalmente contra el suyo. El intenso orgasmo que inició en mi vagina recorría todo mi cuerpo que iba aflojándose lentamente mientras contenía la respiración, sentí sus contracciones, sentí como su semen caliente me inundaba, como escurría deliciosamente entre mis piernas como si fuese un río que se desborda.

Nuestros cuerpos se relajaron, nos miramos a los ojos, lo besé suavecito, nos abrazamos.........

Carmen
 
El control de la televisión
Cuando miramos la TV, siempre queremos tener el control remoto.
Algún sabio dijo alguna vez que si quieres hacer feliz a un hombre en la cama dale el control de la televisión.

Margarita, mi novia deja el mismo canal durante horas (con todo y comerciales) y a mi me gusta cambiar canales todo el tiempo (puedo ver un noticiero, una película y un documental al mismo tiempo, cambiando de un canal al otro una y otra vez).
Siempre peleamos (nunca en serio por supuesto) por el control remoto.

Hace unos días, llegué a casa y Margarita estaba en cama, medio dormida, mientras en la TV había un programa de decoración.
Vestía ella un vestido de verano muy ligero, que le llegaba a los muslos y sin más ropa interior que unas panties blancas. Todos los pensamientos del trabajo que tenía en la cabeza se esfumaron con esa visión!

Después de ponerme ropa suelta y cómoda, me acosté a su lado haciendo el menor ruido posible y tomé el control remoto para cambiar de canal.

De repente y sin aviso, Margarita me arrebata el control de la TV.
- ¿Qué haces? Le pregunté, al tiempo que me lancé sobre ella para quitarle el control.
- Tendrás que quitarme el control si quieres cambiar de canal. Contestó riendo.

Apretó el control con las dos manos, lo pegó a su abdomen y giró hasta quedar arriba de el, cubriéndolo con el cuerpo.

Me fui sobre ella y quedando mi pecho contra su espalda y mis manos buscando debajo de su cuerpo.
Estuvimos forcejeando solo unos segundos, pero el contacto de mi pene con sus nalgas me provocó una erección de inmediato.

Ataqué tomándole fuertemente un seno con mi mano derecha y pasándole mi lengua por su oído izquierdo (eso la excita sobremanera).

- Eso es trampa! Replicó.

Se impulsó hacia atrás con codos y rodillas y dimos media vuelta hasta quedar yo debajo de ella. Claro, mi mano derecha nunca soltó su seno, pero la izquierda la disparé rápidamente debajo de su vestido en un movimiento que hubiera sido la envidia de Mac Arthur.

- Espera! Vas a romper mi vestido y es nuevo. Permite que me lo quite.

Se puso de pie (sin soltar el control, por supuesto) y con un movimiento rápido pasó el vestido por su cabeza, quedando solo con sus panties (no traía sostén).

Se lanzó de nuevo sobre la cama y yo segundos más tarde pues me había quitado toda la ropa.

Quedamos en la misma posición inicial. Ella boca abajo y yo sobre ella, con mi pene ahora si, directamente entre sus nalgas y con una erección más fuerte que la anterior.

No parábamos de reír, pero tampoco de excitarnos cada vez más.

Volví a mi ataque inicial de apretar fuertemente uno de sus senos, cuando sin aviso, pasó su mano derecha hacia atrás y agarró mis huevos con fuerza. Pocas cosas me excitan como eso!. Comenzó a estrujarlos y apretarlos y un dolorcillo delicioso venia a mi una y otra vez.

- Con que a esas vamos eh?. le dije.

Y zafándome en un movimiento rápido, tomé sus piernas, le di la vuelta a ella y hundí mi cabeza entre sus piernas, haciendo a un lado su ropa interior y metiendo mi lengua en su sexo violentamente.

Un gemido de placer, largo y profundo se dejó oír al otro lado de la cama. Sabia que ese era un movimiento maestro y con eso ganaría la batalla. Y sin dejar de trabajar con mi boca, solo tuve que estirar la mano y ella, obedientemente me entregó el control.

Unos minutos después tuvo un orgasmo que le crispó hasta los dedos de los pies.

Me puse sobre ella en actitud triunfal, pero lo que venía le daría una vuelta a las acciones.

Sin dejar de mirarme fijamente, se quitó sus panties lentamente, pasó su lengua por sus labios, me tumbó de espaldas y con su lengua comenzó a recorrer mi cuerpo desde mi cuello hasta mi pene, en donde se detuvo un buen rato.

Comenzó a lamer la punta en círculos metiéndoselo hasta la mitad y chupándolo con un movimiento muy lento.
Con su mano derecha apretaba y jugaba con mis testículos.

Repitió el mismo movimiento una y otra vez.
Estaba a punto de venirme y ella lo sabía, por lo que detuvo su movimiento, se sentó sobre mi e hizo el ademán de irse de la cama. La detuve de un brazo y me le quedé mirando fijamente.

Ella sonrió, estiró su mano, le entregué el control de nuevo y regresé al cielo. Su lengua se puso a trabajar otra vez.

Segundos antes de venirme, se detuvo, se puso sobre mi y la penetré lentamente, comenzando un suave y muy lento movimiento arriba y abajo.

Mis manos iban de sus senos a sus nalgas. Sus manos iban de mi pecho a mi cuello. El control remoto ni idea en donde estaba.

Esa tarde no vimos televisión.

Víctor.
 
Despertándote
Aun estaba oscuro, desperté, él estaba profundamente dormido. Sentí su delicioso calor, puse mi mano sobre su pecho que subía y bajaba acompasadamente, sentí el latir de su corazón, mi mano bajó lentamente acariciando su tórax, su vientre, hasta llegar a su sexo. Su pene estaba erecto, durísimo. Qué estaría soñando ? Sea lo que fuere, quise compartirlo con él.

Lentamente me deslicé entre las sábanas, comienzo a chupar su pene húmedo, mi lengua se ensaña con su glande y mis labios estrechan rítmicamente su dureza. Estoy excitadísima. Su aroma me vuelve loca, froto mi cara entre sus vellos, aspiro, sigo chupando, atrapo sus testículos en mi boca, los suelto, voy al glande que disfruto golosamente.

No logro controlarme, doy vuelta y mi vagina se frota contra su cara, siento su bigote, su barba incipiente roza mis nalgas y su lengua me penetra suavemente, estoy mojadísma, su lengua me ataca con fuerza, sus dientes mordisquean mi clítoris que se expande, se hincha, froto mis nalgas contra su cara, su nariz se mete entre ellas, lo siento aspirar mi aroma, gimo de placer sin soltar su pene durísimo, los siento chocar contra mi paladar, contra mi garganta, me llena, entra, sale, lo estoy disfrutando al máximo.

Una conocida sensación me invade, tenso un poquito mis piernas, las aprieto con su cara en medio, suelto su pene mientras las violentas contracciones de mi vagina estremecen todo mi cuerpo.

Reacciono rápidamente para tomar de nuevo su pene con mi boca, como si penetrara mi vagina, empuja una y otra vez, siento sus venas hinchadas, de pronto el primer chorro llega a mi garganta, siento como viene el segundo, otro y otro. Trago su semen, succiono para no dejar la mínima gota. Mi cuerpo vuelve a tomar su lugar junto a él.

