Fusionados
Todo era silencio, me encontraba sola, no sabía a qué hora estaría él de regreso. Había tenido que salir de emergencia. Yo, en lo único que pensaba era en tenerlo a mi lado. El deseo me estaba consumiendo.
Casi medianoche, pensé en esperarlo acostada, me desvestía cuando escuché el ruido del auto. Todos mis sentidos se agudizaron, rápidamente volví a ponerme la blusa, sin nada abajo. Me asomé para verlo desde la ventana de la recámara. Como si se tratara de una presa mis ojos seguían todos sus movimientos, se aflojó la corbata, su cuerpo hermoso, flexible se adivinaba a través de la camisa, sus movimientos eran pausados y ágiles al mismo tiempo.
Tomó algunos documentos, cerró la puerta del auto y entró a la casa. Logré contener mi respiración agitada.
Al entrar su aroma tan deliciosamente conocido pareció inundar la habitación. Sin decir palabra lo abracé, empujé la puerta, lo besé apasionadamente, sus labios se abrieron, sentía el roce de su bigote, mientras más me raspaba su barba más me excitaba. Me pegué más contra su cuerpo, sus manos acariciaban mis nalgas con fuerza mientras su pene endurecido se frotaba salvajemente contra mi pubis. Un pequeño grito de dolor y de placer salió de mi garganta, eché mi cabeza hacia atrás abriéndome la blusa. Mis senos saltaron atrapando su mirada, mi mano bajó hasta tocar su pene durísimo, bajé el cierre, toqué su piel suavecita, lo sentí palpitar entre mis dedos, lo apreté con fuerza como para retenerlo, un estremecimiento subió por mis piernas, mis sienes latían de deseo, me quité la blusa, el aventó los zapatos, le ayudé a despojarse de la camisa y el pantalón.
Estabamos desnudos. Nos abrazamos nuevamente me apreté contra su tórax, sentí sus vellos rozar mis senos, sin decir nada me empujo sobre la cama boca abajo, sentí su aliento caliente recorrer mis nalgas, me sentí derretir de placer cuando su lengua lentamente subía por el hueco de mi espalda para detenerse en mi nuca, mis nalgas se movían mientras su pene ardiente, húmedo, se metía entre ellas para luego subir y bajar humedeciendo mi espalda, mis piernas, de nuevo mis nalgas, yo enloquecía de placer, gemía pidiéndole que no parara, que me dejara ir su pene ya hasta el fondo.
Noté que él estaba conteniéndose para no estallar. Me quedé inmóvil, de pronto, me levanté desconcertándolo un poquito, su pene parecía tener vida propia, estaba tan duro que podía ver como palpitaban sus venas. Quería sentirlo entre las piernas, sin embargo me contuve también, le ordené que se acostara sobre la alfombra. Entonces empecé a restregarme contra su espalda, mientras mi aliento la recorría, mi pubis se ensañaba con sus nalgas que me hacían arder de deseo. Me puse de pie, él se colocó boca arriba, me agaché para abrir sus piernas. Su pene y sus testículos estaban ante mi en todo su esplendor, acaricié el interior de sus piernas con mi pie desnudo hasta llegar a sus genitales. Oh, qué delicia cuando mi pie tocó sus testículos, los recorrí lentamente, para después apretarlos cada vez con más fuerza. Ahhhh, gemía él debatiéndose entre el dolor y el placer que estaba sintiendo.
Mi pie no dejaba de hacer su deliciosa tortura, se movía de un lado a otro presionando más y más, no quería detenerme, pero no podía más. Me detuve, abrí mis piernas dejándome caer sobre su pene que parecía de piedra, comencé a moverme de arriba a abajo, luego mi movimiento se hizo circular, mientras mis músculos vaginales se contraían para apretarlo, en momentos me inclinaba para que mis senos rozaran sus labios, él pasaba su lengua rápidamente volviéndome loca de placer, a ratos los mordía o los succionaba con fuerza, mientras sus manos recorrían mi espalda, mis nalgas o se cerraban en mi cintura. Nos movíamos como si fuésemos uno solo.
En momentos nuestros ojos se encontraban, su mirada penetraba también mi cerebro hasta apoderarse totalmente de mí. Un gritó escapó de mi garganta, mi amor, mi amor, ya no puedo más. Mi cabeza se inclinó ligeramente hacia atrás, mi cuerpo se arqueó levemente mientras mi pubis chocaba literalmente contra el suyo. El intenso orgasmo que inició en mi vagina recorría todo mi cuerpo que iba aflojándose lentamente mientras contenía la respiración, sentí sus contracciones, sentí como su semen caliente me inundaba, como escurría deliciosamente entre mis piernas como si fuese un río que se desborda.
