Este yo eligió no ser.
Algunos pensarán que tonteras estará escribiendo este tipo, pero en realidad el título tiene sentido. Mi vida a dado un vuelco, a la fuerza, pero lo dio. Ya no quiero ser ese deprimente ser que todo lo ve negativo. Ahora intento ser otro, alguien con mas vida. Asi que la persona que escribía en este blog ya no existe, yo lo asesiné. Espero que comprendan mi decisión y me apoyen. Bueno. Este sería mi ultima publicación. No fueron muchas. Ja. Me despido, hasta la vista baby. atte. el otro yo.
Bosque ignoto
El crujir de las hojas retumba dentro de mi cabeza. Me atormentan. Trato de caminar con más cuidado para no hacer tanto ruido, pero no logro controlar mis pies. El frío atraviesa mi piel y mis músculos hasta llegar a lo más profundo de mis huesos, produciendo un inimaginable dolor. Me siento indefenso. Los árboles parecieran tener vida.
Acabo de asesinar a mi familia. Todavía no logro entender por qué lo hice. Estoy confundido. Tengo miedo. En el cuchillo que llevo en mi mano todavía escurre la sangre de los que amaba. Lo miro y lo arrojo lejos. Escucho débilmente el sonido que hace al caer sobre la hierba e imágenes pasan por mi mente. Los árboles comienzan a sollozar. No lo soporto. Caigo al suelo de rodillas y lloro desconsoladamente. Yo los quería. Nunca pensé que un paseo a la montaña terminaría así.
Pasan varios minutos y decido seguir caminando. Por qué lo hicieron. Por qué intentaron traicionarme. No comprendo.
Escucho un ruido. Camino unos cuantos pasos y detrás de unos arbustos veo la rivera de un río. Con la manga de mi chaleco seco las lágrimas de mis ojos y trato de observar mejor el entorno marchito. El afluente no es muy torrentoso pero si caudaloso. Me abro paso y camino por un corto trecho de arena hasta llegar al agua. Introduzco delicadamente mis pies. Siento el filo del agua en mi piel. Sigo avanzando. El dolor ya va desapareciendo. El agua me llega a la cintura y la corriente me empuja. Cierro los ojos y veo a mi familia. Están todos frente a mí. Los veo llorar. Me miran y se alejan. No se vayan….
Abro los ojos. El agua llega hasta mi cuello y me veo arrastrado por la corriente. Mi nariz se ve invadida. Busco por instinto algo a qué aferrarme. Me golpeo contra unas rocas. No hay dolor. Ahora avanzo muy rápido. Veo aparecer súbitamente la rama de un árbol delante de mí.
Abro los ojos y me encuentro en la orilla del río. Estoy sólo.
Acabo de asesinar a mi familia. Todavía no logro entender por qué lo hice. Estoy confundido. Tengo miedo. En el cuchillo que llevo en mi mano todavía escurre la sangre de los que amaba. Lo miro y lo arrojo lejos. Escucho débilmente el sonido que hace al caer sobre la hierba e imágenes pasan por mi mente. Los árboles comienzan a sollozar. No lo soporto. Caigo al suelo de rodillas y lloro desconsoladamente. Yo los quería. Nunca pensé que un paseo a la montaña terminaría así.
Pasan varios minutos y decido seguir caminando. Por qué lo hicieron. Por qué intentaron traicionarme. No comprendo.
Escucho un ruido. Camino unos cuantos pasos y detrás de unos arbustos veo la rivera de un río. Con la manga de mi chaleco seco las lágrimas de mis ojos y trato de observar mejor el entorno marchito. El afluente no es muy torrentoso pero si caudaloso. Me abro paso y camino por un corto trecho de arena hasta llegar al agua. Introduzco delicadamente mis pies. Siento el filo del agua en mi piel. Sigo avanzando. El dolor ya va desapareciendo. El agua me llega a la cintura y la corriente me empuja. Cierro los ojos y veo a mi familia. Están todos frente a mí. Los veo llorar. Me miran y se alejan. No se vayan….
Abro los ojos. El agua llega hasta mi cuello y me veo arrastrado por la corriente. Mi nariz se ve invadida. Busco por instinto algo a qué aferrarme. Me golpeo contra unas rocas. No hay dolor. Ahora avanzo muy rápido. Veo aparecer súbitamente la rama de un árbol delante de mí.
Abro los ojos y me encuentro en la orilla del río. Estoy sólo.
Soneto: A LA CIENCIA (Edgar Allan Poe)

¡Ciencia! ¡Del viejo Cronos hija dilecta!
Todo lo alteras con tus ojos implacables.
¿Por qué rapiñas el corazón del poeta,
buitre? Tus alas son realidades palpables.
¿Cómo iba a amarte, o a admirar tus logros,
si no permites que en sus escapadas
busque en el cielo enjoyado tesoros
aunque se eleve sobre alas osadas?
¿No arrebataste de su carruaje a Diana?
¿No echaste tú del bosque a las dríades
hasta que dieron con la estrella más lozana?
¿No le quitaste sus aguas a la náyade,
su hierba verde al elfo y a mí el lindo
sueño estival al pie del tamarindo?
Por fin algo de tiempo...!!!!!
La Leyenda de Isvek
Había una vez un hermoso ser llamado Isvek, que vivía tranquilamente en un bosque de grandes árboles. Él recorría su territorio todos los días en busca de sabrosos frutos de los cuales se alimentaba y diáfanos manantiales para saciar su sed y observar su belleza reflejada en el agua. Poseía una de las voces más armoniosas del bosque y su canto entregaba gozo y placer a quien escuchara una de las impresionantes canciones interpretadas por él.