Lo beso, con mi boca con sabor a semen, restriego mi nariz contra la suya, reímos bajito, nos abrazamos. Estoy exhausta, satisfecha. En segundos quedé dormida.

Debe haber transcurrido poco tiempo cuando sentí ahora su cara entre mis piernas, mi clítoris estaba muy sensible, abrí las piernas doblándolas ligeramente dando lugar a que hundiera su cara en mi sexo empapado, su lengua experta entraba, salía, se recreaba en mi vagina nuevamente se acercaba, grité, un orgasmo intenso, larguísimo me hacía estremecer de placer, perdí la noción de todo lo que me rodeaba, temblaba inconteniblemente mientras algunas lágrimas brotaban de mis ojos.

Me invadió una deliciosa sensación, la satisfacción me envolvía, acercó su cara a la mía, reconocí su aroma en su boca, en su bigote, miré sus ojos, el deseo se reflejaba en ellos y sonreí. Sin mediar palabra, me puso boca abajo, levantó ligeramente mis caderas y me penetró con mucha fuerza, sentí su pene durísmo, me causaba dolor y al mismo tiempo un placer enorme, grité 'cariño, mi amor, no te detengas, dame más, te quiero todo dentro de mi', mientras él golpeaba mis nalgas violentamente con sus caderas y sus testículos.

Metí mi mano entre mis piernas, su pene estaba totalmente dentro de mí, tomé sus testículos entre mis dedos agachándome más, los apreté con fuerza una y otra vez entre mi mano que en momentos iba un poco más atrás para tratar de tocar la abertura entre sus nalgas.

Apretaba frenéticamente sus testículos, me daba cuenta que estaba gozando, quería devolverle el placer que me estaba dando, quería hacerlo explotar, una y otra vez. Recuerdo mi voz, mi amor, cariño, los tienes riquísimos, dame más, no te detengas, mi vida, dame con fuerza, quiero sentirte hasta el fondo !!!!

Pareció detenerse un unos segundos cuando empecé a sentir las contracciones dentro de mi, su pene resbalaba deliciosamente con la mezcla de nuestros jugos en mi vagina, mi orgasmo vino segundos después. Nuestro cuerpos comenzaron a aflojarse, salió para tenderse rendido sobre la cama, igual yo, nos besamos y olvidándonos de todo nos quedamos profundamente dormidos.

Carmen
 
Despertándote
Son las 6 de la mañana. Me encuentro profundamente dormido y a esa hora, como es habitual, traigo una erección bastante fuerte.

Estoy soñando con algo del mar, mujeres, sol…. algo así.

De repente, comienzo a sentir un gran placer, sin saber exactamente de donde viene.
Sin estar totalmente despierto, identifico su cálido aliento en mi pene y segundos después, su lengua haciendo círculos en mi glande.

Si no era biológicamente posible tener una erección más fuerte que la que tenía, entonces tendrían que rescribir lo aprendido, pues ante tanto placer, para entonces todos mis sentidos estaban en éxtasis y mi pene más duro que nunca.

No había abierto los ojos aún, pero un conocido aroma me llegó e inmediatamente después y sentí su vello púbico sobre mi boca.
Mi lengua comenzó a penetrarla primero con movimientos suaves, pero después más fuertes.
Sus nalgas cubrían mi cara y su sexo inundaba mi boca.

Suavemente le mordisqueaba el clítoris, ya inflamado de placer, mientras gemía por el placer que yo estaba recibiendo.

Estaba tan concentrado en mi nueva tarea, que no me di cuenta que mi pene estaba totalmente dentro de su boca y al sentir el tope de su paladar contra mi glande, lancé una exclamación que le envió ondas de placer a lo más profundo de su vagina.

Ella no tardo en llegar a un orgasmo, y mientras duró este, levantó su cabeza dejando a mi pene pidiendo mas placer.
Parecía como si tuviera una erección tan fuerte solo para alcanzar su boca de nuevo.

Después de un grito y una exhalación de placer, mi pene recibió el premio a tan maravilloso orgasmo y entre juegos de su lengua y su movimiento de arriba abajo sentí llegar la inminente explosión. El último segundo fue eterno y un potente chorro de semen salió disparado contra su paladar. Luego un segundo, más fuerte que el anterior, un tercero, cuarto…..

Nos quedamos tendidos uno al lado del otro, totalmente rendidos al placer. Ella se quedó dormida al instante.
Mi erección bajo solo un poco y no habían transcurrido ni cinco minutos cuando me tocó despertarla de nuevo, hundiéndome mi cara entre sus piernas y repitiendo la misma dosis de placer.

De nuevo mi pene estaba totalmente firme y reestablecido para la batalla.
Mi lengua y dientes recorrieron todos los rincones de su sexo, que seguía empapado de la primera vez.

No tardó en llegar otro orgasmo, tal vez más fuerte que el primero y arqueando su espalda y clavando sus uñas contra el colchón, como una gata en celo, se corrió dando un grito más fuerte aun.

Una sonrisa de satisfacción marcaba su cara. Pero esto no había terminado, así que violentamente le di media vuelta, poniéndola boca abajo, jalé sus caderas hacia mi, quedando su cara contra la almohada y sus caderas más abiertas que nunca.

Con la poca luz que había, alcancé a ver su sexo, enmarcado entre sus nalgas y un instinto animal me llevó a meter mi pene con fuerza.
Ante tan violenta entrada, una exclamación de placer que duró varios segundos salió de su garganta y comencé un fuerte embate entrando con fuerza y casi saliendo de ella para volver a entrar, una y otra vez.

Sus nalgas temblaban con cada embestida lo cual me excitó aun mas, sus dientes mordían la almohada con fuerza y sus uñas de nuevo se clavaban en las sábanas.
A cada entrada, emitía una exclamación, su cara tenía un gesto de dolor, pero no dejaba de repetir “no pares, no te detengas, más fuerte!”.

Pasó una mano entre sus piernas y tomó con fuerza mis testículos, que hasta ese entonces golpeaban una y otra vez sus nalgas. Cerró sus dedos con fuerza, hasta que comencé a sentir un brutal dolor, tan intenso que superaba cualquier rango de placer. Eso era la gloria.

Mi pene daba y pedía más placer. Su sexo, hinchado y húmedo era saciado una y otra vez. Mis testículos pedían más presión.

Un orgasmo, más fuerte aún que el primero de la mañana, me sacudió hasta lo más profundo de mi cerebro y mi semen la llenaba con cada eyaculación… tres, cuatro y cinco veces.

Nos quedamos unos segundos sin movernos, Salí de ella y caí rendido. Nos quedamos dormidos hasta las 11:00 de la mañana. Lo demás no importaba. Solo nosotros dos.

Víctor.
 