Nuestros cuerpos se relajaron, nos miramos a los ojos, lo besé suavecito, nos abrazamos.........
Carmen
Casi medianoche, pensé en esperarlo acostada, me desvestía cuando escuché el ruido del auto. Todos mis sentidos se agudizaron, rápidamente volví a ponerme la blusa, sin nada abajo. Me asomé para verlo desde la ventana de la recámara. Como si se tratara de una presa mis ojos seguían todos sus movimientos, se aflojó la corbata, su cuerpo hermoso, flexible se adivinaba a través de la camisa, sus movimientos eran pausados y ágiles al mismo tiempo.
Tomó algunos documentos, cerró la puerta del auto y entró a la casa. Logré contener mi respiración agitada.
Al entrar su aroma tan deliciosamente conocido pareció inundar la habitación. Sin decir palabra lo abracé, empujé la puerta, lo besé apasionadamente, sus labios se abrieron, sentía el roce de su bigote, mientras más me raspaba su barba más me excitaba. Me pegué más contra su cuerpo, sus manos acariciaban mis nalgas con fuerza mientras su pene endurecido se frotaba salvajemente contra mi pubis. Un pequeño grito de dolor y de placer salió de mi garganta, eché mi cabeza hacia atrás abriéndome la blusa. Mis senos saltaron atrapando su mirada, mi mano bajó hasta tocar su pene durísimo, bajé el cierre, toqué su piel suavecita, lo sentí palpitar entre mis dedos, lo apreté con fuerza como para retenerlo, un estremecimiento subió por mis piernas, mis sienes latían de deseo, me quité la blusa, el aventó los zapatos, le ayudé a despojarse de la camisa y el pantalón.
Estabamos desnudos. Nos abrazamos nuevamente me apreté contra su tórax, sentí sus vellos rozar mis senos, sin decir nada me empujo sobre la cama boca abajo, sentí su aliento caliente recorrer mis nalgas, me sentí derretir de placer cuando su lengua lentamente subía por el hueco de mi espalda para detenerse en mi nuca, mis nalgas se movían mientras su pene ardiente, húmedo, se metía entre ellas para luego subir y bajar humedeciendo mi espalda, mis piernas, de nuevo mis nalgas, yo enloquecía de placer, gemía pidiéndole que no parara, que me dejara ir su pene ya hasta el fondo.
Noté que él estaba conteniéndose para no estallar. Me quedé inmóvil, de pronto, me levanté desconcertándolo un poquito, su pene parecía tener vida propia, estaba tan duro que podía ver como palpitaban sus venas. Quería sentirlo entre las piernas, sin embargo me contuve también, le ordené que se acostara sobre la alfombra. Entonces empecé a restregarme contra su espalda, mientras mi aliento la recorría, mi pubis se ensañaba con sus nalgas que me hacían arder de deseo. Me puse de pie, él se colocó boca arriba, me agaché para abrir sus piernas. Su pene y sus testículos estaban ante mi en todo su esplendor, acaricié el interior de sus piernas con mi pie desnudo hasta llegar a sus genitales. Oh, qué delicia cuando mi pie tocó sus testículos, los recorrí lentamente, para después apretarlos cada vez con más fuerza. Ahhhh, gemía él debatiéndose entre el dolor y el placer que estaba sintiendo.
Mi pie no dejaba de hacer su deliciosa tortura, se movía de un lado a otro presionando más y más, no quería detenerme, pero no podía más. Me detuve, abrí mis piernas dejándome caer sobre su pene que parecía de piedra, comencé a moverme de arriba a abajo, luego mi movimiento se hizo circular, mientras mis músculos vaginales se contraían para apretarlo, en momentos me inclinaba para que mis senos rozaran sus labios, él pasaba su lengua rápidamente volviéndome loca de placer, a ratos los mordía o los succionaba con fuerza, mientras sus manos recorrían mi espalda, mis nalgas o se cerraban en mi cintura. Nos movíamos como si fuésemos uno solo.
En momentos nuestros ojos se encontraban, su mirada penetraba también mi cerebro hasta apoderarse totalmente de mí. Un gritó escapó de mi garganta, mi amor, mi amor, ya no puedo más. Mi cabeza se inclinó ligeramente hacia atrás, mi cuerpo se arqueó levemente mientras mi pubis chocaba literalmente contra el suyo. El intenso orgasmo que inició en mi vagina recorría todo mi cuerpo que iba aflojándose lentamente mientras contenía la respiración, sentí sus contracciones, sentí como su semen caliente me inundaba, como escurría deliciosamente entre mis piernas como si fuese un río que se desborda.
Nuestros cuerpos se relajaron, nos miramos a los ojos, lo besé suavecito, nos abrazamos.........
Carmen





