CAUTIVO DEL SOL

He de reconocer que en los últimos tiempos ha habido mañanas especiales, pero la de hoy podría superar con creces al comienzo de cualquier amanecer en el que el Sol ilumina la hazaña que está por llegar; aquellos rayos que acompañaron a los descubridores que hoy inundan los libros de historia y resuenan en las aulas de cualquier país que se autoproclama civilizado.
Y es que los descubrimientos no son solo parte de privilegiados personajes al servicio
-siempre bien remunerado- de gobiernos y monarcas.
Me he permitido durante los tres días (aquellos que el calendario de mi ciudad me ha permitido) el privilegio de descubrir, una vez mas, que el campo por la mañana es un cúmulo de sensaciones que casi raya la lujuria sensitiva.
Pájaros que se dejan mecer en las ramas de los chopos que aun conservan la frescura de la tierra con la que la noche anterior el agua aplacó la sed de un bochornoso día.
El gallo afanado por despertar, ignoro a que o a quien, pero que incesantemente repite su canto impositor y miles de sonidos más que se mezclan pero que gracias a mi cultura urbanita no se distinguir, ahora lamento esta ignorancia.
El café huele mejor que nunca; el aroma del grano molido con la miscelánea de las frescas plantas que acompañan mi desayuno.
Aquí sigo regalándome lindísimos momentos como el de una ducha al aire libre, la mezcla de mi desnudez ,con la de una tranquila mañana de verano, con el deslizar del agua cristalina y fría recorriendo cada rincón de mi cuerpo me parecen casi la descripción perfecta de la sensualidad en estado puro.
Pero como ocurre en la vida la envidia que suele producir en algunos seres la felicidad ajena también aquí tiene su símil, la joven mosca que atraída por mi recién exprimido zumo de naranja, se atreve a enzarzarse en una disputa que resolvemos amigablemente con un pacto: yo disfruto del néctar con tranquilidad y ella hace lo propio una vez que haya posado el vaso sobre la mesa en la que escribo y describo las para algunos rutinarias sensaciones, pero que para mí son bellos momentos con los que la vida me premia de vez en cuando.
Cierro estas líneas horas mas tarde disfrutando del rojizo horizonte que marca la despedida del Sol que bronceó mi piel, a mi mente vienen las palabras de Gutiérrez Najera en La mañana de San Juan: El cielo está muy limpio, "como si los ángeles lo hubieran lavado por la mañana".
Estoy convencido de que así ha sido.
DISCULPAS CON HUMOR
En los próximos días volveré con vosotros, mientras un poco de humor.