Me encanta el ballbusting (I)
Por fin terminé mis estudios. Ahora sí podría darme el gusto de trabajar en alguna empresa de prestigio donde pusiera en práctica mis conocimientos e inclinaciones periodísticas. Consulté diarios, busqué en la red, me presenté en las oficinas de los periódicos y revistas más connotados de la ciudad para no pasar siquiera de la recepción. Sencillamente en ningún lugar había vacantes. Sólo me quedaba pendiente acudir a la dirección de una conocida revista para caballeros. La había dejado al último por no considerarla acorde con mis intereses, aun así, decidí intentarlo.

Al llegar a la recepción había unas ocho chicas esperando ser entrevistadas, di mis datos, me asignaron un número y me dispuse a esperar. Al llegar mi turno, pasé a una elegante oficina donde un hombre muy cortés me hizo algunas preguntas para luego solicitar mi documentación y fotografías. Amablemente las entregué. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me di cuenta de que se trataba de una selección de las modelos que aparecerían desnudas en el número del mes de septiembre.

Expliqué a mi interlocutor que se trataba de una confusión y demás. Bueno, me dijo, siendo así, lo único que tenemos ahora es una investigación sobre ballbusting, la persona encargada ha tenido un problema familiar, como ya tenemos el espacio asignado en la revista del mes próximo, tal vez Usted pueda llevarla a cabo, obviamente es a prueba, si nos agrada su trabajo tal vez la podamos contratar, seguramente sabe de qué se trata la técnica del ballbusting.

No tenía la mínima idea sobre el tema, sin embargo 'algo' me impulsó a decir que sí. Entonces pase con mi secretaria, dijo, ella le dará toda la información que requiera y la fecha de entrega del trabajo a la revista.

De inmediato me di a la tarea de investigar sobre el tema. Entonces supe que se trata de una práctica sexual en la que se golpean los testículos de la pareja para que el dolor, en esa zona tan sensible, incremente el placer del hombre. Me pareció algo muy excitante, sentí cierta humedad entre mis piernas de imaginarlo. Seguí buscando hasta dar con un relato muy breve sobre el tema, para mi fortuna mencionaba que el autor era de mi misma ciudad y aparecía una dirección electrónica.

Escribí solicitando una entrevista con él. Tres días después llegó la respuesta. Me esperaba esa misma tarde en un Café muy famoso de Polanco. El lugar, decorado con muy buen gusto, era bastante cómodo y acogedor. Llegué veinte minutos antes para ordenar un poquito mis ideas y asegurarme que la pequeña grabadora funcionara a la perfección. Uno o dos minutos después llegó él. Al verlo me quedé con la boca literalmente abierta, era el hombre más atractivo que había visto en mi vida. Alto, atlético, ojos claros, mirada directa. Soy Javier, tú debes ser Carmen. Encantada, respondí. Al estrechar su mano sentí como si una corriente eléctrica estremeciera todo mi cuerpo. Su aroma, intensamente masculino, impactó de tal manera mi cerebro que las piernas me temblaron, un cosquilleo delicioso recorrió mi abdomen concentrándose en la entrada a mi vagina. No puedo negar que en ese momento comencé a desearlo salvajemente. Javier ordenó café para ambos y comenzamos la entrevista.

Uau! Tu relato sobre la investigación del ballbusting me dejó con ganas de saber que es lo que va a pasar!
El principio del relato engancha a cualquiera.

Te voy a contar que es lo que a mí en lo personal me atrae de esa práctica.

Sentirse vulnerable:
Soy una persona muy segura de mi misma. Vengo de una familia muy longeva por ambos lados y nunca me he enfermado de nada que no sea gripe o algo estomacal.
Mis únicas visitas al hospital (2) han sido por salir volando de la motocicleta, pero no tengo ningún daño provocado por estos accidentes.

Siempre me he mantenido en buena condición física y he practicado artes marciales desde joven.

Todo esto me hace sentirme seguro en todo lo que hago y se extiende a la vida en la calle. Siento que puedo hacer frente a algún suceso violento de los tantos que hay en la ciudad. Y esto es, manteniendo la calma por si el otro va armado (ya tuve sucesos aquí, y uno en la oficina) o llevar a buen término un ataque corporal.

La probabilidad de que no me pase nada es muy baja, pero la seguridad siempre la tendré conmigo aunque tenga las de perder.

No considero por ningún motivo a las mujeres como el “sexo débil”, pues esto es un mito, pero en una confrontación o pelea (todas las peleas son tontas por principio), el individuo de menor talla siempre estará en desventaja a menos que tenga mejor técnica que el otro.

Las mujeres tienen mejor talla muscular y menor fuerza física, en promedio, por eso son un poco más lentas al correr, al levantar algún peso, al golpear etc.

Repito, esto no tiene nada que ver con quien es mejor que otro, pues los grandes de la historia (hombres o mujeres) siempre han sido, en su mayoría, gentes poco atléticas pero grandes de pensamiento y el ser humano a final de cuentas eso es lo que es: Su pensamiento. El cerebro es el individuo.

Puedes cortarle las piernas a alguien y sigue siendo ese alguien. Luego le quitas los brazos y varios órganos, conectarlo a un corazón y pulmones neumáticos y dejarle casi nada de su cuerpo pero seguirá siendo la persona que uno conoce, pues aún tiene su cerebro y en esto somos iguales ambos géneros.

Regresando a la idea original, el permitir que una persona de menor talla te “venza” en una pelea con una patada en los testículos se me hace atractivo en el plano sexual y es fetichismo para mí.
En este caso, esta persona debe de ser una mujer, pues no siento atracción sexual por los hombres.

Creo que muchas mujeres disfrutarían de esto pues a través de los años el sexo femenino ha sido relegado en lo laboral, en lo social y muchas veces en lo deportivo.

Aún ahora, el hombre gana un salario mayor al de una mujer en un trabajo similar.

Esa puede ser una buena terapia! Ver como un hombre, grande y fuerte se dobla de dolor y queda inutilizado en el suelo al ser golpeado por un “delicado” pie femenino.

Ver un buen video de ballbusting (tengo más de 100 que me han enviado gente que lee mis relatos sobre el tema) me provoca una erección inmediata. Puedo masturbarme viendo un video de una chica golpeando los testículos de alguien, sea con el pie, la mano, un látigo… lo que sea.

El dolor.
Mis testículos no son muy sensibles. Muchos hombres son así y muchos son muy sensibles.
Aun así, como en cualquier parte del cuerpo, ante un golpe siento dolor.

El dolor que produce un golpe en los testículos es muy especial. No es el testículo en si lo que duele, sino que partiendo de ellos, el dolor sube por un lado del abdomen (en mi caso el derecho) en dirección a la cadera. Para mi es riquísimo este dolor y esto, mezclado con lo anterior, hacen excitante esta practica.

Ahora bien, el recibir un golpe directo a los testículos durante un jugueteo sexual si lo he tenido y lo he disfrutado mucho, al igual que las mujeres con las que lo he hecho, pero actualmente no lo practico, solo unas palmadas o algo más leve, pues estoy conciente que puede haber un daño interno seguir esta práctica.

