Cítrica cinematográfica (cítrica, sí, cítrica)
NiUnDíaSinTonterías productions, presents:
Cítrica cinematográfica:
Hoy, Casablanca.
Sinopsis
(Leer con una pinza en la nariz, simulanto el tono, timbre y cadencia del
Sr. Gasset, no Ortega y, sino el otro, el crítico de cine. Gracias.)
Una historia de amor incompleta, un París ocupado, los apergaminados e
inertes mofletes de Janfri Bogar y unos salvoconductos (no, no es lo que
pensáis) son los ingredientes para esta romántica historia ubicada
geográficamente en Casablanca. Nada que ver con la de Washinton, sino la
situada en el norte de África, que, en realidad no es una casa, sino una
serie de ellas. Vamos, lo que viene a ser un pueblo, imagino que mediano;
aunque no sabría determinar con exactitud el número de habitantes. Si estás
muy interesado en el tema, quizá por internet puedas encontrar algo o bien,
dirigiéndote al ayuntamiento, casa consistorial (o como se llame allí) del
lugar en cuestión.
A lo que vamos. Los inertes mofletes de Rick y su hormigonado pelo (que
parece repasado a Rotring del 0.8, fotograma a fotograma) regentan un café
(llamado, en un alarde de creatividad, Rick's, original, ¿eh?) en el que el
trapicheo de salvoconductos para ir a EEUU, el menudeo de jaco, la
grabación de cds de Camela y Calaitos y demás indecorosos comportamientos,
están al orden del día.
La policía local, consiente el asunto ya que participa de él. Algo poco
profesional, por otra parte; aunque no estamos para juzgar eso.
Todo fluye con normalidad en la vida de Rick (con la normalidad que puede
tener uno en la vida con esos mofletes, ese pelo y ese gesto de mojón de la
A-6) cuando, en el café de Rick, aparece una dama (Ingrid Bergman, algo más
expresiva que Janfri, pero también con la expresividad de 100 grs. de
beicon) con un hombre.
Él, una tal Lazlo, líder de la resistencia anti fascista de París, que
tiene que agacharse para pasar por las puertas, dado que ella, su mujer,
creyéndole muerto en una ocasión cuando fue preso, púsole los aquéllos con
Rick, en París. ¿Qué vió ella en Rick?. Es algo que la película no explica.
Porque es imposible... ¿qué va a ver en un individuo con los ojos como dos
puñaladas en un huevo duro, con ese pelo serigrafiado, unos mofletes que ya
no se hacen y un rictus de mesa camilla? Chubaca, el de la guerra de las
galaxias, con sus guturales barritos, es bastante más expresivo y
visualmente más interesante.
Cuando llegan al café, un escalofrío, recorre el cuerpo de Rick. Ahí fue
donde necesitaron efectos especiales de los buenos. Necesitaron 1.500
voltios en los tobillos de Janfri, para que éste hiciese un mínimo gesto de
sorpresa, enarcando las cejas y abriendo los ojos unos milímetros más, al
verlos.
Una espiral de celos, engaños, malos entendidos y traiciones se suceden,
llegando a un final en el que se muestra que Rick (el personaje) ni es tan
frío ni tan cínico y que, dentro de él, late un corazoncito.
En general, la película es buena, no aburre y la trama, sin llevar a ser
tan absorvente como una espontex, engancha. Ideal para un domingo depresivo
por la tarde. Verás que, por muy deprimido que estés por tener que ir a
trabajar el lunes, nada puede compararse a tener los mofletes de Janfri
Bogar y esa mirada de entre forzado misterio e irreprimible sueño.
Cítrica cinematográfica:
Hoy, Casablanca.
Sinopsis
(Leer con una pinza en la nariz, simulanto el tono, timbre y cadencia del
Sr. Gasset, no Ortega y, sino el otro, el crítico de cine. Gracias.)
Una historia de amor incompleta, un París ocupado, los apergaminados e
inertes mofletes de Janfri Bogar y unos salvoconductos (no, no es lo que
pensáis) son los ingredientes para esta romántica historia ubicada
geográficamente en Casablanca. Nada que ver con la de Washinton, sino la
situada en el norte de África, que, en realidad no es una casa, sino una
serie de ellas. Vamos, lo que viene a ser un pueblo, imagino que mediano;
aunque no sabría determinar con exactitud el número de habitantes. Si estás
muy interesado en el tema, quizá por internet puedas encontrar algo o bien,
dirigiéndote al ayuntamiento, casa consistorial (o como se llame allí) del
lugar en cuestión.
A lo que vamos. Los inertes mofletes de Rick y su hormigonado pelo (que
parece repasado a Rotring del 0.8, fotograma a fotograma) regentan un café
(llamado, en un alarde de creatividad, Rick's, original, ¿eh?) en el que el
trapicheo de salvoconductos para ir a EEUU, el menudeo de jaco, la
grabación de cds de Camela y Calaitos y demás indecorosos comportamientos,
están al orden del día.
La policía local, consiente el asunto ya que participa de él. Algo poco
profesional, por otra parte; aunque no estamos para juzgar eso.
Todo fluye con normalidad en la vida de Rick (con la normalidad que puede
tener uno en la vida con esos mofletes, ese pelo y ese gesto de mojón de la
A-6) cuando, en el café de Rick, aparece una dama (Ingrid Bergman, algo más
expresiva que Janfri, pero también con la expresividad de 100 grs. de
beicon) con un hombre.
Él, una tal Lazlo, líder de la resistencia anti fascista de París, que
tiene que agacharse para pasar por las puertas, dado que ella, su mujer,
creyéndole muerto en una ocasión cuando fue preso, púsole los aquéllos con
Rick, en París. ¿Qué vió ella en Rick?. Es algo que la película no explica.
Porque es imposible... ¿qué va a ver en un individuo con los ojos como dos
puñaladas en un huevo duro, con ese pelo serigrafiado, unos mofletes que ya
no se hacen y un rictus de mesa camilla? Chubaca, el de la guerra de las
galaxias, con sus guturales barritos, es bastante más expresivo y
visualmente más interesante.
Cuando llegan al café, un escalofrío, recorre el cuerpo de Rick. Ahí fue
donde necesitaron efectos especiales de los buenos. Necesitaron 1.500
voltios en los tobillos de Janfri, para que éste hiciese un mínimo gesto de
sorpresa, enarcando las cejas y abriendo los ojos unos milímetros más, al
verlos.
Una espiral de celos, engaños, malos entendidos y traiciones se suceden,
llegando a un final en el que se muestra que Rick (el personaje) ni es tan
frío ni tan cínico y que, dentro de él, late un corazoncito.
En general, la película es buena, no aburre y la trama, sin llevar a ser
tan absorvente como una espontex, engancha. Ideal para un domingo depresivo
por la tarde. Verás que, por muy deprimido que estés por tener que ir a
trabajar el lunes, nada puede compararse a tener los mofletes de Janfri
Bogar y esa mirada de entre forzado misterio e irreprimible sueño.
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