Isvek nunca pasaba fuera de los límites de su territorio porque ignoraba totalmente lo que se encontraba más allá y se encontraba satisfecho con las regalías que le entregaba esa dulce tierra. Pero, lamentablemente, cierto día en que se encontraba bordeando los límites de su territorio, apareció una bestia de pelaje amarillo que se encontraba irritada y molesta porque tenía una espina clavada en su pecho y no sabía quién provocaba su dolor, por lo cual atacaba todo lo que se le presentaba por delante, tratando de encontrar al culpable de su desgracia. Entonces el desafortunado Isvek fue violentado por la bestia y al verse muy mal herido decidió correr lejos de su agresor, pero no le quedaba otro lugar donde correr que hacia fuera de los límites de su territorio. No tenía otra opción, así que avanzó corriendo hasta que perdió al animal de vista y se ocultó. Cuando se sintió a salvo después de varias horas, salió de su escondite y descubrió un lugar muy extraño. Las formas de las cosas cambiaban de vez en cuando y el piso era muy inestable, como si caminara sobre una bolsa de agua. Los olores variaban de agradable a repugnante cada cierto tiempo. Al fin llegó hasta un manantial oscuro y se acercó a observar y beber de ella, pero al visualizar la imagen que el agua le ofrecía se asustó y corrió lejos. El agua oscura y grumosa le enseñó una imagen distorsionada, de desagradables facciones, propias de un ser maldito. Isvek no tardó en pensar que su belleza se había esfumado, convirtiéndose en un ser horrible y asqueroso al que todos los otros seres del bosque rechazarían y golpearían para alejarlo. Llorando desconsoladamente corrió cubriéndose la cara hasta salir de ese extraño lugar y llegó a otro bosque, uno que él no conocía, en el cual descubrió una oscura y húmeda cueva. Se paró fuera de ella y la contempló. No dudó en entrar y avanzó hasta lo más interior de ésta. Allí habitaban otros seres deformes que vivían en paz ya que la oscuridad no los dejaba visualizar su verdadera fealdad. Claro, habían otros seres bellos como Isvek, que atormentados por el reflejo del oscuro manantial corrieron la misma suerte, pero no podían reconocer su belleza entre ellos porque la oscuridad de la cueva no les permitía ver sus verdaderas facciones. Lamentablemente, con los años estos seres bellos van cambiando y poco a poco su belleza desaparece y se transforman en verdaderos monstruos oscuros.
Así ha permanecido Isvek desde ese entonces, y cuenta la leyenda que ciertas noches del año, en vez de escucharse su armonioso canto, se escucha un largo llanto desconsolado que produce una pena tan desgarradora en quien la escucha que entra en una depresión profunda que lo lleva hasta la muerte.
Isvek nunca pasaba fuera de los límites de su territorio porque ignoraba totalmente lo que se encontraba más allá y se encontraba satisfecho con las regalías que le entregaba esa dulce tierra. Pero, lamentablemente, cierto día en que se encontraba bordeando los límites de su territorio, apareció una bestia de pelaje amarillo que se encontraba irritada y molesta porque tenía una espina clavada en su pecho y no sabía quién provocaba su dolor, por lo cual atacaba todo lo que se le presentaba por delante, tratando de encontrar al culpable de su desgracia. Entonces el desafortunado Isvek fue violentado por la bestia y al verse muy mal herido decidió correr lejos de su agresor, pero no le quedaba otro lugar donde correr que hacia fuera de los límites de su territorio. No tenía otra opción, así que avanzó corriendo hasta que perdió al animal de vista y se ocultó. Cuando se sintió a salvo después de varias horas, salió de su escondite y descubrió un lugar muy extraño. Las formas de las cosas cambiaban de vez en cuando y el piso era muy inestable, como si caminara sobre una bolsa de agua. Los olores variaban de agradable a repugnante cada cierto tiempo. Al fin llegó hasta un manantial oscuro y se acercó a observar y beber de ella, pero al visualizar la imagen que el agua le ofrecía se asustó y corrió lejos. El agua oscura y grumosa le enseñó una imagen distorsionada, de desagradables facciones, propias de un ser maldito. Isvek no tardó en pensar que su belleza se había esfumado, convirtiéndose en un ser horrible y asqueroso al que todos los otros seres del bosque rechazarían y golpearían para alejarlo. Llorando desconsoladamente corrió cubriéndose la cara hasta salir de ese extraño lugar y llegó a otro bosque, uno que él no conocía, en el cual descubrió una oscura y húmeda cueva. Se paró fuera de ella y la contempló. No dudó en entrar y avanzó hasta lo más interior de ésta. Allí habitaban otros seres deformes que vivían en paz ya que la oscuridad no los dejaba visualizar su verdadera fealdad. Claro, habían otros seres bellos como Isvek, que atormentados por el reflejo del oscuro manantial corrieron la misma suerte, pero no podían reconocer su belleza entre ellos porque la oscuridad de la cueva no les permitía ver sus verdaderas facciones. Lamentablemente, con los años estos seres bellos van cambiando y poco a poco su belleza desaparece y se transforman en verdaderos monstruos oscuros.
Así ha permanecido Isvek desde ese entonces, y cuenta la leyenda que ciertas noches del año, en vez de escucharse su armonioso canto, se escucha un largo llanto desconsolado que produce una pena tan desgarradora en quien la escucha que entra en una depresión profunda que lo lleva hasta la muerte.