Siempre he revisado todo mi cuerpo en general y en el caso de mis testículos, mi urólogo me dice que todo está en perfecto estado.
Tal vez si hubiera seguido con esta práctica ahora tuviera alguna lesión. No sigo con la práctica, pero si con el gusto, por lo que, aparte de algunas palmadas ligeras, alguna vez me gustaría recibir un buen rodillazo estando en la cama con alguna mujer con la que tenga una relación sexual sana y divertida.

Cada quien tiene sus gustos extremos en esto del sexo. Tuve una pareja que le gustaba que le mordiera fuerte un hombro antes de tener un orgasmo.

Espero que esta explicación no haya sido muy complicada y sea clara en lo que quiero decir. Las ideas sobre el tema no terminan y te enviaré más de ello como se me vaya ocurriendo.

Carmen.
 
Delicioso Tormento
Abrí los ojos y no reconocí nada.
¿Cuantas horas estuve dormido?

Me encontraba totalmente desnudo de espalda a la pared, de pie, abierto de piernas y esposado de tobillos y muñecas contra el muro.

- ¿Como llegué aquí? Me pregunté, atontado aún por efecto de algún somnífero y con un fuerte dolor de cabeza.

Entonces la vi.
Sentada al frente se encontraba una mujer de unos 22 años vistiendo una falda corta y blusa de botones.
La observé con más detenimiento.
Su ropa era simple, pero era una diosa con cara de ángel y cuerpo tentador: Delgada, senos grandes, hermosas caderas... Pero su cara.... esa cara reflejaba una extraña inocencia.

Se acercó a mi lentamente, me miró y pasó sus dedos por mis mejillas y cuello.

- ¿Quien eres?, ¿Que hago aqui?

No contestó. Se limitó a sonreir y me cautivó.

Por la forma en que me encontraba encadenado, no podía tocarla. Me limitaba a mirarla, confundido aún pues no tenía idea de cómo había llegado a ese sitio y peor aún, a esa situación.

Mis brazos estaban fijos a la pared y mis piernas abiertas dejaban mis testículos libres entre ellas y mi pene, que comenzaba a cosquillearme mientras me pasaba las yemas de sus dedos por mis mejillas, cuello, pecho, abdomen….

Continuó bajando hasta que tomó mis testículos con su mano y los palpó con suavidad.

Me miró a los ojos, con esa mirada de inocencia que me tenía intrigado y sonrió levemente.
Cerró sus dedos lentamente, envolviendo mis huevos y apretando cada vez más.

La oleada inicial de placer pasó a un delicioso dolor que se estaba haciendo insoportable.
En movimiento reflejo traté de cerrar las piernas, pero estaba totalmente inmóvil.
Mi erección se hizo más fuerte y mi pene palpitaba de placer.
La presión de sus dedos en mis testículos se hizo difícil de soportar.

Pasó su lengua por mi oido suavemente y su aliento me erizó la piel.

Dejé escapar un quejido de placer y de repente se detuvo.
Mi erección era brutal y totalmente deliciosa.

Caminó hacia el otro lado de la habitación, tomó un banco que había en una esquina, lo colocó frente a mi, se quitó la falda y las bragas, quedando solamente con su blusa y sus zapatos.

Se sentó en el banco, estiró las piernas y recargó los pies en la pared, a ambos lados de mi cuerpo, quedando su sexo a escasos centímetros de la punta de mi pene, que se encontraba aún firme suplicando placer.

Sus labios vaginales comenzaron a rozar la punta de mi pene, que luchaba por llegar a esa cueva de placer.

Se acercó lentamente una y otra vez. Mi pene logró entrar tan solo unos milímetros, pero no más.
No dejaba de mirarme fijamente a los ojos y sin embargo controlaba el movimiento de sus caderas de tal forma que mi pene solo rozaba su sexo.

Duramos así más de 20 minutos. Su sexo totalmente empapado y solo la punta de mi pene estaba mojado de sus jugos.

Era terrible. La visión de esta chica con sus piernas totalmente abiertas ante mi, su pubis totalmente rasurado (lo que le daba un aspecto aún más inocente) y el roce de su sexo contra el mío durante tanto tiempo me provocó un dolor en los huevos, que me pedían ser descargados antes de estallar.

Se detuvo en el momento en que una gota de semen apareció en la punta de mi pene como preparándose para una descarga. Se bajó del banco, se sentó sobre sus rodillas, puso su cara frente a mi sexo, abrió la boca y con la punta de su lengua lamió esa solitaria gota.

Eso fue demasiado. Un fuerte gemido salió de mis pulmones. ¡Ya no soportaba más! ¡Mis testículos me iban a estallar de un momento a otro!

Con su boca totalmente abierta comenzó a tragarse mi pene pero sin tocarlo. Solo sentía su cálido aliento. Mi pene, que palpitaba con fuerza rozaba alguna vez sus labios, pero nada más.

Pasó entonces a mis huevos. Comenzó a jugar con ellos con su boca, sin morderlos. La presión que hacía y los movimientos suaves me provocaron más dolor. Estaba comenzando a protestar cuando de repente se detuvo y comenzó a reír. Su risa era juguetona pero intrigante.

Se echó hacia atrás y poniendo sus manos entre mis piernas comenzó a aplaudir, pero con mis huevos entre sus manos! Cada vez palmeaba más rápido y fuerte.

La sensación que comencé a sentir era genial. A cada palmada mi pene recibía una descarga de placer que nunca antes había sentido.

Sin aviso, como ya me estaba acostumbrando, se echó hacia atrás, se puso de pie y se quedó mirándome fijamente. Yo estaba totalmente agotado, mis huevos igual, pero con dolor y placer. Con el dolor más placentero que haya tenido en mi vida.

De repente, con un movimiento felino, me lanzó una patada directa a mis huevos. Su pie se estrelló con una fuerza brutal contra mis testículos.
El dolor de la excitación junto con este nuevo hicieron que lanzara un grito agónico. Mis pulmones lanzaron todo el aire que me quedaba.

No podía cerrar las piernas por las esposas que me atrapaban los tobillos, de modo que mis piernas continuaban totalmente abiertas y mis huevos indefensos colgaban, esperando el siguiente impacto. No tardó en llegar. Un poderoso rodillazo se incrustó en mi entrepierna.

El dolor y la excitación hacían una agónica mezcla salvaje. Muy dolorosa.

Se acercó de nuevo a mi y con un rápido movimiento de su mano liberó uno de mis brazos.

Dio unos pasos hacia atrás y se sentó. Ella ya sabía lo que yo iba a hacer a continuación, así que abrió sus piernas y comenzó a tocarse.

Metía su dedo medio en su sexo, totalmente mojado, mientras con la otra mano apretaba sus senos y gemía de placer.

Mi mano se fue directa a mi pene, que pedía ser masturbado lo antes posible y con movimientos rápidos comenzó su labor liberadora.

Mi vista no podía apartarse de su sexo, sus senos, sus cadera y su cara que solo irradiaba placer. Sus dedos jugueteaban con sus labios vaginales, tocaban su clítoris, su dedo entraba y salía a placer y de cuando en cuando se frotaba con violencia. Se mojaba sus dedos y luego los lamía como gata juguetona.

