logotipo

img_google
cuñaos
efemérides en clave de humor
Acerca de
Hoooola. Somos un grupo de gañanes. Formado por dos gañanes: ElFei y ElOscar. En el cotolengo nos han dicho que escribir cosas sería bueno para nuestro tratamiento. Y eso.
Enlaces
Club de literatura con parada (cardiaca)
Sindicación
 
subtítulo
Se levantó a la misma hora de siempre. Se sentó sobre la cama y encendió un
Lucky Strike. Tosió un poco y puso la radio.
Comenzaron a saetearlo con malas noticias: muertos, tragedias, reediciones
de las cintas de Arévalo, atentados y al fin, harto, la apagó. Aplastó el
cigarrillo contra el rebosante cenicero, se levantó hacia el servicio
mientras las volutas de humo se retorcían en un demoniaco baile
desenfrenado.
Minutos después, ya en la calle, se acercó al kiosko. Cogió su diario, el
dvd que venía con él, un pequeño guiñol de 72 marionetas que regalaban al
comprarlo y una cartilla de varias hojas para ir pegando, diariamente, los
cupones del periódico para conseguir un fantástica yogurtera. Al pagar al
dueño del kiosco, del cual se dudaba en todo el barrio que poseyera
piernas, le deseó los buenos días, como siempre. Algo raro ocurrió, algo
apenas perceptible. Ante sus ojos vió una serie de letras. Era una frase,
escrita al revés, que rezaba "buenos días" con letras blancas. Súbitamente
desapareció. Perplejo se encaminó hacia su trabajo, pensando en qué podía
haber ocurrido... achacó aquel extraño suceso a la falta de sueño y al
estrés que le abrumaba.
Llegó a la oficina. Abrío la puerta blindada preguntándose para sí el
porqué de poner una puerta blindada... quién querría entrar voluntariamente
más aún teniendo que derribar una puerta, a una oficina.
Saludó a los recepcionistas con un triste "buenos días" y sucedió de nuevo.
Estaba convencido de que, de nuevo, una frase escrita al revés había
aparecido ante él con lo que él había dicho. Los recepcionistas le
contestaron sin atisbo de alegría, cansinamente.
Sorprendido, confundido y asustado se dirigió a toda prisa a su despacho.
Cerró la puerta y apoyó en ella la espalda. No entendía qué pasaba.
"¿Qué demonios me está pasando?", se preguntó en voz baja. Ante él apareció
la frase que se esfumó a los pocos instantes. "No lo entiendo", dijo, con
el mismo resultado.
Fue a los servicios a echarse agua por la cara y al comprobar que estaba solo, volvió a probar, esta vez frente al espejo. “Hola” -un hola en letras blancas se dibujó justo a la altura de su bragueta.- “ME CAGO EN LA LECHE, PERO QUÉ ES ESTO” –Otro letrero blanco apareció, pero...- “¿Cómo?” – Y cómo, se vió-
Se quedó pensando. Había observado algo más. “Hola” – y hola apareció.
“Me cago en la leche” . Eso era. Algo había notado distinto. Lo que los subtítulos rezaron fue: “Vaya por Dios”
Los subtítulos visibles no repetían exactamente lo que él decía. “Gilipollas” Volvió a decir. – Oye, eh – apareció en el espejo. “Me voy a follar a tu madre, cabrón” – Eso no es lo que yo pienso – se leyó.
Al cabo de una hora salió del servicio y se cruzó con el director de Producción.
--- Oye, Miguel... respecto a lo que hablamos ayer, quería que incluyeras en el dossier...
--- Gilipollas.
--- ¿Si? Bueno, me parece bien.
--- Mamón, pederasta, sorbe-culos y tu mujer me la come.
--- ¿Tú crees? ¿No será demasiado?
--- ¿Demasiado? ¡Qué va! Además eres un chapero come-mierda.
--- Bueno, Miguel, lo que tú digas.
--- Eso, que te jodan. Adios.

Miguel cogió la chaqueta y bajó a la calle. Paró un taxi y subió.
--- ¿Adónde? --- dijo el taxista.
--- A Fernando el Católico. Caraculo.
--- Muy bien.
--- Y tu taxi huele a mierda. Seguro que te cagas en él. Seguro que los taxistas no tenéis piernas y cagáis en una bolsa. Cuando llegáis a la pocilga en la que vivis, vuestras mujeres que llevan todo el día follando con el rumano que sube el butano os pone una bandeja de mierda en la ventanilla y una cuchara y dormis en el garaje.
--- ¿A estas alturas de la liga? Qué va. --- dijo el taxista.
El taxi llegó rápidamente a la dirección indicada.
--- Adios, asqueroso.
La oficina donde su mujer trabajaba estaba en un edificio antiguo. Era la hora del desayuno y fue directamente a la sala de la máquina del café.
--- Miguel, ¿qué haces aquí? --- se volvió a sus compañeras de trabajo --- algunas ya le conocéis.
--- Hola. ---Dijeron las compañeras.
--- OS VOY A FOLLAR A TODAS. DIOS MÍO, Y ESA CÓMO PUEDE TENER ESAS TETAAAS...
--- Bueno ¿has pedido permiso en el trabajo?
--- ¿Permiso? No, gorda asquerosa. He dejado esa mierda de sitio y no pienso volver jamás. Es más, pienso matarte esta noche, como vuelvas a roncar y echar tus pedazos a los jabalíes del Pardo.
--- Ah. Bueno.
--- Si y se que aquí es donde tú y tú y... tú... tú, debes ser María, ¿no? Lo he sabido por el pelo de estropajo que tu querida compañera me ha dicho que tenías... aquí yo sé que vosotras me habéis criticado y... le habéis recomendado otro hombre a la asquerosa de mi mujer y...QUE OS DEN POR CULO A TODAS, ARPÍAS.
--- Pues, venga, hasta luego, Miguel --- dijo su mujer, ligeramente extrañada.
Al salir de la oficina con una amplitud pulmonar que no sentía desde que era un niño, comenzó a llorar. Bajó la calle Segovia andando deprisa. Una mujer mayor le obstaculizaba el paso.
--- Ojalá se muera pronto, gorda.
--- Oh perdone. ---dijo la mujer.
Llegó hasta el río, se encaramó a la barandilla del puente y dijo entre lágrimas:
--- ME CAGO EN DIOS
Un letrero en letras blancas que decía “Gracias, Señor” cayó junto con él e el agua helada.
 
Comentario:
Genial, sencillamente genial!.
No aplaudo porque sería estúpido a la par que inútil. Me reitero: genial!.
No