EL LIBERTADOR DE ESTRELLAS

Liberando estrellas
En el día en el que la salvia florecía, Agrippa supo que tendría que desprenderse de los tesoros por los que había luchado durante años, de esos duros enfrentamientos aun conservaba las cicatrices que el discurrir del tiempo le había enseñado a mostrar con naturalidad.
Nadie, ningún ser humano, o no, había sido capaz de reunir tanta luz y concentrarla en torno a un mar que se presentaba en calma esa noche, la misma noche en la que Agrippa cargó con las estrellas, las mismas a las que confiaba sus alegrías, miedos y deseos propios y ajenos.
Atrás quedaban las largas horas con el mercader oriental que consciente de los tesoros por los que Agrippa pujaba en ese momento se obstinaba en no soltar de entre sus dedos, antes como guardián de semejante reserva de luz quería estar seguro de que caían en buenas manos.
Tras largas horas que a nuestro amigo se le asemejaron días, el mercader supo que si alguien debía ser poseedor de tales alhajas ese era Agrippa.
Caminó durante horas adentrándose en la playa, tras de si, el resplandor de una luna creciente hacia mas fácil el divisar el rincón de aquel océano que Agrippa había escogido tras visitar mil y un rincones del azul planeta.
Una a una, fue colocando las estrellas por las que tan alto precio había pagado, aquellas que solo pudo adquirir con esfuerzo, sacrificios y un sudor que en este momento convertía su amplia frente en una hermosa proyección de la luna.
En cada una de ellas colocó imaginariamente un nombre, el de todas y cada una de esas personas importantes e influyentes en su vida que sin saberlo aquella misma noche harían realidad sus sueños. Prendieron las estrellas, en el ahora resplandeciente infinito, y fueron concediendo bienes, habilidades, amores y riqueza de espíritu a todos y cada uno de sus destinatarios.
Ya en el ultimo segundo de tan hermoso ritual Agrippa se percató de su falta de previsión. No había guardado para sí una estrella, pero no pareció importarle.
Lentamente abandonó la playa acariciando con sus pies la arena, mientras sonriente, gozaba de la felicidad de todos aquellos que ahora disfrutaban de sueños y deseos cumplidos.