No tardé en venirme con una fuerza que nunca había experimentado. Fue el mayor y más fuerte orgasmo que había sentido hasta entonces.

Mi semen voló hasta sus piernas. El placer que sentí fue incontrolable.
Eyaculé durante un tiempo que me pareció eterno.

Se puso de pie, se vistió lentamente y luego me acercó un pañuelo a mi nariz y un olor fuerte me provocó un mareo adormecedor.

Al momento puso una llave plateada en mi mano, con la que, con esfuerzo, logré abrir los grilletes que me tenían apresado.

La habitación me daba vueltas, sin embargo, logré dar unos pasos hacia la puerta del fondo.
Dos pasos más y me desplomé sin sentido.



Abrí los ojos y me encontraba en mi cama. Estaba totalmente desnudo. ¿Estaría soñando? Seguramente eso fue.

Me puse de pie y sentí un leve dolor en mis testículos.
Me llevé una mano a ellos.

Y de repente me di cuenta que aún tenía la llave plateada en mi mano.

Victor.
 
El Convento
Me dolía la cabeza......

Faltaban aún el recorrido al Convento y la comida para finalizar la extenuante visita escolar a Malinalco.

El calor también había afectado a los alumnos, se veían cansados y tranquilos, lo cual me sentaba de maravilla, pues me daba oportunidad de un pequeño descanso y observar con más detenimiento los lugares por donde pasábamos.

Al entrar al Convento que data de 1531, una extraña e inexplicable sensación recorrió mi cuerpo. Las paredes transpiraban un aire añejo y enigmático.

Uno de los frescos que decoran las paredes del corredor llamó en particular mi atención, en pocas palabras, me fascinó. Representaba una escena de la Conquista. Los poderosos conquistadores a caballo, los indígenas, hombres y mujeres sumisos, de rodillas en el piso, en la parte abajo se hallaban unos glifos prehispánicos. Me preguntaba sobre su significado cuando sentí que el ambiente se tornaba más denso conforme el tiempo transcurría, en fracciones de segundo mi respiración era agitada, todo a mi alrededor daba la impresión de ser tan ajeno a mí, instantes después una energía inexplicable corría por mis venas, quise reír, reír a carcajadas.

A duras penas lograba contener la sensación de plenitud que me invadía, me di cuenta que pugnaba por salir al exterior desde alguna parte desconocida de mi cuerpo. Sentí temor, no tenía idea de lo que estaba por suceder, miré el reloj para tener un pretexto y salir inmediatamente de tan extraño lugar.

Mientras los alumnos disfrutaban de un picnic en los jardines que circundan el Convento-Iglesia, mi inquietud creció tanto que decidí volver al lugar.

Pedí a una compañera los vigilara mientras iba 'a buscar algo para el dolor de cabeza'.

No había nadie en los corredores, todo era silencio, quietud alrededor.

Dentro de mí, la extraña sensación crecía incontenible. La risa, la carcajada cínica, luchaban por brotar de mi boca, la energía se expandía dentro de mi cuerpo dotándome de una seguridad increíble.

Aun ahora no hallo explicación coherente al hecho de que de mi interior emergió otra mujer. Alguien parecida físicamente a mi, más no de este mismo tiempo/espacio. La mujer de cabello muy largo que iba cubierta solamente con una túnica negra semitransparente y sonreía lascivamente era la personificación de la lujuria, de la maldad. No comprendo como podía proyectarse a tal velocidad por los corredores, parecía volar, veía con mis ojos, sonreía con mi risa, el calor que le corría en medio de las piernas lo sentía sin ser yo. Me percaté que buscaba algo, la risa cínica en segundos se tornaba en un gesto de coraje maligno para volver a reír como si se tratase de un juego perverso. De pronto, se detuvo frente a una habitación cuya puerta se encontraba semiabierta. Sobre un reclinatorio se encontraba un sacerdote orando. Ella lo vio, la satisfacción me invadió, el calor comenzó de nuevo a correrme entre las piernas.

Acercándome lentamente, mi aliento rozó su nuca. Mis manos se posaron en sus hombros, bajando hacia sus brazos, regresando una y otra vez como si quisiera tranquilizarlo. Volteó, su mirada reflejaba una súplica. Pasé mi mano sobre su nuca y mi lengua por sus labios. El quiso resistir a la caricia levantándose del reclinatorio. Lo miré a los ojos con rabia infinita. Mi mano bajó tocando sus genitales. Eché mi cabeza hacia atrás y una carcajada salió de mi boca, su pene ya estaba erecto. El quedó inmóvil. Gocé inmensamente el tormento interno que no ocultaba su rostro. Rodeé su cuello con mis brazos. Sin despegar la mirada de sus ojos claros puse mis labios en los suyos que no dejaba de apretar. Con mi lengua intenté abrirlos. El seguía resistiendo sin alejarse de mi. Estaba inmóvil. Mis labios bajaron por su cuello, en momentos los abría un poquito para que sintiera mi aliento tibio, mi lengua húmeda empezó a hacer su efecto, su cuerpo se estremeció levemente. Fue cuando mi mano derecha bajó de nuevo y apretó sus testículos con fuerza. El gimió de dolor, dejé caer la túnica y rápidamente metí mi lengua en su boca. La respuesta no se hizo esperar. Su lengua penetró mi boca desesperadamente. Nos besamos frenéticamente, él mordía mis labios mientras nos resbalamos sobre la alfombra a un lado del reclinatorio. Súbitamente dejé de moverme, él se desconcertó, no lo dejé hablar poniendo mi dedo en sus labios, 'no te muevas porque todo termina en este instante', ordené. Sus ojos me miraron furiosamente, no podía ocultar su erección ni una pequeña mancha húmeda que mojaba su pantalón. Lo fui desvistiendo lentamente. Al descubrir su pecho froté mi cara contra el vello que lo cubría atrapando con mi lengua la mayor cantidad posible de vellos para meterlos lentamente a mi boca. Su piel se puso chinita al lamer suavemente sus pezones, su cuerpo se retorcía de dolor y placer cuando empecé a succionarlos fuertemente, sus gemidos me provocaban tanto placer que sentía ganas de gritar.

Seguí acariciando su abdomen con la lengua, al desabrochar su pantalón y retirar la ropa interior su pene estaba muy húmedo, toda la zona genital completamente mojada. Me di a la tarea de secarla con mis labios y lengua sin tocar para nada pene o testículos.

Metí mis dedos en medio de su piernas, acariciando la base del pene con la otra mano, doblé sus piernas hacia arriba separándolas. Mi lengua se volvía loca entre ellas cuando me coloqué sobre él. Mi vagina estaba contra su boca, mientras yo 'tragaba' con fruición su pene o alguno de sus testículos, él se estremecía gimiendo y suplicando que le permitiera tocarme. Respondí que sólo su lengua podía hacerlo. Qué delicia cuando entraba y al salir lamía toda la entrada de mi vagina. El Padrecito me estaba volviendo loca de placer, definitivamente no pude más. Le pedí que hiciera entonces lo que deseara conmigo. Me empujó bruscamente, caí de espaldas sobre la alfombra, separó mis piernas con fuerza y me penetró sin compasión. Una mezcla de dolor y placer cortaban mi respiración, subí mis piernas alrededor de su cintura intentando meter mi dedo entre sus nalgas, él aminoró las fuerza de la penetración colocándose de manera en que pudiera tocarlo. Poco a poco lo fui separando de mi cuerpo, pidiendo se volteara de espaldas. Mi loca lengua comenzó a pasar por el hueco de su columna mientras mi pubis se frotaba contra sus nalgas.

Ordené se inclinara al frente, sobre sus rodillas. La visión de sus nalgas abiertas con su pene y testículos colgando por en medio me enloquecía de lujuria, mi mano los acariciaba desde atrás mientras el índice de la otra intentaba abrirse paso entre ellas.

El clímax estaba cerca, me monté sobre él, su pene estaba tan duro que entró sin necesidad de tocarlo, el padrecito estrujaba mis senos salvajemente, en momentos me apretaba contra su cuerpo para succionar mis pezones con fuerza, me tomó por la cintura, mientras yo subía y bajaba frenéticamente, en eso sentí venir su clímax seguido por segundos del mío. Nos miramos a los ojos, lo besé para su comprobar si tenía ese sabor tan especial. Lo tenía. Mi carcajada no se hizo esperar. Lo dejé exhausto tirado sobre la alfombra. Tomé la túnica. Al salir del corredor me dí cuenta que estaba atardeciendo. De nuevo traía la ropa deportiva con el logo de la escuela al frente.

Al tomar la bolsa con mis listas escolares alguien se me acercó preguntando si me sentía bien. Contesté que me sentía muuuuy bien.

Carmen.
 
El Arte De Golpear Los Testículos (III)
Una vez dentro de la ducha, sus manos se dirigieron a las llaves del agua y las mías a sus senos.

Comenzó a caer el agua y con ello comenzamos a relajarnos, pero yo ya cargaba con una gran erección.

Nos enjabonamos mutuamente, dando especial atención a nuestros genitales.

Mis dedos jugaban con su sexo, entrando y saliendo, mezclando jabón y jugos vaginales como un solo lubricante.

Le di la vuelta, poniéndola de espaldas a mi y estrujé sus senos entre mis manos, al tiempo que mi pene se divertía con la línea de sus nalgas, ahora llenas de jabón.

Esto me estaba excitando al máximo.

- No te vayas a venir aún! Ordenó.

Y para remarcar su orden, giró hacia mi y proyectó su muslo con rapidez hacia mis genitales golpeando mis huevos rápida pero suavemente, por lo que mi excitación aumentó geométricamente.

Me siguió golpeando una y otra vez con su suave muslo, por lo que no me producía dolor, pero si mucho placer.

Mi pene erecto subía y bajaba a cada golpe y pedía más y más.

De repente se detuvo. Me tomó la cara con sus manos y me dio un largo y sabroso beso.

Mi pene palpitaba, expectante.

- Entra ahora. Ordenó.

Subió su pierna derecha, rodeó mi cintura con ella y así, parados bajo el chorro del agua tibia, la penetré de un solo movimiento.

No tardó en tener un orgasmo.

- ¿Como vas? Preguntó.

- Estoy a punto! Contesté.

Al decir esto me empujó con ambas manos hacia atrás, saliéndome de ella y, sin dejar de mirarme a los ojos me propinó un tremendo puntapié en los testículos.

Eso fue demasiado para mi. El orgasmo era inminente.

Por lo resbaloso de la bañera, al levantar su pierna para patear, perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, de nalgas y golpeándose la cabeza contra la pared, en el mismo instante en que yo me venía una y otra vez, arrojando mi
semen sobre ella.

-¡Maldición! Grito con fuerza.

Comencé a masturbarme enérgicamente mientras arrojaba más y más semen y debido a tanto placer cerré los ojos, así que no vi cuando, desde su posición, en el suelo de la bañera, una torneada y hermosa pierna ascendía a gran velocidad hacia mis genitales dando de lleno en ellos.

Fue uno de los golpes más fuertes que hasta el momento me había dado, y este, por ser tan doloroso, me excitaba mas!

Así acabamos los dos, en el suelo, ella sobándose la cabeza, yo con las manos en mis testículos.

Nos quedamos mirando unos segundos y nos pusimos a reír con fuerza mientras nos acariciábamos mutuamente en los lugares que nos dolía.

Nos quedamos un rato bajo el curativo chorro de agua caliente, tomando fuerzas para la próxima sesión, misma que, por la fuerza del último golpe, de seguro no sería pronto..

Víctor.
 
El Arte De Golpear Los Testículos (II)
Después de mi primera experiencia con el "ball busting", cada vez que charlaba con mi amiga por icq no hablábamos de otra cosa que de nuestra reciente experiencia.

Me contó que la noche de nuestro encuentro, ya en su casa e irse a dormir, su marido comenzó un acercamiento con vista clara a tener una relación sexual.
Ella, que seguía muy caliente, respondió al instante y tuvo un orgasmo antes que él, lo cual era inusual.
Así que, antes de que su marido se viniera, tomó sus testículos y los apretó de tal forma, que perdió la erección casi al instante.

- ¿Porqué hiciste eso? Le preguntó extrañado.
- Pensé que te gustaría. Le contestó.

Se dio cuenta de que con su marido no iba a cambiar el modo de hacer el amor y pronto volvieron a su rutina de siempre, pero no le importó, porque tenía conmigo la oportunidad de realizar su nueva afición.

Nos encontramos dos semanas después, mismo hotel, mismos antifaces.

-Hola! Nos saludamos como si nos viéramos todos los días.
- ¿Un tequila para prender el ánimo?
- Claro! Respondió.

Esta vez traía unos pantaloncillos cortos y una blusa holgada, que le escondían sus deliciosos senos.

- ¿Sabes? No tengo que volver a casa hasta mañana! Me dijo.
- Eso es genial. Pasaremos la noche aquí y podemos pedir de cenar.

Al igual que la vez anterior, comenzamos tomando algunos vasos de tequila y estuvimos charlando treinta o cuarenta minutos hasta que me dijo:

- ¿Listo para otra sesión?
- Por supuesto. Contesté.
- Bueno, pues ponte cómodo.
- ¿Sabes? Me voy a quitar esta máscara, que me tiene harta.
- Lo mismo digo. Respondí.

Nos quitamos los antifaces al mismo tiempo y quedamos mirándonos por un buen rato.

- ¡Vaya! Le dije. No sabía que eras tan bonita!
- Gracias. Contestó. Tu no estás nada mal tampoco.
- Gracias por el cumplido.

Me desnudé en unos segundos y ella hizo lo mismo hasta quedar en brassier y panties.
¡Que vista tan increíble tenía ante mi!

¡Todas estas noches que me estuve masturbando con el recuerdo de ese par de senos, ahora enmarcados por un sostén de encaje negro y esas caderas que ahora idolatraba no eran nada comparado con la realidad!

- ¿Te gusta? Me preguntó.
- ¿Por supuesto! ¡Estas preciosa esta noche!

No era necesario que le dijera el gusto que me daba verla; ¡traía una erección brutal!
Mi pene apuntaba hacia el frente, como queriendo llegar a ella.

Estábamos parados uno enfrente del otro. Me tomó de las manos, subió su pie derecho hasta mi entrepierna y comenzó a frotar su empeine contra mis genitales.

- Ahh! Esto es delicioso!

- Espera lo que viene. Esto se va a poner mejor! Me dijo.

A continuación, comenzó a patearme los testículos de una forma suave, continua y alternaba cinco o seis pataditas con el masaje a mis testículos.

- Esto es maravilloso! Exclame! ¿Dónde descubriste esto? ¿Con tu marido?

- Por supuesto que no. Respondió.

- No le gusta que hagamos nada nuevo más que sus sesiones de sexo de cinco minutos antes de dormir. Se quejó.
- Esto lo aprendí por Internet! He estado bajando videos e imágenes y leyendo relatos de gente que practica el ballbusting.
- Pues te felicito. Respondí. Eres una maestra.

Me había distraído un poco con sus palabras y como tenía los ojos cerrados en ese momento no me di cuenta cuando bajó su pierna derecha, tomó impulso y proyectó toda su pierna contra mis indefensos testículos.

-Arhg! El golpe dio de lleno.

En un acto reflejo, junté mis rodillas y puse mis manos sobre mis genitales pero deseaba más.

El dolor que subía desde mi entrepierna, que me causaba un gran placer, solo aumentaba mis ganas de masturbarme en ese momento. La punta de mi pene estaba cada vez más excitada. Sentía venir un gran orgasmo a cada segundo.

- Acuéstate boca arriba y abre las piernas. Ordenó.

Aunque el dolor era delicioso no podía quitar mis propias manos de mis genitales.

- Cierra los ojos. Ordenó.
- ¿Qué vas a hacer? Pregunté.
- Que. ¿Tienes miedo?
- Bueno, la verdad, un poco.
- ¿Quieres que me detenga?
- ¿Te has vuelto loca? ¡Esto es la gloria!

Cerré los ojos y esperé lo que tuviera que venir... ¡y no era otra cosa que sus labios acariciando mi pene!

- Ahhh! Siento que voy al cielo.

Comenzó a darme una de las mejores mamadas que he recibido en mi vida.

- No todo es castigo para mi amiguito. Dijo.

De repente se detuvo y esperé lo inevitable.

- Arhg!

La patada llegó fuerte. ¿Esta mujer si que estaba agarrando práctica! Y a costa de mis pobres huevos!

Al recibir el golpe abrí los ojos y lo que vi, me hizo olvidarme del dolor.
¡Estaba completamente desnuda y se disponía a darme otra mamada!

Esta vez pasó su lengua por mis adoloridos testículos. ¡Era el mejor método de curación jamás inventado!

- Bueno, ahora tendrás que pagarme por lo que te estoy haciendo gozar..
Dijo.

Y dicho esto, se volteó y estiró sus piernas, quedando su sexo en mi boca.

El olor de sus jugos era delicioso. Mi boca y lengua se pusieron a trabajar de inmediato.

- Ahh!! Ahora era ella la que gemía.
- ¡Sigue! ¡No pares! Ordenó de nuevo.

Ella tomó mis testículos entre sus manos y comenzó a jugar con ellos.

Su orgasmo me tomó desprevenido y apretó mis huevos con fuerza.

- Ahh! ¡hace mucho que no tenía un orgasmo así! Confesó mientras trataba de recuperar el aliento.

Tenía entre mis manos ese par de caderas y esas nalgas divinas y no podía dejar de morder, lamer sin parar.

No descansó un segundo! Volvió a su posición original y se puso a trabajar en mi miembro con el mismo ánimo de antes.

Sentía que subía al cielo del placer cuando de repente comenzó a dar palmadas con una sola mano en mis huevos alternando con sus labios en mi pene.

De repente, con su puño cerrado soltó un puñetazo que dio directo, no muy fuerte, pero lo suficiente para sentir un delicioso dolor.

- Uau! ¿Esto si que es genial.
- Y viene lo mejor! Contestó.

Siguió alternando una magistral mamada, se detenía uno o dos segundos antes de venirme, un par de golpes, y volvía con su boca. Esto se estaba volviendo en una tortura celestial.

- ¿Preparado? Dijo.

Y casi sin darme cuenta, se sentó sobre mi y en un solo movimiento ya estaba dentro de ella!

- Esto si que es la gloria!

Tenía frente a mi a ese par de senos que a pesar de ser grandes desafiaban a la gravedad con mucho orgullo y mis manos se fueron automáticamente a ellos.

Después de tanto placer ya no pude aguantar mucho y me vine en un largo orgasmo que recordaré durante mucho tiempo.

Nos quedamos tendidos y exhaustos un buen rato y nos subimos a la cama a dormir un par de horas, después dimos cuenta de una gran cena y nos metimos a bañar juntos.

Dentro de la ducha, el placer comenzó de nuevo

Víctor.
 
El Arte De Golpear Los Testículos (I)
Estaba, como mucha gente, realmente aburrido de mi vida sexual. Siempre lo mismo, en los mismos lugares, las mismas posiciones, conociendo en que momento se iba a venir mi pareja.

Llegó el momento en que disfrutaba más masturbarme, imaginando historias o leyendo relatos de otras personas que haciendo el amor.
Algunas veces un simple catálogo de lencería me prendía al grado de masturbarme dos o tres veces al día.

Un buen día, navegando por Internet, leí acerca del "ball busting" que no es otra cosa que patear o golpear los testículos.
- El sado no es lo mío. Pensé, mientras leía.
Pero, para sorpresa mía, a los pocos minutos tenía una erección a tope.

A partir de ese día, la mayor parte del tiempo que pasaba navegando por Internet la ocupaba en buscar páginas e información sobre "ball busting".
Bajaba videos mpg, imágenes, leía relatos y comentarios.
En la calle, cada mujer que veía, la imaginaba pateándome los huevos. Algo tenía que hacer.

Hace unas semanas, mientras charlaba por el icq, me animé a contarle a una amiga (la cual nunca la había visto, pues la había conocido meses antes en este chat) lo que me pasaba.
Comencé a contarle de una manera muy sutil, pensando que, si se molestaba, cortaba el tema de tajo y fin al asunto.

Ella nunca me había querido enviar su fotografía, pues decía que mientras no adelgazara no enviaría nada, y aunque nunca nos habíamos dicho nuestros nombres completos (solo los de pila), sabíamos que vivíamos en la misma ciudad (Guadalajara, México) y en rumbo cercano por temas comunes a la hora de charlar, aunque siempre habían sido temas superficiales.

Las charlas fueron subiendo de tono, hasta que un día le pregunté si quería probar y me contestó que si, pero con la condición de que no se viera su cara, pues no quería tener problemas con su marido o su familia. Los dos estábamos emocionados.

Arreglar la cita no fue nada fácil ¿cómo nos podríamos citar con la cara tapada?.

Al final, nos quedamos de ver en un hotel de la ciudad. Yo debería de llegar antes y registrarme con un nombre ficticio, el cual inventamos los dos previamente, ella llegaría y preguntaría por mi y yo abriría la puerta con un antifaz y ella ya tendría otro puesto.

Llegó el gran día, me registré, ella llegó y para mi sorpresa no estaba tan mal como pensaba que estaría.
No es una mujer muy delgada, pero no está nada mal. Tiene unos senos muy apetecibles, una cintura estrecha y unas nalgas bastante bien formadas aunque de cadera ancha.

De su cara no puedo comentar nada, pues hasta el momento nunca se la he visto!

Estábamos, pues, los dos ahí parados, sin saber que decir, hasta que rompí el hielo ofreciéndole un vaso de tequila (que ya sabía que le gustaba mucho) y nos pusimos a charlar.
No estábamos charlando como en el chat, pues la situación era un poco tensa, pero nos fuimos aflojando hasta que nos dimos cuenta que la botella se había terminado por completo y llegó el momento de abrir la segunda botella.

A las dos horas, nos encontrábamos muertos de risa y no dejábamos de hablar, hasta que ella dijo:
- Entonces que, ¿comenzamos?

Yo ya estaba de lo más caliente imaginando lo que se venía, aunque llegué a pensar que no haríamos nada de lo planeado, pues yo no quería abrir el tema.

Me puse de pie y me dijo
-¿Quieres desnudarte o comenzamos con lo que traes puesto?
- Comencemos así. Le dije.

Yo traía unos pants blancos y boxers, pues quería estar lo más cómodo posible.

Me paré frente a ella, con las piernas ligeramente separadas y ella tiró su primera patada de una manera suave para ir midiendo, pues habíamos quedado en que iríamos subiendo el tono y la fuerza poco a poco.
Los dos éramos completamente novatos en esto.

Al primer contacto con su pie desnudo (ella seguía completamente vestida al igual que yo), comencé a excitarme y pensé que esto se iba a poner cada vez mejor.
Ella llevaba una falda negra que le llegaba unos 10 cm arriba de las rodillas, por lo que, cada vez que levantaba la pierna para tocar mis testículos dejaba ver su ropa interior de color negro, lo cual me ponía cada vez más caliente.

Llevaba 6 o 7 "patadas" (subía la pierna lentamente), cuando le dije que comenzara a patear un poco más fuerte.
Comenzó a patear cada vez más fuerte hasta que me dijo:
- ¿Estás listo?
- Si, estoy listo, pero quítate la blusa.
- Quedamos en que no me iba a desnudar, ¿recuerdas?. Me dijo.
- No te vas a desnudar, solo te vas a quedar en brassiere. Eso me prende.
¡Además no sé quien eres!
- Está bien, pero creo que es mejor que te quites los pantalones para poder patear mejor, ¿no?
No solo me quité los pantalones, sino que quedé completamente desnudo frente a ella y con una erección brutal. El tequila hace maravillas. Los dos estábamos hirviendo de excitación.

Tomé un sorbo de tequila, me paré de nuevo frente a ella, abrí ligeramente las piernas y me preparé para una de las mejores sensaciones que he tenido en mi vida.

Ella se quitó la blusa por fin y al momento que vi esos senos enmarcados en un increíble brassiere negro de encaje mi erección se hizo deliciosamente dolorosa.

Nos miramos durante varios segundos (que fueron eternos) y lanzó su primera patada con fuerza.
Su pie ascendió hacia mi entrepierna y golpeó mis testículos, pero los golpeó con su tobillo sin causarme dolor.

Bajó su pierna, me miró unos segundos y pateó de nuevo con fuerza. La patada entró directa a mis huevos.
En ese momento vi todo blanco, me doblé hacia delante y caí al suelo sin aire.
Ella, según me contó después, sentía una sensación de poder que nunca había experimentado.

El dolor era fuerte, pero delicioso, aunque comencé a perder la erección. No podía creer que estuviera disfrutando tanto esto.
Se acuclilló hacia mi y me susurró al oído:
- ¿Quieres repetir?
- ¡Claro que si! Solo deja recuperarme un poco. Le dije entrecortado.
Ella lo estaba disfrutando tanto como yo.

Me puse de pie, doblado hacia delante aún y, para sorpresa mía, comencé a tener una erección de nuevo y tan fuerte como la anterior.
La sensación de haber estado ahí, desnudo, en el suelo y ella al lado mío mirándome me puso más caliente que nunca.

Ya de pie, no aguanté más y comencé a masturbarme. Solo alcancé a decir:
- No te molesta, ¿verdad?
- Claro que no. Dijo. - Me está excitando más de lo que te imaginas ver lo que estás haciendo.

Me acerqué a ella y le puse una mano en sus senos (la otra la tenía ocupada masturbándome) y ella dijo:
- Quedamos en que no habría nada de sexo entre nosotros. Por lo menos no ahora.
Yo no sé que pensaba esta mujer! La carga sexual que flotaba en el ambiente entre los dos era tremenda!

- Está bien. Le dije. Pero hazme un favor. Comienza a tocarte.
Y comenzó a jugar son sus senos de una manera impresionante. Esto, sin quitarse el brassiere.
Todo esto era demasiado para mi, pero cada vez que sentía que me iba a venir, detenía el movimiento de mi mano.

Yo miraba hipnotizado sus manos jugando con sus senos y ella miraba mi mano acariciando mi pene.
De repente y sin aviso tiró una patada dándome de lleno en los huevos!
El dolor fue indescriptible! Y ahí estaba yo, de nuevo en el suelo, pero esta vez mis manos cubriendo mis genitales magullados.

Levanté la vista y vi algo que no olvidaré nunca: ¡Se estaba masturbando!
Tenía la falda levantada y frotaba rápidamente su pubis con sus dedos por encima de sus panties.
Empezó a gemir (junto conmigo, pero yo gemía de dolor) y me puse de nuevo de pie una vez que me recuperé un poco.
Comencé a masturbarme de nuevo y le pedí que me tocara los huevos con su mano.
Esta vez obedeció sin queja y comenzó a apretarlos y a jugar con ellos.
De nuevo comencé a tocarle los senos y esta vez no dijo nada.

Yo todavía estaba adolorido (estuve adolorido hasta el día siguiente), pero eso no impidió que me viniera con una fuerza que hizo llegar mi semen hasta su falda.
Ella se vino unos segundos después y decidimos descansar un rato (nos dormimos dos horas!).

Cuando sonó la alarma de mi reloj, ella se puso de pie y dijo:
- Tenía que estar en casa desde hace una hora!

Se arregló lo más rápido que pudo y se despidió de mi con un beso muy tierno.
La acompañé hasta la puerta y me dijo:
- ¿La despedida?
- No! Le dije. Déjame tomar fuerza para la próxima.
- ¿Va a haber una próxima? Preguntó.
- ¿No? Le contesté.
- Claro! No me perdería por nada pasar por esto otra vez.

Cabe mencionar que en ningún momento nos habíamos quitado los antifaces (es de lo más incómodo).
La siguiente sesión fue mejor. Se las contaré próximamente.

Víctor.